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Sueños de Navidad

Violeta corría hacia todos lados tratando de encontrar los regalos perfectos para sus sobrinas, ella no tenía hijos, aunque no por decisión propia, sino que por malas jugadas del destino y la maldita genética, pero su hermana Camila le había regalados las sobrinas más bellas de la vida, con cinco años las mellizas hacían con ella lo que se les daba en gana.

Como siempre, había dejado todo para última hora, aunque claro, entre la universidad y su trabajo de enfermera no le daba demasiado tiempo para un día de shopping, agregando a esto el malestar que le provocaba asistir a lugares muy concurridos, aun así allí se encontraba en el pasillo de los juguetes buscando entre las montañas de cajas desparramadas las muñecas que Mariana y Josefina anhelaban y que les habría prometido que santa les traería.

―Bendita muñeca, te encontré al fin. ―pensó― y se dirigió directo a la estantería en donde se encontraban justamente dos ejemplares. Alcanzó a tomar una caja, cuando del lado derecho un aroma la desconcentró de su objetivo principal, era un aroma especial, pomelo, mandarinas, violetas, menta, vetiver y cuero, lo sabía de memoria era Fahrenheit de “Christian Dior”, ¡dios, como amaba ese perfume! Los cinco segundos que se dejó llevar por el aroma bastaron para que perdiera la segunda caja de la muñeca que había visto.

―Perdón, pero esa muñeca es mía. ―Le habló a una espalda ancha y tonificada, bajó un poco la vista y le costó mantenerse impávida. Aquella bien dotada anatomía se giró descubriendo ante sí, a un hombre muy guapo, quedándose sin mucho que decir mientras unos ojos esmeraldas la miraban divertidos.

―¿Y usted ya canceló este juguete?, si es así, encantado se la devuelvo. ―Respondió él.

―No, pero yo la vi primero, además usted no me dio tiempo de pagarlas.

―Pues bien, entonces no son suyas, me llevaré esta. ―Dijo, y caminó en dirección a las cajas.

Violeta comenzaba a desesperar donde encontraría otra muñeca de esas, tan solo faltaban cinco horas para navidad y aún debía llegar a su departamento, cambiarse e ir a casa de su hermana para ayudarle con la cena.

―Espere por favor, le pago el doble por ella, necesito las dos. ―Le suplicó, poco le importaba rebajarse así ante tal monumento de la feromona masculina, con tal de conseguir la muñeca para su sobrina.

El la observó divertido, lo cual a Violeta le colmó la paciencia, si bien era un tipo guapo su idiota y triunfadora sonrisa le estaba quitando todos los puntos que había adquirido tan solo por llevar ese bendito perfume, y bueno, también por tener un muy buen trasero.

―Lo que me faltaba, que encima se burle de mí. ―Lanzó Violeta, escupiendo cada letra.

―Perdone, pero no me estoy burlando, y no… no acepto el doble por la muñeca.

Violeta no se lo podía creer, ahora sí que lo aborrecía, ¡cómo podía ser tan insensible! ¡Por dios era víspera de navidad!

―Señor por favor, si no fuese importante tenga por seguro que jamás le pediría nada, generalmente no suelo rogar a nadie, menos a extraños.

El la observó detenidamente, se sentía fascinado por las facciones tan puras del rostro de la desesperada chica, la forma almendrada de sus ojos le encantaron desde el primer segundo en que la vio, incluso antes de llegar a la estantería, mientras buscaba un regalo para su hermano en la sección masculina, sintió ganas de hundirse en la dulce y tibia miel de sus ojos amarillos, el color canela de su piel, su ondulada y larga cabellera color chocolate lo dejaron por un segundo fuera de competencia.

―Por favor, señor… las necesito, no tengo tiempo para comprar otras, además por lo que pude ver están agotadas en todas las tiendas, señor… por favor se lo pido. ―Contra atacó Violeta, consciente de lo desorientado que se veía.

El tintineo de su dulce voz lo despertó, y la verdad que quería entregarle la muñeca, él no tenía hijas ni sobrinas, ni a nadie a quién entregarle aquel obsequio. Solo la tomó por acercarse a ella, lo que realmente quería era ganar tiempo a su lado pero, se le estaba escapando de las manos debía ser inteligente y pensar deprisa.

