Piedra gris Seguir historia

benjamin-cornejo1528753224 Benjamin Cornejo

Cuento propio. narra la historia de Daniel, hombre de un futuro cercano embarcándose en un viaje hacia un pueblo lejano de su hogar para visitar a una médium buscando respuestas sobre su amada. al llegar ahí la médium lo envía a una prueba. buscar una piedra de color gris la cual le servirá para encontrar respuestas.


Cuento Todo público.

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Cuento corto
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La piedra gris

Daniel se aproximaba a su destino. Le habían contado que esa mujer a la que iba a ver sabía todo, podía contarte todo lo que habías vivido, lo que estabas por vivir y hasta lo que nunca serias capaz de atravesar, pero el solamente necesitaba una palabra, una memoria y esa era la de su hermosa Eleonora.
Eleonora era una maravillosa mujer, demostraba hasta al mas ateo que la naturaleza era incapaz de hacer cosas tan perfectas al azar y tan rápido.
de manos delicadas, piel pálida y un cuerpo perfecto, los lunares exactos y precisos, algunas cicatrices por quemaduras de cigarrillos de un padre maniático el cual nunca quiso hacerse responsable de algo tan grandioso como era Eleonora. Daniel la necesitaba devuelta, y si no la tenía en los próximos días seria capaz de quemar su antigua escuela donde ambos se conocieron, hacer un tiroteo en el parque donde por primera vez se dieron la mano o pegarse un tiro en el lugar donde por ultima vez pudo olerle el cabello en un abrazo, demasiado rápido para su gusto y demasiado tosco para el de ella.
mientras caminaba junto a la antigua y larga carretera sintió como el viento, rápido y furtivo, comenzaba a moverle el cabello. apretó el botón en su manga que hacia cerrar su chaqueta rápidamente al sentir un frio triste en su pecho.
avanzó por el costado de la carretera hasta ver en la distancia un cartel flotante y holográfico con las palabras DESTINO AQUÍ AHORA, se paró un segundo en la oscuridad de aquella avenida de tierra con el zumbido de los autos flotando a una velocidad preocupante a su izquierda para pensar en que iba a preguntarle a aquella mujer que podía responder las respuestas que el tanto necesitaba.
por un instante, sintió como todo se detenía y solamente él podía moverse.
se aproximó a tocar el timbre de aquella vieja puerta de madera con pintura descascarada cuando de pronto se abrió hacia adentro dejando salir una luz tenue de velas, un olor a limón con lavanda y un calor tierno.
de la patética luz de aquella pequeña morada emergió una mujer de avanzada edad y baja estatura, en la mano llevaba un plato pequeño con una vela de color rojo. Llevaba puestos unos lentes oscuros, vestía con ropas de color café almendra no muy distintas a la ropa que en los tiempos de Daniel solían ponerles a los muertos. Daniel preparado para presentarse dio un paso al frente y se sacó las manos de los bolsillos del pantalón de mezclilla, pero la señora lo tomó del brazo con una mano fría y con un poder más bien débil para hacerlo entrar a su hogar. Cerró la puerta detrás de ella y comenzó a caminar por el lugar recogiendo cosas de algunas estanterías y cajones que rechinaban casi tanto como lo hacia el piso. Daniel desconcertado intentaba no ponerse frente a ella, pero tal acción se le hacia compleja, ya que la anciana se movía rápidamente, como si lo que hacía lo hubiera hecho ya mil veces. Daniel preparándose para intentar entablar otra vez un contacto con ella de manera verbal se acerco cuando la pequeña mujer estaba rayando una mesa redonda que se encontraba al medio de la sala con una tiza de color escarlata.
Disculpe.-dijo Daniel intentando sonar imponente, pero al no conseguirlo acabó por encogerse de hombros de vergüenza.
la anciana ignorándolo se arrodillo de manera vacilante sobre la mesa, tomó la tiza y comenzó a trazar un circulo de manera perfecta sobre esta, al terminar colocó un candelabro de 3 velas al centro y bajo de esta.
Daniel seguía difuso y sin saber que hacer mirando con una mezcla de preocupación e intriga las acciones de la anciana.
Pensé que llegarías más temprano. – murmuró la anciana con una voz carrasposa y frágil mientras caminaba hacia una silla al lado de la mesa para poder sentarse.
