Primordiales Seguir historia

u8653 Abdiel Patiño I

Apenas la vio en esa valla de carretera, se enamoró; sus ojos grises agitaron su interior y lo trasladaron a un universo de sensaciones incontrolables. Pero no le resultará fácil ir tras esa belleza, contra él, sus deseos y lo que los une, maquinaran fuerzas oscuras con inescrutables propósitos. El cadáver de una chica en un pantano abrirá el telón de una serie de eventos que desde el pasado, dibujan un presente sombrío y un futuro incierto. Él deberá encontrar las respuestas, someter sus principios a una estela de posibilidades incongruentes que, poco a poco, dibujan una historia de la cual no podrá escapar; él deberá enfrentar a un monstruo que amenaza con consumir su mundo, el de ella; lo que los compenetra y los convierte en Primordiales.


Suspenso/Misterio Todo público.

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La chica de la valla

Izan tenía una obsesión por ella, por la chica de la valla; era tan profundo su delirio que cierto día se detuvo a unos metros del aviso publicitario y lo fotografió para la posteridad. No tenía idea de su nombre ni de su procedencia, pero desde que fue levantada aquella valla que promocionaba un proyecto residencial de playa para multimillonarios, donde la chica develaba sus bellos ojos grises, su negra cabellera y su piel trigueña rociada de agua de mar, resaltada por la tonalidad de la arena y el brillo del sol; se ensimismó con ella. Su mirada era profunda, atrayente, casi tierna. Sentía que ella era capaz de meterse dentro de él cada vez que sus ojos chocaban frente a frente, a veces desde el laboratorio de física, otras tantas desde la cancha deportiva, donde ocasionalmente se jugaba fútbol, béisbol o se practicaba cualquier disciplina de atletismo que el terreno permitiera. Jamás, en sus 21 años de vida, había visto chica tan bella.

Habrían pasado unos 7 meses desde la instalación del anuncio, cuando Ednar, su mejor amigo, a la salida del campus, a unos metros de la esquina norte del cuadro deportivo, desde dónde se apreciaba la valla, le insinuó que la buscara. Total, no debía ser tan difícil, bastarían un par de llamadas para, por lo menos, dar con el nombre de la empresa publicitaria y, consecuentemente, con el de ella. Pero Izan tenía un serio defecto, abrumadora condición que le afectaba en cualquier campo de su vida diaria: inseguridad. No se sentía lo suficientemente capaz de muchas cosas, y entre esas, tan siquiera el pretender encontrar a una chica que vendía con su bello rostro un proyecto exclusivo para igual tipo de clientes. Para él estaba más que claro que ella, lo más probable, pertenecía a un nivel social distinto, ya que para tal clase de anuncios publicitarios no seleccionan a cualquiera. Debía ser modelo o contar con experiencia, de seguro hasta con uno de esos apellidos rimbombantes, o bien, hija de una pareja profesional de alto nivel, de esas que siendo de clase media, se codean con el mundo de los acaudalados o figuras de importancia social, incluso pública.

De lo que sí era capaz Izan, era de inventarse los probables obstáculos antes de haber tan siquiera empezado el recorrido.

Pero Ednar sí tenía esa cosa que a su amigo le faltaba, y para rematar, la complementaba con una alta dosis de extroversión. A él ya se le contaban, por lo menos, tres novias formales – si es que se le puede llamar así a esos noviazgos que duran no menos de seis meses –, así como otras tantas aventurillas ocasionales, frutos de alguna salida a una discoteca, bar o fiesta universitaria. Por su lado, a Izan solo se le contaban sus enamoramientos platónicos e intentonas fallidas por caminar la senda del amor juvenil. Así, Ednar no cesó de insistirle en atreverse a dar con el paradero de la desconocida; es más, ni que el interés fuera propio, se atrevió a tomar acciones en ese sentido y ponerle la información en bandeja de plata a su amigo.

Una mañana, en una de las horas libres de la jornada, mientras Izan se enfrascaba en resolver una complicada tarea de la cátedra de mecánica, un golpetazo en el escritorio lo sacaría de concentración. La mano derecha de su amigo se apoyaba sobre un trozo de papel. Levantó la mirada y notó que una sonrisa petulante se dibujaba en su rostro, parecía ser portador de la panacea para el peor de los problemas, que justamente no era su tarea de mecánica. Era para el otro, el de su falta de determinación para buscar a su nuevo amor plantónico, ese de enigmático rostro, ojos grises, piel trigueña y negra cabellera: la chica de la valla.

“External Thinks” era el nombre en mayúscula cerrada escrito sobre el papel, al lado de un número telefónico. Inesperadamente, recibía los datos de la agencia publicitaria responsable del anuncio publicitario; su amigo lo había conseguido de la manera más sencilla. Solamente bastaron un par de llamadas a la empresa dueña del proyecto, haciéndose pasar por un empresario muy fascinado por la publicidad del residencial de playa, afanado por saber qué agencia había desarrollado tan atractiva e interesante campaña. Y así fue, en una segunda llamada le dieron los datos.

