manuelmarin Manuel Marin

Manicomios, fantasmas y pesadillas forman parte de estos 30 relatos de terror y porque no, un poco de horror... Manuel Marín.


#1 en Horror #1 en Historias de fantasmas Todo público. © Manuel marin

#horror #suspense #terror #misterio #miedo #fantasmas
61
8.3mil VISITAS
Completado
tiempo de lectura
AA Compartir

La obra maestra

No despertó ningún interés la primera vez que lo vio, era alto, muy alto y delgado, sus venosos brazos le colgaban a peso muerto y le encorvaban la espalda haciéndolo parecer jorobado, su tez era pálida y alargada. El director del hospital psiquiátrico de la isla de Poveglia, en Venecia, llamó esa mañana al ilustre doctor Lino Moretti, la razón era obvia, según pensó el anciano mientras acudía a la llamada de Lorenzo Marco. Llamó a la puerta de su despacho y entró luego de que el anfitrión de dicho lugar le invitase a hacerlo, se sentó en la cómoda silla de invitados situada frente a la mesa de trabajo y con un resignado gesto dijo:


—Ya sabes que no estoy en edad ni tengo fuerzas para empezar con nuevos pacientes —dijo el doctor, aun sabiendo que no serviría para mucho.


—Este es especial doctor Moretti, tiene un trastorno un tanto extraño.


—A ver, cuénteme… —respondió Lino soltando abundante aire por la nariz.


—Si claro, le cuento, el señor Mario De Luca sufre episodios psicóticos durante la noche, dice, y cito textualmente, “ver demonios en su habitación que lo desvelan de su descanso constantemente”, claramente esto sería un caso de lo más normal de no ser por qué durante el día, el paciente, se comporta de manera aparentemente normal, y con normal quiero decir que razona como cualquier cuerdo.


—Dadas sus palabras debo preguntar, puesto que parece haber visto en vivo los estados de este hombre, ¿Ya lo conoce usted de antes? —dijo el doctor Lino suponiendo de antemano que ya conocía la respuesta.


—Pues debo reconocerle doctor que sí, ya lo conozco, en mis visitas al hospital central de Venecia conocí su caso, que previamente, el joven doctor Conti ya me había puesto en la mesa los antecedentes de su caso, y a decir verdad, el mismo fue el que me pidió que lo trasladásemos aquí, a nuestro centro, para que alguien más experimentado pudiese tratarle, y ese es el motivo por el cual pensé en usted, claro está que puede negarse, pues ya se ha ganado un descanso y no quiero entorpecer su merecida tranquilidad.


El doctor miró al suelo durante un instante y acabó aceptando pues, la curiosidad se había despertado en él, y debido a que ya llevaba años dormida, optó por tratar un último paciente antes de retirarse por completo. El doctor Lino Moretti era uno de los doctores más reconocidos en su campo, eran bien conocidos sus dudosos métodos para traer enfermos mentales de vuelta a la cordura, pero no se le podía negar la autoría de decenas de curados en su curriculum. Llevaba ya varios años sin tratar de primera mano a un paciente, se dedicaba a complementar los trabajos de los más jóvenes y entusiastas doctores que, tristemente, habían tenido la mala suerte de comenzar su carrera en Poveglia, la isla maldita que, hacía cientos de años había acogido a miles de enfermos de la peste y por ese motivo se la llamaba así, nadie quería entrar en ese lugar lleno de muerte, y por supuesto ninguna persona quería comenzar su carrera en tan lúgubre lugar. Las habitaciones tanto de los pacientes como del personal sanitario eran deprimentes, las lámparas mohosas y las paredes amarillas que, en otro tiempo fueron blancas, le daban al lugar una luz fría. Los pasillos eran largos y solitarios, y los alrededores del recinto se cubrían de una flora salvaje incapaz de dar alegría a aquellos desdichados locos.


