florenciaasmith Florencia Smith

Quien conocía a a René Woods, pensaría que tenía todo en la vida para ser feliz. ¿Pero qué sucede cuando, esa supuesta vida perfecta, se construyó a base de miedos e inseguridades? Porque como rey, René tenía la opción de avanzar, pero con múltiples limitaciones. En cambio, como reina, podría ser ella misma con valentía y orgullo. ¿Lograría mostrarse como realmente es?


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#romance #drama #lgbt #original #transgenero
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Capítulo I

—Cariño, estoy en casa.

Andrew entró al departamento llevando consigo una pesada maleta, la cual dejó a un lado, aliviado de haber regresado dentro del lapso establecido.

Frotándose el cuello, pues durante el viaje a Michigan desde Indianápolis se quedó dormido cerca de una hora en una muy mala posición, se preguntó si sería buena idea tomarse unas vacaciones. Trabajó sin descanso los últimos tres meses; apenas tuvo tiempo de volver al loft para dormir, comer algo decente y luego regresar a la oficina.

Eso sí se encontraba en la ciudad. René, su novio, entendía que una vez al año le asignaban aquellas sesiones espartanas de horarios laborales ininterrumpidos. Y lo extrañaba en el entretanto, a pesar de ello, lo apoyaba porque sabía cuánto amaba ser publicista. Si no fuera por René, hacía mucho que Andrew hubiese enloquecido gracias al estrés y la presión.

En aquella ocasión le fue asignada una campaña muy importante relacionada con NASCAR[1], donde se invirtieron millones en publicidad destinados a redes sociales, radio, televisión, revistas y periódicos.

Andrew era el mejor elemento que Heather, su jefa, tenía a disposición. Y no dudó al dejarlo todo en sus manos. Ciertamente Andrew reunió un excelente equipo de soporte técnico que supo hacer su trabajo a la perfección, no obstante, era responsabilidad suya mantener bajo control hasta el más ínfimo detalle.

Al final, conforme los días pasaron, acudir hasta la sede donde se llevaría a cabo la primera competencia del circuito fue mera formalidad. Andrew debió hacer acto de presencia en la inauguración y quedarse un par de semanas, con la intención de coordinar el evento y lidiar con los medios de comunicación.

Dado el éxito de la campaña, Heather le pidió como favor quedarse un poco más, alegando que varias marcas se interesaron en trabajar con ellos. Aun así, Andrew se negó. Lo único que quería era volver cuanto antes a Michigan pues, ese fin de semana, cumplía cuatro años de relación con Rene. Obviamente era más importante para Andrew pasar una fecha tan importante al lado de su novio, que encerrado en una oficina hablando de negocios.

Siguiendo un reflejo, se llevó una mano al bolsillo interno del saco: todavía traía puesta la ropa que usó a lo largo del evento, porque prácticamente salió huyendo nada más tuvo oportunidad. Y en el fondo encontró una pequeña caja cuadrada, cuyo contenido lo llenaba de felicidad, aunque también de cierta incertidumbre.

En realidad, no necesitó pensarlo mucho. Luego de tantos años juntos, había llegado el momento de proponerle matrimonio a René. Su noviazgo ya era formal, vivían juntos después de todo. A pesar de ello, Andrew sentía que era tiempo de ir más allá.

En Detroit, el matrimonio igualitario era legal. Por tanto, ansiaba compartir el resto de su vida junto a él como compañeros y esposos en toda la extensión de la palabra. Andrew amaba a René de una manera que jamás creyó posible, antes de que sus caminos se cruzaran.

En el pasado tuvo la idea de que encontraría a nadie capaz de aceptarlo tal cual era. A pesar de ello, René le demostró lo contrario a través de su cariño, su paciencia, su lealtad, entrega y pasión. Eran almas gemelas y por eso Andrew estaba listo.

Llevaba meses planeando el escenario perfecto.

Primero lo llevaría a una cita romántica en compañía de su mascota, Duna; una preciosa golden retriever sumamente cariñosa y dócil. Después, en un picnic qué sus amigos le ayudarían a organizar, se arrodillaría y le propondría a René que se convirtiera no solo su esposo, sino también su compañero de ruta para compartir un futuro juntos.