―Okey, hagamos un trato. ―Le dijo, observándola detenidamente. ―Yo le entrego esta preciosa muñeca si usted acepta tomarse un café conmigo.

―¿Perdón? Pero si ni siquiera lo conozco ¡Que dice! ―Un calor le recorrió la piel al oír esas palabras, la verdad que jamás lo había visto, aún así quería correr a la cafetería con él, pero debía tener precaución, no quería que él la viese desesperada. 

―¿Quiere la muñeca o no? ―Musitó, interrumpiendo sus pensamientos, mientras que con la mano derecha elevaba la caja.

―Está bien, acepto… no tengo otra opción.

―Pero no lo tomes como un castigo, sino como un regalo de navidad.

―¿Es usted un poco egocéntrico no cree?

―No, no lo creo, al contrario el regalo es para mí. ―Le dijo, acercándose al oído, momento que ella sintió temblar sus piernas, por lo que debió sostenerse de la estantería. ―Está bien no te preocupes, yo tampoco puedo ahora mismo, podría ser mañana.

―Sí, mañana está bien. ―Respondió Violeta.

El joven tomó la mano de Violeta, fijándose en silencio en sus manos y suspiró al darse cuenta que no llevaba alianza, aunque aquello no le dijera mucho de su vida, sentía curiosidad por aquella mujer, sacó un lápiz a tinta de algún lugar de su chaqueta, y anotó su número celular en la palma de su mano.

―Bien, este es mi número, decide tú donde y la hora para no incomodarte más, confió en que me llamarás, me gusta que las personas cumplan cuando se comprometen. ―susurró, entregándole la caja con la muñeca.

―Te llamaré. ―Respondió Violeta― sintiendo como la descarga eléctrica al contacto con su piel hacía mella en su cuero cabelludo y aceleró considerablemente su ritmo cardíaco. Giró rápidamente, camino hacia la izquierda para cancelar y salir del lugar lo antes posible.

Él se quedó de pie sonriendo y moviendo la cabeza hacia ambos lados, sabía que le había afectado tanto como a él, el contacto porque en la dirección que iba a cancelar no era la correcta, por lo que debía si o si devolverse.

Violeta al darse cuenta el rumbo que había tomado, maldijo por lo bajo, obviamente ahí no habían cajas para cancelar sino que probadores masculinos, debía girar y devolverse pero cómo hacer para no verse tan idiota, la solución fue peor que el problema, ya que agarró lo primero que encontró y se devolvió, debía pasar si o si por el pasillo de los juguetes y obviamente delante de esos ojos esmeralda que la ponían de verdad nerviosa.

―Olvidaba el regalo para mi amigo secreto. ―Se excusó nerviosa.

―No me gustaría ser su amigo secreto. ―musitó el, al ver el paquete de calzoncillos con diseños de navidad.

Ella se miró las manos y solo quiso hacer un hoyo que la llevara directamente al primer piso de la tienda, si se podía al subterráneo menos diez mil, y desaparecer… Caminó como si la peste la siguiera de cerca.

―¡Hey! ―Le gritó― Klaus, mi nombre es Klaus.

Violeta rodó los ojos y se devolvió a encararlo, hasta cuando se burlaba de ella, ¡que antipático el guapito! ―Pensó―.

―¡ya no me jodas! ¡Y tu apellido es Santa! Suficiente con tener que pagar esta famosa muñeca con un café.

―No, no es Santa, mi apellido es Osterhagen mi padre es Alemán, y si tanto te jode pues no me pagues nada, no hay problema.

―No, perdona, perdona ―Dijo, avergonzada― Y yo cumplo mis compromisos nos vemos mañana. ―se giró y caminó ahora sí hacia la caja, se detuvo un momento y lo miró directo a los ojos. ―Violeta, mi nombre es Violeta Muñoz, mi padre es muy Chileno. ―Él sonrió y le hizo un gesto con la cabeza, para decirle que todo estaba bien que siguiera su camino.

Ella canceló y salió rauda del lugar, justo en frente de la tienda estaba la librería y pasó por el regalo para su hermana, luego si se dirigió a los estacionamientos, pero con lo aturdida que aún se encontraba, se demoró casi una hora en encontrar el vehículo, había olvidado completamente donde lo había estacionado. Luego de pasar por su departamento y cambiase fue directamente a la casa de su hermana.

