Dos ciudades y un amor Seguir historia

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La vida suele tener giros inesperados. En ella puedes conocer muchas personas y lugares que nunca creíste que conocerías pero luego, aquello sucede de la manera menos pensada. Esta es la historia de cómo un nuevo país cambió mi vida para siempre como nunca lo imaginé que lo haría.


Romance Romance adulto joven No para niños menores de 13.

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Un cambio inesperado

Todo comenzó cuando terminé la escuela secundaria. Yo, Johanna Bitra, me había graduado con honores y además de recibir mi diploma y título de la finalización de mis estudios también recibí una medalla de oro por ser una de las mejores estudiantes de mi escuela. Mi madre estaba orgullosa de mí por haber logrado tal reconocimiento aquel día, pero debo decir que sin ella no hubiera llegado a donde llegué. Ella siempre ha estado allí para mí en cualquier momento desde pequeña, al criarme prácticamente sola luego de que mi padre murió cuando yo tenía siete años, todos estos años estuvo ayudándome en lo que necesitara y hasta hoy en día, lo sigue haciendo junto a su presente sonrisa en el rostro. Admito que no puedo vivir sin ella, pues en sí me ha dado prácticamente la vida aunque extraño la presencia de mi padre a pesar de los años.

Esa misma noche de mi graduación, mi madre había organizado una reunión en mi casa junto a mis amigos y vecinos. Nuestra casa se había llenado de música y risas por doquier. Aún recuerdo esa noche como si hubiera sido ayer, teníamos una gran vida en Buenos Aires junto a nuestros seres queridos y no creía que necesitaríamos algo más en ella.

Dos años después, mi madre comenzó a trabajar en una empresa internacional, en verdad era afortunada de trabajar allí desde hace un tiempo por ser una persona determinada y muy fuerte debo agregar, mientras que yo, a punto de empezar con mi carrera de Abogacía en la universidad, me encontraba en la sala mi casa leyendo un libro de Borges sobre el sofá negro que se encontraba allí cuando de repente el teléfono sonó. Mi madre contestó. Jamás pensé que esa llamada lo cambiaría todo.

—¿Hola?... Sí, soy yo, ¿quién es?... Oh, hola, Sr. Klampston, ¿qué se le ofrece? —el silencio de unos segundos de mi madre al teléfono me inquietó un poco— ¡¿En verdad?!.. Oh, sí sí, por supuesto señor, realmente le agradezco mucho... Sí, muchas gracias, Sr. Klampston, adiós —colgó.

Una vez terminada la llamada, mi madre, con una gran sonrisa —más grande que la de costumbre— se dirigió hacia mí. Por su rostro, podía notar que debía contarme algo sumamente importante para ella.

—Johanna, necesito decirte algo. ¿Tienes un segundo?

—Sí, claro, mamá. Dime —dije dejando mi libro a un lado sobre el sofá blanco.

—Pues verás, era mi jefe, el Sr. Klampston. Llamó para decirme que estaba muy satisfecho con mi trabajo al igual que los demás empresarios de la compañía y me dijo que gracias a mi gran desempeño y arduo trabajo allí, ¡me ascendieron a un nuevo puesto de trabajo en su nueva compañía!

—¿De verdad? ¡Ay, mamá, estoy muy feliz por ti! Realmente te lo mereces. Y bueno ¿dónde va a ser tu nuevo trabajo entonces?

—Sí y bueno, sobre eso... Este nuevo puesto de trabajo es muy especial y se ubica en la segunda compañía de mi jefe que está en Berlín, Alemania.

—¿Ale... Alemania dices? —respondí anonadada.

—Sí, bueno... Por eso quería saber si estarías de acuerdo en mudarnos allá ya que también tendríamos una casa nueva que me darán si es que trabajaría allí, ¿entiendes?

—¿Cómo no lo entendería, madre? Es una gran oportunidad para ti, bueno, para mí también lo sería por otro lado, para conocer otra cultura claro. Aunque, realmente voy a extrañar a mis amigos de aquí pero, si es lo mejor para ambas está bien, mamá —terminé junto con una sonrisa aunque sabía muy en el fondo que me dolía irme de mi propio país a uno nuevo y desconocido para mí.

—Gracias, hija —me abrazó fuerte— sabía que entenderías.

—Bueno, ¿y cuándo nos vamos?

—Esta noche, porque entonces estaríamos en Berlín a la mañana temprano, así que sube a tu habitación y guarda todo lo que puedas en tus maletas. Yo haré lo mismo ahora ¿de acuerdo? —asentí y subí las escaleras hasta llegar a mi habitación.

Estaba emocionada pero a la vez nerviosa por ser algo nuevo y misterioso, ya que nunca he viajado a ningún país y ni siquiera he recorrido el mío, aunque no quería pensar demasiado sobre ello porque podría perderme en mis grandes pensamientos que a veces solían aparecer en mi mente profunda así que tomé unas tres maletas y comencé a guardar toda mi ropa en ellas junto a otras cosas materiales que quería llevar y acomodar principalmente cuando llegue allá como mis libros favoritos, fotografías, mi cámara de fotos entre otras cosas. Miré mi habitación por unos minutos ya que sería la última vez que la vería, sabía que la extrañaría muchísimo pues había vivido en esa casa desde que nací y sentía cómo una parte de mí moría allí al cruzar la puerta de la casa. El reloj marcó las 22:07 de la noche cuando tomamos nuestras cosas y un taxi para tomar el avión en el aeropuerto. Seguía ansiosa por el viaje hasta Berlín, sabía que sería muy largo y tal vez algo arduo de sobrellevar. Volteé a ver a mi madre quien parecía estar muy feliz pues una nueva vida comenzaría para ambas, parecía que la vida nos daba un gran oportunidad para vivir y entonces sabríamos aprovecharla. Hablábamos en el transcurso del taxi sobre cómo imaginaríamos que sería todo por allá y dejábamos que la fantasía vuele al rededor pero gracias a eso éste se hizo corto. Una vez en el aeropuerto buscamos nuestro vuelo y esperamos a ser llamadas, veía a las personas ir y venir con sus grandes y pequeñas maletas mientras me preguntaba a dónde irían o de dónde vendrían, que harán ahí o por qué hacían ese viaje, tan sólo para pasar el tiempo aunque luego de una hora de espera finalmente pudimos subir al avión.

Me senté al lado de la ventana, ya que me gusta la vista panorámica mientras viajo a algún lugar. Mi madre se sentó junto a mí y debo admitir que lucía nerviosa así que tomé su mano para tranquilizarla un poco y parecía haber funcionado, para seguir distrayéndole comencé a hablarle de varios temas que sabría que le gustarían como paisajes, música, su trabajo y cómo pensaba que sería entonces y así la conversación fluía poco a poco hasta que luego de unas horas quería descansar ya que era algo tarde así que me coloqué mis audífonos y me relajé mientras el avión continuaba volando aunque no habrán pasado más de treinta minutos que me quedé dormida profundamente al igual que mi madre, el viaje en verdad se había vuelto algo agotador ahí arriba.

30 de Abril de 2018 a las 21:04 0 Reporte Insertar 0
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