De Seguir historia

animaliasss Animalia SSS

Tras perderse en el desierto camino a una fiesta, Franck se reencuentra con su viejo amigo Gad, quien al ayudarlo a llegar a la fiesta, comienza a dejarle pistas sobre su creciente atracción hacia él, y sobre el amor que una vez lo embargó al punto de alejarlo de él.


Fanfiction Juegos Sólo para mayores de 18.

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De

¿Por todos los cielos esto es enserio?

¿Cómo era posible que yo, un Flygon, rey del desierto, pudiera perderse?, ¡Era simplemente ilógico!

—Todo por culpa de Víctor —refunfuñe enojado.

Me había topado con mi viejo amigo de la infancia, quién me había confirmado su asistencia a la fiesta, a la cual, estaba retrasado para llegar.

—¿Acaso mis membranas están sucias? —me pregunté a mí mismo, deteniendo mi aleteo para frotarlas con mis manos en un intento de limpiarlas.

—¿Hey amigo estás perdido?

—¡Ah!

Perdí el equilibrio al escuchar esa voz a mis espaldas, sin saber cómo ni cuándo ya me encontraba debatiéndome en el aire, tratando de aletear para no estrellarme contra la arena del desierto.

—Wow, tranquilo —su voz gruesa me hizo tensar, pero el sentir sus garras tomar mis costados para sostenerme me hizo estremecer, haciendo que él se diera cuenta de ello—, ya, ya, no fue nada —me giró entre sus garras para verme a los ojos.

Me sorprendí al ver a quién tenía frente a mí, nada más y nada menos que al mismo Gad, el Garchomp que solía protegerme cuando éramos un Trapinch y un Gible. Mis ojos no pudieron evitar recorrer su rostro, ahora se veía un poco más intimidante a comparación de cuando lo conocí, pero eso no significaba que se veía feo, si no, que se veía más interesante a mi parecer.

Espera, ¿Qué?

Tardé un par de segundos más en reaccionar y reconocer a mi viejo amigo de la infancia.

—¡Gad! —lo embestí en un abrazo que no tardé en ser correspondido por él, mientras la alegría recorría todo mi ser—, por, Arceus, ¿Dónde diablos te habías metido? —pregunté separándome un poco de él para verlo a los ojos, descubriendo cómo en ellos bailaba una chispa que no supe muy bien cómo distinguir.

—Ya sabes, de aquí para allá, con algunos desvíos de rumbo y algunas quedadas en lugares ajenos —acompañó sus palabras de un guiñó que comprendí a la perfección.

Mi mirada se volvió una acusatoria, sabía por demás que a Gad le encantaba compartir camas ajenas, en especial si era alguna aventura de más de cinco minutos, pues a él le encantaba ser libre y no depender de nadie.

—Si, ya me imagino que clase de aventuras has de haber vivido en todo este tiempo —respondí yo en reproche—, y supongo que volviste para dormir en algunas camas ajenas cuando se acabe la fiesta, ¿Verdad?

—Hey ya sabes como soy, no puedo vivir en la monotonía, necesito nuevas experiencias —declaró con una sonrisa que correspondí con una mirada acusatoria—, aunque... —su sonrisa se desvaneció de la nada al igual que su mirada alegre que se había vuelto más profunda, tanto que hasta me había hecho temblar—, puede que haya regresado aquí por otra cosa —declaró acariciando mi mejilla con una de sus garras, haciéndome sonrojar—, pero anda, vamos, que la fiesta ya empezó sin nosotros.

Sus palabras me confundieron por unos breves instantes, hasta que mi cerebro hizo conexión de nuevo.

Cierto, vamos a ir a la fiesta de navidad.

Sin perder tiempo comencé a aletear y me separé de sus garras, siguiéndole el paso hasta llegar a la fiesta, era nada más y nada menos que en una pirámide.

La única pirámide en kilómetros y que a pesar de que de ella salían luces de neón no había podido encontrarla.

Me reproche mentalmente por mi ceguera y seguí a Gad hasta la entrada de la pirámide, nos adentramos en ella siendo consumidos por el ambiente rápidamente, podía ver a todos los Pokémon del lugar gozando de la música que era mezclada por Ricardo, un viejo Regirock amante de la música y que siempre tenía entre su repertorio las canciones más nuevas de todos los géneros.

El agradable ambiente combinado con algunas bebidas fueron propicias para que lentamente el descontrol se comenzara a apoderar de cada uno de los presentes, para cuando me di cuenta, Carl, mi amigo Cubone que era el más reservado de todos y el cual se negaba rotundamente a caer bajo los efectos de las bebidas, terminó por ser engañado por algunos otros para que terminara bebiendo indirectamente, haciendo que ahora fuera el alma de la fiesta a tal punto, que hasta había usado los discos de la música como si fueran su pista personal de table dance, el cual realizaba con ayuda del hueso que nunca soltaba de su mano.

Por otra parte Sam, mi amiga Sandshrew a la cual le tenía mucha confianza y que consideraba mi mejor amiga, había ido a calmar a Carl, pues muy a su pesar, él le gustaba y a ella no le agradaba que todo el mundo viera las intimidades de él.

Yo sólo reía desde el fondo, no era de gozar las fiestas estando entre los demás, yo por mi parte prefería simplemente observar desde lejos todo y tener muy buenos recuerdos con los cuales acusar a los demás cuando no recordaran lo que hacían.

—¿Te diviertes, Franck?

Me tensé al escuchar su voz a mi lado.

—No más que tú, Gad —respondí con una mirada acusatoria, pues era cargado entre los hombros de dos Sandslash quienes tenían una cara por demás molesta.

—Nuestro chico no ha parado de atosigar a cuanta hembra se le cruza por enfrente —habló uno de ellos tomando el vaso que Gad traía en su garra derecha.

