La extraña Seguir historia

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Gaia E.


Un grupo de veinte mercenarios acampan en el bosque, esperando realizar el trabajo más fácil de sus vidas, pero las cosas no resultan como esperaban. Siempre me ha fascinado la primera escena de X-men 2, la manera que tiene de utilizar una habilidad que en principio no es de las más poderosass para convertir a Nightcrawler en una fuerza imparable. Esta historia está (vagamente) inspirada en esa escena.



Fantasía Todo público.

#343 #341 #fantasía #xmen #fanfic
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La extraña

Aquel no era un campamento de bandidos cualquiera, las personas que se sentaban alrededor del fuego eran mercenarios con años de experiencia, los mejores. Y estaban nerviosos. Entre los habituales chistes de mal gusto y el alcohol podían apreciarse miradas furtivas al bosque, no se sentían seguros, todos tenían su arma cerca, algunos la sujetaban como si temieran que pudiera escaparse por sí misma.

Zirka también se sentía menos seguro de que costumbre. Era mayor, este trabajo era peligroso pero estaba bien pagado, muy bien pagado, podría significar el fin de la vida en los caminos, el fin del peligro, de mirar constantemente a su espalda y no confiar en nadie.

Había conocido a una mujer, viuda por su mano pese a que ella no lo supiera, debía ser un escarmiento: “Mata al hombre, mata a su familia, no hagas preguntas.” Pero aunque se dijera a sí mismo lo contrario él no era un asesino sin conciencia, robaba, amenazaba, había hecho muchas cosas, pero matar a un niño y una mujer indefensos era diferente. Simuló su muerte, les ayudo a escapar y todo cambió. Ya no le resultaba excitante no saber que le depararía el mañana, si acabaría colgado en la picota de algún terrateniente intentando dar ejemplo o bebiéndose la paga de otro trabajo bien hecho, ahora solo podía pensar en quien cuidaría de esa mujer si él no volvía. Y esta vez, la posibilidad de no volver no era tan remota.

La inacción estaba acabando con sus nervios. ¿A qué esperaba? Observó a los otros: “Los mejores” pensó “Dentro de dos horas no sabrán distinguir su culo del de su compañero”, se levantó.

- Basta ya, se acabó el beber, te estoy viendo imbécil, déjalo, ¡DÉJALO TE DIGO! ¡Joder! ¿Me ves cara de idiota? ¡Se acabó he dicho! -

- Te estás haciendo viejo colega, déjanos, la noche es joven y aquí no va a aparecer nadie -

El más joven y también el más estúpido, el Niño, confiaba en sus habilidades por encima de todo. Zirka frunció el ceño, era igual que él cuando empezó: prometedor, habilidoso y aún sin conciencia, mataría a su abuela si le pagaran lo suficiente, pero él no se iba a dejar amedrentar por un crío, había visto desangrarse a muchos como él y había contribuido a la mayoría de esas muertes.

- Mira niñato, aquí yo doy las órdenes y tú no tienes nada que decir, así que cierra esa bocaza antes de que te la cierre yo ¿Entendido? -

- Bueno jefe, -sonrío el chico- tampoco hace falta ponerse así ¿no? Después de todo llevamos aquí dos días y empiezo a aburrirme. -

- Niño, haz caso a Zirka. Sabe lo que se hace y tiene razón, si seguís bebiendo así cuando aparezca el paquete seremos tan peligrosos como una monja de 15 años -

Roca, otro de los veteranos, uno de los mejores. Zirka no entendía porque estaba con ellos y eso le intranquilizaba, normalmente era contratado por las personas más poderosas para los trabajos que requerían las mayores habilidades. Nunca fallaba. Pero que estuviera en su equipo significa que quizá aquel trabajo era más peligroso de lo que había pensado en un principio. El Niño le respetaba y se calló, los mercenarios protestaron pero dejaron las botellas. Algunos se tumbaron y otros empezaron a cuchichear, la autoridad de Zirka había sido cuestionada, pero a él no le importaba, solo quería acabar con todo y desaparecer, de hecho la idea de desaparecer antes de acabar con todo parecía más atractiva a cada segundo.