Con una sonrisa, Andrew caminó a la sala y de pronto notó que no había rastro ni de René ni de Duna. Por lo general la perrita solía recibirlo con gran alegría en cuanto escuchaba la puerta abrirse. Extrañado, consultó su reloj, preguntándose si René había llevado al veterinario con la intención de que le dieran un baño. Su novio adoraba a Duna, por ende, procuraba mantenerla bien alimentada y atendida.

Restándole importancia, chequeó su teléfono en caso de que René hubiese enviado algún mensaje mientras él salía del aeropuerto. Nada, concluyó apagando la pantalla del aparato. Recordó que esa mañana charlaron un par de minutos antes de que Andrew terminará de trabajar, quizá olvidó mencionarle que tenía pendientes fuera de casa.

René trabajaba por cuenta propia. Era decorador de interiores, por lo tanto, contaba con una extensa cartera de clientes que solicitaban sus servicios con frecuencia. Generalmente inmobiliarias, las cuales solicitaban su opinión profesional con tal de vender a buen precio las propiedades ya amuebladas y con todas las comodidades.

A veces, algún agente de bienes raíces entraba en pánico porque los contratistas no seguían las órdenes al pie de la letra, entonces René se encargaba de intervenir y eso implicaba salir de improviso.

A inicios de mes, René le contó que lo contrataron para diseñar las oficinas de un buffete de abogados, pero luego de concretar los bocetos y las ideas finales, algunos materiales que solicitó estaban atrasados y eso le hacía perder tiempo valioso.

Tal vez debió atender algún problema urgente y le llamaría más tarde.

Bien, aprovecharía ese lapso y se asearía un poco: el verano en Detroit era inclemente, así que le pareció sensato darse una ducha rápida. Además, moría de hambre. Antes de subir al dormitorio que compartía con René, creyó buena idea pedir comida a domicilio, de ese modo llegaría después de haberse bañado.

Sin embargo, mientras buscaba el número de un restaurante que les gustaba a ambos, Andrew escuchó el claro estruendo de algo que se rompía en pedazos. De inmediato se puso en alerta. Si se suponía que no había nadie más en el departamento, significaba que alguien trataba de entrar a la fuerza por una ventana o el balcón del segundo piso.

Preguntándose cómo mierda alguien sería tan estúpido subir al tercer piso del edificio por el balcón, sin hacer ruido, Andrew fue hasta el armario más cercano a la puerta principal. Ahí guardaban las raquetas de tenis de René y su equipo de Béisbol. Andrew jugó como bateador profesional en la universidad, y a pesar de que tuvo que renunciar a las ligas mayores debido a una lesión, de vez en cuando participaba en partidos amistosos con algunos amigos.

Tener algo sólido entre las manos le dio una ligera sensación de seguridad, por lo que cruzó el recibidor y subió las escaleras despacio, esperando con ello tomar por sorpresa al intruso. A mitad de camino, se preguntó si no cometió un grave error. Quizá debió llamar a la policía, antes de aventurarse a hacer algo tan idiota. ¿Y si el intruso iba armado? ¿Y si eran varios ladrones? Maldijo entre dientes: no tendría oportunidad.

Y tampoco fue muy acertado dejar el teléfono en la cocina.

¿Cómo diablos pediría ayuda si lo necesitaba? Demasiado tarde, concluyó: tendría que arreglárselas cómo pudiera. Con los nervios a flor de piel, Andrew siguió adelante, encontrándose con el familiar aspecto del pasillo de la segunda planta, el cual lucía impecable, igual que siempre.

Una vez se paró frente al dormitorio principal, notó la puerta entreabierta y le pareció oír suaves sollozos que salían del interior. Aturdido, Andrew soltó el bate, pues se dio cuenta que se trataba de René. En realidad, hasta ese instante no sintió ningún miedo por lo que pudiera pasarle a él, pero las probabilidades de que su novio corriera peligro lo aterrorizaron.