—Cuídalo, ahora es tu responsabilidad —respondió el otro y sin más lo lanzaron sobre mí, haciendo que por la diferencia de pesos terminara cayendo en el suelo con él encima mío.

—¿Por qué esto ya no me sorprende, Gad? —pregunté con una ceja en alto mientras tomaba su rostro entre mis manos para obligarlo a verme y que notara mi cara de fastidio.

—Perdón... —se disculpó con una cara de Houndoom arrepentido, haciendo que mi enojo se esfumara.

—Ha. Anda, vamos a recostarte —sentencié en un suspiro cansado; comenzando a levantarme, pasando uno de sus brazos por detrás de mis hombros para que él también se levantara y no perdiera el equilibrio.

—¡Si!, ¡Vamos a acostarnos juntos toda la noche! —gritó a todo pulmón, haciendo que algunos presentes voltearan a vernos, pero al descubrir que era él, comprendieron que estaba ebrio así que simplemente lo ignoraron.

Algo que yo también debería de hacer.

No pude evitar darme un golpe mental ante ese pensamiento, pues había interpretado las palabras de Gad como una invitación a más que simplemente dormir en la cama. Instantáneamente me sonrojé por eso.

¿Qué diablos me pasa?, desde que Gad regresó me eh estado sonrojando más que de costumbre.

—Me gustan tus mejillas —esas palabras me detuvieron en el acto.

Giré lentamente mi rostro hacia el de Gad, encontrándome con su mirada fija en mí.

—¿Q-qué dices? —pregunté con mi rostro ardiendo.

De la nada sentí como sus garras tomaban mi rostro, centrando por completo su mirada en mi, haciéndome sonrojar aún más.

—Si, cuando tus mejillas se sonrojan se parecen a mi pecho —soltó de la nada y restregó mi cara en su pecho—, además —levantó un poco mi rostro, haciendo que nuestras narices casi se tocaran—, siempre eh pensado que tú perteneces aquí, debajo de mi rostro, sobre mi pecho y entre mis brazos —confesó con una mirada profunda que me hizo tensar en el acto.

¿Qué diablos había dicho?

Para cuando mi cerebro volvió a ser consciente de mi entorno, me di cuenta de que Gad ya había terminado con la poca distancia que había de por medio y estaba uniendo sus labios con los míos. Mi rostro ya no podía sonrojarse más.

—¿No te gustó? —preguntó de la nada, separando sus labios de los míos.

¿Que si no me gusto?, ¡Ni siquiera sabía cuándo diablos me había besado!

—Eh... no, yo...

—Entonces tendré que esforzarme más —sentenció con una sonrisa cortando mis palabras.

Sin esperármelo sus garras ya me habían tomado de mi trasero, y había comenzado a caminar hasta la barra donde había muchos otros Pokémons pasados de copas.

—¡Espera no vayas para...! —mis palabras se interrumpieron al sentir como con sus garras oprimía mis nalgas, haciéndome saltar de la sorpresa entre sus brazos y que mis alas se plegaran a mi cuerpo en un acto de protección.

—Shh, tranquilo, seré todo un caballero contigo —habló con un tono sensual que me hizo sonrojar hasta las orejas—, siempre me gustó tu trasero —confesó dándome una nalgada que me hizo saltar de nuevo, aferrándome con mis garras a su cuello por el susto.

Cuando llegamos a la barra, Gad me sentó en ella, haciendo que nuestras estaturas fueran casi iguales por unos breves momentos. Mi mirada confundida se cruzó con la decidida de él y en un arrebato volvió a besarme de improvisto, pero ésta vez, su lengua se había puesto a jugar con la mía que le rehuía con temor. Sentía como mi cabeza se sobre oxigenaba y como mi corazón latía rápidamente bajo mi pecho, haciendo que los nervios y el temor se sintieran insoportables.

—¡Ah! —exclamé empujando su pecho con mis manos, reclamando espacio.

Respiraba rápidamente en busca de oxígeno, recargando mi cabeza sobre el cuello de Gad.

—¿Tampoco te gustó verdad? —recargó su mentón entre mis orejas, con un tono triste y un tanto deprimido.

Mi corazón se oprimió al escucharle así, nunca me había gustado ver a los demás tristes pero, en especial a él, no toleraba la idea de que él estuviera triste porque al ser un alma tan alegre, su tristeza solía durar más allá de un par de días, y mientras él se deprimía yo me destrozaba por dentro al no saber cómo animarlo.

Cuando logré tranquilizar mi respiración me alejé un poco de él, encontrándome con sus ojos vidriosos que amenazaban con comenzar a llorar lágrimas de Sandile.

—¡No es que no me haya gustado! —respondí rápidamente, sonrojándome al hacerlo—, es solo que... —desvié un poco mi mirada hacia otro lado—, han sido muy rápidos y, no los eh podido disfrutar —confesé con mi corazón latiendo rápidamente contra mi pecho.

¡¿Qué diablos me pasa?!, ¡¿Por qué le dije eso?!, es verdad que no los he podido disfrutar, pero... ¡¿Desde cuándo me dejo besar tan fácilmente?!, aunque, esos fueron mis primeros besos y... ¡Mi primer beso lo tuvo mi mejor amigo!, ¡Por Arceus!, ¿¡Que está mal conmigo!?. Ahora mismo siento como si estuviera abusando de él por estar en ese estado, pero... ¡Si él es quién ha estado abusando de mí!, ¡Él fue quién me besó en primer lugar!, pero yo me dejé hacerlo y no le puse resistencia, ¡Ni siquiera lo ataqué para alejarlo de mí!, por, Arceus ¿Qué está mal conmigo?