―¡Al fin llegas! Me tenías preocupada Viole.

―Fue una tarde de locos, y muy extraña por lo demás, pero ya estoy aquí, ¿Francisco viene?

―Obvio, de lo contrario es hombre muerto, se lo prometió a las mellizas.

―Cami, ¿Cuándo lo vas a perdonar? En el fondo sé que lo extrañas.

―No me vengas con eso Violeta, el hombre tiene que hacer mérito.

―Bueno yo tan solo te digo que no fue para tanto, solo quiso lo mejor para las niñas, además, le fue excelente terminó su diplomado y ya está de vuelta, no sabes todas las veces que me ha llamado para preguntarme qué puede hacer para que lo perdones.

―mmmm, bueno que lo pida de regalo de navidad, a veces la magia nos sorprende.

―Bueno ya vamos a preparar la cena, en el auto tengo las muñecas. ―Susurró, dudó en contarle a su hermana lo sucedido en la tienda, pero finalmente optó por el silencio, seguro y su hermana se volvería loca gritando por la inminente cita.

Ambas se encontraban en la cocina preparándolo todo para cuando llegara Francisco y sus papás, las dos también eran hermanas mellizas y era tradición pasar estas fiestas con sus padres, todos juntos, sobre todo ahora que las niñas ya tenían cinco años y disfrutaban la navidad a concho.

―Viole, dame el aceite de oliva por favor.

―Si claro, pero agrega el orégano al tomate, sabes que a papá le encanta de esa forma.

―¿Te crees estudiante aún hermanita?

―¿Por qué lo dices?

―Mira tu mano, lo bueno que casi ya no se nota.

Violeta miro su mano con unos ojos como plato, se había dado un baño caliente, ahora cocinaba y había metidos sus manos al agua un montón de veces, ya casi no se veía y no lo había anotado.

―¡Mierda! ―Dijo y salió corriendo a buscar un lápiz.

―¿Qué pasó?

―Este número es importante y no lo anoté ¿Qué hago? ¡Ayúdame Camila!

―Está bien, tranquilízate, ven vamos a sentarnos.

Camila se sobresaltó con la excesiva preocupación de su hermana por aquel número además, de haberla notado muy extraña desde que llegó, la sorprendió varias veces sumida en sus propios pensamientos y suspirando, aunque para ella sería una alegría verla enamorada, sabía que era algo a lo que ella se negaba rotundamente a pesar de ser aún muy joven, su experiencia en pareja la había sepultado en una tristeza de la que solo se ha repuesto gracias a su familia y sobre todo a sus sobrinas.

En el pasado Violeta, a los 23 años se embarazó, luego de 4 años de noviazgo con Arturo un marino mercante que solo veía dos veces al año, su embarazo lo pasó sola y fue duro, muy duro ya que a medida que el embarazo avanzaba, este era menos viable hasta que a los siete meses fue interrumpido, y junto con ello la noticia de un cáncer uterino dio vuelta su mundo entero, gracias a dios fue absolutamente superado, pero no así el dolor y las perdidas, la de su único hijo y de la oportunidad de ser madre en el futuro, además del abandono y rechazo de Arturo.

Este fue un proceso largo en donde Camila y las niñas jamás la abandonaron, tampoco los hicieron sus padres que la ayudaron a mantenerse en pie y salir adelante, hoy a sus 28 años era una mujer sana, buena hermana e hija, pero sola muy sola, y Camila, como su hermana daría lo que fuera por verla feliz y con un compañero que la amara como se lo merecía.

―No lo puedo perder Camila…

―Te ayudo si me dices de quien es, hace mucho tiempo que no te veía interesada realmente en algo.

Violeta quedo viendo fijamente a su hermana, sopesando si contarle toda la verdad o no, pero a ella no podía mentirle, la había acompañado en todos los momentos de su vida, desde los más tristes a los pocos felices, lo que las hacía inseparables, no podía esconderle nada, por lo que tomo aire y comenzó.

