Cuento corto
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Despertar

Hoy también he amanecido triste…

Lunes en la mañana, doy pasos ligeros, me encuentro un tanto perezoso por iniciar una nueva semana laboral.

Que rápido ha pasado el fin de semana…

Apenas y recuerdo como llegué cansado de un viernes, me hice algo rápido en la cocina para comer y apenas trate de encender la televisión me quedé dormido profundamente hasta las 10 de la mañana del día sábado. Tan corto se ha quedado ese mismo día, pues entre desayunar y hacer la rutina de limpieza, ha caído la tarde. No me gusta cocinar los fines de semana, siento que me merezco un descanso, no sé si eso es a lo que dicen “amor propio” o también puede ser catalogado como “holgazanería”. No puedo darme el lujo de recorrer las calles en busca de un lugar apropiado para comer, solo me haría más tarde y necesito tiempo para concluir mis tareas de la Universidad. Almorcé en el mismo lugar de siempre, a veces desearía ir a visitar nuevos lugares, recorrer las plazas del Norte y recostarme en los verdes parques del Sur.

Llego a casa, el ambiente luce tan frío y desolado, es curioso que pese a que se encuentre limpio, el ambiente luzca tan vacío y deprimente. Encendí las luces del cuarto de estudio, no puedo encender la radio porque necesito hacer cálculos macroeconómicos y temo que la música pueda distraerme cometiendo un fallo en algún dato.

Qué lástima, tenía muchas ganas de escuchar un poco de jazz, hace mucho que no lo escucho, lo único que mis oídos perciben a diario son los constantes pitos de los vehículos y aquellos murmullos y gritos de extraños con los que me cruzo en la calle.

He terminado por fin la tarea, me duele mucho la espalda y la mano con la que escribo, me cuesta levantarme pues mis piernas se han entumecido, por el reloj puedo observar que he estado sentado en este escritorio por cuatro horas.

Me dirijo a la cocina para prepararme algo y merendar. Mientras mastico mis alimentos, pienso en la posibilidad de ver una película, quisiera volver a sentir la emoción de asustarme, reírme o entretenerme ante la trama de algún film. Pero creo que lo mejor será descansar, mañana con más tranquilidad podré disfrutar de la película.

Nuevamente me recuesto y antes de que pueda pensar en algo me quedo profundamente dormido. Despierto a las 10 de la mañana del día domingo, y un sentimiento de tristeza y melancolía el día de hoy me acompaña.

-“Solo te queda un día, ¿esperas al final para poder ser feliz?”- Me dice una voz interna en mi cabeza, como si me reclamara. Si proviene de ahí es algo que yo mismo pensaría, y tal vez eso sea el motivo por el que he despertado con esta sensación.

He dormido bien, pero aún me siento cansado, como si mi cuerpo quisiera acostarse nuevamente y no salir de la cama. No tengo apetito, ni tampoco tengo planificado que hacer el día de hoy, creo que solo quiero recostarme en mi cama.

Creo que lo mejor será estudiar para el examen de mañana, tengo que memorizar cinco páginas de artículos sobre el comercio y la producción. Ojalá y terminada mi actividad pueda disfrutar de la película.

Agarro el libro de la estantería y me dedico a leerlo sentado en el sofá de la sala, ante un entorno tan silencioso que apenas y puedo escuchar el sonido de mis respiración, inhalando y exhalando.

Se ha hecho tarde, debería comer algo, por un momento mi paladar ha recordado el tradicional y exquisito sabor de uno de los platillos que solía preparar mi abuela. Dulce recuerdo de la infancia. Sin embargo aquellos recuerdos deberán ser aplastados con una pequeña dosis de realidad plasmada en un simple bocadillo que he comprado en la tienda.

Aún no he podido memorizar por completo las páginas del libro, que tarea más ridícula la que me han asignado, se supone que debo saber y replicar las palabras que otra persona escribió. Creo que he perdido mi amor a la lectura, pues recuerdo como mi padre me compraba en cada cumpleaños un nuevo libro. Me agradaba leerlos, imaginarme a mí como el protagonista, imaginarme los capítulos con todo los detalles, que incluso si el autor no los describía, yo los creaba. Ahora solo debo memorizar palabras sin ningún tipo de gusto por leerlas, solo leerlas para retenerlas.

Ha llegado la noche y por fin he podido memorizar las páginas, tan corto ha sido el día ante unas cuantas páginas de un libro. Al parecer mis planes de visualizar una película han quedado estancados, lo mejor será descansar porque mañana debo cumplir con otras obligaciones en la Universidad y tendré que darme el tiempo para repasar una vez más, sin perder todo lo conseguido el día de hoy.

Y aquí estoy… dando pasos lentos hacia una nueva semana, que tristeza y melancolía siento por tener una vida como la mía, pero en el fondo creo que siento más ira y frustración por ser yo, el principal responsable de tal miseria relatada.

Tal vez necesito crear a Dios para encontrar en él un poco de amor, lo único que espero es tolerar un poco esta situación, para así poder continuar con mi vida, la única que siente compasión por mí, es aquella voz dentro de mí, quizás sea una pequeña parte de mí que todavía quiere vivir, lástima que solo sea una voz que yo pueda escuchar, lástima que esté atrapada en una cabeza perteneciente a un hombre deprimido.

Quizás así se sienta una persona triste, en un mundo cerrado, rodeado de un universo que le es indiferente.

Soy una persona triste, pero el universo ha sido una simple metáfora ante un mundo que me es indiferente, eso es aún más triste, pero así debe ser. Todos con sus vidas, rutinas, fines de semana, planes frustrados, recuerdos de infancia y con los días en que amanecen felices y tristes.

Querido lector, hoy soy una persona triste, pero también perteneces a la misma vida en la que yo me encuentro escribiendo esto, y aunque nuestras rutinas nos diferencien, llega el día en que tú también, amanecerás triste. Pero recuerda, ¡por favor recuerda!, sin pedirte que retengas las palabras de este escrito, solo te pido que recuerdes, como aquella sensación del plato de comida que solía hacerte tu abuela, o del aroma del libro que te compraba tu padre. Recuerda que en cada día que has amanecido triste, tú has sido el único responsable, y que si logras reflexionar estas palabras e indagar un poco más en tu interior, encontrarás aquella pequeña voz de tu interior, reclamándote y preguntándote “¿Por qué no eres feliz?”.

Quizás te hayas levantado de la cama, pero aún así te falta despertar.

10 de Junio de 2018 a las 15:17 0 Reporte Insertar 0
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