El primer paso estaba dado.

Pero, ¿Izan se atrevería a llamar? Y de hacerlo, ¿qué preguntaría? A pesar de ser considerada una persona inteligente, en ese momento, no se le ocurría para nada qué hacer con la información. Sin embargo, a su amigo sí; él podía maquinar en cuestión de minutos alguna rara invención para conseguir que en la publicitaria le facilitaran los datos de la modelo. Sencillo, llamar y hacerte pasar por un agente independiente o el dueño de alguna empresa buscando los servicios de una modelo como la chica de la valla para su campaña de mercadeo; o simular ser un buscador de talentos para espectáculos y programas de televisión local o internacional. Cualquier cosa podía salir de la mente de Ednar en favor de su amigo.

Y Izan se atrevería, pero no a hacer él directamente la llamada, sino a ser partícipe de la artimaña. Culminada la jornada, se retiraron a casa de Ednar; desde donde se haría el contacto. Una señora, con tono muy amable, atendería el teléfono.

– External Thinks, a su servicio. Maribel le atiende.

– Buenos días. Le habla Osman Guzmán, agente de Ricord Recruitment.

Ricord Recruitment respondía a una de las empresas de reclutamiento y colocación de talentos más importantes del país, mientras que Osman Guzmán era uno de los contactos directos que aparecía en la página web de la compañía. Ednar debía estar seguro de lograr su objetivo sin levantar sospecha alguna, de lo contrario sería un desastre total.

– Buen día licenciado Guzmán. Un gusto. ¿En qué puedo ayudarle?

Ednar ajustó un poco más su tono de voz y continuó.

– Maribel, ¿cómo está? Mire, necesito su ayuda con algo muy importante. Espero esté a su alcance.

– Dígame, a ver qué puedo hacer.

– Ustedes hicieron la campaña publicitaria de un exclusivo proyecto de playa llamado El Mirador.

– Por supuesto – asentó Maribel, en tono risueño.

– Sucede que la modelo que emplearon en las vallas publicitarias responde al perfil que estamos necesitando para un cliente de una empresa importadora de fragancias.

– Entiendo.

– ¿Habría algún problema con que me ayudara a localizarla? Le reitero, Maribel, es algo muy importante y agradecería enormemente su ayuda.

Izan observaba y escuchaba a su amigo con tal nivel de abstracción; y es que le resultaba casi imposible canalizar la facilidad con la que éste podía maniobrar con su léxico, sin titubear en ningún momento, con ese sagaz tono que rayaba casi que en la coquetería. ¿Quién podría negarle algo?

“Ajá, ajá… Ajá”, eso fue lo último que el chico articuló antes de despedirse con un “muchas gracias, mi vida”, lo que impactaría aún más a Izan.

– Listo Iz – como él le decía –, en 10 minutos tengo que volver a llamar y tendré la información.

– No me jodas, Ednar. ¿En serio?

– En 10 minutos tendré lo datos de tu chica de ojos grises.

Ednar se acercó a su amigo, lo tomó del suéter y lo miró fijamente, con un sesgo de seriedad no muy común en él.

– Pero júrame que no me he puesto en toda esta vaina por ti, para nada… Irás a conocer a esa chica, así ella te de una patada y te mande por un tubo.

Izan tragó en seco, sus temores, esa pléyade de dudas acerca de sus propias capacidades y energías, se preparaban para esbozar una diversidad de escenarios probables, pero contradictorios a sus verdaderos intereses y quereres. “Pero, y si…”

– Júralo, Iz.

No tuvo tiempo para pensar, la presión de su amigo lo obligó a vaciar su mente de eventuales contraposiciones y afinarse hacia lo que realmente importaba en ese preciso momento.

– Está bien, iré por ella.

– ¡Iremos! No creas que voy a perderme la acción.

10 minutos después Ednar reiteraría la llamada y la magia se consumaría. Laia Versalles era su nombre; y el corazón de Izan se agitó.

10 de Mayo de 2018 a las 16:10 3 Reporte Insertar 1
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JF Jonathan Ismael Frias Concepcion

ACABO DE DARTE ME GUSTA,ESPERO QUE PASES POR MIS HISTORIAS Y TAMBIEN ME DES MI LIKE,DIOS TE BENDIGA.
18 de Mayo de 2018 a las 21:33
Haydee Papp Haydee Papp

Me encanta la historia. Atrapante y muy fresca.
10 de Mayo de 2018 a las 11:54

  • Abdiel Patiño I Abdiel Patiño I

    Muchas gracias. Confío en seguir así en lo que avance la historia. Saludos.
    May 13, 2018. 10:01PM
~

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