La dama de las Orquideas Seguir historia

otani A. Otani

En una calle desértica una joven recibe la visita de la dama de las Orquideas, un espíritu monstruoso y deforme con apariencia femenina.


Horror Historias de fantasmas No para niños menores de 13.

#misterio #suspenso #thriller #terror #paranormal #fantasmas #relato-corto
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-La noche de color cobalto-


Las farolas alumbraban un pueblo en silencio, estas dejaban vislumbrar el camino a los pocos transeúntes que cruzaban las calles, los cuales, con pasos ágiles, se dirigían a sus respectivos domicilios sin alzar la vista de la acera.

El ensordecedor sonido de sillas siendo arrastradas y las vivaces conversaciones entre adolescentes, que ahora acababan sus clases, quebraron el silencio. Estos comenzaban a salir de un colegio antiguo de paredes grisáceas y ventanas de color translúcido por la suciedad, donde por las tardes se impartían clases extraescolares. Los alumnos de la clase B comenzaron a levantarse tras escuchar el sonido de la campana , la cual emitiendo un molesto sonido anunciaba el fin de las clases. Los jóvenes ya ansiosos de acabar las clases comenzaron ,mediante pequeños empujones, a hacerse paso hacia la puerta.

Entre todo este bullicio, una adolescente guardaba sus apuntes, destacando su elegante caligrafía y su minuciosa organización. Habiéndolos guardado en su carpeta de color granate, cogió la mochila desgastada que tenía bajo sus pies y guardó todo lo que tenía sobre su mesa. Se levantó tranquilamente y se dirigió a la puerta, ahora que ya se habían ido todos no tendría que pelearse por salir de clase, algo que detestaba y evitaba a toda costa.

La joven de apariencia tranquila se llamaba Ana, su pelo castaño era lacio y le llegaba hasta la mitad de su espalda, sus rasgos faciales eran suaves, sus ojos verdes, siempre atentos a cualquier detalle, venían acompañados de unas grandes ojeras que la habían acompañado toda su vida. Vestía un suéter amarillo, que de tanto usarlo había perdido el color chillón que tanto lo caracterizaba, unos vaqueros de color azul oscuro ligeramente rasgados y unos botines marrones, los cuales debido a lo mucho que le gustaban usaba casi diariamente.

Salió por la puerta del antiguo edificio y observo como los pequeños grupos de jóvenes se despedían, cesando así sus conversaciones y sumiendo de nuevo al pueblo en la quietud. Ana torció a la derecha, con esto comenzaba el camino que siempre usaba para llegar a su casa, un camino repleto de desérticas callejuelas donde la luz de las farolas era el único acompañante.

Sus pasos eran lentos, disfrutaba de la soledad y tranquilidad de las calles, le hacían sentir que era la única persona en ese pequeño pueblo perdido en las montañas. Cruzaba las calles observando los edificios, unas grandes casas grisáceas de formas rectangulares que estaban pegadas unas con otras, solo apartándose para dejar camino a los peatones. De sus salones emanaban unos breves y casi inaudibles murmullos, las cálidas luces de sus salones traspasaban las finas cortinas, iluminando la calle a través de los cristales, dotando mediante su color amarillento de cierta variedad a los monótonos edificios.

La mente absorta de Ana volvió repentinamente a la realidad, una de las farolas de la calle había comenzado a parpadear. Sus ojos se centraron en la inestable lampara la cual ,después de oponer cierta resistencia, no pudo evitar ceder ante el repentino fallo eléctrico. A esta le siguieron todas las demás, causando, en tan solo unos segundos, que la oscuridad de la noche se apoderara de la calle. Las pupilas de Ana  intentaban adaptarse a la penumbra que ahora la invadía, incluso las delicadas luces de las ventanas habían desaparecido. La oscuridad lo controlaba todo, esta era espesa y se había apoderado de la calle en unos instantes. Ana comenzó a notar como el aire se enfriaba, el vaho escapaba de su boca, siguiendo su efímero cámino entre las tinieblas, desvaneciéndose lentamente mientras dejaba una chiquilla tiritando en la oscuridad. 

