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Jorge Becerra


Cuando Alhor Harver logra desifrar parcialmente la inscripción en el antiguo reloj utilizando el oscilador ciclico, un gran misterio esta apunto de ser revelado. El tiempo apremia y el destino intercede. Ahora su nieto el pequeño Galileo deberá emprender una peligrosa busqueda esperando que no sea demasiado tarde.


Ciencia ficción Todo público. © Número de Registro: 03-2012-081710414600-01

#steampunk #381
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Alhor Harver

Alhor Harver se encontraba trabajando sobre su escritorio. Sus manos arrugadas por el tiempo, no habían perdido la destreza de hace tantos ayeres. Por el contrario se mostraban más hábiles y activas que nunca, a la vez que tomaba una pieza de sobre la mesa y la ensamblaba con una precisión envidiable. La cantidad de dibujos, planos en su mayoría, regados por todos lados mostraban la complejidad del mecanismo que se encontraba frente a él. Pero esto no parecía significar-le ningún obstáculo, pues una a una las piezas iban embonando a la perfección. El juego de gafas multi lenticulares sobre su cabeza le permitía observar hasta el mínimo detalle del ensamble. Y cuando la precisión las manos no era suficiente, unas pequeñas pinzas servían de extensión a sus dedos. A paso lento pero constante las horas se le escapaban, lo cual se hacía notable en su aspecto algo descuidado, consecuencia de los varios días dedicados a tan compleja labor. Su barba abultada comenzaba a pronunciarse. Sus manos algo sucias no paraban un solo instante de moverse, en una intrincada coreografía, acompañada de las innumerables piezas que sujetaba una a la vez. Él sabía que el tiempo no era aliado en estos momentos, y era necesario terminar lo antes posible. Las consecuencias de no hacerlo le eran desconocidas, pero sabía que era una oportunidad que no podía desperdiciar.
Desde el balcón que rodeaba toda la habitación, la cual estaba cubierta en todas sus paredes por libros, lo observaba una pequeña silueta, tímida y curiosa de lo que aquel viejo hombre hacía. Se había vuelto ya una especia de costumbre. Él pequeño Galileo se sentaba recargado sobre el barandal a observar trabajar a su abuelo, sin emitir un solo sonido solo contemplando. Hacía varios meses que en la casa no se cruzaban palabra, más que los buenos días, o las buenas noches según fuera el caso. Hacía varios meses que difícilmente habían salido a la calle. Pero él sabía que la labor de su abuelo era importante, y por eso guardaba silencio, siempre silencio. Aunque como niño, la curiosidad lo abordaba cada vez con mayor fuerza, ¿que era aquello en lo que tanto trabajaba su abuelo?, él sabía que era algo de vital importancia, pero no tenía idea de que. Y esa noche rondaban tantas preguntas sobre su cabeza ¿que requería de tanta atención? ¿Y por qué le robaba parte de su tiempo con su abuelo?, varias veces se preguntó si era posible ponerse celoso de un objeto y varias veces rechazo esa pregunta. Pero al estar esa noche contemplando, decidió que era tiempo de obtener respuestas a sus preguntas, así que decidido bajo las escaleras con la determinación marcada en el rosto, pero sus ojos delataban la inocencia que se tiene a los 10 años.
Alhor no se dio cuenta de cuando se acercó, solo se vio sorprendido por el pequeño niño que se encontraba frente a él mirándolo, recargado sobres sus codos, con la mirada fija sobre los ojos de Alhor, como si quisiera encontrar la respuesta a sus preguntas en lo profundo de sus ojos, y evitarse de esta manera importunar con palabras, pero no fue así. Alhor le devolvió la mirada y por un momento daba la impresión de un espejo colocado sobre los dos, un espejo que reflejaba el pasado y el futuro al mismo tiempo. Y es que a decir verdad, el pequeño Galileo era la viva imagen de su abuelo, si no en lo físico en esencia.