Todos esos pensamientos me abrumaron la mente por la velocidad con la que se debatían entre ellos mismos.

—Hey tranquilo, Frank —su garra me tomó del mentón obligándome a verlo—, no comiences a dejar que tu mente divague porque suele volar muy alto y hacerse ideas que no son —habló con una sonrisa cariñosa que me sorprendió, pues hasta parecía que se le había bajado lo borracho que estaba y que hablaba con seriedad.

—¿Gad? —pregunté un tanto desconfiado, pero él de la nada me volvió a tomar de mi trasero, haciéndome sonrojar.

—Vamos a un sitio más privado —propuso comenzando a caminar hacia una de las escaleras subterráneas de la pirámide.

¿Lugar más privado?

Una mirada a mi entorno me hizo caer en cuenta de que aún seguíamos en la fiesta.

Espera... ¡¿Todos nos vieron?!

Escondí el ardor de mi rostro en el pecho de Gad, casi hasta temía que me confundiera con lo rojo de su pecho.

¿Cómo es posible que me haya descuidado tanto?, ¡Estábamos en una fiesta por, Arceus!, todos nos debieron de haber visto.

—Aquí está bien —sentí como me dejaba sobre algo mullido y suave.

Al separarse de mí, pude ver que estábamos en una de las muchas habitaciones bajo la pirámide pero, ésta en especial, era la que tenía una gran cama hecha de mantas frescas que eran muy suaves al tacto.

Gad se sentó a mi lado, mirándome en cada instante que pasaba. Su mirada alegre y esa pequeña sonrisa que adornaba su rostro me incomodaron un poco, además del hecho de que con lo que había pasado haya arriba no era muy buena idea estar solos ahora.

—Gad, ... ¿Qué fue todo eso? —me animé a preguntar con mi rostro más que rojo.

Él sólo acarició mi mejilla con su garra y lentamente comenzó a empujarme sobre las telas hasta que terminé fundiéndome con ellas y entre su enorme cuerpo.

—Siempre fuiste muy inocente —declaró con esa sonrisa, para luego posar su boca en una de mis orejas y mordisquear lentamente la punta, haciéndome tensar—, me alegra saber que aún no la has perdido —susurró contra mi oído.

Sentir su aliento caliente chocar contra esa zona me hizo comenzar a temblar, cerré mis ojos y los cubrí con mis manos.

¡Qué vergüenza!, ¡¿Por qué me dice eso?!

Como acto reflejo tomé mis orejas y me cubrí mis ojos con ellas para que no notara lo perturbado que su cercanía me hacía estar.

—¿Por qué me dices eso?, ¿No se supone que tu vives aventuras de una sola noche?, no es muy común en ti que las conquistes con palabras bonitas —solté lo primero que se me vino a la mente, pero, al mismo tiempo me hice reaccionar a mí mismo.

"Aventura de una noche", él solo me ve como eso...

"No puedo vivir en la monotonía, necesito nuevas experiencias".

Mis ojos se abrieron de golpe, solté mis orejas, sintiendo como mi nerviosismo era sustituido por mi enojo. Gad había dicho que quería vivir una nueva experiencia, pero no planeaba cumplirla con alguien más sino conmigo, con su mejor amigo que aún tiene algunos toques de inocencia y cuyo corazón es demasiado frágil.

Claro, a ti siempre te gustó dejar corazones destrozados a tu paso.

De un batir de mis alas me alejé de él y me mantuve flotando cerca del techo.

—¿Frank?, ¿Qué pasa? —preguntó visiblemente confundido, intentando batir sus alas para llegar hasta mí.

—¡No te acerques! —grité con todo el aire de mis pulmones, ganándome una mirada sorprendida de su parte.

—¿Frank, ahora en qué pensaste? —su mirada cambió a una agobiada.

Por un par de segundos me quedé pensativo.

¿Y si él en realidad me ve como un juguete?, ¿Y si sólo piensa utilizarme para vivir una experiencia más y ya?... pero, sus palabras no parecían ser mentira, aunque lo dijo mientras estaba ebrio, debería de desconfiar aún más de él, pero hay un viejo dicho humano: "Los niños y los borrachos siempre dicen la verdad". ¿Y si él en verdad me quiere?, espera ¿Querer?, él nunca dijo nada sobre quererme... sólo dijo que siempre le había gustado mi trasero.

Me sonrojé al recordar esas palabras.

—Te dije que no dejaras volar demás tus pensamientos.

Me tensé al escuchar esa voz en mi oído, al igual que sentir como unos brazos me envolvían haciendo que ambos cayéramos. Cerré mis ojos ante el temor de lastimarme pero, cuando sentí el impacto noté que en realidad, o había dolido tanto como había imaginado. Abrí con algo de temor uno de mis ojos, después el otro, cayendo en cuenta que miraba el techo.

No creo que las telas fueran tan suaves como para...

Mis pensamientos fueron interrumpidos al sentir como una garra se posaba sobre mi pecho y otra cerca de mi intimidad.

—¿No te duele nada? —preguntó esa voz de nuevo, cerca de mi oído, aprovechando para incluso mordisquear un poco la punta de una de mis orejas.

Él... ¿Me había cubierto con su cuerpo para que la caída no me lastimara?

Justo cuando le iba a agradecer, sentí como su boca capturaba una de mis orejas y comenzaba a jugar con ella dentro de su boca con ayuda de su lengua. Tuve el impulso de alejarme de él, pues mis orejas eran una zona sensible, y el que estuviera jugando con ellas hacía despertar mi zona íntima, pues los sonidos de succión y lengüeteo me hacían excitar involuntariamente.

—¡D-deja de hacer eso! —grité, sintiendo un cosquilleo en mi miembro.