al llegar ahí, metió una mano en una de sus mangas y alcanzó un cigarrillo color café y una caja pequeña de fósforos, puso el cigarro en su boca y con ambas manos encendió el fósforo, acercó el fuego al cigarrillo y respiro profundamente
a través de este, después de alrededor de 1 segundo tiro el humo en dirección de Daniel y este tosió ligeramente.
Vivo a días de este pueblo -dijo Daniel mientras movía la mano de un lado a otro sobre su nariz intentando disipar el humo- Vine lo más pronto que pude.
Daniel miro a su lado y vio una silla de madera idéntica a la de la anciana, se sentó a no mas de medio metro de ella sin nunca quitar la mirada de los oscuros lentes redondos que posaba esta en su rostro.
Las excusas solo te hacen débil. - estiró la mano izquierda hacia Daniel en señal para que este la tomara, Daniel correspondió a la acción de la anciana tomando su mano con ambas suyas notando rápidamente que la anciana estaba muy fría
Vine porque todos dicen que usted puede ayudarme. - dijo Daniel con un tono nervioso.
Yo no ayudo a nadie, yo solamente confirmo lo que las personas saben, querido.-respondió la anciana dando otra bocanada al cigarro.
Pues yo no se que es lo que realmente pasa, no se lo que realmente quiero.- Daniel bajo la mirada viendo los pies descalzos y maltratados de la anciana.
-La quieres a ella, ¿verdad?.- todo quedó en silencio unos segundos
-Si. - respondió- la quiero a ella.
- ¿En qué crees Daniel?
Daniel, sin saber que responder, pensó un segundo. ¿debía creer en algo? ¿Dios? ¿Duendes? ¿La sociedad?
-en nada, supongo. - respondió Daniel
-Entonces eso quiere decir que no le temes a nada
-Pues con mayor razón no creo en nada
El cigarro se consumió en la mano de la anciana, había echo una pequeña montaña con las cenizas, de improviso, puso la colilla del cigarrillo en el dedo índice de Daniel, quemándolo de manera violenta, rápidamente tomó la mano y posó el dedo quemado sobre las cenizas. Daniel asustado y ahora molesto, se liberó de la anciana.
-Que es lo que le pasa?! - dijo mientras acercaba el dedo lastimado a sus ojos
-Vives con miedo. – la anciana sopló las cenizas sobre la mesa y como por arte de magia 3 lunares quedaron en distintos lugares de la mesa por la ceniza. Daniel, dejando atrás su dolor miro los 3 lunares, pero lo que entendía, era vacío.
- ¿Qué es esto? – dijo Daniel cuando casi soltaba las manos de la anciana, esta rápidamente lo interrumpió cuando él estaba preparándose para dispararle otra duda
- Lo que buscas no es fácil Daniel. – suspiró profundamente – el miedo es algo horrible, que todos tenemos, y el tuyo Daniel, Oh, el tuyo Daniel es inmenso.
Daniel, ahora totalmente sumiso frente a la anciana hizo una expresión de tristeza
- solo quiero tenerla una vez más…
- tienes que pasar una prueba Daniel.
- ¿una prueba? – dijo mientras se acercaba más a la anciana.
- tienes que buscar una piedra de color gris en el pueblo de aquí al lado.
- ¿Por qué una piedra?
- lo entenderás cuando la encuentres
- pero ¿Dónde? ¿Cómo es? ¿podré tomarla? – La anciana acerco su mano y posó 2 dedos con olor a cigarrillo en los labios de Daniel en señal para que este guardara silencio.
había comenzado a llover.
- memoriza los 3 círculos en la mesa, escoge uno, ve al pueblo y busca la piedra Daniel. – dijo la anciana con un tono de voz maternal apretando sus manos con las de Daniel.
Daniel dispuesto a emprender su travesía se levantó de la silla y salió de la casa. En el momento que salió la anciana sostuvo la puerta para que no se cerrara y tomó a Daniel por la parte trasera de su chaqueta
- Daniel, sea lo que sea, no pelees, solo corre, ¿entendido? Solo corre. – dijo la anciana mientras soltaba la chaqueta y cerraba la puerta rápidamente.
- ¿Por qué? – preguntó de manera débil y sin respuesta de parte de la anciana.