―Cami, yo sé que esto es una locura, pero necesitaba las muñecas para las niñas…. Y…

―Viole, cariño te juro que no estoy entendiendo nada, cálmate respira y comienza por el principio que te apuesto será mucho más fácil.

―Está bien. 

Inspiró y sonrió… ¡Que locura, no lo puedo ―Pensó― y comenzó a narrar todo lo ocurrido.

Su hermana la miraba atónita hacía mucho pero, demasiado tiempo que no veía aquel brillo en los ojos de su hermana, como se sonrosaba al contarle lo de los calzoncillos y como pronunciaba el nombre de Klaus, con tanta delicadeza, como si fuese capaz de romperlo con tan solo pronunciarlo.

Sin duda, estaban frente a un desconocido que con tan solo un par de palabras había logrado que su hermana volviera a sentir como hace muchísimo tiempo no lo hacía, quizás era solo una ilusión, pero aun así, si estaba en sus manos prolongar el brillo en los ojos de Violeta lo haría sin dudarlo.

―Siempre te he dicho que las casualidades no existen y si el destino te puso a ese Alemán para que al menos salieras de tu cueva a tomarte un café, así será ahora dame esa mano que aunque Santa me caiga encima esta noche, !descifráremos este puto numero!

Ambas rieron y después de un rato intentando varias combinaciones Camila por fin vio un contacto en whatsapp que no tenía, y Violeta con la mandíbula desencajada confirmaba que el de la foto era el mismo con quien tenía cita al día siguiente.

La noche de navidad fue tranquila como todos los años, llegaron sus papas y Francisco quien se desvivía por agradarle a Camilla, quien por dentro se moría de amor, pero por fuera, aún quería hacerle pagar el año que Francisco decidió largarse a Whashington para realizar un diplomado en finanzas, con el cual consiguió el cargo de tesorero que hoy por hoy lo tenía bien situado en el banco central.

Los abuelos disfrutaron de las niñas como siempre lo hacían, como ese amor infinito, y estas a su vez habían enloquecido con las muñecas que Santa les había dejado en el árbol de navidad, junto a otros chiches.

Camilla quiso que Violeta durmiera en su casa, pero esta se negó y se marchó pasada la media noche con sus padres. Sabía que era la coartada perfecta para que Francisco tuviera la oportunidad que necesitaba para actuar.

Llevo a sus padres a casa y luego se fue a su departamento, allí en el silencio de su habitación recordó esos ojos verdes salvajes y divertidos, con esas pestañas tan largas y amarillas que parecían rozarle la piel cada vez que se movían, si cerraba los ojos y se concentraba era capaz de sentir su aroma, habían pasado tantos años desde que no miraba a un hombre con los ojos del deseo que se avergonzó de sí misma, por lo que se acomodó y se durmió con ese nudo en el estómago que no supo descifrar si eran mariposas o colon irritable.

A la mañana siguiente el teléfono la despertó a las ocho de la mañana, se asustó por la hora y contesto de inmediato.

―Hola Tía, ―Oyó al otro lado del auricular la voz suavecita de su sobrina.

―¿Cariño paso algo? ¿Porque me hablas tan bajito?

―Queríamos saber si Santa pasó por tu departamento.

―Claro que paso, me porte muy bien este año. ―Respondió divertida.

―Qué bueno a nosotras también nos cumplió los deseos.

―Sí, los regalos que les dejaron en el árbol son hermosos.

―Sí, pero no es un regalo.

―Cariño dime qué pasa, porque hablas bajito, ¿dónde esta tu mamá?

―Durmiendo, con papá, no queremos que despierten para que no se vaya.

Con tan solo esas palabras a Violeta le dio un vuelco el corazón, en el fondo el regalo que más anhelaban las mellizas era ver a sus padres juntos, debía hablar con su hermana, aunque por cómo estaban las cosas quizás ya lo habían resuelto.

―Bien mi amor, ve a tu habitación con tu hermana, papá no irá a ningún lado.

―¿Lo prometes tía?

―Claro que lo prometo princesa, ya te dejo que me voy a bañar ¿sí?

―Sí, te queremos.

―Yo las adoro mi vida, luego las veo, adiós.

―Adiós.

Colgó el auricular y se levantó por un vaso de agua, tomó su celular y miro fijamente esos ojos....en la foto del contacto.