Roca se acercó a él y le dirigió una mirada significativa, se apartaron un poco del grupo.

- No tenías que haber intervenido. - le dijo Zirka.

- Ibas a dejarlo pasar. -

- Solo es un crío.-

- Aquí nadie es solo lo que parece, amigo, lo sabes bien. - Un momento de silencio- ¿En qué estás pensando? -

- En que ese paquete está jugando con nosotros, si la información es cierta tiene que saber quiénes somos y donde estamos, pretende que bajemos la guardia y lo está consiguiendo -

- No. ¿En qué piensas? -

Zirka le miró, lo sabía, conocía sus dudas, se conocían. Después de todo eran de los pocos que habían sobrevivido tanto tiempo en este mundo.

- No es asunto tuyo. -

- Vamos Zirka, somos dos perros viejos, no creas que eres el único que esta… pensando. -

- ¿Por qué estás aquí? Pensaba que te habías establecido, he oído que ganas un buen dinero para no aceptar trabajos -

- Sí, sí, Dios me ha sonreído, parece que todos me tienen miedo y prefieren que no me meta con nadie a que exista la remota posibilidad de que pueda meterme con ellos. - sonrió - Pero no creas que todo es tan bonito, en cualquier momento pueden decidir que soy demasiado caro para no hacer nada y bueno, tengo una edad, no tengo los mismo reflejos que antes, me paso la vida mirando a mi espalda, hace meses que no duermo una noche entera, ni siquiera me fío de todos los que están aquí. -

- ¿Te fías de mí? -

- No creas que estoy fuera, sigo teniendo contactos. Sé lo de esa mujer, no te preocupes, lo sabemos pocos y no nos importa. Yo también tengo mis secretos ¿La Roca nunca falla? Bah… yo también he fallado y también he desobedecido. -

Zirka suspiró.

- Conozco esa sensación, nunca estoy tranquilo pero ahora tengo miedo por otros además de por mí mismo. Estoy empezando a pensar, bueno, hace tiempo que estoy pensando en mi vida, lo que he hecho, mi contribución a este mundo ¿Cuánto más estaré aquí? ¿Qué es lo que dejaré? He sido un fantasma, nadie me recordará, nadie me conoce, cuando muera, nadie llorará por mí. -

- Ella lo hará. -

- No si se entera de lo que le hice. He destrozado muchas vidas, me gustaba el poder, pero en realidad nunca había sido consciente, nunca había pensado en las consecuencias. -

- ¿Te arrepientes? -

- Yo no diría tanto, lo hecho, hecho está, pero a lo mejor, si pudiera volver atrás, a lo mejor… haría las cosas… de otra manera .-

Roca se estiró y miró al cielo.

- Es nuestra maldición amigo, hemos sobrevivido a tanto… pensamos que tenemos suerte, pero ahora es cuando todo nos cae encima, como una losa. Zirka, yo he venido aquí a morir. -

-¿A morir! ¿Qué? Pero…-

-No. Déjame hablar, quizá sea mi última confesión, mi única confesión. - Roca le miró directamente.

Hace unos meses me encargaron un trabajo, era una tontería, matar a la amante de un conde o… duque, no sé, no entraba en conflicto con ninguno de mis otros contratos, así que lo acepte de buena gana, un viajecito a estas tierras, tienen buen vino y buenas canciones, unas pequeñas vacaciones.

Viajaba en secreto claro, con una caravana de comerciantes, me caían bien. Había un par de mujeres con bebés, no me lo dijeron directamente pero eran esclavas que querían empezar una nueva vida, estaban contentas, estaban dejando atrás su pasado y yo tenía la guardia baja, me alegré por ellas, llegué a cogerlas cariño. Una no tenía más de 16 años y ya había tenido dos hijos”

Los ojos de Roca se apenaron, pocos lo sabían, pero él tenía una hija de la misma edad.

