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Diario de un subconsciente

Hemos despertado, él no tiene el valor de decirlo por su propia cuenta, pero internamente sentimos un gran alivio por ver una vez más la luz del sol reflejada en nuestra ventana. Es temprano, y aun así tenemos la sensación de llegar tarde, a veces le digo “que no se preocupe y que si llegaremos a tiempo”, pero otras veces yo mismo le recuerdo que si llega tarde ambos tendremos problemas, así que mejor nos alistamos para ir al trabajo.

La estación del tren de la Avenida 15 de Agosto que nos lleva a nuestro lugar de destino se encuentra repleta de un gentío donde apenas y se puede visualizar el inicio de la fila. Puedo sentir como ha soltado una expresión en su rostro, es disgusto, quizás sea hacia mi, pero luego recuerdo que él y yo somos la misma persona, lo cual me hace reflexionar en lo miserable que debe sentirse una persona cada día por disgustarse consigo mismo. Pero no es momento de ponerme triste, intentó darle ánimos de que el tren estará próximo a llegar, la gente subirá y afortunadamente él alcanzará a subir más que sea como último pasajero de ese tren. De todas maneras, es mi deber darle ánimos, si no soy yo ¿quién más lo hará?

A veces me detengo a pensar lo graciosa que resulta la vida, como las cosas y eventos pueden llegar a ser predecibles por su naturaleza nada compleja, y como otras, aún con su complejidad y factores que actúan ante la contra de tu deducción, llegan a ocurrir. Hace rato por ejemplo, el tren llegó, abrió sus puertas y permitió que la gente ingresara a empujones tratando de conseguir, más que un asiento, un espacio en el tren para poder trasladarse hacia sus respectivos destinos. Antes de que la luz roja de las puertas parpadeara y emitiera un sonido como señal de que las puertas estaban a punto de cerrarse, alcanzamos a ingresar sintiendo un gran alivio y satisfacción por lo sucedido. Como si lo que tu mente imagino se cumplió al pie de la letra y ahí estas, sonriendo como idiota alrededor de todos, tratando de entender la suerte que has tenido en ese momento, deseando que cada día se repita un momento tan satisfactorio como ese.

¡Bien! Hemos llegado a tiempo al almacén, es momento de iniciar una vez más otro día de “grandioso trabajo productivo”. Sé lo que le gusta a él, así que me gusta usar el positivismo y el sarcasmo para mantenernos con la suficiente voluntad de seguir viviendo cada día, así que lo de las comillas de hace un rato, era un claro ejemplo de ello.

Ha visto a Susana, y lo primero que ha pensado es que regrese a ver hacia su dirección para que pueda saludarnos, se encuentra a la expectativa de sus movimientos, tiene cautela de arreglar los productos en la repisa y al mismo tiempo ver a Susana, la cual se encuentra del otro lado del pasillo supervisando que la mercancía se encuentre en buen estado. A veces le digo que debería acercársele e invitarla a salir, claro, con respeto. ¡Pero ni siquiera la saluda!, las pocas veces en que hemos podido hablar con Susana han sido porque ella nos ha saludado primero. De vez en cuando la he visto sonreírnos cuando pasamos cerca de ella, claro que él también lo ha visto, pero lo omite porque es muy inseguro y no tiene el valor de acercársele más que sea para charlar. Tal vez yo también tenga parte de la culpa, de todas maneras, soy parte de él. En fin, querido amigo, creo que tendrás que entretenerte arreglando esta sección del pasillo mientras la observas como siempre.

Llega el receso del medio día y se ha dispuesto a comprar un sándwich de pollo para el almuerzo, solo nos dan media hora para comer antes de volver al trabajo en el almacén. La mayoría de empleados prefiere ir a restaurantes, pero a nosotros nos gusta deleitarnos con un pequeño bocadillo, y disfrutarlo en la banca del parque Indoamericano que se encuentra apenas a una cuadra del almacén. El ambiente ahí es tranquilo y se puede observar a un par de niños jugar en los columpios. Eso a veces nos pone reflexivos, imaginando una futura posibilidad de tener hijos, en la que nos encontramos en un mismo escenario como el que estamos observando, ser el padre detrás del niño en el columpio que se encuentra empujando a aquel niño brindándole el impulso necesario para que este se pueda mover, escuchar su risa y sentir esa alegría por todo tu cuerpo…Pero divagar demasiado en esas cosas es perjudicial, incluso para un subconsciente como yo.

Diariamente la gente se pone a hablar horas y horas de que es lo que hizo en su día, de acciones ¿me entiendes? Pero, y si hablarán de algo mucho más interesante, por ejemplo, ¿Si pudieran contarte sus pensamientos? Cada persona realiza una acción, pero detrás de aquella persona se encuentra “ese algo que le permitió realizarla”. ¿Te pones a pensar en eso? O mejor aún. ¿Te imaginas un mundo en donde las personas en vez de contarte lo que hicieron en su día, te contaran todo en lo que pensaron? Es así pues, como podrías estar hablando de la posibilidad de hacer un -Diario de un subconsciente-.

Continuará…

12 de Junio de 2018 a las 05:16 1 Reporte Insertar 0
Continuará…

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Pati Gutierrez Pati Gutierrez

Muy bueno. Te felicito. Me gustaría invitarlos a un nuevo proyecto, donde podrán consultar la escritura correcta de palabras en español, explicada de una forma sencilla y con ejemplos fáciles. Poco a poco iremos agregando nuevo contenido: www.describelo.com
24 de Julio de 2018 a las 15:31
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