Ya en su despacho, el doctor Lino recibió el informe del paciente de manos de un enfermero que, muy amablemente y asustado, pues el doctor Lino no era famoso por su simpatía, dejó posar encima de su mesa y, antes de marcharse, dijo con voz dubitativa —El paciente lo espera en la sala doctor, cuando usted desee vaya a verlo —, acto seguido abandonó el despacho. El informe solo tenía una página, y no decía mucho más de lo que el señor Lorenzo Marco ya le había comentado en su reciente reunión. —Malditos ineptos—, susurró Lino refiriéndose a los doctores del hospital central de Venecia, se levantó lentamente de su silla y se dirigió a la sala donde el paciente lo esperaba. Al llegar, el hombre estaba sentado tranquilamente, con sus manos entrelazadas y sus codos apoyados en la mesa que tenía frente a él, el doctor no le quitó la mirada desde que entró, pero el paciente intentaba evitar hacer lo mismo, el doctor agarró y arrastró con calma una de las sillas y se sentó sin que en ningún momento le apartara la mirada de los ojos:


—¿Le incomoda que le mire? —preguntó el doctor entrando directamente en materia.


—No señor, pero ¿que pensaría de mí, si yo también clavara mi mirada en usted?


—Pues pensaría que intentas retarme, puesto que yo lo miro a usted.


—No señor —dijo el paciente asombrando con su negativa al doctor, y prosiguió diciendo —, usted pensaría que intento planear alguna manera de hacerle daño, o también podría pensar que estoy a punto de entrar en estado de psicosis, en definitiva, pensaría que estoy loco.


—¿Y puede asegurarme usted de que no lo está —dijo el doctor con tono irónico.


—¿Puede usted asegurarme que usted tampoco está loco?, es decir, ¿Un loco sabe que está loco?


—¡Por supuesto que no! —dijo el doctor con cierto enfado y quedó murmurando indignado.


—Nada más que añadir, señor, usted dirá —dijo el paciente mirando con expresión victoriosa al doctor.


El doctor Lino comenzó a mirar el informe y leerlo en voz baja mientras, a veces, alzaba la mirada hacia el paciente por un segundo sin levantar la cabeza. Soltó el informe y se tomó unos segundos con la mirada posada en la mesa pensando por donde empezar:


—Cuénteme, ¿Qué es lo que dice ver usted durante la noche?


—¿Cree que quiero contárselo?, ¿Cree que quiero estar aquí? —exclamó el paciente con voz calmada, acercándose levemente hacia el doctor—¿Qué le hace suponer que estoy aquí por propia voluntad?, ¿Le he pedido ayuda señor?, no, me trajeron aquí porque no sabían que hacer conmigo, me trajeron aquí, porque empezaron a creer en lo que ellos denominaban “mis visiones”.


El doctor se tomó de nuevo unos segundos para averiguar como hacer que el paciente le contara con sus palabras aquellas visiones.


—Sinceramente, señor De Luca, no sé los motivos por los que está aquí, solo sé lo que pone en este informe y lo que el director de este hospital me ha contado, permíteme averiguar de sus palabras la verdad de su caso, ¿Quiere usted salir de aquí, no? —dijo el doctor con una mirada amable, mientras el paciente se tomaba unos segundos para valorar su situación.


—Está bien… empezaré por el principio; Soy escultor, principalmente me dedico a la talla de bustos para familias aristocráticas y algún que otro trabajo para galerías de arte, hace unos dos años, probé una nueva rama de la escultura, la llamé “realismo”. Se trata de un tallado más fiel a la anatomía humana, donde todo importa, desde el cabello que cae levemente tras la oreja, hasta la minúscula vena del cuello que nadie percibe excepto el escultor. Poco a poco me di cuenta de que mi “realismo” no tenía aceptación, la gente prefería el tallado de siempre, digamos, que no aceptaban la realidad de sus rostros, preferían un tipo de tallado donde se le glorificaban y les tapaba las imperfecciones, pero aquello me atrapó, deje de cumplir los encargos y pronto me quede sin dinero, pero acabé con éxito la colección que llevaba meses preparando para presentarla a la feria de arte de Venecia de ese año. A decir verdad me faltó una por hacer, aunque era tan aterradora que decidí no materializar mi visión de aquella escultura. Fui a la feria con las expectativas muy altas pues, llevé todas mis obras nuevas con este estilo, pero fue un gran fracaso, no compraron ninguna, sin dinero ni éxito tuve que trasladarme a una casa muy pequeña en una de las zonas más pobres de la ciudad, por supuesto todas mis obras realistas las llevé conmigo, la casa era como un museo, junto a la cama, tenía hermosos bustos de personas con expresión de miedo, o simulando un grito, también tenía por el suelo muchas de ellas, casi no podía andar por la casa, dejé mi afán por el realismo y comencé de nuevo a realizar lo que a la gente le gustaba y poco a poco, aquel sueño de cambiar el arte hacia algo más real, fue desvaneciéndose. Una noche, de madrugada, escuché un leve susurro, me desvelé y encendí la vela, no había nadie, y tras unos segundos un poco angustiado, decidí beber agua y volver a dormir, no pasaron ni veinte segundos cuando aquel susurró se convirtió en palabras oíbles, “Nos has olvidado” y “Debes terminar tu obra” eran algunas de las frases que me decían aquellas voces que parecían venir de diferentes lugares, volví a encender la vela totalmente aterrado y los vi, aquellos bustos tan expresivos se habían convertido en personas de carne y hueso que estaban de pie frente a mí, el corazón me iba muy rápido y la sangre se me congeló, sentí un escalofrío que hizo que mi piel se erizara por todo mi cuerpo. Salí corriendo de la casa. Una vecina oyó los gritos y llamo a la policía que, rápidamente acudieron a mi ayuda, entraron en mi casa debido a que les conté todo, pensándolo bien, creo que fue un gran error, pero prosigo; los policías se fueron al ver que solo había bustos por toda la casa. No pude dormir en toda la noche y al día siguiente, en cuanto amaneció, me deshice de todas las esculturas con la esperanza de que no me volviese a suceder aquello, fui un iluso pues, desde entonces, todas las noches acuden a visitarme y me incitan a terminar con la obra, me amenazan con la muerte, pero en el fondo saben que, si las cumplen jamás podré acabar la obra y en cierto modo, siento que me protegen para que pueda, algún día, terminarla.