Una noche las cosas se torcieron. Las habían perseguido, algún estúpido no quería que esas mujeres fuesen libres, antes muertas que fugadas, ya sabes. Los cazadores se plantaron ante nosotros y nos dijeron que les entregáramos a las mujeres si no queríamos problemas. Los comerciantes accedieron y yo no hice nada, mi viaje era un secreto, yo era un padre que iba a visitar a su hija, no un asesino sentimental.

La niña lloró, gritó, suplicó, sabía lo que le esperaba, un par de días como juguete y después la muerte, o peor, la entrega. Me miró pero yo no hice nada, no hice nada, dejé que se la llevaran. Seguí el viaje, maté a la amante y volví por el mismo camino, esa fue la primera noche que no dormí, la veía ante mí, veía como la usaban, como la mataban, no podía dejar de verla todo el tiempo en mi cabeza.”

Zirka guardó silencio, Roca parecía sincero, realmente desesperado, sentía compasión por él.

El viaje de vuelta lo hice solo, supongo que tenía la esperanza de que me asaltaran, pero no ocurrió, bueno, no exactamente, una mañana me encontré con alguien, una mujer sentada en un árbol al borde del camino, era extraña, me dijo: “Lo sé todo, eres un cobarde y un asesino, debería matarte, las mujeres están a salvo, yo hice lo que tú no tuviste agallas de hacer, las salvé y salvé a sus hijos, les di la misma oportunidad que te doy a ti, basura, aunque no te la mereces, si vuelvo a verte, no seré tan buena”. Me enfadé y quise contestarla, pero desapareció antes de que pudiera hacerlo”

- Esa mujer… ¿esa la misma que…? -

- Sí, al menos eso creo, es su modo de actuar, primero te avisa, te da una oportunidad, luego acaba contigo .-

- Aún puedes marcharte. -

-No quiero Zirka, no quiero. Ella tenía razón, soy un cobarde y un asesino y no merezco otra oportunidad, se acabó para mí. Esa niña era la hija de alguien, la hermana de alguien, la amiga de alguien, seguramente alguien arriesgó el pellejo para que pudiera escapar y yo la dejé ir sin mover ni un músculo. Y tantas otras cosas… ¿Sabes? La amante de ese conde también era una niña ¿dieciocho años? ¿diecinueve? Me imagino la historia, una campesina tiene la suerte de nacer con un buen culo y un noblecito mimado se fija en ella, ella le utiliza y le saca dinero para su familia, a lo mejor se enamora de verdad, pero su esposa, que también le saca dinero pero además no tiene un buen culo, esta celosa y quiere que desaparezca. No me importa. No tiene sentido pensar en eso, dentro de poco ya no importará nada-

- Lo siento. -

-No lo hagas. ¿Qué hay de ti?-

-D espués de lo que me has contado supongo que te debo mis pensamientos, bueno, yo no he venido aquí a morir. Pagan muy bien por este trabajo, mataré a esa mujer y desapareceré, lo dejaré todo atrás, cambiaré de nombre y de cara si hace falta, le daré al hijo y a la mujer de ese hombre la vida que él ya no puede darles. Quizá abra una herrería. Ponerles herraduras a los caballos y hacer espadas para los ricos, suena emocionante.

La Roca rió.

- Sí, es el tipo de trabajo que siempre he imaginado para ti, serás un buen herrero -

- ¿Y esa amabilidad? -

-Ya no tengo que ser “Roca, corazón de piedra y lava en las venas”, te respeto amigo ¿Te lo había dicho alguna vez?-

- Nunca - Zirka sonrió- Pero he de admitir que sabes venderte-

- Jamás he estado a la altura de mi reputación-

-¿Que pasa con…? Ya sabes, la chavala-

- Le he dado todo el dinero que tenía a su madre, ha dejado de servir y ha abierto una pequeña sastrería, es buena cosiendo, una vez me cosió un brazo y casi no me quedó cicatriz. La chica no sabe nada de mí así que no me echará de menos. Todo está atado.-

