La Voz Interior Seguir historia

u15274336941527433694 Marcos Antonio Falcón Quevedo

Es un cuento corto narrando los pensamiento de un joven que tras un suceso va perdiendo el control sobre sí mismo. Espero adaptar este cuento a una serie más larga de historias que se desarrollan en el mismo universo y de alguna manera se entrelazan


Horror Todo público.
Cuento corto
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La Voz Interior

No, no podía ser ella, estaba seguro de que no podía ser ella; seguía repitiéndose una y otra vez mientras se apresuraba a su casa. Al llegar se encerró en su cuarto y envuelto entre sus sábanas tiritaba su nombre: Jessica. Jessica era su novia y era preciosa o al menos a él se lo parecía. Su rostro presentaba una extraña simetría que tendía a la perfección pero al sonreír quizás por un capricho quizás por una razón genética reía solo a la derecha y mostraba una mueca bastante entrañable. Su pelo negro caía hasta sus hombros y se desparramaba después hacia todas direcciones. Mientras recordaba esto Carter se reincorporó en su cama, dejando caer sus sábanas apoyó sus largos brazos y se sumió nuevamente en sus recuerdos.

La última vez que la había visto se le había quedado grabada en la memoria como la impresión de una brasa caliente en la piel desnuda, había tanta sangre que parecía estar sumergiéndose en un mar escarlata. Aquel fin de semana se suponía que fuera inolvidable, y vaya si lo fue, era la primera vez que se quedaría a solas con Jessica. Pasarían un fin de semana en las montañas de acampada y a pesar de que Carter odiaba acampar, por ella haría cualquier cosa. ´´Sí, haría cualquier cosa´´ se dijo en voz alta, mientras se levantaba de la cama con un aire moribundo; si algo estaba claro era que no podía quedarse en su casa, tenía que irse de allí inmediatamente, ¿adónde?, no lo sabía aún pero era imperativo que saliera de allí como si del infierno se tratara. A pesar del incidente que había ocurrido siempre se había tomado a sí mismo como una persona bastante inteligente, así que si quería que la desaparición de Jessica tuviera sentido tenía que desaparecer también él sin dejar rastro alguno. Le vino otra vez la imagen de Jessica a la cabeza y el estómago le dio un vuelco, tuvo que aguantar las ganas de vomitar.

Buena cosa había sido que esa noche sus padres durmieran profundamente pues no lo notaron cuando se escabulló bajo el negro manto de la noche. Ya tenía una mochila recogida con ropa de la acampada, no podía llevarse nada que sus padres o la policía echaran en falta en caso de que registraran su cuarto. Recogió lo más básico para la supervivencia: un poco de comida, una navaja y un mechero. Justo cuando iba a salir por la puerta un pensamiento lo detuvo, más que un pensamiento fue una voz. No era como las demás voces humanas pero estaba seguro de haberla escuchado antes. La voz le rogaba e imploraba que matara a sus padres, al principio creyó que estaba loco y por tanto el cuerpo ensangrentado de Jessica que había pensado ver podría haber sido más bien una alucinación, pero después la voz se fue explicando, no era tanto como si hablara sino más bien era como un chirrido agudo que a pesar de no decir nada comunicaba ideas, ideas horribles. El chirrido emitió un intervalo aún más fuerte y agudo como tratando de llamar su atención, pero, ¿cómo iba a matar a sus padres y con qué objetivo?, todo estaba muy confuso. La voz se fue explicando: si lo atrapaban o simplemente desaparecía sin volver jamás sus padres sufrirían su pérdida, quizás hasta se desquiciarían, terminarían su matrimonio, llegando incluso como una mera posibilidad al suicidio, y Carter no quería eso, no, no lo quería. Aún dudaba pero su cuerpo más bien reaccionaba por instinto. Entró a la cocina, tomó un cuchillo y se apresuró dentro del cuarto. Observó el cuarto de sus padres, la decoración en la que su madre tanto tiempo había empeñado, los cuadros de arte moderno que nunca habían significado nada para él ahora lo miraban acusadoramente. Su padre tenía el sueño más pesado, acabaría con su madre primero. Todo este tiempo su mente había estado consciente pero sin la capacidad para actuar, algo así como atrapada, y si intentaba de alguna manera ignorar la voz el ruido aumentaba aún más. Se detuvo frente a su madre que dormía tan despreocupadamente como podría cualquiera si lo intentara, sintió su respiración, el lento intervalo de inspiraciones y espiraciones que garantizaban la respiración pero pronto se detendría, tendría que hacerlo la voz lo decía, ya en ese momento la voz no comunicaba solamente era ruido en blanco como el que produce la radio. Levantó el cuchillo en el aire pero no, ¡no podía!, ¿qué estaba haciendo?, matar a su madre no solucionaría nada primero tenía que averiguar qué había pasado y eso no lo iba a hacer en su casa necesitaba despejar su mente. El ruido que lo atormentaba se detuvo por un momento, volvió a sentir como sus pensamientos revoloteaban alegremente otra vez por su cabeza, pero esto no duraría para siempre. Dejó el cuchillo donde estaba y salió por la puerta antes de que sus padres pudieran despertar.

