Cuento corto
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Quiso


Quiso el animal dejarse ver.

Quiso que descubriera su último espacio,

el de sus restos.

El hueco del roble acogió aquel suspiro,

ofreció la cámara de su dolor,

su propia herida, la línea de su horizonte.

Quiso el animal mostrar sus huesos, su pelo.

Quiso que recogiera su cráneo.

Quiso acoger sus preguntas.


Más allá de la frontera del hombre…

la oscuridad.

En la boca de su estómago alojada.

Empujaba, empujaba una y otra vez.

Una y otra vez, a través del espacio sin culto.

Una y otra vez…

al lugar dónde nada se sabe y nada se puede saber.


La oscuridad, alojada en su estómago,

propició aquel encuentro.

El latido del corazón puso el acento,

a lo no dicho, a lo que aún no estaba.

La mano, cuenco de voluntad, acogió su cráneo.

El miedo… se dejó acompañar.

Y la locura… la locura se entregó a sí misma.


Hasta donde pudo se miró en el espejo del agua

y disfrutó, disfrutó al ver que no había vuelta atrás.

Desapareció el culto, se desvaneció la cultura.

Ya no había orden.

El tiempo retornaba sobre sí mismo.

Volvía comenzar.


La mano acogió su cráneo.

Quiso el animal dejarse ver.

Quiso compartir su espacio.

Quiso recoger sus preguntas.

Animal de lo oscuro, poblador de la noche.

Animal de lo oscuro que atraviesa la tierra.

Animal, animal, animal.


La locura entregada a sí misma.

Ignorante ignoraba.

Inocente escuchaba.

Generosa se entregaba.


El animal respondía,

el animal señalaba,

el animal guiaba,

el animal.


Lo no habitado, lo no habitable,

recorrido una y otra vez.

Una y otra vez recorrido.

La oscuridad, alojada en la boca de su estómago,

volvía cada día por primera vez.

Porque donde no hay culto no hay memoria.

Porque sólo en los ojos de otro loco se refleja

la mirada de la locura.


Montes, valles, ríos.

Grutas, grutas, grutas.

Huesos, dientes, pelo.

Huellas, huellas, huellas.


Nada era nada. Nada era todo.

Ser humano, ser humilde.

Poca cosa ante tanto poder.

Poco cuenco ante tanta voluntad.


La oscuridad…

volvía cada día por primera vez.


Aquel que se mostró al pie del árbol,

aquella compañía... se ocultó.

Calló.

Otros hablaron.

Habló lo vivo, habló lo inerte.

Lo real, lo irreal.

Hablaron el futuro, el pasado y el presente.


La locura… entregada a si misma.

Ignorante ignoraba.

Desnudaba el orgullo y la ambición.


Sin culto, orden ni memoria volvía,

volvía cada día,

cada día por primera vez.

14 de Junio de 2018 a las 10:06 0 Reporte Insertar 0
Fin

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