Con algo de dificultad miré hacia abajo, descubriendo que ya estaba erecto y que la garra de Gad ya se dirigía hacia él para atenderlo.

—No creo que tu cuerpo quiera que deje de acariciarte... y yo tampoco —suspiró contra mi oído, haciendo que mi rostro ardiera al ver como su garra comenzaba a masajear mi miembro lentamente, teniendo cuidado de no lastimarme, mientras él jugaba con mi otra oreja en su boca.

Debía admitir muy a mi pesar, que era excitante la idea de que algo tan peligroso estuviera acariciando mi zona más sensible.

Su garra libre subió por mi pecho, pasando por mi clavícula, deslizándose por la curvatura de mi cuello hasta que finalmente llegó a mi boca, no comprendí por qué, pero lentamente se introdujo en ella, haciendo que mi lengua se enredara a su alrededor. Mis mejillas estaban más que sonrojadas al sentir como mi cuerpo era atendido de esa manera. Una vez estuvo satisfecho, sacó con cuidado su garra de mi boca, haciendo que un débil hilillo de saliva quedara entre ella y yo, muriendo finalmente en mis labios. Vi cómo su garra volvía a deslizarse sobre mi cuello, dejando ahora pequeños rastros de saliva hasta llegar a su objetivo.

Me sorprendí al sentir como esa garra comenzaba a jugar con uno de mis pezones, pasando repetidas veces a su alrededor, retorciéndolo con la punta y finalmente acariciándolo con cuidado.

Todas esas sensaciones fueron las causantes de que poco a poco la tensión de mi cuerpo comenzara a aumentar y que la única forma de liberarla fuera por medio de gemidos.

—Gahh...ahhd —ya no podía sonrojarme más, el escuchar la forma un tanto chillona en que había salido su nombre de entre mis labios, acompañado de un gemido, me hizo involuntariamente desear más de sus caricias.

—Di mi nombre... —suspiró contra mi mejilla.

Cerré mis ojos, sintiendo como las lágrimas salían de ellos al estar experimentando tal gozo, acumulado junto con el hecho de que sentía como mi liberación estaba a escasos segundos de ocurrir.

—Gahh.. ¡Ga-ahhd! —grité cuando el orgasmo arrasó mi interior.

Me dejé desvanecer sobre su cuerpo, tratando de recuperarme por el cansancio. Sentí sus alas envolverme, haciendo que me sintiera protegido, era una agradable prisión cálida que no quería dejar.

—Te amo, Franck —confesó de la nada, dándome una lamida tierna en mi mejilla que hizo convulsionar a mi corazón.

Abrí mis ojos de golpe al ser consciente de lo que había dicho, posé una de mis manos sobre mi pecho, justo donde estaba latiendo desesperadamente mi corazón.

Esas palabras... Maldición Gad las dijiste en el momento exacto.

Cerré mis ojos de nuevo y dejé que las lágrimas salieran libres, me giré entre sus alas, descansando mi rostro sobre su pecho y dejando mi felicidad fluir libremente. Jamás me había sentido así, tan feliz que hasta las lágrimas brotaban de mis ojos, y tan lleno en mi interior que sentía que nada más me faltaba.

—Yo te...

Mis palabras fueron interrumpidas cuando un pequeño pensamiento cruzó mi mente.

Él sólo busca compañía nocturna...

Abrí los ojos de golpe al darme cuenta de que lo que había pasado solo era una noche y ya para él.

Yo no le importo...

Las lágrimas que anteriormente eran de felicidad, se transformaron en lágrimas de tristeza. Lentamente fui levantándome de su cuerpo, apoyando mis manos en su pecho, pues mi cuerpo aún temblaba un poco.

—¿Franck?, ¿Qué pasa? —su voz sonaba preocupada, me tomó de las mejillas y me obligó a verlo.

Casi hasta creí en su falso engaño de demostrar preocupación al ver como me miraba de un ojo a otro, parecía querer comprender que era lo que había sucedido para que cambiara de parecer tan pronto. Al ver que intentó acercarme un poco más a mi, le di una bofetada tan fuerte que hasta mi mano se adormeció por unos instantes.

—¡No me toques! —grité mirándolo con rabia.

Gad se quedó sorprendido de mi acción, lo único que pudo hacer fue tomar su mejilla con una de sus garras y acariciarla para tratar de disminuir el dolor. Le di una última mirada dolida y sin más, gateé hasta el otro lado de las telas, arrinconándome en la esquina en forma de ovillo, mirando hacia la pared. Tomé mi cola y la abrace a mí mismo mientras volvía a llorar amargamente.

¿Cómo había permitido que él me hiciera eso?, ¡Es un maldito bicho que sólo salta de cama en cama!, lo único que le importa es tener un buen rato para sí mismo.

Los pensamientos giraban en mi cabeza, torturándome cada vez que uno nuevo aparecía.

—¿Franck?, ¿Qué sucede? —escuché su voz preocupada un poco lejos, menos mal que no se había movido.

—Lárgate, no quiero volver a verte —hablé con el tono más frío que pudiera poseer en mí.

No quería seguir pensando en que él sólo me veía como un juguete para entrar en calor, un juguete que sólo sirve para complacerlo y que al final de cuentas, de cuando consigue su objetivo, termina dejándolo a un lado.

—¡No me voy a ir hasta que me des una maldita explicación! —gritó en un tono tan fuerte que me hizo estremecer del miedo.

De la nada, me había tomado de mi cola y me había tirado de ella, haciéndome quedar con mis piernas abiertas a cada lado de sus costados. Mi mirada subió por su pecho hasta que finalmente me encontré con sus ojos, esos ojos ámbar que siempre me miraron con gentileza, ahora me miraban un poco hostiles pero en busca de una explicación.