―Me ducho y te hablo, sí, claro que lo haré ―Se dijo para sí misma, convencida que tendría el valor de hacerlo.

Luego de más de una hora bajo el agua caliente, de secarse el cabello y elegido el vestuario, el cual fue lo más sencillo que pudo, se calzó unos jeans ajustados, una blusa color sandía con cuello bote la cual caía dejando ver el lindo lunar en forma de media luna precioso dibujado en su hombro derecho, unas medias botas cafés y una chaqueta corta a tono, soltó su cabello y maquilló sus labios solo con un brillo tono damasco. Tomó las llaves de su pequeño automóvil y salió sin rumbo fijo.

El reloj en la pared marcaba exactamente las una de la tarde, y de ella no había rastro, casi no había dormido recordando esos ojos de gato que lo habían cautivado, estaba seguro que ella lo llamaría, al menos hasta hace media hora atrás.

―Cambia la cara de baboso, estás loco si crees que una extraña te va a llamar para ir por un café, solo porque le salvaste el culo haciendo de santa. ―Se burlaba su hermano Günter, quien se sampaba una fuente de papas fritas mientras veían fútbol frente a la televisión.

―Cállate la boca Günter, si no quieres que las papas te bajen sin masticarlas.

―Hasta de mal humor te has puesto, ojala te llame y te das un buen revolcón a ver si se te quita el modo "Grinch" que llevas.

Klaus rodo los ojos y se dejó caer en el sofá, su hermano era un muy buen amigo por eso vivían juntos, pero también era un gran bufón cuando quería.

―Ya me largo, voy a la clínica.

―Pero si estás en tu día de descanso, mamá y papá llegaran pasadas las ocho al aeropuerto.

―Es la fiesta de navidad, y las llaves están colgadas, aun mantienes la licencia de conducir, no veo porque tenga que ser yo siempre el chofer.

―Okey okey anda ve, te prefiero lejos que con ese carácter de mierda que andas hoy, cuídate mucho, y si te llama la morena avísame.

―No creo que te interese Günter.

―¡Como que no! Celebraré por ti cada polvo que te des.

―Eres un idiota. ―Le lanzó un cojín y salió del departamento.

Era 25 de diciembre y sus planes se habían ido por la cañería. Por lo que decidió ir a la clínica un rato, a las tres tenía un compromiso en la unidad de pediatría en donde él era el médico jefe.

Llevaba media hora conduciendo y el sonido de su whatsapp lo distrajo, estacionó cuidadosamente y encendió las luces de emergencia, cuando tomó su móvil una extraña sensación lo hizo temblar, desbloqueo la pantalla y su sonrisa se reflejó en el teléfono.

Violeta llevaba media hora sentada en la terraza de un Starbucks, en donde ya se había tomado un "Caramel Macciato". Cansada de darle tantas vueltas al asunto tomó su móvil y escribió sin detenerse o lo borraría por décima octava vez.

“Starbucks Providencia en 20 minutos. Violeta "La Chilena”

Se mantuvo con los ojos cerrados no quería mirar, cuando el "tin" que anunciaba un mensaje entrante la sobresalto.

“Serán en diez, estoy a la vuelta. Klaus, no Santa, Osterhagen, Alemán”

Violeta no se dio cuenta que estaba sonriendo, sino que hasta el dolor en su rostro se lo dijo.

Diez minutos más tarde tal y como lo había dicho por mensaje, hacia ella caminaba aquel hombre con una sonrisa maravillosa, que no supo definir, por una parte parecía tímida y por otra traviesa incluso casi burlesca.

―Hola Violeta, comenzaste sin mí. ―Le dijo sin más, sentándose en la mesa.

―Si claro, tendré que tomarme al menos quince de estos para pagar el bendito juguete.

Él se sonrió y se instaló frente a ella, era su mejor regalo de navidad, valía la pena el desvelo que tuvo la noche anterior y los nervios.

―¿Estas molesta? Siempre y puedes marcharte sin compromiso. ―Le respondió, al mismo tiempo que imploraba que no se marchara.

―No, claro que no, aunque no te niego que ayer estaba furiosa.

―Lo siento, pero me imagino que las muñecas ya están en muy buenas manos.

