Dijo que no le gustaba Seguir historia

oktubre ivana daria

En una charla común sin querer Astrid supo que Aquiles no la veía como mujer y ahí su corazón se hizo añicos. Salió a caminar pensando en que podía hacer y eligió caminar para que los sentimientos se fueran. Iba sin rumbo. Llegó a su casa extenuada, cansada de pensar y al final Astrid entendió todo.


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Dijo que no le gustaba


Astrid le dijo lo que sentía a Aquiles pero nunca se puso a pensar en lo que  él sentía, daba por descontado que ese "gustar" no era recíproco y que la correspondencia no existía. 


Ella creía que todo era 2 + 2 y que no encajaba en esos estándares. Lo que no sabía era que de verdad no lo hacía porque una cosa era pensarlo y otra que en algún momento eso fuera realidad. 


Astrid se había fijado en alguien que no correspondía a sus sentimientos pero además tampoco ella encajaba en su estándar de preferencia. 


Era solo una buena persona que le caía bien a Aquiles.


El problema estaba en que él no sabía como se sentía ella ahora. 


La chica sintió que la sangre se agolpaba en su rostro, que los fracasos se sucedían uno tras otro en su memoria. La frágil confianza que tenía en sí misma se escapaba sin poder hacer nada y ella la iba a dejar ir. 

Lamentablemente, con los sentimientos no pasa eso y sólo es cuestión de tiempo y atravesar la desazón .


No lo quería, solo le gustaba pero nunca se había planteado preguntarle - después de decirle como se sentía tiempo atrás - si él gustaba de ella.


Se sentía tonta por decir gustar ... algo que siempre se asociaba a los niños. 


Las frases se agolpaban y giraban alrededor de su mente, como las ruedas en los parques de diversiones, aunque hubiera deseado que fueran una montaña rusa para que se agolparan, las exteriorizara en gritos y olvidara todo. 


- Si la vida funcionara así ... se dijo Astrid,  aun con la sangre agolpada en el rostro y las lágrimas cerca de sus ojos.


Ella se fue caminando después de reunirse con él y quedar un poco aturdida ¿Qué podía hacer? Absolutamente nada.


Después de divagar por las calles un buen rato y evitar que llorar por lo que consideraba insulso, decidió emprender el regreso, caminando también pero ya un poco más calmada.


Él seguía con sus frases dando vueltas en su cabeza. Le dolía, claro está porque al final mientras no había una pregunta tampoco había respuesta, y sino la había podía dejar abierta la posibilidad de que él gustara de ella. 


Pero el dolor ya estaba ahí, sus miedos y temores habían vuelto, necesitaba gritar pero no podía; al llegar a su casa se encontró sola y aprovechó la oscuridad para dejar salir el mal genio. Después de eso se sintió mejor y decidió que no podía quedarse así que todo iba a pasar como pasó siempre. 


A ella le gustaba ser alguien particular, una persona auténtica con convicciones propias, su imagen no era el estándar de él y quizá de muchos otros hombres, pero lo seguía queriendo a Aquiles y un poco, se quería así misma para entender que no podía ser lo que otros deseaban.


Astrid sabía que él había llegado a su vida por un motivo que desconocía pero que no podía enojarse con él por ser así, ni tampoco de no gustarle. Por primera vez en mucho tiempo ella no sabía que hacer porque había apostado a salir de su zona cómoda y entonces hizo lo que mejor le salía. 


Se sentó en su escritorio con una luz que recaía de lleno sobre unos papeles. Tenía muchas ideas pero no sabía aun como desahogarse. 


Entonces lo supo, Astrid entendió todo y solo escribió lo que sentía sobre esos papeles y en este cuento.

10 de Julio de 2018 a las 19:31 0 Reporte Insertar 0
Fin

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ivana daria Escribo porque me gusta. Ah, soy una especie de periodista.

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