Me obligué a tragarme el miedo que me provocaba en esos instantes, tenía que demostrarle que era igual de fuerte que él.

—Tu sabes muy bien la razón —respondí liberando mi cola de su garra y sentándome frente a él con mi mirada fija en sus ojos.

—¿Me podrías hacer el jodido favor de explicarme tu razón? —preguntó en un tono demandante, pero demostrando serenidad.

—Veamos —adopté una mirada pensativa, siendo apoyado por mi mano tomando mi mentón—, ¿Qué te parece el hecho de tú eres incapaz de querer algo más que sólo una aventura nocturna? —debatí en un tono sarcástico, ganándome una mirada más que furiosa por su parte.

—¡Eso no es cierto! yo...

—¿Acaso vas a negarme que tú mismo dijiste que sólo buscabas una nueva experiencia y que no puedes vivir en la monotonía?, te agradecería mucho que no me incluyeras en ese grupo de Pokémon y que te alejes de mi —sentencié decidido, contemplando la mirada sorprendida de Gad.

Bajé de las telas de un pequeño salto y a paso tranquilo comencé a caminar hasta la puerta de la habitación.

Me duele perder a mi mejor amigo, pero no voy a dejar que juegues conmigo...

—¡Oh no, tu vienes conmigo!

Antes de que siquiera pudiera enfrentarme a él, ya me encontraba entre las telas y su pecho, aturdido por lo que acababa de pasar.

—¡Gad, déjame ir! —grité removiéndome debajo de él, pero, lo único que logré fue hacer que terminara por ser oprimido por su gran cuerpo.

—Franck, si me dejas explicarte todo yo...

—¡No hay nada que explicar!, tú solo quieres...

Justo cuando iba a tratar de arañarlo con mis garras, Gad dejó mis manos a cada lado mío, siendo oprimidas por sus alas y al mismo tiempo, haciendo una clase de unión de sus garras con mis manos. Cuando le iba a exigir que me liberara, calló mis palabras estampando sus labios contra los míos.

—¿Me vas a dejar explicarte? —preguntó juguetón.

—¡Vete al...

Volvió a interrumpir mis palabras con un beso pero, ésta vez introdujo su lengua en mi boca, entrelazándola con la mía que sólo buscaba huir de ella.

—¿Ya puedo hablar? —volvió a preguntar con una sonrisa victoriosa.

Lo maté con la mirada mientras trataba de recuperar el aliento, intenté forcejear para liberar mis manos.

—Eres un...

Mis labios fueron reclamados de nuevo en un beso hambriento, me sorprendí al sentir como Gad intentaba llegar hasta lo más profundo de mi boca, recorriéndola por completo para que lentamente, fuera dejando besos alrededor de mis labios, recorriendo la longitud de éstos e incluso, mordisqueando suavemente mi labio inferior entre sus dientes.

—Puedo seguir así toda la noche, enserio que no me importaría —susurró contra mis labios.

Nuestras miradas se cruzaron de nuevo, en sus ojos brillantes podía verme reflejado, a tal punto que incluso podía notar el sonrojo de mis mejillas y lo rojo que se habían puesto mis labios. Opté por mirar a otro lado, dándole permiso en silencio de que hablara.

—Es verdad que durante mucho tiempo me divertí en camas ajenas —confesó, ganándose una mirada fulminante por mi parte, aunque al final sólo logré que sonriera—, admito que durante mucho tiempo fue divertido pero, al final nunca lograba sacar de mí lo que en verdad me atormentaba.

¿Algo lo atormentaba?, ¿Pero qué?, él siempre fue alguien alegre que muy raras veces estaba triste, a menos que...

—¿Te enamoraste en verdad de alguien? —me animé a preguntar, notando en su mirada como la respuesta era más que clara.

—Si, me enamoré como nunca pensé haberlo hecho, era increíble que siempre que estaba con ese Pokémon me sentía feliz, como si nada me faltara, podía hacer cualquier cosa a su lado incluso si no me gustaba a mí pero, todo valía la pena con tal de devolverle un poco de la alegría que él sin saber siempre me daba —confesó con una mirada llena de amor.

Vaya... al parecer todos los que son de parejas pasajeras si tienen su corazón.

—Y si ese Pokémon te hacia feliz, ¿Por qué no te quedaste a su lado?

Su mirada se ensombreció un poco, a pesar de que tenía una sonrisa en su mirada, detrás de ésta podía notar un poco de dolor oculto.

—Porque ese Pokémon aún no se había dado cuenta, siempre intenté demostrarle mis sentimientos por medio de cualquier cosa pero, al final, su inocencia era aún más grande como para notarlo —confesó sonriente.

En ese instante sentí como si mi mente viajara a través de mis recuerdos, visualizando cada momento por todos los ángulos posibles, buscando alguna señal de otras intenciones por su parte. Me di una bofetada mental al ver lo ciego que era, ¿Cómo olvidar todas esas veces que él me traía algún nuevo "tesoro" que encontraba al buscar hasta lo más profundo de las cuevas y pirámides del desierto dónde vivíamos?.

Incluso una vez nos quedamos atrapados en una pequeña tormenta de arena dónde él me había protegido con su pequeño cuerpo de Gible, recuerdo que ese día nos habíamos quedado en una especie de mini cueva que habíamos hecho, contándonos algunas historias, recordando otros momentos juntos... y cuando tuvimos sueño, él me abrazó contra su cuerpo con la excusa de "que yo durmiera cómodo".

Mis mejillas se sonrojaron al recordar que habíamos repetido esa clase de noches muchas veces, incluso en algunas de ellas él había...dormido detrás de mí, y siempre al despertar sentía su erección rozando mis nalgas pero, nunca le había dicho nada por vergüenza.