Repentinamente, en medio de toda la oscuridad, un ligero zumbido comenzó sonar desde la lampara que había estado observando minutos antes, un ruido que se hacía cada vez más fuerte, hasta llegar al punto de tornarse molesto y ensordecedor. Ana vislumbró unos destellos del interior de una bombilla, unas extrañas chispas invadían su interior con un breve fulgor. El zumbido ceso y las chispas con el, dando paso a una tenue luz , una luz azul cobalto, fría y densa que poco a poco iba aumentando su vivacidad. A esta le siguieron el resto de farolas las cuales mediante su fulgor azul dejaron atrás la monotonía de la calle, ahora una tenebrosa luz la invadía, una luz tan profunda y misteriosa que daba escalofríos. De la calle recién tintada de cobalto comenzó a emanar una espesa niebla, esta brotaba de forma sinuosa de las hendiduras del suelo, el cual tapaba cada vez más con su opaco cuerpo, un cuerpo tan opaco que ni siquiera la luz azul podía traspasar.

Ana observaba atónita, notó como la niebla pasaba por sus piernas, dejándolas completamente heladas e impidiéndole ver más allá de sus rodillas. A lo lejos comenzó a vislumbrar una figura blanca que se movía hacía ella con rapidez, era una silueta grande y deforme con grandes bultos, acompañada de un color blancuzco y una forma que recordaba ,vagamente, a una figura humana. El miedo se apoderó de ella, intentó huir pero sus pies, por mucho que lo intentaran, eran incapaces despegarse del suelo, era como si la niebla se negara a dejarla marchar . Lo intentó de nuevo con todas sus fuerzas pero esto no hizo más que empeorar la situación, ahora notaba como una desconocida presión forzaba a sus piernas a mantenerse rígidas, obligándola a ver como se le acercaba más y más esa tenebrosa silueta.

Poco a poco la mole blanca comenzó a tomar forma, su figura recordaba vagamente a una mujer pero con unas dimensiones desproporcionadas, esta superaba la altura de las puertas de la calle y era sumamente delgada. Su cara estaba cubierta con un velo y tras el brotaban unos mechones largos de color negro , estos tapaban delicadamente sus marcadas clavículas y dejaban vislumbrar sus huesudos hombros. Su piel, igual al mármol, era aun más brillante que su blanco y raído vestido ,cuyos agujeros permitieron a Ana vislumbrar unas largas y delgadas piernas similares a un palo. Sus esqueléticas manos sostenían un ramo de flores cobalto, tal y como las farolas. Estas eran unas orquídeas de un color  brillante y atrayente, tanto que eran capaces de que apartaras la mirada de la misteriosa mujer ,aunque fuera por unos instantes, para apreciar su tétrica belleza.

La mujer seguía avanzando, sus delgadas piernas daban pasos largos y rápidos, a esa velocidad solo tardaría unos instantes hasta llegar a donde se encontraba Ana. Incapaz de continuar mirando, cerró los ojos deseando que pasara de largo. Sus ojos puede que le impidieran verlas, pero sus oídos no podían evitar captar esas sonoras pisadas, las cuales se iban acercando y avisando a Ana de que en tan solo en unos instantes esa silueta llegaría hasta ella. Sus oídos comenzaron a captar una profunda y torpe respiración que acompañaba esos sonoros pasos. Los pasos cesaron, ahora solo podía escuchar como algo o alguien inhalaba, con dificultad, el denso aire de la calle.

Ana mantenía sus ojos cerrados, esperando que la misteriosa mujer, si acaso es lo que era, pasara de largo, pero por mucho que lo deseara aun sentía su presencia, revelando  lo muy cerca que estaba con su torpe respiración. Aguantó con la cabeza gacha y los ojos cerrados, el tiempo corría y la abultada figura seguía observándola. Los segundos eran eternos y la pasividad de la criatura no hacía mas que empeorarlo, era como si estuviera esperando a que abriera los ojos, mediante su impasibilidad pretendía obligarla a abrir sus parpados,  hacerle ver que no tenía otra opción,  el tiempo que ella aguantaba temerosa no hacía más que aplazar lo inevitable. Aguanto todo lo que pudo, hasta que el miedo comenzó a ser sustituido por la intranquilidad. La impaciencia se había apoderado del terror y ahora solo podía pensar en abrir los ojos, quería acabar esto cuanto antes. Inspiró profundamente, mantuvo la mente en blanco y finalmente abrió los ojos, temerosa de que podría encontrar. 

