En un laberinto sombrío Seguir historia

laboheme1987 Lilith Cohen

Mi nombre es Olga y apenas cumplí los quince años, cualquiera diría que la vida de una adolescente de mi edad es estupenda y la mía lo era, hasta hace poco tiempo. Todo cambió cuando mis padres decidieron castigarme enviándome a un estricto colegio de monjas. Yo les pedí que no lo hicieran, que me llevaran a un grupo de apoyo, con un psicólogo o lo que fuera pero que no me internaran allí, pues tenía el presentimiento de que había algo siniestro en ese lugar y no estaba equivocada...


Suspenso/Misterio No para niños menores de 13.

#fantasmas #intriga #colegio #internado #378 #laberinto
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Prólogo

Mi nombre es Olga y acabo de cumplir quince años, cualquiera diría que la vida de una adolescente de mi edad es estupenda y la mía lo era, hasta hace poco tiempo. Todo cambió cuando mis padres decidieron enviarme a otra escuela, el problema no era el colegio donde estaba estudiando, al contrario, era un instituto privado con un nivel educativo bastante bueno.

La razón por la que me sacaron de ahí fue porque querían castigarme y con justa razón, mi forma de ser había dado un giro de 360 grados desde que comencé a salir con Raúl quien era el chico rebelde del salón y por lo tanto fue una mala influencia para mí. En el poco tiempo que anduve con él mis calificaciones se fueron de picada: de ser la alumna más aplicada del salón pasé a ser la más irresponsable.

En casa dejé de ser la niña obediente que escuchaba los sermones de sus papás con la cabeza agachada sin rezongar, dejé de quedarme callada para empezar a discutir con ellos a punta de groserías. No voy a decir que me enorgullezco de haberme comportado así, incluso yo estaba sorprendida de lo lejos que había llegado haciendo cosas que antes ni siquiera me hubieran pasado por la cabeza, como volver a casa hasta las tres de la mañana cayéndome de borracha, escaparme de las clases e incluso consumir drogas.

Un día mientras estaba en la escuela, mi mamá encontró un churro en uno de los cajones de mi cuarto, y como era de esperarse, se puso furiosa y le contó todo a mi papá. En cuanto volví a casa me acomodaron la más grande regañina de mi vida, yo por supuesto lloré, pedí perdón, les prometí que ya no saldría con Raúl y volvería a ser como antes.

Por el momento me habían castigado quitándome mi laptop, mi celular y mi dinero de la semana, pero parece que con eso no fue suficiente y decidieron que lo mejor sería encerrarme en el Colegio de la Inmaculada Concepción, el cual es un internado de religiosas que tiene fama de ser muy estricto con la educación y muy severo a la hora de castigar la indisciplina.

Por supuesto, yo les pedí que no lo hicieran, que me llevaran a un grupo de apoyo, a ver un terapeuta, un psicólogo o lo que fuera pero que no me internaran en ese lugar; sin embargo, mis súplicas fueron en vano. Ese mismo día hablaron por teléfono con la directora del internado y les dijo que me recibiría el domingo por la tarde para que el lunes a primera hora ya estuviera tomando clases. Así que no me quedó otra alternativa, tenía que estudiar ahí me gustara o no.

25 de Abril de 2018 a las 21:03 0 Reporte Insertar 1
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