- Gracias por todo Roca, por todo lo que has hecho por mí. -

- Gracias a ti por ignorarme hasta ahora. -

- ¿Por qué lo hacías? -

-Siempre he tenido suerte, ese es mi secreto, sé aprovechar las oportunidades y suelo estar en el lugar correcto en el momento adecuado, pero tú lo has ganado todo, siempre has peleado, nunca has descansado, sé de dónde vienes y yo no vengo del mismo sitio, te… admiro, siempre te admiré. -

-¡Vaya! ¡Del respeto a la admiración! Quizá debería dejar que corra algo más de aire entre los dos. -

- Menos mal que no te has puesto dramático- sonrió Roca - no estaba seguro de si esta iba a ser una triste despedida -

- Respeto tu decisión, me gustaría que no lo hicieras, pero te respeto. -

- Gracias, vaya, creo que eres la personas que más veces me ha escuchado dando las gracias. -

- Te guardaré el secreto. -

Guardaron silencio durante un rato.

- ¿Por qué me has contado todo esto? -

- A lo mejor me he convertido en un viejo charlatán que cuenta batallitas. -

-Quita el “a lo mejor” Roca, eres un viejo charlatán - La voz del Niño les sorprendió.

Los dos cambiaron de actitud rápidamente.

-¿Qué quieres? - Preguntó Zirka con tono amenazante.

- Hemos visto movimiento -

Roca y Zirka se levantaron, de la relajación a la máxima alerta en un segundo.

- ¿Dónde? -

-Yo no lo he visto, pero un par de idiotas dicen que han visto moverse unos arbustos y han oído ruidos en direcciones totalmente contrarias, seguro que solo son un par de conejos pero, bueno, eres el jefe, tenías que saberlo-

- Prepárate -

- Sí, jefe. -

Se acercaron al fuego.

- ¡Hombres! Atentos, nos enfrentamos a un mortal, no os creáis las historias de demonios ni ángeles salvadores, son tonterías de borrachos y cobardes que no saben por qué lado coger una espada. -

Un ruido sonó claro como el agua en la noche silenciosa.

- ¿Lo oís? - gritó Zirka- ¡Los fantasmas no hacen ruido! ¡Solo los torpes lo hacen! ¡Sal, cobarde -

Los mercenarios se unieron a los gritos de su jefe, insultando al extraño ruidoso y retándole a mostrase.

Otro ruido en la otra punta del claro, unos arbustos que se mueven, un búho, una sombra fugaz, la confianza empezó a quebrarse y Zirka lo notó.

- ¡Tiene miedo! ¡Por eso intenta distraernos! ¡Tiene miedo de nosotros! ¿Somos más de lo que esperabas, cobarde? ¿Somos más? -

Roca le miró, entendía porque estaba al mando, quizá no era el que tenía el mejor historial, pero estaba claro que sabía cómo animar a un grupo.

- ¡Después de esto me compraré treinta putas!- El Niño era muy confiado y su seguridad añadida al recuerdo de la recompensa animaron el ambiente.

Los ruidos cesaron durante un rato, los hombres estaban de pie, preparados. Observaban el bosque, veinte de los mejores mercenarios, una compañía a la que nada podía resistírsele, Roca empezó a tener dudas de que su plan de morir fuese cumplirse.

- Bah, está claro lo que pasa- Zirka hablaba con un tono de voz más alto de lo normal - Quien quiera que estuviera en el bosque nos ha visto y ha echado a correr con el rabo entre las piernas - rió

- Vaya mierda. - dijo El Niño- Dos días aquí para nada, que pérdida de tiempo. -

Todos empezaron a refunfuñar, dejaron las armas, algunos se sentaron, pero Zirka seguía alerta.

- Tranquilo guapo, lo último que quiero es decepcionarte. -

Con la voz una figura femenina emergió de entre las sombras, los mercenarios cogieron sus armas, pero Zirka les paró con un movimiento de su mano.