El doctor, que en todo momento recogía notas sobre el paciente en su cuaderno, se levantó de su silla, —Ahora debo irme, redactaré un informe nuevo y vendré a verle mañana —, el paciente asintió, se levantó y uno de los enfermeros le acompañó a su nueva habitación.


Informe psiquiátrico de Mario De Luca:

El paciente presenta signos claros de inconformidad sobre el mundo y su vida, lo manifiesta en episodios esquizofrénicos donde dice oír voces de personas que habitan su estancia mientras le hablan, el caso es grave, pues lo primero hay que hacer es que entienda que todo está en su mente y que nada pueden hacerle. Comenzaré con un tratamiento deantidepresivos para relajar sus nervios, pasados tres días volveré a verle y proseguiré mi informe.


Pasados dichos tres días, el doctor fue a la habitación de Mario, el joven escultor loco estaba sentado en la única silla que había en el lugar, frente a la pequeña ventana con barrotes que había al fondo.


—Buenos días, señor De Luca, ¿cómo ha pasado estos días?

—No necesito pastillas, creí que usted me trataría de forma distinta que mis anteriores doctores —exclamó Mario en voz baja sin apartar la vista de la ventana.


—Bueno, claro está, que debía de relajarle de alguna forma antes de hablar con usted —dijo el doctor erguido frente a él con una carpeta entre el brazo y el cuerpo.


—¿Acaso no estaba relajado la última vez que me vio doctor?


El doctor bajo un poco la cabeza, y volvió a soltar abundante aire por la nariz antes de decir:


—¿Han vuelto?, ¿Ha vuelto a tener esas visiones?


—Sí señor, como le comenté, todas las noches me visitan, no consigo conciliar el sueño más de una hora, pues, según yo lo veo, están empeñados en atormentarme.


—Está bien, le diré que es lo que le ocurre, pues, parece usted un hombre muy sensato —dijo el doctor alagando con intención de agradar a Mario y hacer que reconociese que solo eran visiones que estaban en su cabeza —Debe comprender que esas visiones que usted ve, son producto de un desagrado con el mundo que le rodea el cual no le ha dejado realizar lo que usted considera que es su obra maestra, ¿Se ha planteado usted acabar la obra?, puedo proporcionarle un trozo de mármol, martillo y cincel si lo desea.


El paciente quedó en silencio, esta vez mirando al doctor.


—¿Si les doy lo que me piden, que les impediría seguir exigiéndome más cosas?, sería esclavo de sus peticiones el resto de mi vida— dijo Mario dando a entender que ya lo había pensado antes.


—Bueno, es una posibilidad, pero puedo asegurarle que si no lo intenta es seguro que no desaparezcan, además, recuerde que no son reales, deje de referirse a ellos como tal— dijo el doctor con cierto enfado y prosiguió diciendo —a partir de ahora se referirá a ellos como producto de su propia mente, en este caso, la pregunta correcta hubiese sido “¿Si le doy a mi mente lo que me pide no podría exigirme más cosas?”, ¿Está claro? —remató el doctor con voz autoritaria y seria.