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—Abuelo... ¿Qué haces? — Había pasado las últimas semanas pensando como haría esa pregunta, que diría antes, que diría después, busco muchas formas de no decir las palabras de forma directa, pero al final la curiosidad y hasta cierto punto la aprehensión se apoderaron de su boca y como una lanza cortaron el protocolo para dar paso a la más absoluta y sincera de las preguntas que en su cabeza se había formado. Alhor consciente de esto, solo pudo esbozar una pequeña sonrisa, volteo a ver el reloj, como quien piensa que se ha retrasado unos cuantos minutos, pero la realidad era otra y cierta vergüenza emergió al percatarse que habían pasado semanas. Razono de inmediato por todo lo que el niño había pasado. Bastante duro era ya que no estuvieran sus padres como para que él le pagara de esa forma. Pero sabía que no lo hacía con intención de lastimarlo, por el contrario, si se había encontrado tan absorto en el trabajo es porque en realidad era de vital importancia.
— ¿Te he platicado alguna vez de los “Fundadores”?— pregunto Alhor con una voz dulce y gentil.
—Si abuelo... muchas veces — contesto Galileo con una sonrisa.
— ¡Ah!, pero no te he contado de los escritos que dejaron atrás donde describen un nuevo mundo. — Ante esta confesión la cabeza del pequeño Galileo se encontró en una tormenta de preguntas rondando en su cabeza, ¿que tenía que ver eso con lo que su abuelo se encontraba haciendo? Alhor se percató del pequeño predicamento que su nieto se encontraba padeciendo y continúo.
—Fue en aquellos días cuando se valían del oscilador cíclico, el cual poseía el conocimiento de mil mundos y mil mundos más. Aquel que lo poseyera sería capaz de revelar los misterios del “antiguo reloj”
—Entonces... ¡¿lo has encontrado?!— la emoción vibraba en el rostro del niño.
Alhor le devolvió una sonrisa pícara y contesto —No técnicamente... pero he logrado “reconstruirlo” hasta cierto punto... mira— Le tendió la mano y le mostró una especie de esfera, rodeada de una cantidad enorme de aros circunscritos, que a su vez estaban llenos de símbolos y graduaciones, Alhor hizo una demostración y movió algunas de sus piezas, las cuales se deslizaron entre ellos y mostraban una gran cantidad de configuraciones.
—Basándome en antiguos relatos, he podido formarme una idea un poco clara de cómo era y cómo funcionaba. No creo que sea exactamente igual al original, pero si lo suficiente para permitirme descifrar las antiguas inscripciones al interior de la torre del “antiguo reloj”— La cara del sorpresa del niño no cabía en sí. Sabía que algo importante estaba haciendo su abuelo, pero no creía que fuera tanto. Esas inscripciones llevaban años siendo un misterio, generaciones y generaciones había solo supuesto su significado, pero nadie había sido capaz de descifrarlas... hasta ahora.
— ¡¿Y qué es lo que dice abuelo?!— la pregunta le pareció inevitable
—Solo he podido traducir algunas partes... es una especie de “instructivo” para un dispositivo con el cual “un nuevo mundo se abrirá ante nuestros ojos”, como textualmente dice, y nos da el día en el cual podremos verlo...—
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— ¿Y cuándo será?
—Dentro de 2 días
La sorpresa del niño no pudo ser más grande que después que oír esas palabras, todo tenía sentido ya. El tiempo invertido por su abuelo, los desvelos constantes, el poco tiempo dedicado a no estar en otra habitación que no fuera en su estudio. Todo encajaba a la perfección. La verdad era que no había más tiempo.
El niño se volvió hacia la mesa y contempló el artefacto cilíndrico, un par de lentes se percibían en cada uno de los extremos, los sujeto casi inconscientemente y preguntó.
— ¿Es este?— Alhor asintió con la cabeza y extendió las manos indicándole a su nieto que fuera precavido.
—Ten cuidado, no está completo y algunas de sus partes no están del todo sujetas— Ante este comentario el niño se apresuró a devolverlo a la mesa, pero la forma cilíndrica del artefacto y su cercanía a la mesa terminaron por hacerlo rodar por la inercia, precipitándose contra el suelo y al contacto con este se partió en 3 pedazos. La cara del niño mostró un susto terrible, no podía creer lo que había sucedido.