La extraña parecía confiada, era una mujer, no muy alta, no muy fuerte, no muy nada, vestida con ropa de colores vivos y un bastón a la espalda, se plantó delante de la banda, cruzó los brazos y sonrió.

- ¿Veinte hombres experimentados para enfrentarse a una furcia? Más vale que seas un demonio o esto será tan fácil que me dará vergüenza contarlo, – rió el Niño,

Sacó una daga de algún sitio y se la lanzó, la mujer la esquivó fácilmente.

- Eres un crío muy maleducado ¿Tu papá no te enseño modales? Intentar arrebatarle la gloria de mi muerte a tus compañeros no está nada bien - La sonrisa de la mujer se volvió extraña y sus ojos brillaron en la oscuridad, Zirka empezó a dudar de sus propias palabras de ánimo “Quizá no sea una mortal”.

El niño se retorció de rabia.

-A mí nadie me habla así… -

- ¡Cállate!- Grito Zirka - Se acabó, aquí hablo yo. -

-Vaya… no pareces un líder muy fuerte, hasta un niño como ese socava tu autoridad, creo que tus jefes se han equivocado, aquí hay muchos hombres con experiencia que liderarían el grupo mejor que tú -

Estaba claro lo que intentaba, les dividía, les enfadaba, quería acabar con la pelea antes de empezarla.

-Yo no lidero el grupo, lo organizo, estos hombres no necesitan que nadie piense por ellos, cada uno podría acabar contigo con una mano atada a la espalda, no entiendo porque vales tanto, pero no me importa. -

- ¿Cada uno? Vaya… ¿Por qué os mandan a todos entonces? Imagino que si uno solo fuera capaz de dar pruebas de mi muerte ganaría muchísimo más dinero ¿no? -

Zirka notó como aumentaba la tensión entre los hombres, apretó su daga, esto no podía continuar, los hombres podían ser leales, pero el brillo de las monedas nublaba su mente.

- Ganaremos mucho dinero llevándote viva, tanto que no necesitaremos volver a trabajar en varios años, no sé qué eres, pero no vamos a arriesgarnos a perder una recompensa tan suculenta como… inmerecida. -

La extraña se rió.

- Está claro que sabes defenderte, sí… me caes bien, os daré una oportunidad de salir vivos e ilesos de este sitio, marchaos ahora, iros al monte a cuidar cabras, que no vuelva a veros y sobreviviréis. -

Una jauría de risas estalló en el claro, pero la mujer no movió un músculo, Zirka estaba inquieto, parecía demasiado confiada.

La Roca se adelantó.

- Déjate de juegos, saca tu arma, ya que voy a enfrentarme a una mujer, al menos que no sea una mujer desarmada -

- ¿Mi arma? No me hará falta, pero a ti sí. Te dije que no quería volver a verte y sin embargo estás aquí… ¿Buscándome? Quieres morir, ¿verdad? -

Zirka notó el imperceptible temblor que recorrió a Roca. Los hombres empezaban a ponerse nerviosos y por muchas dudas que tuviera, ya era tarde para echarse atrás.

- ¡Basta de parloteos! Si no quieres desenvainar es tu problema - gritó y se echó hacia delante, los demás le siguieron, pero antes de alcanzarla, la mujer desapareció en una nube de humo negro.

Algunos gritaron, otros apelaron a Dios o al diablo, los ojos del Niño se llenaron del terror más absoluto y Roca apretó su arma con todas su fuerzas, Zirka dio dos pasos hacia atrás y miró a su alrededor, confundido.

- ¡Eh! Valientes, estoy aquí, no me he movido. -

Se dieron la vuelta, estaba justo a su espalda, parecía disfrutar con su temor, la verdad es que seguía en la misma posición que antes y su sonrisa estaba a un paso de convertirse en risa.

La Roca no dudó, se lanzó hacia ella con todas sus fuerzas y un brillo extraño en los ojos, la mujer se apartó para esquivarle.