—No señor, son reales, aunque usted no quiera creerme, seguirán siendo reales —contestó Mario.


El doctor lo miró con resignación y dijo:


—Bueno señor De Luca, yo le traeré sus materiales y comenzará ese último busto.


Salió de la habitación un poco enfadado por la negativa del paciente a reconocer que todo era producto de su mente, se dirigió a su despacho y prosiguió con el informe:


Informe psiquiátrico de Mario de Luca:

No he conseguido que el paciente acepte la naturaleza de sus visiones, naturalmente debido a su estado, sigue pensando que son reales, intentaré que los materiales le lleguen lo antes posible, hablaré con Lorenzo y le comunicaré que no es peligroso pues, no muestra signos de agresividad.


Al día siguiente un enfermero entró en la habitación de Mario dejándole una mesa nueva, el prometido trozo de mármol, un cincel y un martillo, el paciente rápidamente se sentó y comenzó a trabajar en aquel último busto que le requerían sus demonios. Los días pasaron y aquella escultura ya empezaba a revelar su identidad, la boca parecía imitar el grito desesperado de una persona y los ojos, tan abiertos como pudo hacerlo, también lo hacían. Mario dejó de ver sus visiones desde que comenzó el trabajo y lógicamente comenzó a dudar si eran reales o no, —Puede que el doctor tenga razón— pensó justo antes de acostarse.


El enfermero que vigilaba el pasillo donde se encontraba la habitación de Mario paseaba tranquilamente sobre las dos de la madrugada cuando oyó golpes y gritos desesperados que venían de dicha habitación, Mario golpeaba la puerta y gritaba —¡Rápido, ábranme, han vuelto!— el enfermero pidió ayuda a sus colegas y al abrir el paciente salió como un rayo, estaba fuera de sí, balbuceaba con la mirada perdida y agarrando la ropa de los enfermeros en todo momento, rápidamente llamaron al doctor Moretti que se personó en cuanto sus ancianas piernas le permitieron hacerlo, este, al ver el estado del paciente, decidió que había que inyectarle un calmante bastante fuerte, los enfermeros lo hicieron y poco a poco, Mario comenzó a calmarse, cayó al suelo y lo trasladaron a la sala de vigilancia donde solo estaban los pacientes que recientemente habían sufrido episodios de su locura.


Informe psiquiátrico de Mario De Luca:

El paciente mostraba signos de mejora, pero, esta noche ha sufrido un episodio bastante fuerte, me he equivocado al hacerle trabajar ese busto pues, puede que al aceptar su locura el haya empeorado, es necesario los electroshocks para que su mente se restaure, mañana mismo pediré permiso para comenzar el nuevo tratamiento.


Al día siguiente, la junta del centro aceptó la petición del doctor Moretti y este procedió a preparar la silla donde le suministrarían al paciente pequeñas cargas de electricidad en su cabeza. Mario llegó con unas tremendas ojeras, que, sumada a su aspecto demacrado, le hacía parecer muerto en vida, apenas se mantenía en pie debido a que le habían subido la dosis de pastillas.


Lo sentaron, le ataron manos y pies sin apenas resistencia, y se apartaron de él. Lino se encontraba frente al paciente, el cual justo antes de recibir la primera descarga miro al doctor con cara de odio, y sin esperar, Lino dio la orden para que le dieran la primera descarga, Mario se retorcía en la silla mientras sonaba el fuerte sonido estridentemente incómodo de aquella máquina de tortura, Lino hizo una señal para que pararan la máquina, el paciente se desmayó, pero Lino no se sentía satisfecho y sin despertarlo dio la orden para la segunda descarga, el paciente volvió a despertar de un salto babeando y gritando, sus ojos eran blancos, su mandíbula se desencajó dándole al afligido paciente un aspecto aterrador con aquella boca totalmente abierta y en silencio, las descargas pararon y se reanudaron continuamente hasta llegar a un total de 24 descargas, —Señor, lo va a matar— dijo el enfermero que activaba y desactivaba la máquina, y aunque hubiese seguido hasta llegar a 30, decidió parar debido al estado moribundo del paciente. Los enfermeros agarraron como pudieron a Mario y lo llevaron de vuelta a la sala de observación.