―Si, en realidad ver las caritas de las mellizas sorprendidas y al borde de la emoción con sus regalos no tiene nombre.

Klaus vio el brillo en sus ojos al hablar de las niñas y se llenó de amor, al él los niños lo enloquecían, por lo mismo había estudiado medicina y especializado en pediatría, pero al mismo tiempo sus ilusiones chocaron con la realidad. ¿Y si tiene hijas? ¡debe ser casada, o divorciada! ―pensó.

Violeta se percató de su actitud y disimuladamente agregó.

―Mi hermana dice que las regaloneo demasiado, pero bueno dime algo tú, más que mal la idea fue tuya, yo estoy aquí cumpliendo mi parte.

Klaus sostenía su rostro entre sus dos manos embelesado por como Violeta hablaba tan rápidamente de todo un poco sin siquiera pedírselo, se le notaba nerviosa pero a él le encantaba, se quedaría así viéndola para siempre.

―¿Vas a pedir tu café o también tengo que hacerlo por ti? ―Agregó, no paraba de hablar, los nervios en ese sentido la traicionaban.

Él sonrió y se levantó a buscar su descafeinado, tiempo que ella aprovecho para expulsar el aire retenido y para observar cada uno de los movimientos de Klaus, los cuales eran seguros pero a la vez delicados, como dejaba caer la canela en la espuma y el endulzante. ¡Ay dios mío! ―Pensó― ¿quién se puede excitar con una escena así? ¡solo yo! Debo dejar de leer. ―Se regañó.

―Bueno, aquí estamos, ¿que te parece si partimos de cero? ―Musitó, mientras olía el aroma a canela. ―Mi nombre y procedencia ya la sabes, Soy médico Pediatra y trabajo en el Hospital Madre de Dios, adoro trabajar con niños. Vivo por aquí cerca, con mi hermano Günter, él es arquitecto y mis padres pasan medio año acá y medio año en Alemania, de hecho hoy se supone que llegan, se les retraso el vuelo. No sé qué más quieres saber, solo pregunta y yo respondo.

―¿Cómo no te vi antes? Pensó ella, lo malo que lo hizo en voz alta, provocando en Klaus una tos repentina.

―¿Estás bien? Levanta las manos. ―Le decía preocupada y avergonzada― Perdón no es lo que quise decir, no me mal interpretes. Yo soy enfermera y también trabajo en el Madre de dios, pero en Urgencias, jamás te había visto, ni siquiera en el casino.

―¿De verdad también trabajas ahí? Qué casualidad. 

Violeta iba a responder cuando el celular de Klaus comenzó a sonar.

―Contesta por favor no te preocupes, yo voy por agua. ―Le dijo, levantándose de la mesa. "Las casualidades no existen" recordó las palabras de su hermana y sonrió. Mientras Klaus hablaba por celular y ella esperaba por el vaso de agua le envió un whatsapp a Camilla.

―"Se lo que hiciste anoche, las mellizas me llamaron temprano para decírmelo, no se te ocurra hacerlas sufrir, yo estoy....en el café con el alemán, hablamos :D"

Recibió el vaso con agua, y a la vez que sentía como su celular era bombardeado por mensajes, sonrió y lo apagó.

―Y bueno ya me tomado dos cafés y un vaso de agua, tú dirás. ―Le dijo Violeta, sacando una personalidad que llevaba dormida mucho tiempo.

―¿Te gustan los niños? ―Preguntó.

Mis sobrinas son mi vida, pero en general no lo sé, ¿porqué me lo preguntas? ―Respondió y ya en la última palabra el brillo de sus ojos desapareció.

―Ven, acompáñame.

Ella lo miró sorprendida, no sabía muy bien que hacía, a pesar de no conocerlo de nada se sentía misteriosamente cómoda con él, y le daba la confianza suficiente para decir "si".

―Ok, vamos.

―¿No me vas a preguntar dónde?

―No sé porque, pero confió en ti.

Klaus se puso de pie y le ofreció su mano con una radiante sonrisa, ella se dejo llevar por la selva de sus ojos y aceptó el contacto, ambos sintieron que sus manos estaban hechas a la perfección para estar unidas, pero por suerte esta vez, nadie lo dijo en voz alta.

