El diablo Seguir historia

merodeador Francisco Cacciolatto

Cuenta la historia de una niña que vivió encerrada en el mismísimo infiero para finalmente encontrar una salida, no la mejor, pero salida al fin.


Cuento No para niños menores de 13. © Francisco Cacciolatto
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El diablo

“El Diablo”

Ella es Juana, oscura como la noche y soñando con poder despertar todas las mañanas, desde muy chica pegada a su madre, los días de laburo eran los peores, despedirse a las 7 de la mañana y verla de nuevo recién 12 horas después, el infierno, los días de secundario fueron los mejores en algunos sentidos, en otros, los peores. En su segundo año iba a conocer a una persona que le iba a cambiar la vida. Él era Cristian, el hijo del diablo. Era un chico tranquilo, muy tímido y con una familia complicada, madre que no estaba y padre que vivía borracho, su único refugio, la escuela. Si bien él era un chico bueno las cosas tremendas vividas en el pasado lo fueron transformando, todo dejo su huella, aquella vez que su viejo golpeaba a un vecino por mirarlo mal, gritos de “putas” a todas las mujeres, noches de borrachera donde lo golpeaba, o mucho peor, violaba. Aprendió del mismísimo diablo y él lo sabía, pero no podía defenderse de él, no podía decir que no, no sabía cómo decir que no. Aquel año de secundaria cuando se conocieron Juana y Cristian todo iba bien, el tímido y poco confiado se le acercaba a una bella chica alta, ojos marrones que irradiaban fuego, miedo, vergüenza y desconfianza. Ellos nunca se vieron en algo más que amistad, disfrutaban el estar con el otro, a ambos le gustaba el cine asique pasaban horas y horas hablando de ello, hasta que el timbre de salida les volvía al mundo de verdad, ella a su vida solitaria buscando algo para escapar, y el, llegando a casa sin mirar esquivando al padre. Pasaban todos sus días juntos, recorrieron toda la ciudad, no tenían lugar favorito, tal vez, el otro era su lugar favorito. Así siguió todo hasta la llegada de las vacaciones, al estar tanto tiempo solos se empezaron a extrañar, un día Juana se cansó y lo fue a buscar, pensando tal vez que esa era la mejor idea del mundo, sorprenderlo a él en su casa y reencontrarse. Era un sábado a las 7 de la tarde, Cristian estaba encerrado en su habitación para evitar a su viejo, el diablo, que estaba ya medio borracho gritando por todo el lugar, en ese momento llega ella, toca la puerta, el borracho la ve y la manda a la habitación del hijo, el, al ver la cara de su padre detrás de la sonrisa hermosa y enorme de Juana, solo puede largarse a llorar tal vez sabiendo lo que iba a pasar, entre lágrimas pide perdón por supuesto ya, sintiéndose culpable, el diablo detrás, relamiéndose con su sonrisita habitual.
Al diablo le bastaba con arruinar dos vidas, su hijo y la amada iban a sentir dolor por el resto de sus vidas, ya ni siquiera podían encerarse para escapar, hasta en sus sueños aparecía y les hacía volver a la realidad. Cansada de todo esto con sus 20 años cumplidos y un par de años sufriendo, Juana decide hacer algo, sin avisarle a nadie fue a la policía. Al llegar se acerca a hablar con un oficial que al verla tan desesperada la hace pasar a una habitación, diciéndole que espere que ahí venia el general, la dejaron todo el día esperando hasta que en un momento alguien por fin aparece, se le sienta enfrente y escucha atentamente todo el relato, cuando termina alza los ojos llenos de lágrimas y se da cuenta que el policía, se le ríe a carcajadas en la cara, confundida sale corriendo. Al llegar a la puerta escucha una voz que le suena familiar al darse vuelta encuentra lo peor, la persona que arruino su vida, sus sueños y futuro estaba ahí, parado vestido de oficial tomando café, riendo suelta por lo bajo –“nos vemos esta noche”, y se va. Corría la primera semana de la primavera, estaba sentada en su cama con un papel, lapicera, del otro lado de su cuerpo, cuchillos, pastillas y alcohol, sabía lo que tenía que hacer. Escribió un mensaje para la persona que la encuentre, describió todo lo que vivió, todo lo que sufrió, hizo un dibujo del diablo, esperando que alguien haga lo que ella no pudo, escribiendo ya las últimas palabras tomando de aquella botella empezó a llorar, no sabía si lo que hacía estaba bien, ni siquiera sabía si lo iba a poder hacer, pero ya no tenía nada más. En aquella carta dejo todos sus recuerdos, la familia, su primer beso, sus sueños y fantasías, después de escribir empezó a tomar las pastillas y bajarlas con alcohol, para la tercera ya había perdido la conciencia, la encontraron 5 horas después. Lo que nadie pudo entender es que se fue, para no estar nunca más en posesión del diablo.

12 de Junio de 2018 a las 15:31 0 Reporte Insertar 1
Fin

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