Daniel por una extraña razón ya no se sentía solo, pensó que era por la anciana que a la distancia estaba esperando que este volviera o quizá por la esperanza ciega de que tal vez podría volver a ver a Eleonora. Comenzó a caminar con la carretera a sus espaldas hacia el pueblo cercano a la casa de la anciana. La carretera era vieja y oscura, la lluvia comenzaba a humedecer la tierra y hacia que brotara un aroma que a Daniel relajaba. Camino unos cuantos minutos hasta llegar a la entrada del pueblo, ahí se encontraba un cartel grande que representaba un mapa de vista superior del pueblo. El cartel era de forma circular, como la mesa de la anciana, Daniel se sobresalto por este descubrimiento rápido y en seguida imagino como se verían los 3 círculos en el mapa.
uno de los círculos daba con un parque, otro con un lago y el tercero, que estaba mas cercano, daba con un vecindario de casas apareadas, sin pensárselo mucho, Daniel eligió el círculo más cercano a él y comenzó a caminar.
El pueblo estaba vacío, pero Daniel no encontró nada de raro en esto, puesto que ya eran altas horas de la noche y estaba lloviendo cada vez mas fuerte. Mientras más se acercaba al vecindario más sentía que había algo en ese lugar que le era familiar. Recordó a Eleonora, las peleas ridículas que tenían, pero que siempre iniciaba el, en las que siempre Eleonora terminaba con lagrimas en las mejillas y él con un sentimiento de culpa que le hacia arder el pecho. Se preguntaba porque se había ido de una manera tan perdida y porque él no podía recordar cómo había desaparecido ella de su vida.
de un momento a otro escucho alguien detrás de él, pero que caminaba al mismo ritmo que sus pasos, atrasado solamente unos cuantos milisegundos que solo el en tal silencio de aquel pueblo pudo detectar, rápidamente se volteo para intentar encarar a aquel ser que intentaba acercarse a él, pero cuando lo hizo se sorprendió, pues solamente había oscuridad en aquella larga, oscura y angosta calle, intentando tranquilizarse y convenciéndose a si mismo que todo había sido producto del cansancio y la adrenalina de la situación siguió caminando en busca de la piedra gris. Al llegar al vecindario se dio cuenta que este no tenia luz, y solamente se podía apañar con la luna, la cual le bastaba ligeramente.
Miles de preguntas invadían su cabeza, ¿Por qué una piedra? ¿Qué pasará cuando la tenga? ¿Qué era lo que realmente esperaba de todo esto?
mientras hablaba consigo mismo caminaba mirando al piso buscando una piedra de color gris por los angostos pasillos asfaltados de aquel vecindario, mirando de reojo los callejones a su derecha mientras escuchaba la lluvia caer sobre sus hombros.
Se paró estrepitosamente cuando una sombra de un tamaño ligeramente mas bajo al suyo apareció furtivamente por uno de los callejones que iban apareciendo mientras Daniel caminaba. Dio un ligero grito y comenzó a andar hacia atrás sin quitar la vista de aquella silueta.
- disculpe, me asustó, usted vive aquí verd… - Daniel fue interrumpido por aquella sombra cuando esta decidió salir de la penumbra y comenzó a acercarse rápidamente hacia él. Era un ser de color gris, sin pelo y empapado por la lluvia. No tenia carne, era mas como si un montón de piel hubiera sido estirado en un esqueleto de un animal que se puede incorporar en 2 patas.
Sus ojos eran completamente amarillos y no tenía nariz, boca ni oídos.
Daniel intento correr de aquella criatura, pero esta lo tomó de la chaqueta. Daniel forcejeo con la criatura, pero ella era más fuerte en comparación a él, Daniel actuó rápido y presionó el botón de la manga para abrir la chaqueta, se deslizo por ella y comenzó a escapar.
casi tropezó, pero estaba decidido a no dejar de correr, miró por detrás de su hombro y observó como la criatura acerco la chaqueta a su rostro sin correr siguiéndolo, Daniel por su parte no dejaba de correr intentando perderse por los callejones, así estuvo por unos minutos hasta pensar que por fin la criatura no podía haberle seguido y se paró a descansar junto a un poste de electricidad.
estaba empapado, el suéter que tenia debajo de la chaqueta estaba goteando y sentía como sus calcetines estaban húmedos, junto su espalda contra la pared y se dejó caer hasta tocar el piso haciendo un sonido como tirar un saco de harina a una piscina.
se preguntó que hacía allí, se regaló un momento de unos cuantos segundos para soltar algunas lagrimas de miedo, incertidumbre y negación, cerró los ojos fuertemente y apretó los dientes mientras las lágrimas se hacían unas con las gotas de agua en su rostro.