—Entonces tu...

—Entonces yo opté por alejarme de él, tal vez él no sentía lo mismo que yo, así que me propuse olvidarlo enredándome con cualquier hembra que se cruzara frente a mí —confesó liberando una de mis manos, acariciando mi mejilla con su garra—, pero por más que lo intenté jamás lo conseguí, ese Pokémon siempre terminaba apareciendo frente a mí con su inocencia —besó una de mis mejillas—, con su sonrisa —besó mi otra mejilla—, y definitivamente, con todos los sentimientos que sentía por él.

Mis mejillas ardieron aún más de lo que ya lo hacían.

—Gad yo...

—Tranquilo, ya me enteré que tu ni siquiera estabas al tanto de lo que sentía por ti —habló sonriendo, haciendo que la vergüenza se apoderada de mí—, pero por lo menos ya te lo eh dicho todo. Regresé aquí sólo para volver a verte, y en definitiva, para decirte todo lo que siento, no me importa si no eres capaz de corresponderme ahora, yo sé que algún día lograré entrar en tu corazón —su mirada se centró en mi pecho, precisamente dónde se encontraba mi corazón—, y haré que sólo me pertenezca a mí —sentenció, lamiendo mi pecho y arrancándome un gemido.

Sentía mi pecho oprimirse ante tan bellas palabras pero, aún tenía miedo.

¿Y que había de sus viajes?, ¿Con cuántas otras Pokémon se ha acostado?

—Gad espera —empujé su rostro suavemente con mis manos, haciendo que sus caricias se detuvieran—, yo... ¿Qué hay de todas esas hembras con las que te has acostado? —lancé la pregunta sin más.

Maldición estoy seguro de que la respuesta me va a destruir, pero, necesito saberlo, necesito saber qué posición ocupo en su vida y en su corazón.

—Todas son mentira —confesó sin más, besando mi frente y dejándome confundido—, cada vez que intentaba acostarme con alguna hembra, tu siempre aparecías en mi mente —me acarició la mejilla con una de sus garras en forma cariñosa—, así que en realidad jamás viví todas esas aventuras, tu siempre estuviste en mi mente —declaró sonriente—, así que al final decidí volver para reclamarte solamente a ti...y para hacerte finalmente mío —selló sus palabras con un beso en mis labios que me hizo morir en ese instante.

¿Cómo era posible que jamás me hubiera dado cuenta de lo todo lo que ocultaba en su ser?, ¿De todas sus demostraciones de cariño que siempre me hacían sentir bien y de todo lo que él hacía por verme sonreír?, simplemente fui demasiado ciego.

Pero... creo que puedo reparar mi error...

Me sonrojé aún más al pensar en eso pero, ahora lo único que me importaba era tratar de corresponder un poco sus sentimientos.

Tomé su rostro en mis manos y con algo de temor, cerré mis ojos, acercándolo a mí para darle un tímido beso en los labios que sólo ocasionó que mi corazón golpeara fuertemente contra su pecho.

—Por, Arceus... eres tan tierno —declaró rompiendo el beso unos breves instantes, antes de volver a reclamar mis labios en un hambriento beso que me hizo excitar al sentir como con una de sus garras comenzaba a acariciar de nuevo mi sensible miembro.

—Gad... —gemí avergonzado mientras apretaba un poco mis piernas, tratando de esconder mi intimidad de su mano pero, lo único que logré fue hacer que él riera un poco.

—Maldición tú vas a matarme de una sobredosis de ternura —confesó posando su frente sobre la mía.

Y sin más, volvió a atender a mi miembro, mientras con su garra libre acariciaba mi cuerpo y su boca hacía un camino de besos por mi cuello hasta llegar a uno de mis pezones, jugando con él en su boca, retorciéndolo con su lengua y dándole pequeños tirones con sus colmillos que lo único que lograban era excitarme más, pues la mezcla de peligro y placer me abrumaba.

Lentamente sus garras dejaron de atenderme para pasar a tomarme de mis costados.

—Te amo... —susurró contra mi pecho, mientras me giraba, haciéndome quedar de espaldas a él.

Abrí mis ojos de golpe al sentir el cambio de posición, sus manos me indicaron que me flexionara hacia el frente, con mi rostro descansando sobre las telas al igual que mis rodillas, dejando mi trasero totalmente expuesto.

—¿Gad, que vas a hacer? —pregunté levantando mi cuello para verlo, me sonrojé al ver como él sólo observaba directamente a mi trasero.

—Cuando eras un Trapinch y un Vribrava admiraba tu forma tan tierna de ser pero, cuando finalmente te convertiste en un Flygon —sus garras se posaron sobre mis nalgas, haciéndome sonrojar más—, me enamoré de éstas dos —confesó y les dio un beso a ambas, haciendo que mi calor interno fuera casi insoportable.

Sentí sus garras amasar ambas carnes, restregando ocasionalmente sus mejillas e incluso dándoles algunas lamidas, haciendo que mi miembro comenzara a verse afectado. Me sentía totalmente expuesto en esa posición, en especial al sentir como su boca amenazaba con querer hacer algo más allá de simples lamidas.

Me pregunto si...

—¡Ahh! ¡Gad! —pegué mi rostro contra las telas, sujetándolas con mis manos de la vergüenza.

Su lengua había comenzado a acariciar ese lugar sensible escondido entre mis nalgas, haciendo que mi respiración comenzara a verse entorpecida pero, una vez me relajé un poco, comenzó a introducir su lengua en mi interior haciendo que mi miembro reaccionara al instante.

