Cuento corto
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El maniquí.

Nunca pensé convertirme en un asesino. Si no hubiera sido por ella... Julia. Estuvimos casados durante unos meses. Nunca me imaginé haberme podido enamorar así. La amaba tanto...

Luego de casarnos, compramos una casa en un pueblito cerca del mar. Era un lugar solitario y tranquilos, lejos de todo. Julia comenzó a trabajar en un restaurante y yo, en una tienda de maniquíes. Mi trabajo consistía en fabricarlos y luego exponerlos a la venta. Algunos se preguntarán por qué fabrico maniquíes. La  respuesta es que ni yo mismo lo sé. Desde muy joven me fascinaron, sentía una atracción inexplicable. Si, podría decirse que no es un gran trabajo y bla, bla. Julia lo repetía todo el tiempo. Los ingresos de la casa entraban por cuenta de ella, ya que, bueno ¿Cuántas personas en un pueblo podrian comprar maniquíes?

Pero yo no podía dejar mi trabajo. No podría dejar a mis criaturas. Ademas, era la única tienda del pueblo, si yo me iba ¿Con quién los dejaría?

A Julia nunca le gustó esto. Cada vez se interponía mas entre mis maniquíes y yo. Yo la amaba, pero no tanto como a ellos. No los abandonaría.

Un tiempo después, las facturas sobrepasaban nuestros jornales. Mi esposa estaba desesperada. Se volvió loca, ya no la soportaba mas. No soportaba mas esa situación. Ya no quedaba mucho mas...

La noche siguiente a la discusión, la llamé para avisarle que no volvería a casa hasta la mañana siguiente. Una de mis maniquíes tenía su mano rota y, cuando la miré a los ojos, sentí pena y dolor por ella. Así que decidí pasarme la noche curándosela.

Julia enfureció y, unos minutos después, entró en mi taller y rompió a tres de mis criaturas. No podía creer lo que estaba viendo. Sentí la ira recorriendome las venas, y no lo dudé. Tomé un martillo y le pegué. En la cabeza. Creí que la habia dejado insconsciente, así que la cargué en brazos y la llevé al fondo del taller. No podía dejarla ahi, a la vista de cualquiera que pase por delante de mi negocio. Y pasé toda la noche con ella.

Cuando desperté, Julia estaba parado a mi lado. Vi la furia en sus ojos, sabía que quería matarme, que quería denunciarme, pero la besé, y me fui.

En fin...¿Quién le iba a creer a un maniquí?


5 de Abril de 2018 a las 01:31 0 Reporte Insertar 0
Fin

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