— ¡Abuelo!.. No quise... no fue mi intención... no... — sus ojos se encontraron cerca de las lágrimas.
Alhor que se encontraba inmóvil, no movió su semblante tranquilo y se apresuró a consolar a su nieto.
—Tranquilo... no te preocupes, solo se ha desarmado, no ha pasado nada grave. Simplemente tendré que cambiar unas piezas de sujeción y listo. Je, je, de hecho ha servido para probar su resistencia y como has comprobado no era muy buena. — Las palabras fueron justas y aliviaron al afligido niño al instante el cual le devolvió una tímida mirada a su abuelo.
—Y ahora, es tiempo de que vayas a dormir que ya te has desvelado bastante, anda. Que acá me queda un poco más de trabajo que hacer. — El niño asintió la cabeza y al momento llamaron a la puerta. Alhor se puso de pie. Tomo su bastón e intentó caminar con dificultad. Una vieja herida le impedía hacerlo de forma correcta, se movía con torpeza, dolor y dificultad.
— ¡Yo abro!— dijo Galileo, conociendo la situación de su abuelo y velozmente se dirigió a abrir. Era Antog Biebler, que se mostraba con su clásica sonrisa y su humor contagioso al pie de la puerta. Se dispuso a entrar y apresuradamente camino hacia donde estaba Alhor.
—Graciags, Galileo. Estags cregsiendo muyg grapido muchachito— Dijo con su marcado acento francés.
—Galileo, es hora que vayas a dormir, Antog y yo tenemos cosas de que hablar— Nuevamente el niño asintió con la cabeza.
— ¡Buenas noches abuelo, Buenas noches tío Antog!— y dicho esto subió apresuradamente las escaleras.
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— ¡Vaya, cada día es más pagesido a ti!—Dijo Antog.
— La verdad es que cada día es más parecido a ella...—Al decir esto una enorme tristeza se desplomo sobre el rostro de Alhor, como si le arrancaran el alma y solo una vació se sintiera dentro de su pecho. Antog, agacho la cabeza sin saber que decir, al percatarse este Alhor rompió el silencio y dijo:
—Y dime Antog... ¿Qué te trae por aquí a estas horas? —Antog recupero su habitual entusiasmo y de un golpe se puso de pie, haciendo aspavientos en el aire a la vez que le costaba contener su emoción al hablar.
— ¡Alhor, no vas a creeg lo que ha sucedido, no lo vas a creeg!... lo he conseguido— Mientras decía eso no paraba de hacer gestos con los brazos y golpeando cuanto objeto se encontrara en su camino, a la vez que Alhor se esforzaba por atraparlos. Su cojera no le ayudaba mucho.
—Y es que después de semagnas y semagnas de intentag conseguig una audiencia, ha sido hoy cuando lo he conseguido— No había parado de moverse por toda la habitación, golpeando libros y estantes, y Alhor de ir tras de él.
—Pero de que me hablas dime, antes que acabes destruyendo la casa— Replico Alhor quien con dificultad podía seguirle el paso.
— ¿Pues de que va seg? El alcalde está dispuesto a ver tu demostragcion para pasado mañana, y creegme está muy integesado, y curioso. A tal punto que hasta ha accedido a pregstarnos el «sello» de los «fundadoges» incluso habló con los miembrogs del consejo, ¡y autogizagon su uso!, mañana extendega la invitación a todo el pueblo, ¡todo mundo estaga magavillado de ver, tu asombgrosa demogstragcion!— Sus brazos cada vez se movían con mayor fuerza, y continuaba desprendiendo objetos de las repisas, hasta que se topó de frente con el artefacto roto en 3 piezas de Alhor
—Ese yo no lo gompi— Dijo Antog deteniéndose abruptamente y señalando al roto artefacto.
—Si lo sé... — El rostro de Alhor no podía mostrarse más cansado y descompuesto, es como si de golpe 20 años se hubiera precipitado sobre él.
