"Al final del arcoíris" Seguir historia

juan-criollo1525153912 Juan Criollo

Descubre a través de esta lectura, la magia que guarda el final de un arcoíris


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"Al final del arcoíris"

Constantemente se preguntaba sobre la naturaleza de un arcoíris, y aunque en las fuentes en las que consultaba para calmar su curiosidad, lo definían como un fenómeno visual o meteorológico, él le daba un significado mayor al que la ciencia le pudiera dar. Y es que realmente se sentía afortunado cuando podía estar ante la presencia de uno, le gustaba admirarlos y sacarles fotografías.

-¿Qué hay al final del arcoíris?- Le preguntaba a su madre lleno de curiosidad, ella en cambio, un poco fastidiada y poco comprensiva le respondía un frío y realista “NADA”.

El pequeño se sentía confundido al escuchar esto, pues se sentía desmotivado y desilusionado, le había tomado tanto cariño a los arcoíris que le dolía cada vez que alguien mostraba tal naturalidad o normalidad al hablar de ellos. Decidido por convencer a todos que hay algo valioso al final del arcoíris, cierto día se aventuró tratando de llegar hasta el final de uno.

Había tomado sus precauciones, y le pidió a un amigo que le acompañase en su viaje. El otro pequeño, mostrando el mismo comportamiento de los adultos, mostraba incredulidad ante las expectativas que guardaba su amigo con lo que hallarían al final. El viaje se vio interrumpido antes de que pudieran llegar al final por una repentina lluvia, y junto con esta, el arcoíris desapareció. El viaje no se pudo concluir, pues habían perdido el camino para poder llegar hasta el final. Frustrado, pero solo por el momento, el pequeño guardó las esperanzas de algún día volver a emprender el viaje, pues seguía convencido que el arcoíris representaba una señal y, que al final algo “mágico” le estaría aguardando.

Llegando a casa, fue recibido por los regaños de su madre, culpándole de su irresponsabilidad por aventurarse con objeto de una fantasía ridícula. Pero el pequeño tenía mucha seguridad en sus creencias, lo que le permitió tener el valor de responder a los regaños de su madre.

-¿Por qué te niegas en creer?- Le decía con firmeza, pese a que su estatura no le llegaba ni a la cintura a la de su madre.

La madre se quedó sin palabras para responder a su hijo. ¿Te lo imaginas? Un niño mostrando más seguridad que un adulto. Supongo que a veces creemos que por el hecho de crecer podemos ser mejores que otros, tal parece que la ignorancia no solo se encuentra en los niños, ni la madurez en los adultos.

Tal vez la madre le repetía al niño que no había NADA al final del arcoíris así como ella no había encontrado NADA en el “arcoíris” de las experiencias de su vida, pues lo único que encontraba era dolor e ilusiones que ella mismo se había fabricado. Quizás más que una simple respuesta, era un mensaje hacia su hijo para que este no se ilusionara con algo que al final le decepcionaría. Ella conocía el dolor, y como madre no estaba dispuesta a que su hijo tuviera que pasar por lo mismo, al menos no a tan corta edad. Aunque pese a sus esfuerzos por protegerlo y cuidarlo, no podría evitar la cruda realidad de que algún día esto llegara a pasar, el día en que su hijo se encuentre con una decepción.

-Está bien, si tan decidido estas, te acompañaré hasta el final la próxima vez que veas un arcoíris- Le respondió la madre a su hijo, tras una pausa en la que se tomó el tiempo para analizar la situación con todo lo antes mencionado cruzando por su cabeza.

El viaje entre madre e hijo solo estaba a la espera de que nuevamente en un día lluvioso y soleado, pudiera salir un arcoíris.

Tras varias semanas de espera, finalmente llegó el día en el que el pequeño emocionado pudo ir a contarle a su madre que había salido un arcoíris.

La madre y su hijo emprendieron el viaje, y pese a que el destino de su trayecto se encontraba un poco distante, la alegría y voluntad del pequeño armonizaban el viaje, pues se sentía emocionado por llegar y descubrir lo que tanto había anhelado. Ambos caminaron durante casi una hora, la madre lo consideraba algo un tanto especial, pues pese a la decepción que le esperaría al pequeño llegando al final, le gustaba poder disfrutar de una caminata con su hijo.

Se podía visualizar los colores del arcoíris llegando hasta el final de unos árboles.

-¡MIRA MAMÁ! Ya estamos cerca, detrás de los árboles se encuentra la magia- Le gritaba su hijo, saltando de la emoción por llegar haber podido llegar hasta el final.

La madre se mostraba temerosa, sabiendo que pronto tendría que afrontar a su hijo decepcionado por no encontrar nada en aquel lugar, dándose cuenta que sus ilusiones lo llevaron a hacerse daño así mismo. Pero tenía que mostrar firmeza, misma firmeza con la que su hijo le respondió aquella tarde, y en la misma en la que se dio cuenta que la mejor forma de que su hijo aprendiera de las decepciones sería empezando por esto, teniendo a su madre cerca para explicarle el dolor que en unos cuantos minutos estaría a punto de sentir, pues ella, así como todos, hubiese querido a alguien que estuviera en los momentos más decepcionantes y desilusionantes por los que una persona tiene que afrontar en la vida sin siquiera estar preparado para ellos.

La madre agarró de la mano a su pequeño hijo, y juntos cruzaron los matorrales de aquellos grandes árboles que se encontraban cubriendo la luz del arcoíris, y cuando los atravesaron pudieron presenciar una llanura verdosa en la que ya no se podía apreciar los colores del arcoíris, habían llegado al final.

La madre regresó a ver al pequeño, se agachó de tal manera que los dos estuvieran a la misma altura y pudieran verse frente a frente, antes de que el niño pudiera decir una palabra ella dijo:

“Las cosas no siempre salen como quieres, puedes imaginarte muchas cosas pero la realidad no se ajusta a tus pensamientos ni te complacerá, la realidad se compone de verdad, y aunque a veces no nos guste la verdad en la que vivimos, tampoco podemos vivir en las mentiras que creamos en nuestra cabeza para ser feliz. Hoy solo fue un camino hacia el final del arcoíris, un día será una mujer, una calificación, un amigo, en el que depositarás tus ilusiones pero estas no serán iguales a la realidad con la que te toparás al final, aun así debes seguir cada camino, no dejes que las ilusiones ni el temor te impidan llegar al final como lo hemos hecho hoy”

Y al decir esto terminó abrazando a su hijo, quizás ella estaba más afectada emocionalmente por el final.

El abrazo entre ambos duró unos cuantos segundos en un silencio absoluto.

-Mamá… yo ya sabía que no encontraría un tesoro o mi juguete favorito aquí-

La madre le mira un tanto confundida con las palabras, y antes que pudiera decir algo, el pequeño continúa diciendo:

-Pero sabía que encontraría algo mágico aquí. Han sido tus palabras. Te quiero Mamá-

Aquella tarde, la madre seguía un arcoíris de una ilusión en la que su hijo lloraría o se decepcionaría, pero cuando llegó al final, se encontró con la verdad. A veces las ilusiones no se componen solo de “imaginar lo mejor”, también puedes vivir “imaginando lo peor” y aun así, la vida te sorprende llegando al final de tu arcoíris.

4 de Mayo de 2018 a las 23:29 0 Reporte Insertar 0
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