Se estremeció ante la monstruosa figura, esta era más alta de lo que imaginaba; su cuerpo era monstruoso y se le marcaban todos sus huesos y su velo ,a pesar de ser muy fino, impedía ver más allá de él, manteniendo el rostro del esquelético ser en un total misterio. Tras ver que la joven estaba finalmente observándola comenzó a rechinar sus dientes. Ana Intentó dar un paso atrás pero la niebla se mantuvo firme, impidiéndole aun despegar los pies del suelo. La figura comenzó a inclinarse hacia la joven, su rostro se acercaba lentamente al suyo, su espalda,de por sí ya encorvada, se doblaba para poder estar a la altura de la joven. Sus rostros ya solo estaban separados por unos escasos centímetros, notaba como el velo se ondulaba por la respiración de la dama, este era blanco  y de una tela suave y delicada, contrastando con su deteriorado vestido, el cual mostraba con sus deformes agujeros las raquíticas piernas de la criatura.

Esforzaba la vista para poder ver más allá del velo pero le era imposible. Repentinamente la dama cogió forzosamente la mano izquierda de la joven, separó una Orquidea del ramo y la forzó  agarrarla, sus huesudos dedos rodearon la mano de la joven y comenzaron a presionar su mano, haciéndole imposible soltar la flor. La adolescente estaba paralizada, las manos eran gélidas y húmedas, manteniendo con firmeza sus puños cerrados. Una dolorosa punzada atravesó su mano, intentó deshacerse del agarre de la dama pero los dedos de la señora se mantuvieron rígidos, aguantando los movimientos frenéticos de Ana sin inmutarse. Esta sensación comenzó a consumir su mano, era como si una llama quemara su piel, intensificándose más con cada segundo, temiendo que en cualquier momento se le fuera a derretir. Entre vanos esfuerzos por deshacerse de la firme mano de la señora, un grito escapo de su garganta, un grito que expresaba el pánico y dolor que la invadían, cuya respuesta fue un sonoro siseo por parte del ser pálido. Lentamente su mano se fue acostumbrando al escozor. Al notar el cambio en el rostro de la joven, dedujo que ya había conseguido lo que buscaba. La  criatura se irguió, y continuó su camino, dejando atrás a la aterrorizada joven, la cual había dejado caer la flor cobalto entre jadeos, perdiéndose  entre la espesa niebla.

Satisfecha, la monstruosidad se alejaba de la joven entre tonos azulados, sus pasos eran tan rápidos como al principio y en tan solo unos instantes había desaparecido. La neblina comenzó a ser absorbida por las grietas del suelo, y las luces azules comenzaron a difuminarse hasta sumir de nuevo la calle en la oscuridad.

Esta penumbra duró poco ya que ,en pocos segundos, las farolas comenzaron a alumbrar de nuevo la calle con su típico resplandor amarillento. Las piernas de la joven cedieron y cayó rendida sobre sus rodillas, su respiración era entrecortada y una fuerte angustia se apoderó de ella. La cabeza le daba vueltas y las nauseas iban en aumento. Tras ello, asaltó su mente un vívido recuerdo del dolor que se apoderó de su mano; inmediatamente fijo su mirada en su mano izquierda, descubriendo una fina linea de color azul pálido, paso los dedos sobre ella para descubrir que era rugosa y que había perdido el tacto. Se quedó observando su nueva cicatriz durante unos largos minutos, confusa y temerosa de lo que esto podría significar.

30 de Mayo de 2018 a las 01:18 0 Reporte Insertar 0
Continuará…

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