— ¿Pego? ¿Sucede algo? ¿No te da gusto, sabeg que todo mundo estaga pregsente paga veg tu gran demogstracion? ¿Tu incgeible invención?—
— ¿Te refieres a esa?— Replico Alhor a la vez que señalaba los 3 pedazos del artefacto cilíndrico
— ¡Sacré Bleu!, pego... ¿cómo?... ¿qué?.. ¿Cuándo?... ¿Sabes lo que significa?, ¿tienes idea de cuánto esfuegso se está echando pog la bogda?, ¿que vamogs a haceg?— Antog no dejaba de dar vueltas de un lado hacia el otro de la habitación.
—Se cuánto esfuerzo ha requerido... más de 20 años de dedicación... — Alhor difícilmente pudo pronunciar estar palabras. Antog comprendió de inmediato y volvió la cabeza apenado.
—Alhog... lo siento, es que yo... ya me conoces... simpge soy algo dispagado... pego... ¿queen secede?
—Galileo... estaba curioso... fue un accidente. No fue su culpa...—
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—Lo entiendo... pego... ¿puedes gepagalo?— Preguntó Antog, algo nervioso. Alhor volvió la mirada sobre la mesa y analizó la situación.
—Repararlo no es el problema... el mecanismo energetizador es el que no funcionará, necesita una piedra luminar...— Antog sintió un escalofrió que le recorrió toda la médula espinal.
— ¡Sacré Blue!, ¡Sacré Blue!— Exclamaba mientras se movía de un lado hacia el otro de la habitación con pasos agigantados— Pego... eso solo podemos consegilo en... en... — cono si un balde agua fría cayera sobre el su rostro palideció — La “zona prohibida”...— apenas y pudo terminar esta última oración suspiro y trago saliva.
Alhor se mostraba meditabundo y tras una breve pausa dijo:
—Será mejor que empiece a prepararme para el viaje— al escuchar esto Antog se precipito sobre Alhor.
— ¡Estás loco si creegs que te pegmitige ig a ese lugag de nuevo!, estoy segugo que debe habeg otra solución, ¡casi mueges la última vez!— El tono de Antog alcanzó a detener a Alhor.
—Tenemos tiempo todavía, segugo que puedo prepagag una excugsion, sega costosa pego siempre hay gente dispuesta a correg riesgos... habrá que contragtag un guía y prepagag la cagabana...
—Antog, ¡No hay tiempo!, ¿no entiendes? El “antiguo reloj” llegara a su alineación en 2 días, si para ese entonces no colocamos la pieza en su lugar, todos estos años habrán sido en vano.... debemos salir en cuanto antes...
—Es ciegto, es ciegto... saldré en este momento en busca de los más aguerridos aventugegos que pueda encontrag, con un poco de suegte estagan de regreso a tiempo... y tu conecgtrate en repagag el agtefagto, el tiempo es un lujo que no tenemos— Dicho esto Antog se dirigió hacia la puerta, con una increíble determinación y cerrando la puerta, tras de sí, quedo solo Alhor en la habitación. Camino unos pasos hacia uno de los estantes en donde se alcanzaba a ver una fotografía, un hombre, una mujer y el pequeño Galileo aparecían en ella. Era un mágico momento capturado en la imagen, la alegría era contagiosa de solo ver el rostro de aquellas personas, tan felices. Alhor no pudo hacer otra que dejarse contagiar por su alegría, y tomando la fotografía en sus manos dijo para si
— No será en vano... te lo prometo... — una tímida lagrima escurrió por su mejilla y un débil suspiro salió de sus labios. En las sombras un par de lágrimas lo acompañaban sin que el fuera consciente de ello, y la pequeña silueta entre los barandales se incorporó, tomando el juramento que su abuelo había dicho como si fuera suyo también, Galileo había escuchado todo y ahora sabía lo que debía hacer.

18 de Mayo de 2018 a las 17:19 1 Reporte Insertar Seguir historia
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JF Jonathan Ismael Frias Concepcion
ACABO DE DARTE ME GUSTA,ESPERO QUE PASES POR MIS HISTORIAS Y TAMBIEN ME DES MI LIKE,DIOS TE BENDIGA.
May 19, 2018, 02:42
~

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