- No te esfuerces viejo, no pienso darte esa satisfacción. -

Otro mercenario intentó alcanzarla, le esquivó de nuevo, Zirka miró a su alrededor, algunos estaban dando pasos hacia el bosque con ojos aterrorizados, la verdad es que él quería hacerlo, pero después de todo estaba al mando.

- ¡Somos más!- gritó- ¡Somos más y no puede huir eternamente! ¡Ni siquiera nos ha tocado! ¡Pensad en el dinero! -

Aun pensando en el dinero, dos de los hombres echaron a correr hacia el bosque, los demás avanzaron.

Esta vez sí, la extraña se rió.

- Tomad ejemplo de vuestros amigos, ellos quieren salvar sus vidas, os estoy dando una oportunidad, marchaos ahora y sobreviviréis, si dejáis todo esto no os buscaré ni pensaré en vosotros, os estoy dando la vida, aprovechadla. -

Más huidas, ya no eran veinte de los mercenarios más experimentados, eran quince luchadores aterrorizados ante la presencia de lo que habían pensado iba a ser el trabajo mejor pagado y más fácil de sus vidas.

La Roca volvió a atacar, pero esta vez no se paró, lanzó una y otra estocada, su arma era famosa, una espada a dos manos que no cualquier hombre podía levantar, sus golpes eran brutales y la manejaba con una habilidad increíble, sin embargo, era lento, la mujer esquivó todos sus golpes sin problemas y volvió a desaparecer. Más huidas.

Apareció al lado de Zirka, a un paso.

- Tú eres su jefe – dijo - Estás al mando, puedes evitarlo, no conduzcas a más hombres a la muerte, no quieres hacerlo, vete y ellos se irán contigo, podéis decir que no me encontrasteis o que os di una paliza y desaparecí, no os castigarán, vuestros jefes conocen vuestra valía. Podrías irte… dejarlo todo… desaparecer… -

El Niño la interrumpió.

- ¡Nunca he dejado un trabajo a medias y no pienso hacerlo ahora! -

Se lanzó hacia ella, la extraña puso cara de fastidio, desapareció, apareció justo delante de él, le agarró por los hombros y le lanzo un golpe con la rodilla en un lugar que le hizo caer inmediatamente.

- Odio que me interrumpan. -

Le dio una patada en el estómago.

- Me estoy cansando de esto, marchaos ahora u os mato, simple y llanamente, no me gusta matar así que tenéis una oportunidad - Señaló a Zirka - Vete ahora que puedes, lo sé todo e iré a por ellos. -

Zirka sintió un terror que no había experimentado nunca.

- Vale - dijo – vale, nos vamos, me voy, vámonos, no podemos hacer nada contra ella, está claro, mejor salvar la vida y quedarnos sin dinero que morir por ello. -

Esperaba más resistencia, pero los pocos que quedaban ya había visto suficiente, se dieron la vuelta y desaparecieron casi tan rápidamente como la extraña. Zirka miró a Roca, estaba allí, de pie, con el arma bajada y mirando a la mujer, se dirigió hacia él.

- Vámonos. -

-No. Vete tú, aún tienes algo por lo que vivir. -

Le apenaba, pero era cierto, él tenía algo por lo que vivir que era más importante que cualquier otra cosa, echó una última mirada al claro, El Niño seguía tirado a los pies de la mujer, ella le dio otra patada y miro a Roca. Se internó en el bosque.

La extraña se agachó, puso su boca cerca de la oreja del Niño y susurró.

- ¿Ves esto? Sí, es la daga que me has tirado antes. Estás totalmente a mi merced ¿Te das cuenta? Podría matarte tan fácilmente como a una hormiga. -

Clavó el arma en tierra justo delante de su cara.

-Si vuelvo a verte te mato ¿Entendido?- El niño asintió – Bien. -

Le levantó y le empujó hacia el bosque. El chico confiado se tambaleó hacia la oscuridad.

La Roca se dirigió hacia la mujer, ella le miró.

- ¿Por qué quieres morir? - le preguntó.

- ¿Por qué te importa? - Respondió Roca.

