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christian leiva


En una alejada casona el señor Roderfors escribe extensas novelas para acallar sus pensamientos


Cuento Todo público.

#soledad #bosque #melancolía
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La infortuna escritura

La hacienda Roderfors se caracterizaba por ser oscura y siniestra a pesar de estar situada en un hermoso bosque. Sus ocupantes, ya acostumbrados a esta situación, disfrutaban del sepulcral silencio que solamente era perturbado por el correr de los ratones por el añoso entre techo. El Sr. Arthur Roderfors era el dueño de tan gigantesca casa. En sus mejores tiempos fue un distinguido escritor de prestigiosas revistas irlandesas, sin embargo, ahora con 53 años y con las penumbras de la soledad, solo se limitaba a escribir por las noches para distraer la mente de tan sórdidos pensamientos de una intranquila vejes después de una importante vida. Su esposa, Elena Angelman, a sus 46 años se dedicaba a labores de jardinería y a sus extensas lecturas de Mario Benedetti que, según decía ella, eran las únicas que hacían sentir a su corazón joven y enamorado nuevamente.

Tras la muerte de su único hijo, ya hace 10 años, por una extraña enfermedad pulmonar que nunca fue del todo diagnosticada, la pareja había cambiado su romántica relación por una histérica compañía de sustitución de culpas y delegación de rencor. Ambos sentían que la vida los había traicionado y les había quitado gran parte de su felicidad, por lo que ahora, más que unidos por el amor, estaban unidos por la triste melancolía de sentir que la vida se acaba y que el día de mañana no traerá sorpresas ni maravillas, solo un triste amanecer y una amarga noche de largos pensamientos. Por esta misma razón el señor Arthur, obligado por un penumbroso insomnio, escribía largamente por las noches extrañas novelas psicopáticas protagonizadas por un escuálido estudiante de derecho llamado Charles, el cual se dedicaba a asesinar y robar a desoladas parejas con el fin de costear su estancia universitaria. Para él, el asesinato tenía un valor social cuando la causa de la muerte era más importante que la vida de los asesinados, ya que solamente quebrantaba la vida de los llamados seres cadentes que no poseían un valor social, pues creía que si no podía pagar su futura vocación la sociedad se vería más afectada por esto que por un simple asesinato.

 Todas las noches el señor Arthur escribía sobre este singular personaje y sobre su único método de pensar. Esta noche no era la excepción debía terminar aquella misteriosa novela. Ya sentía los ojos pesados y los hombros caídos por tanto tiempo sin poder conciliar el sueño a causa de los remordimientos del pasado. Sentado en su viejo escritorio con un whisky en su mano izquierda, comenzaba a sumergirse en las extrañas historias de su paradójico protagonista. Esta vez, Charles, entraría a una alejada casona asentada en un bosque donde solo vivía una pareja de adultos. Su plan era entrar entre las penumbras de la noche, robar todo lo posible y asesinar a aquellos infortunados con el fin de evitar cualquier tipo de reconocimiento futuro por parte de sus víctimas. La noche lo cobijaba y con un afilado cuchillo se dispone a entrar por una estrecha ventanilla sin emitir el más mínimo ruido. Sube las largas escaleras lentamente como camuflándose entre las sombras difusas de la noche, penetra en el primer cuarto y ve a una mujer descansado con los ojos entre cerrados sobre su cama; sin ningún remordimiento entierra el cuchillo en su cuello despojándola de la vida y de una gran cantidad de sangre que inevitablemente cae sobre sus manos. Retira el cuchillo y ensimismado en su tarea se distrae solo para sonreír. De repente escucha un leve ruido proveniente de un cercana habitación, mira por la rendija de la puerta y ve a un hombre escribiendo en su escritorio, entra violentamente en el cuarto y apuñala al sujeto.

El Señor Arthur termina esta oración, suelta su lápiz y siente un fuerte dolor en la espalda, mira por su espejo y sólo alcanza a ver la sombra difusa de un escuálido asesino con un cuchillo en su mano.

 

 

 

10 de Julio de 2018 a las 16:19 0 Reporte Insertar 0
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