Había una vez Seguir historia

u15289319921528931992 Víctor Abel

¿Cómo iniciar una historia? No es una pregunta fácil de responder, tal vez la pregunta esté mal planteada...


Cuento Todo público.

#escritor #soldado #sangre #cuento
Cuento corto
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Había una vez

El soldado se pregunta cuál es la mejor manera para iniciar sus historias, tal vez con un “había una vez”, o usando “en un lugar muy, muy lejano”; después de todo son las formas más tradicionales usadas para iniciar un cuento, especialmente cuando estos tratan de princesas, caballeros, encantamientos, hadas y dragones. Él siempre ha querido ser escritor, pero nunca se ha esmerado en hacerlo; siempre encontró excusas para no escribir y alejarse de eso que soñaba; sin embargo, los últimos meses de hospitalización lo han hecho reflexionar y por fin decidir ir tras ese anhelo al que nunca puso el necesario esfuerzo ni la debida atención.

La estadía en el hospital se ha vuelto desesperante. Cada vez que sus familiares lo visitan le dicen: “¡qué rápido pasa el tiempo!”; pero él no está de acuerdo, ha sentido que los últimos seis meses han sido como una decena de años comprimidos en un semestre. Ha comprobado que el aburrimiento puede ser una dolorosa tortura que termina trastornando la mente, casi convirtiendo a quien la padece en un desquiciado. No obstante, ha valido la pena. Antes, sus hombros y espalda tenían abundantes heridas llenas de pus y sangre, ahora, él ha empezado a sanar y está colmado de costras color café oscuro. Lo que más valora el militar es la notable disminución del olor a podrido que inundaba la habitación al iniciar su internamiento; aquel aroma lo inquietaba y le hacía perder los estribos, le provocaba náuseas y un inexplicable dolor en la nariz. Después de varios meses soportando ese olor fétido, sus heridas ya no tienen pus y el tufo asqueroso ha desaparecido.

Aunque ha iniciado a curarse, su corazón aún sigue enfermo a causa de la traición. Sus lesiones son la cruel consecuencia de una trampa puesta por sus amigos. Cuando llegó su cumpleaños recibió de ellos lo que se suponía era el cascarón de una bomba; sus amigos le dijeron que era para decorar su habitación y que era la forma de decirle que era un excelente soldado. El par de cervezas que había tomado le impidieron percatarse de que no solo era el cascarón de una bomba; esa misma noche, estando a solas en su habitación, explotó a sus espaldas. Han pasado meses desde aquel trágico incidente y todavía se pregunta por qué lo traicionaron. Más aún, se cuestiona por qué confió en ellos, había una intuición en su corazón que siempre lo hizo sospechar, pero le ganó la ingenuidad. Ha intentado olvidar todo, pero no es algo que se deseche fácilmente. En el fondo, sabe que la ingratitud de sus amigos y el profundo sentimiento de culpa lo han impulsado a crear cuentos, a plasmar en el papel sus experiencias a manera de desahogo.

Sentado en su cama, con un cuaderno sobre sus piernas, se dispone a escribir. Inocentemente, sueña con ser famoso y crear historias legendarias que marquen la vida de generaciones. Iniciará con el clásico “había una vez”, pero al intentarlo se percata que su lapicero no tiene tinta. Siente algo de frustración y se detiene a reflexionar. Nuevamente se pregunta ¿cómo empezar a escribir? O tal vez no sea tan importante cómo empezar, tal vez lo verdaderamente relevante es ¿con qué escribir? Después de una pequeña disquisición interna concluye que la segunda pregunta es la más acertada.

El soldado resuelve escribir con su alma, con lo que él es, sin importar que eso pueda ser grotesco y vergonzoso. Dirige su mano derecha a su hombro izquierdo y con lentitud empieza a desprender una de las muchas costras; algunas gotas de sangre empiezan a desprenderse y recorrer su piel mientras el dolor lo aqueja. Moja la punta del lapicero con la sangre y con la tinta de su alma escribe: “había una vez…”.

13 de Junio de 2018 a las 23:40 0 Reporte Insertar 0
Fin

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