- Curiosidad - sonrió la mujer. Parecía tranquila y, desde luego, no tan peligrosa como un momento atrás. - Normalmente solo acabo con la vida de personas a las que ya les he advertido, normalmente solo doy una oportunidad, normalmente la gente no desea morir y menos a mis manos, tú eres diferente. -

- Mis razones son mías. -

-Sí, desde luego, son tuyas, lo respeto, pero no voy a matarte. -

- Entonces te mataré yo a ti - Roca lazó un ataque que la extraña esquivó tan fácilmente como los anteriores.

- No, no lo harás. ¿Quieres saber porque no voy a matarte? -

- Sí - suspiró Roca.

- Porque has cambiado, antes no mentía, no mato por gusto, ni por encargo, mato por seguridad, desgraciadamente algunas personas solo están en este mundo para causar dolor y causan dolor hasta que desaparecen de este mundo. Pero tú no seguirás haciéndolo, lo veo en tus ojos. Has cambiado.-

- No tanto. Si sigo vivo, seguiré causando “dolor”. -

- ¿Por qué? -

-¿Por qué? - Roca se sorprendió - Porque… soy así. -

- ¿Por qué? -

- Porque… siempre lo he hecho, es lo único que se hacer. -

-Eso es lo que tú dices, pero no tienes por qué hacerlo, puedes no hacerlo si lo decides, puedes dedicar el resto de tu vida a reparar ese dolor. -

-¿Reparar todo el dolor que he causado! ¿Acaso sabes quién soy?-

-Lo sé muy bien, muy bien ¿Por qué crees que te hice esa advertencia aquel día en el camino? Porque sabía que necesitabas un empujón para completar tu metamorfosis, sé que has estado haciendo cosas buenas, sé que tienes una hija y la quieres, sé que también quieres a su madre aunque lo niegues, también sé que mataste a esa chica y sé que no querías hacerlo. -

- ¿Cómo lo sabes? -

- Mis secretos son míos. -

- No te acerques a ellas. -

- No te preocupes, no tenía pensado hacerlo. -

- Está bien. Pero si sabes quién soy, sabes que no puedo reparar el daño que he causado. -

- Es cierto, no puedes, pero puedes hacerlas felices. -

- ¿Y eso bastará? -

-Bastará a mis ojos, la pregunta es ¿bastará a los tuyos? -

- No lo sé. -

- Quizá deberías averiguarlo. - La extraña sonrió y desapareció en una nube de humo negro.

La Roca miró a su alrededor, un campamento de experimentados mercenarios, vacío, la hoguera aún estaba encendida y donde antes había una veintena de los hombres de la peor calaña, ahora solo quedaba un hombre de la peor calaña. Pero eso no sería así por mucho tiempo, la extraña tenía razón, no podía cambiar el pasado, pero podía cambiar el futuro. Envainó el arma, pensó en Zirka, seguro que correría hasta esa mujer y ese niño, su mujer y su niño y se los llevaría lejos, seguro que abriría una herrería en un pequeño pueblo y se inventaría un pasado, cumpliría su sueño.

Vio la daga del Niño, no le conocía tan bien como Zirka, pero sí lo suficiente como para saber que no se rendiría tan fácilmente como ellos, los viejos. Querría vengarse, más tarde o más temprano volvería y esa mujer acabaría con él. No sabía si eso sería justo, pero después de todo ella no había hablado de justicia. Tampoco había sido justo matar a una campesina que había tenido la suerte de nacer con un buen culo, quizá tampoco era justo que él siguiera vivo y tuviera un futuro donde sus paquetes no lo habían tenido. En cualquier caso, se le había dado una oportunidad de vida y no pensaba desaprovecharla.

La extraña observó como Roca abandonaba el claro, sonrío. No le agradaba del todo el trabajo que ella misma se había impuesto pero, pensó, por ese momento todo había merecido la pena.

-Buen espectáculo- masculló y caminó hacia el linde del bosque.


8 de Abril de 2018 a las 19:53 0 Reporte Insertar 0
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