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lauvelga Laura Athea

La colmena lo dirige todo. Millones de personas, y todos son uno. No existe el individuo. Piensan, actúan y viven como uno. En una sociedad dónde la humanidad está completamente anulada, un desconectado necesitará destruir las cadenas que lo atan a su pasado y recuperar su propia voz por el futuro del planeta. Porque la voz es lo único que tienen para luchar contra el Ente.



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Introducción

Lo primero que se ha de contar es el inicio de todo. Una historia no puede comenzar bien si no se empieza desde el principio, lo que hizo que cambiara todo. El llamado punto de inflexión, el llamado caos de la existencia para mí, la maravillosa existencia de Ente para otros.

Antes éramos normales, o todo lo normal que se puede ser en una existencia como la nuestra, donde las tecnologías nos habían superado y estábamos más avanzados de lo que "deberíamos". Nos estábamos consumiendo, el libre albedrío estaba acabando con nosotros, y eso no podía permitirse.



En primera instancia, dejamos de pensar. Cuando a una persona la sometes a una rutina continua, deja de pensar al cabo del tiempo, pero convirtieron toda nuestra vida en una rutina. Dejamos de desear, de ansiar algo, a tener nuestra propia mente. Ahora éramos parte de un todo. Y sí, dejamos de pensar.


El siguiente paso que aconteció, hizo que acabara con nuestra opinión. Dejamos de tener voz, literalmente. Dejamos de hablar, y sólo pensábamos, pero pensábamos de la manera que el Ente quisiera. Pensábamos todos lo mismo, sabíamos lo que el de al lado tenía en la cabeza porque era lo que estaba en la nuestra, y no podíamos comunicarnos. Cuando piensas lo mismo que el resto, no te hace falta hablar, por lo que tampoco lo echamos de menos.


Poco a poco, aprendimos a coordinarnos. A ser perfectos. A ser parte del Ente, a ser uno.



Existían diferentes posiciones. Los que gobernaban estaban conectados entre ellos, y pensaban todos lo mismo. Los que procuraban que la paz siguiera su curso, cosa fácil porque era una vía sin retorno el ser parte del Ente, estaban conectados entre sí, separados del resto.


Los diferentes puestos tenían una conexión de la que los otros carecían. Pero todos se comunicaban por el pensamiento. Un hilo los unía entre sí, un hilo invisible, el poder de control que ejercía el Ente.



No sé el nombre de ninguno de los que viven conmigo. Tampoco sé el nombre de mis compañeros de trabajo.


Tampoco recuerdo el mío. Nada. Todo yo es Ente.

8 de Julio de 2018 a las 20:26 0 Reporte Insertar 4
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