Informe psiquiátrico de Mario De Luca:

El paciente ha recibido lo que a mi parecer es, sin duda, la única terapia que les sirve a los dementes, solo queda esperar unos días para que el paciente se recupere y veamos si le ha servido. Si el resultado es negativo, tendremos que pasar a encerrarlo en la sala de recuperación un largo tiempo, la privación del sueño puede ser efectiva en las dosis correctas para iluminar las oscuras mentes de los pacientes que, poco hacen por salir de esa penumbra. Quedo a la espera de los resultados.


A los pocos días Lino fue a visitar al médico de la sala de observación.


—Buenos días doctor Alfred, ¿Cómo se encuentra el señor De Luca?, ¿Puedo entrevistarle ya?


—Buenos días Lino, pues verás, no le aconsejo más tratamientos como el anterior, su corazón no lo aguantaría, no sé cómo salió vivo de allí, y aprovecho para condenar ese tipo de prácticas que solo llevan al sufrimiento de personas que no controlan sus pensamientos, dicho esto, dejo en manos de Lorenzo la decisión de su impaciente entrevista al señor De Luca.


—Usted dedíquese a lo suyo y no se meta en los asuntos que no le incumben, señor Alfred, y por cierto, la próxima vez diríjase a mí como “Doctor”, gracias y adiós —remató Lino saliendo del lugar para hablar directamente con Lorenzo el cual aceptó la petición de entrevistar al paciente


Sin perder tiempo se dirigió a la habitación de Mario, el cual estaba de nuevo tranquilamente mirando a la ventana:


—¿Cómo estás, Mario? —dijo el doctor de pie junto al paciente, a lo que este respondió con indiferencia y sin apartar la mirada de la ventana.


—¿Ahora no hablas?, debes entender que todo es por tu bien —, el paciente seguía con una mirada resentida dirigida a la ventana.


—No me preocupa tus sentimientos hacia mí, solo me preocupa hacer mi trabajo y eso seguiré haciendo, te guste o no —, el doctor se dio media vuelta y se dispuso a salir de la habitación, pero, cuando puso la mano en el pomo de la puerta Mario dijo:


—Si no me dejas en paz irán a por ti, quedas advertido.


El doctor escuchó las palabras del paciente parado frente a la puerta y al hacerlo se dio media vuelta y le contestó con una sonrisa de superioridad tan propia de él.


Informe psiquiátrico de Mario De Luca:

De nada ha servido el tratamiento se electroshocks pues, ahora cree que controla a esas visiones y que ellas me harán daño a mí, es claramente una manifestación más de su locura, el paciente necesita privación total de sueño hasta su recuperación, el tratamiento durará el tiempo que sea necesario.


Pasaron unos días. El doctor Moretti se dirigía sin compasión hacia la habitación de Mario junto con dos enfermeros que, lo trasladarían hacia la sala de recuperación para someterlo al tratamiento más cruel que existía entonces. Una vez dejaron al paciente en dicha sala, pasaron a una habitación contigua en la que tenían acceso visual a donde se encontraba Mario mediante un espejo espía, Mario solo vería su propio reflejo, pero el doctor podría verlo sin problema. Dos enfermeros se turnaban para mantener la guardia, si Mario intentaba dormir, encendían la gramola, si volvía a intentarlo, entraban en la sala para mojar al paciente tirándole cubos de agua para mantenerlo despierto.


A los dos días, el doctor pasó a ver como estaba el paciente, este, mostraba un aspecto muy demacrado, ojeras interminables totalmente moradas, tez pálida como la de un muerto y totalmente evadido de la realidad. Los enfermeros le comentaron al doctor que Mario, se había mostrado un poco inquieto y que solo habían usado la gramola para mantenerlo despierto pues, por ahora, no había hecho falta el agua.


Dos días después lo volvió a visitar. El paciente no tenía uñas pues, se las había comido por completo, el pelo se le comenzó a caer y estaba totalmente mojado, y es que, en repetidas ocasiones, habían tenido que usar el agua para mantenerlo despierto. Estaba dando vueltas por la habitación y sin parar de repetir lo mismo una y otra vez, —esta será mi obra maestra —, los enfermeros instaron al doctor a que entrara, hablara con él y parara esta barbarie. Moretti entró a la sala y de inmediato Mario paró de dar vuelta, miró fijamente al doctor y dijo entre carcajadas:


—¡Ellos querían esto, y usted se lo ha dado, querían que esto pasase!