Veinte minutos más tarde estaban ingresando a la unidad de pediatría, en donde Klaus había planificado una fiesta para los niños, y precisamente él sería Santa, estaba todo perfectamente adornado con globos, y adornos navideños, y un gran árbol de navidad que aparte de tener adornos tenia "Sueños de navidad" los cuales colgaban en papel plateado, estos fueron escritos por los niños más grandes, la mayoría de ellos pedían recuperación, volver a sus casas, ir al colegio etc...

Violeta sentía que su corazón explotaría en cualquier minuto con tanto sentimiento a flor de piel, ver a tantos niños sin poder disfrutar de una navidad como lo hacían sus sobrinas le partía el alma, pero ver a ese hombre maravilloso, disfrazado de Santa, intentando entregar felicidad a esos pequeños a cambio solamente de una sonrisa y un sueño, era algo impagable.

Lo acompaño cama por cama entregando regalos y sonrisas a los niños, estos los abrazaban y agradecían con él, más puro de los cariños, esos que solo los niños con capaces de dar, hasta que llegaron a una cuna, un morenito de casi un año se intentaba poner de pie y lanzaba sus manitos para que alguien lo tomara en brazos, esos ojitos de aceituna la llenaron de amor y una necesidad de entregarle protección casi automática.

Violeta recibió en sus brazos al pequeño, quien la abrazó como si de ella dependiera su vida.

―Jesús. ―Le dijo, tomando la manita pequeña del mocoso ―Se llama Jesús y es un tramposo, cada vez que ve una niña bonita pide que lo carguen, ¿verdad campeón? ―Le hablaba al pequeño mientras este le sonreía.

―¿Que tiene?―Preguntó Violeta.

―Nada, ya está sano, fue prematuro lo que le trajo varias complicaciones, pero ya esta fuerte, es un niño sano.

―¿Entonces que hace aquí?

El brillo en los ojos de Klaus desapareció y su entrecejo apareció pronunciado ante Violeta.

―Su madre lo abandonó al nacer, vino un par de veces a verlo, pero  luego dio la firma para que el hospital lo diera en adopción. Hemos retrasado un poco el proceso, la verdad que él es especial, es el regalón de todos en la unidad.

Violeta no lo podía creer, como podría una madre regalar a su hijo, que injusto era todo, cuando ella daría todo por engendrar otra vida y verla crecer. En un acto reflejo abrazo a Jesús como si todos sus miedos él los colmara.

Klaus se sintió conmovido por ese gesto y no quiso quedarse fuera de ese abrazo por lo que sin siquiera pensarlo acercó a Violeta por la cintura con el niño en brazos y la abrazó, Jesús abrió uno de sus bracitos y lo invito a compartir del momento, Violeta se sintió en casa, aquella fisura en su alma sin querer despertó pero para invitarla a soñar.

Se miraron fijamente y Klaus sin poder evitarlo se acercó y busco esos labios que llevaban su nombre, Violeta cerró los ojos y sintió cuando sus labios se humedecieron por el cálido e intruso beso, un beso cargado de emoción, de admiración, de orgullo y de un amor incipiente, ambos lo sabían, aquel beso seria el comienzo…

Luego de ese encuentro ambos se volvieron uno, Violeta con el pasar del tiempo y según las intenciones de Klaus, ella tuvo que despejarse de todos sus miedos y secretos, por lo que le reveló que jamás podría darle una familia, al contrario de lo que ella pensó, él la abrazó y con un cálido beso en su coronilla susurró.

―No dejare de amarte porque no podamos tener hijos, al menos de sangre... Te amo a ti, amo lo que soy contigo y nada podrá hacerme cambiar de opinión. Ella lo abrazó mientras lloraba de felicidad y emoción, en su vida un hombre la había amado así, se sentía poco merecedora de tanto, aún después de casi 10 meses a su lado no se acostumbraba a tanto amor en su vida.

Camilla y Francisco estaban felices y juntos esperando a su tercer hijo, las mellizas seguían tan regalonas de Violeta pero ahora habían adquirido un nuevo fans... Klaus quién caía rendido a cualquier capricho de las niñas, su hermano Günter pronto contraería matrimonio por lo que dado a la insistencia de Klaus, Violeta se iría a vivir con él, tampoco muy presionada, en el fondo era lo que anhelaba.