Me aferré aún más a las telas, tratando de callar mis gemidos, era extraña la sensación de sentir algo húmedo y que serpenteaba en mi interior pero, se sentía malditamente bien, incluso comencé a retroceder para que su lengua lograra entrar aún más profundo, mis piernas temblaban y se retorcían un poco, tratando de darle algo de atención a mi miembro que cosquilleaba y comenzaba a reclamar atención.

Mi corazón golpeaba velozmente contra mi pecho al querer aún más de esa sensación, pero, Gad terminó por sacar su lengua lentamente de mí, haciéndome frustrar.

—Tranquilo... —una de sus garras recorrió mi espina dorsal, ocasionando que me estremeciera a tal punto de hacer erizar mi sensible piel—, ahora lo disfrutarás más —prometió.

No comprendí del todo sus palabras pero, cuando sentí su miembro rozar mi entrada supe a qué se refería. Lentamente comenzó a empujarse dentro de mí, estando totalmente atento a cualquier sonido que emitía de mi garganta.

—Gahh-ahhd... —gemí al sentirlo totalmente dentro de mí.

Era extraño, sentía como si estuviera muy apretado en mi interior, además de una increíble presión en mi miembro que me hacía pensar que algo saldría muy pronto. Sentí como su cuerpo caía suavemente sobre mí, su enorme pecho al contacto con mi espalda me hizo sentir envuelto en una calidez agradable.

—Te amo... —susurró contra mi oído, tomando con su boca la punta de mi oreja, comenzando a jugar con su lengua en ella mientras movía un poco sus caderas, sacando un poco su miembro de mí.

No pude evitar dejar salir una gran bocanada de aire al sentirlo un poco afuera pero, cuando volvió a introducirse en mí tomé una gran cantidad de oxígeno.

¡Por, Arceus!

Sus caderas poco a poco comenzaron a tomar un ritmo un poco más rápido, haciendo que mis garras se incrustaran en las telas y que tratara de impulsarme en su contra cada vez que se movía para intensificar las sensaciones. Mi piel estaba totalmente erizada al sentir como Gad recargaba su frente sobre mi cabeza, respirando fuertemente contra mi oído, haciendo que escuchara claramente sus gemidos que me hacían sonrojar aún más. A pesar de que trataba de no gemir mucho por la vergüenza, Gad había terminado por meter una de sus garras en mi boca jugando a enrollarla con mi lengua, haciendo que cualquier sonido saliera libremente, mientras que su otra garra se encargaba de atender mi miembro.

No comprendía cómo podía sentirse tan malditamente bien su intromisión en mi ser pero, no me importaba mientras pudiera seguir experimentando ésta clase de sensaciones con él.

Sentí como mi cuerpo comenzaba a tensarse, predisponiéndose a la llegada de mi orgasmo, al parecer Gad también lo sintió porque comenzó a moverse mucho más rápido, a tal punto que podía escuchar sus testículos golpeando contra mi trasero, provocando que gimiera aún más alto. Unas cuantas estocadas bastaron para que llegara a las nubes, derramando mi esencia sobre su garra pero, él aún continuó moviéndose rápidamente contra mi cuerpo hasta que finalmente llegó a su propio orgasmo, alargando el mío de paso.

—Ahh-hha, ahh-hha —gemía entre cada bocanada de oxígeno que trataba de recobrar.

Gad salió lentamente de mi interior, haciendo que parte de su esencia se derramara de mi entrada, manchando mis piernas que no dudaron en ceder ante el cansancio, haciéndome caer entre las telas mientras recobraba la respiración. Él no tardó en unirse a mí; se recostó a mi lado, moviendo mi cuerpo para que descansara mi cabeza sobre su pecho, mientras él me abrazaba con sus alas, acariciando mi espalda con una de sus garras. Repentinamente el sueño comenzó a apoderarse de mí y sin darme cuenta, me había dormido en la cálida prisión de sus brazos, escuchando lejanamente un: "Te amo".

Cuando desperté sólo escuchaba la quietud del lugar, era agradable que nadie perturbara tal paz con algún ruido molesto. Moví lentamente una de mis manos, tratando de descubrir dónde se había metido Gad, ya que mi cuerpo no era abrazado por sus alas, además de que mi rostro no estaba en su suave y fuerte pecho. Comencé a alterarme cuando no encontré nada, intenté con mi otra mano, con mi cola pero, obtuve el mismo resultado. Abrí mis ojos de golpe y me senté rápidamente sobre las telas, quejándome al instante por mis bruscos movimientos, ya que al parecer la noche anterior había dejado algunos estragos en mi cuerpo. Me obligué a ignorar el pequeño, punzante e incómodo dolor en mi trasero y espalda baja para tratar de encontrar a Gad pero, sentí una opresión en mi pecho al ver que estaba completamente solo en aquella habitación.

Él... ¿Se fue?, a pesar de todo lo que me había dicho anoche... ¿Se fue?

No tardé en sentir cómo las lágrimas resbalaban por mis mejillas y se perdían al mojar las telas debajo de mí.

¿Cómo pudo hacerme esto?, ¡Él abusó de mí y no le importó llevarse mi corazón entre las patas!, ¿Cómo pude haber caído en su truco barato de haberse enamorado de mí?, ¡Maldición él es un maldito mujeriego!, ¡Él sólo busca pasar una buena noche para satisfacerse a sí mismo!

—Y aun así yo... yo le di todo de mi... —las lágrimas no dejaban de caer por mis ojos, por más que trataba de limpiarlas, ellas se aferraban a seguir fluyendo.

Maldición, ¿Cómo pude haberle creído?

—¡¿Frank?!, ¡¿Qué pasa?!, ¡¿Por qué lloras?! —escuché claramente su preocupada voz al tiempo que me sentí envuelto en esas cálidas alas de nuevo, al igual que sentí ese suave y fuerte pecho reconfortándome.

