El muro Seguir historia

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Manuel Pérez Recio


"El muro" es uno de los relatos que forman parte de la antología "Hasta que la muerte nos separe". Pequeñas historias sobre la Dama de Negro, narradas con agilidad, ironía y desenfado. Publicada en 2014. A la venta en formato digital (0,99 euros) y papel (6,40 euros). 122 pág. Búscala en amazon, casadellibro.com y Corte Inglés.


Cuento Todo público. © Manuel Pérez Recio

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El muro


Medio depósito de combustible, una recortada de doble cañón, cinco cartuchos, una bolsa de patatas fritas, cuatro cervezas calientes y media botella de whisky. Suficiente para subsistir un día más.

La situación no es tan difícil como aparenta, ya has escapado de la muerte una docena de veces en lo que va de año. ¿Recuerdas cuando te cargaste a siete de esos cabrones chupa-sangre a plena luz del día? Además, ¿quién te iba a decir que el sótano de aquella granja abandonada era un auténtico bunker, con comida y bebida para varios meses? Gente previsora… Y ayer, sin más, el Mustang rojo, con la tapicería de piel blanca, climatizador y reproductor de xvid, aparcado en la cuneta con las llaves puestas. Eres un tipo con suerte, un protegido del azar.

Pero todo se acaba. Y hay que continuar.

Pierdes la mirada en el horizonte policromado. La carretera parece un interminable río de lava; el cielo, una gran losa de mármol blanco veteada de nubes rojas y rachas de humo gris. Entre ambos, fluctúa la inestable elipse de luz en que se ha convertido el sol.

Puto sol... Lo odias, pero lo necesitas; sin él ya estarías muerto.

Tratas de no pensar en nada, olvidar todo lo vivido, cuando de pronto sientes que algo se desliza por tu labio superior. Palpas. No parece sudor. Miras tu dedo. Es sangre. Abres la guantera y comienzas a buscar un pañuelo o una servilleta de papel con que limpiarte la nariz.

En ese instante suena la radio. ¿Es posible?... Sorprendido, ajustas el dial. ¿Dónde estás? ¡Vamos, vamos, hija de…!

“Buenos días, ciudadano de N.T. Para ti, Radio Esperanza, la mejor música de la historia”, anuncia una voz aterciopelada.

¿Se trata de un hombre o una mujer?... Imposible saberlo. A continuación, suena The End, de The Doors.

Sonríes eufórico. De nuevo el azar juega a tu favor.

¡Qué cabronazo! ¡Eres el mejor! ¡Sí!, ¡sí!

Golpeas el volante con ambas manos para celebrarlo. N.T. sólo queda a media jornada. Ya tienes un destino, una meta. Y, lo más importante, no estás solo en este infierno.

Algo de compañía no te vendrá mal después de tanto tiempo, de tantos muertos, de tanta mierda. Quizá puedan ayudarte, o al menos explicarte todo lo que ha sucedido. Hay tantas preguntas sin respuesta…

Anochece. La misma aurora boreal de ayer: un inmenso tapiz esmeralda a pinceladas violeta. Es un espectáculo fascinante, pero al mismo tiempo aterrador. Sucede a menudo desde la última explosión solar, ¿hace ya dos, tres años?... Qué más da.

Apenas unos minutos más tarde comienza a descubrirse un extraño fulgor anaranjado sobre las montañas de enfrente. “¿Serán las luces de N.T.?”, te preguntas. También podría ser un incendio. Sin embargo la luz no fluctúa, y descartas dicha opción. En tus ojos asoman lágrimas de esperanza. Aumentan rápidamente tus expectativas, tus ilusiones, tu ansiedad. Suspiras hondamente… Intentas controlar la situación, recuperar el ritmo de tu respiración. Pero entonces la música termina de forma súbita. Tras una breve pausa, habla el locutor, o locutora:

“Buenos días, ciudadano de N.T. Para ti, Radio Esperanza, la mejor música de la historia”. Suena The End, de The Doors.

“¡Joder!”, exclamas con rabia, incapaz de contenerte. “¡Es un bucle automático, sólo eso. Una jodida grabación!”

Frenas en seco. El coche se desliza unas decenas de metros por el asfalto antes de detenerse cruzado en medio de la carretera desierta. Paras el motor. Un fuerte olor a goma quemada invade el espacio que te rodea. Late con furia tu corazón, palpitan tus manos, tus pies; tu estómago se comprime… y tu nariz sigue goteando sangre.

Apagas la maldita radio y diriges la mirada hacia el asiento de atrás. La escopeta sigue ahí, aguardando una decisión postergada a diario: cada amanecer, cada tarde, cada noche.

No sabes qué hacer, cuál será tu próximo paso. Solo tienes una certeza: estás bien jodido. Se acabó tu suerte. Por primera vez en mucho, mucho tiempo, el azar se ha vuelto contra ti.

Pero ya no hay vuelta atrás. Porque detrás ya no queda nada.

*

<<Relato incluido en el recopilatorio "Hasta que la muerte nos separe", a la venta en Amazon, Casa del Libro y Corte Inglés>>

20 de Abril de 2018 a las 18:57 0 Reporte Insertar 1
Fin

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