El doctor erguido junto a la puerta lo miraba con una casi imperceptible sonrisa de victoria y le dijo:


—¿Sigue dudando de su locura?


Agarró el pomo y salió lentamente mientras el paciente reía sin parar.


A los tres días la junta decidió sacar de allí a Mario, y aunque el doctor Moretti y el director del hospital se oponían, tuvieron que hacerlo sin demora. De la sala no sacaron a un hombre, sacaron a un ser sin visión de la realidad, su cerebro estaba hecho añicos, sus manos estaban ensangrentadas debido a los arañazos que este le propino a la pared, sin apenas pelo en la cabeza y con una delgadez importante que sumada a su altura le hacía parecer un monstruo sacado de los libros de terror, los demás pacientes se asombraban y se conmovían al verlo pasar mientras él gritaba dando un discurso —¡Ya se acabó señores, el demonio morirá, ellos me lo han dicho, sus gritos resonarán para siempre!—, la escena aterrorizó a locos y cuerdos, pues el silencio abundaba en aquellos pasillos donde reinaba la voz incansable de Mario.


Al día siguiente, Lorenzo escucho gritos fuera de su despacho, de pronto y de un golpe entraron dos enfermeros —¡Señor, Moretti ha muerto!— dijo uno de ellos hiperventilando debido a la carrera, rápidamente Lorenzo corrió a la habitación del doctor, cuando entró, encontró una escena que no olvidaría jamás. En la gramola sonaba “Para Elisa” del ilustre compositor alemán, sentado en su sillón se encontraba el viejo Moretti con la mandíbula desencajada dejando ver por completo el interior de su boca, los ojos escondían el iris en la parte superior dejando ver pequeñas venas rojas que adornaban el blanco de sus ojos, las manos colgaban por los lados del sillón y bajo ellas, un charco de sangre cubría parte del suelo debido a que le faltaban todos los dedos. Lorenzo entró lentamente y luego de llevarse un pañuelo a la nariz volteó la cabeza y en la pared, escrito en sangre decía: “El demonio ha muerto”; Rápidamente Lorenzo dio la orden de ir a buscar a Mario, pero al llegar, los enfermeros encontraron su habitación totalmente vacía, todo lo que quedaba era la cama con las mantas dobladas encima de ella. Se había esfumado y nadie sabía como, la ventana estaba intacta y los enfermeros aseguraban que las guardias se habían hecho correctamente, Lorenzo entró en cólera e hizo llamar a la policía.


Pocos días después, Lorenzo llegó a su despacho como de costumbre, a pesar de los recientes acontecimientos, en la mesa había una caja de un metro por un metro, se acercó desconfiado y leyó la nota que había encima, decía: “En agradecimiento por su hospitalidad”, la abrió lentamente, y encontró el busto en mármol que Mario tenía que terminar por orden del doctor, era el rostro de Lino Moretti, su expresión realista le aterró y le hizo saltar hacia atrás al verla, pues se podía ver a Lino en lo que seguramente serían los últimos instantes de su vida, gritando endemoniadamente mirando fijamente al frente, Lorenzo pudo ver una inscripción tallada debajo del busto que decía: “En agradecimiento a Lino Moretti, titulado, mi obra maestra”.



26 de Noviembre de 2023 a las 17:35 8 Reporte Insertar Seguir historia
21
Leer el siguiente capítulo El barco de las almas perdidas

Comenta algo

Publica!
Francisco Rivera Francisco Rivera
Manuel Marín: Tienes una historia bien hilvanada y con sendos finales. Interesante la manera de presentar el caso. De ahi, en más, quizá cincibas una galería de más casos u historias. Me ha gustado . Recibe un saludo cordial de mi parte y, mas historias.
January 21, 2024, 13:30
Inma Marin Inma Marin
Muyyyy bueno
December 08, 2023, 21:24

joe Rider joe Rider
MUY bueno
December 05, 2023, 19:47

Kenia De La Torre Kenia De La Torre
👏👏👏
December 05, 2023, 03:32

Kenia De La Torre Kenia De La Torre
Eso no es un tratamiento, es tortura.
December 05, 2023, 03:26
~

¿Estás disfrutando la lectura?

¡Hey! Todavía hay 7 otros capítulos en esta historia.
Para seguir leyendo, por favor regístrate o inicia sesión. ¡Gratis!

Ingresa con Facebook Ingresa con Twitter

o usa la forma tradicional de iniciar sesión