―Cariño con seguí el permiso para que Jesús pase esta navidad con nosotros. ―Le comentó entrando al departamento, después de un largo turno.

―¡No te lo puedo creer! ―Gritó Violeta desde el dormitorio, salió corriendo y lo beso.

―Sí, la hermana Teresa me llamo hoy para darme la noticia, debemos regresarlo el día veinte y seis por la mañana.

―Me encantaría no tener que regresarlo nunca.

―Igual a mí.

―Klaus... Tú crees que...

―No te hagas ilusiones mi vida, ya sabes todo lo que te has decepcionado.

―Tienes razón. ―Le dijo en un suspiro― Pero quiero seguir intentando.

―Juntos lo intentaremos no te preocupes, yo te apoyare siempre.

Había pasado exactamente un año de cuando se conocieron y al recordarlo se divertían, sonreían y bromeaban, aquel mes de Diciembre ambos armaron y decoraron su propio árbol de Navidad con sueños y deseos.

Tal y como habían acordado, la noche de Navidad la pasaron en casa de los Padres de Violeta con Camila, Francisco y las mellizas pero lo más especial fue tener a Jesús entre ellos, durante todo el año violeta no le perdió el rastro y lo visitaba todos los fines de semana al igual que Klaus, el niño se veía feliz compartiendo en esa familia que si bien no era suya, lo amaban y lo integraban como uno de ellos, el niño era feliz el tiempo que pasaba con Violeta y Klaus. En medio de la cena Klaus se levantó y pido atención de sus suegros y cuñados.

―Bueno yo necesito unos minutos para decir algo.

Violeta ya lo conocía y generalmente era un tipo formal, por lo que no le sorprendió que quisiera dar el puntapié inicial para la cena de navidad. Ella le sonrió para que continuará, lo observaba con admiración, durante el año que habían vivido como pareja lo había conocido suficiente para enamorarse de él perdidamente, y no pudo dejar de dar gracias al cielo por haberlo puesto en su camino, él la aceptaba y amaba tal cual, algo que ella había dejado de añorar cuando su hijo dejó de aferrarse a su vientre y el amor de su vida había desaparecido, lamiéndose sola sus heridas.

―Yo se que tal vez esto es apresurado porque ni siquiera lo hemos conversado antes ―Decía Klaus con una voz temblorosa observando a Violeta― Pero, también pienso que no tenemos porque esperar. ¿Violeta, quieres ser mi mujer y la madre de este pequeño que te adora, tal o más que yo? eres la mujer perfecta para este par... ¿Qué dices?

Violeta quedo con la boca abierta y los ojos inundados en lágrimas contenidas, lloró de emoción, felicidad, sorpresa etc. No se lo esperaba para nada, jamás hablaron de dar un paso más allá, con respecto a Jesús, habían intentado adoptarlo sin resultados favorables, pero todo esto era mucho más de lo que había esperado en su vida.

―Yo, si quiero... Quiero ser tu mujer y la madre de Jesús, lucharemos juntos por conseguir que se quede con nosotros. ―Respondió en lágrimas, se abrazaron y besaron los tres, y la familia completa y los felicitó, al fin Violeta había encontrado al hombre que merecía, o el la había encontrado a ella. Y ellos dos juntos habían encontrado el amor y a un hijo, del cual les concedieron la adopción un año después justo antes de navidad.

―Este año adornaremos el árbol como Jesús quiera. ―Le dijo Violeta a su ahora esposo.

―¿Cuáles son tus sueños cariño? ―preguntó Klaus a su hijo.

―Deseo un hermanito, para jugar.

Ambos cruzaron una mirada cómplice y amorosa, luego comenzaron a reír.

―Por lo visto los sueños de navidad no terminarán. ―Musitó Violeta, levantando a Jesús ya de casi cuatro años.

―Los sueños no terminan mi vida, ni terminaran, nuestra historia comenzó como un sueño y Jesús llego a cumplirlo no tenemos porque dejar de soñar.

―Te amo Klaus, eres y serás mi sueño de navidad.

―Y ustedes el mío.


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21 de Abril de 2018 a las 02:00 0 Reporte Insertar 0
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