Un poco confundido, elevé mi rostro, encontrándome al instante con su mirada preocupada fija en mí, mirándome de un ojo al otro en busca de algún indicio que le dijera con certeza lo que me sucedía. Mis ojos se humedecieron aún más.

Estás aquí...

—¡Gad! —lo embestí en un abrazo, haciendo que perdiera el equilibrio y que cayera sobre las telas conmigo encima, ganándome de paso un ligero recordatorio del porque no debía de moverme tan brusco—¡Au! —me quejé al instante.

—¡¿Qué pasa?!, ¿Te duele ahí? —preguntó alarmado mientras intentaba ver esa zona, cuidando de no moverse muy brusco para que no me doliera.

—¡¿Dónde estabas?!, ¡Pensé que te habías ido y que me habías abandonado!, ¡Pensé que me habías utilizado como a las demás y que...! —mis palabras fueron interrumpidas por sus labios, sorprendiéndome y haciendo que mis lágrimas se detuvieran en el acto.

—¿Qué te eh dicho?, no dejes que tus pensamientos vuelen —respondió con una sonrisa, un poco más tranquilo. Acariciando mi mejilla con una de sus garras, limpiando el rastro de lágrimas a su paso—, desperté temprano y fui a conseguirte algo para desayunar —contestó mostrándome una baya.

Desvié mi mirada de ella hacia sus ojos que brillaban alegres, sintiendo como mis ojos volvían a humedecerse.

—¡No vuelvas a hacer eso!, pensé que me habías abandonado y que... —confesé a duras penas, pues el nudo que se había hecho en mi garganta me dificultaba el poder hablar.

—Tranquilo, ¿Cómo podría abandonarte después de lo de anoche?, no soy tan maldito como para hacer eso —declaró acariciando mis mejillas con sus garras, haciendo que poco a poco me tranquilizara.

Después de ese momento agridulce, nos sentamos entre las telas, con nuestras espaldas recargadas en la pared, teniendo cuidado con lastimarme de nuevo. Nos alimentamos mutuamente con las bayas que había traído, algunas veces él me ofrecía una baya y yo sonrojado la mordía al mismo tiempo que él, "Un beso indirecto", era como le decían entre los humanos.

—Perdón por desconfiar de ti —me disculpé con mi cabeza baja, mirando la baya que traía entre mis manos—, es sólo que, siempre creí que todas las cosas que escuchaba de ti eran verdad y... creí que no ibas a cambiar —confesé sonrojado.

—Hay, Franck —pasó uno de sus brazos por detrás de mis hombros, acercándome más a él en un semi abrazo protector, levanté mi mirada con un poco de temor pero, lo único que podía ver en sus ojos era el amor—, supongo que después de haber escuchado todas esas cosas de mí, será un poco difícil cambiarte de pensar —acarició mi mejilla con su garra libre—, pero ten algo por seguro, jamás en todo ese tiempo estuve lejos dejé de pensar en ti, a cada momento tu aparecías en mis pensamientos —declaró con una amplia sonrisa—, por más que tratara de dejar de amarte no podía hacerlo, al final me había enamorado de cada uno de tus aspectos, de tu inocencia, de tu alegría, de la forma de tu cuerpo, de todo lo que implica tu ser —confesó haciéndome sonrojar hasta las orejas.

¿Cómo es posible que siempre puedas expresarte de esa manera?

—Gad yo...

—Tranquilo, sé que es muy repentino que te pida que me ames con la misma intensidad con la que lo hago yo pero, quiero que jamás te quede duda alguna de que te amo, de que mi entera existencia está dedicada a solo hacerte feliz —se acercó un poco más a mí, haciéndome sentir acorralado—, y que te juro por, Arceus que no tendré ojos jamás para algún otro Pokémon que no seas tú —declaró besándome en los labios, derritiendo mi corazón y haciendo que se entregara ciegamente ante sus palabras.

Ya sé que es malo juzgar a alguien sólo porque se escucha y no por lo que se ve. Creo en verdad Gad siempre ha sido ese Pokémon cariñoso que se preocupaba por mí y que me hacía sentir feliz a su lado... no veo por qué no creer en todo lo que me ha dicho.

Nos separamos un poco, rompiendo el beso y contemplándonos a los ojos, no tenía que ser un adivino para notar que su mirada brillaba con un amor tan puro y sincero que me hizo sentir totalmente afortunado de encontrar a alguien que me quisiera de tal manera. Le sonreí sinceramente.

—Te quiero —solté las palabras antes de siquiera procesar bien su significado.

Para cuando fui consciente de lo que le había dicho, ya me encontraba de nuevo acostado sobre las telas y con él besándome con un sentimiento tan dulce que hasta llegó a mi corazón.

—Maldición, eres tan tierno que me pones duro de nuevo —declaró, remarcando sus palabras rozando su miembro contra mi entrada, haciendo que mi rostro ardiera—, te voy a hacer el amor de nuevo —sentenció besándome de nuevo y sin dejarme alguna oportunidad de debatirle.

Mi corazón se aceleró de nuevo al saber que sin importar cuanto tratara de negar el hecho de que Gad me tratara de conquistar, ya había ganado gran parte de la guerra al tener a mi corazón prisionero que sus palabras y hambriento de sus demostraciones de amor.

21 de Abril de 2018 a las 03:39 0 Reporte Insertar 1
Fin

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Animalia SSS Hola, soy Nim (Mejor conocida como AnimaliaSSS). Llegué a ésta plataforma al huir de la corrupción de malas historias en Wattpad, y sinceramente, he de decir que el fue para mejor, ésta página esta mucho más completa que Wattpad, además de tener un filtro para las historias que se suben. Espero que mis escritos les agraden, pues son hechos desde lo más profundo de mi ser.

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