abrió los ojos y levantó la mirada, se dio cuenta que frente, en la lejanía había un poste de luz, encendido y que debajo de el había una piedra de color gris del tamaño de un ratón.
Daniel se levantó y comenzó a correr rápidamente hacia la piedra, hacia la luz y las futuras respuestas, corriendo el riesgo que hacia al interrumpir el silencio de la lluvia contra el piso con sus pisadas toscas en los charcos. La criatura salto de un techo y cayó sobre él, rápidamente se apartó quedando entre Daniel y la piedra, por algún extraño motivo la luz ya no estaba encendida. Daniel se incorporó rápidamente e intento pasar entre las flacas y largas piernas de la criatura, esta se quedó inmóvil, cuando Daniel estuvo apunto de tocar la piedra la criatura lo tomo con una mano del cinturón que sostenía los pantalones de Daniel y con la otra del cabello de este y lo estampo violentamente contra una pared cercana al poste de luz, el agua ya no caía sobre ninguno de los 2, ya que Daniel estaba con la espalda contra la pared y la criatura estaba pegada a él con una fuerza inhumana y sobre ellos había un pequeño techo.
escuchaba algo similar a un ronroneo proveniente de la criatura, Daniel sentía como le estaba costando respirar, tenia una pierna rota y el costado de su cabeza sangraba.
- ¿Qué es lo que quieres? – preguntó Daniel esperando una respuesta de la criatura sin boca, pero era lo único que se le había ocurrido tras el pánico de la situación en la que se encontraba.
la criatura levanto la mano que tenia libre, puesto que con la otra sostenía a Daniel ya que este no podía sostenerse por si solo y la acercó a su vientre, levantó un dedo y lo apuñalo lentamente. Daniel suspiró, apretaba los dientes mientras sentía como el dedo de esa extraña criatura de un color mediocre entraba por su vientre de manera tímida, pero vivaz. Mientras terminaba lo que creía sería un último parpadeo sintió como todo se detenía súbitamente. Cuando dejaba de escuchar el ruido de la lluvia en el piso y el techo de material barato.
la criatura soltó a Daniel y lo dejo caer al piso mojado, dio unos pasos hacia atrás y se sentó con las piernas cruzadas en el piso mirando a Daniel.
Daniel gritaba pidiendo ayuda, suplicando por alguien, pero nunca había respuesta, gemía de dolor en el piso mientras tiritaba de frio y miedo, se daba cuenta que todo había acabado, Eleonora, la anciana, sus clases de actuación, el trabajo en el taller de su padre, y los zumbidos de los autos en la carretera. Se intentó arrodillar, pero ya no podía, miró que los charcos del piso estaban de un color rojo tenue, se dio un momento para mirar a la criatura y esta no dejaba de observarlo mientras era bañada por la lluvia y el agua en el que estaba sentada se teñía lentamente de sangre.
Daniel miró por ultima vez a su alrededor y vio la piedra gris, casi ovalada, era casi perfecta. Se acerco para intentar tocarla, pero se le hacia extremadamente difícil, parpadeaba con dificultad y había dejado de sentir la mayoría del cuerpo, el ronroneo de la criatura se hacía más débil y escuchaba cada vez menos la lluvia. Con un último esfuerzo se abalanzó hacía adelante y Por fin logro tener la distancia para poder tocar la piedra, estiró el brazo para poder tocarla con el dorso de la mano, pero Daniel la cierra, se acuesta de espaldas en el agua mezclada con su propia sangre mirando al cielo mas oscuro que nunca, ya que ahora es incapaz de mirar la luna, se da cuenta que ya no es capaz de escuchar nada, levanta la mirada para ver la piedra y vuelve a mirar al cielo mientras las gotas de lluvia caen en su frente y en sus mejillas, recuerda a Eleonora y en que pudo haber tocado la piedra, pero no lo hizo, suspira por ultima vez y cierra los ojos dejando se sentir todo lo que era capaz de sentir.
Daniel despierta frente a un cartel holográfico color rosado, con su ropa seca, apunto de tocar un timbre de una casa antigua junto a una carretera de autos zumbantes. Daniel cierra la mano y la guarda en un bolsillo, siente como tiembla de manera exagerada, se da media vuelta y comienza un viaje de algunos días a su casa.

11 de Junio de 2018 a las 21:53 0 Reporte Insertar 0
Fin

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