Ya en la calle volvió a recordar a Jessica, ¿qué podría haber pasado? Apretó los dientes contrayendo el músculo temporal como en un ademán para lograr recordar algo más, pero eso casi nunca funciona, aunque esta vez dio resultado recordó algo así como una piedra, más bien una gema, de color verde; recordó habérsela dado a Jessica pero nada más, de ahí en adelante su memoria lo abandonaba. Frunció el ceño, se arregló la mochila y llevando sus manos a la cabeza se acomodó toscamente la capucha de su sudadera. Las calles no estaban precisamente animadas a esa hora de la madrugada pero prefería que no lo viera nadie, solo tenía que pasar la gasolinera y se adentraría en el bosque que había más adelante. No podía seguir esforzando su cerebro así que comenzó a divagar; si las cosas fuesen diferentes, si no hubieran hecho ese viaje, si hubiera acudido a la policía en primer lugar, pero nada de eso tenía utilidad alguna ahora, así que se concentró en tararear una melodía alegre pero constante de esas que aunque te barrenes el cerebro siguen sonando sin parar. Caminó dos kilómetros más hasta la gasolinera y cuando ya lo rondaban pensamiento suicidas de repetir la misma canción fuiiii, fuiiiiii, fui fui fuiiiii; divisó la primera persona que lo hubiera visto aquella noche, era un hombre blanco, en los 40, un poco obeso, con una de esas caras perfectamente ovaladas y unos ojos que despedían amabilidad hacia todas direcciones. De repente el ruido comenzó de nuevo pero esta vez era más fuerte, sus manos fueron moviéndose solas hasta descolgar su mochila y alcanzar la navaja, era la voz, quería que matara a aquel hombre; ahora estaba seguro, estaba loco, había perdido los putos papeles, estaba pensando realmente en matar a un hombre desconocido sin motivo; no, se negaba rotundamente, comenzó a tratar de impedirlo y en el intento lo único que lograba era mover el torso y la cabeza mientras las extremidades se acercaban más y más a la navaja. Cualquiera que hubiera visto este espectáculo desde fuera pensaría que el muchacho estaba sufriendo un ataque de epilepsia o que presentaba un cuadro severo de corea de Huntington.

-¿Te encuentras bien?- preguntó el hombre profundamente extrañado

-Aléjese, ¡Aléjese le he dicho!-gritó con una voz entrecortada mientras el ruido explotaba con decibeles inimaginables a la audición humana en el interior de su cerebro.

Fue entonces cuando lo notó, notó lo que verdaderamente le pasaba pero ya no podía detenerlo, era muy tarde, fue más bien como la última claridad que tendría antes de que todo acabara. El rostro del hombre empezó a cambiar tenía cada vez las facciones más serias, más duras hasta que ya no eran apacibles sino iracundas y vengativas. Carter veía como el hombre vociferaba y lo injuriaba una y otra vez, así que se dejó llevar; la voz finalmente lo controló en su totalidad. Con un golpe de navaja le cortó la garganta al pobre cuarentón; la sangre salió disparada contra Carter como si de un géiser se tratara. Ya la dependienta de la gasolinera se había percatado de la situación hacía un tiempo y había llamado a la policía, ahora se escondía detrás del mostrador, indefensa.- ¡Mátala! gritaba la voz dentro de su cabeza, esa zorra te delató-Carter tirando a un lado la mochila se armó con la navaja nuevamente y entró a la gasolinera echo un diablo. Tomando a la dependienta por el pelo la colocó encima del mostrador y después de apuñalarla repetidas veces en el abdomen, cercenó su garganta con una fuerza tan bestial que melló la cuchilla con las vértebras cervicales. Acto seguido se arrodilló, sabía lo que había hecho, no tenía perdón, ni siquiera deseaba que lo tuviera solo quería descansar. Con precisión casi quirúrgica se apuñaló con fuerza en el corazón. La voz había conseguido lo que quería: más sangre.

En el periódico de las semanas siguientes salieron a la luz todo tipo de artículos sobre el asesino adolescente. En uno de ellos se leía:

TERRIBLE TRAGEDIA LOCAL

El pasado 31 de octubre tuvo lugar los más horrendos sucesos que han atacado al estado desde que este periódico ha estado informando. Un muchacho de 17 años de nombre Carter Howell asesinó brutalmente a dos personas en una gasolinera. En investigaciones subsiguientes encontraron a la novia del presunto adolescente también apuñalada hasta la muerte en un lugar alejado muy al interior del bosque, entre sus efectos personales encontraron una rara gema de valor desconocido. Las autoridades nos informan que no tiene aún una explicación razonable para estos acontecimientos pero los forenses han encontrado una cueva bastante antigua y están sugiriendo que quizás una espora de algún hongo o un parásito desconocidos hayan infestado al muchacho ocasionándole los síntomas neurológicos que lo llevaron a cometer tales atrocidades. En la cueva se encontró a primera inspección una pequeña y polvorienta caja la cual portaba una inscripción en algún idioma extraño, al examinarla se pudo dictaminar que la gema encajaba perfectamente allí por lo cual era posible el contagio del parásito. Aún se está procesando la cueva para futuras respuestas.

Quizás algún día la humanidad se hubiera dado cuenta de la verdadera historia. El mensaje que la caja realmente portaba: CROATOAN. Y por detrás otra en un nivel aún más pequeño: la mayor prisión del ser humano es su propia mente.

27 de Mayo de 2018 a las 15:23 0 Reporte Insertar 0
Fin

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