Alarmado, Andrew irrumpió en el lugar, encontrándose con una escena que lo dejó inmóvil gracias a la sorpresa. La habitación, revuelta de arriba abajo, era un desastre: el closet tenía las puertas abiertas y solo la ropa de Andrew seguía ahí, intacta. Las cosas que antes estaban en el tocador, ahora no eran más que basura, rotas y desperdigadas por el suelo. Además, del espejo de cuerpo completo que instalaron el mes pasado, no quedaba más que un despojo inservible, porque alguien lo hizo trizas.

Lo más terrorífico de todo fue qué había rastros de sangre. Varias manchas marrones conducían al baño con el cual contaba la habitación. Aturdido, Andrew contuvo la respiración en un vano intento por mantener la calma. Su ansiedad se disparó, haciéndolo pensar en un montón de tonterías, esperándose lo peor.

Y corrió en busca de René, preocupado hasta los huesos.

—¡René! —gritó, con la esperanza de encontrarlo en el baño, pero la puerta, cerrada por dentro, lo detuvo—. ¡Soy yo! ¿Qué sucedió?

—Vete.

A pesar de no haber recibido una respuesta positiva, Andrew intentó reconocer algún ruido o sonido que indicara la presencia de otra persona, no obstante, solo la temblorosa voz de René salía del interior.

—Mi amor, déjame entrar —pidió desesperado—. ¿Alguien te hizo daño?

—¡Dije que te fueras!

Andrew guardó silencio un par de segundos, y se quedó quieto observando la puerta, como si fuese una pistola cargada apuntándole al pecho. Su instinto gritaba que algo andaba mal, por lo que no dudó en tomar impulso y embestir la puerta con tanta fuerza que la abrió de par en par con un estrepitoso ruido de madera astillada.

El golpe por poco lo hizo perder el equilibrio, aunque logró recomponerse a tiempo antes de caer. Y lo primero que vio fue a René en el suelo, pero su estado hizo que a Andrew se le retorciera el estómago de la angustia: tenía las manos y la ropa manchadas de sangre, los ojos rojos de tanto llorar y su largo cabello castaño había desaparecido. Al parecer él mismo se lo cortó con un trozo del espejo roto, por lo que tenía una herida en la mano izquierda que sangraba profusamente.

—Dios —acercándose, Andrew se arrodilló a su lado, tratando de ayudar—. René...

—¡No me toques! —Lo apartó de un empujón—. ¡No quiero que me veas así! ¡Lárgate!

Andrew se sorprendió por la actitud de su novio: sin importar cuan enojado estuviera luego de una discusión, jamás lo rechazó de esa manera tan agresiva. Andrew frunció el ceño, furioso consigo mismo, sintiéndose impotente porque no tenía ni la más remota idea de lo que pasaba para que René cayera en esa crisis nerviosa.

—¡No voy a ir a ninguna parte! ¿Me escuchas? —Lo sujetó de los hombros con firmeza, obligándolo a mirarlo—. ¡Voy a quedarme aquí, contigo! ¡¿Entiendes?!

—¡Suéltame!

Los dos forcejearon por el trozo del espejo. El objetivo de Andrew consistía en evitar que siguiera lastimándose, mientras que René intentaba con todas sus fuerzas alejarse. A pesar de que la lucha duró pocos minutos, fue espantoso para los dos. Al final, René comenzó a ceder, exhausto. Y luego de un rato, se rindió, no sin antes romper en llanto. Uno desgarrador y lleno de dolor.

Andrew sostuvo a René entre sus brazos con cuidado de no lastimarlo, temiendo que, si lo dejaba ir, entonces lo perdería para siempre.

Conteniendo las lágrimas, se mordió el labio obligándose a ser fuerte.

¿Qué rayos estaba pasando?



🌸🌸🌸🌸🌸


[1] NASCAR hace referencia a las siglas en inglés de National Association for Stock Car Auto Racing ("Asociación Nacional de Carreras de Automóviles de Serie") y, actualmente, representa la categoría automovilística más comercial y popular de los Estados Unidos.

21 de Agosto de 2023 a las 06:26 2 Reporte Insertar Seguir historia
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Antonio Vargas Antonio Vargas
Me capturo esta historia , a leer el siguiente capítulo el día de mañana
October 16, 2023, 03:35

  • Florencia Smith Florencia Smith
    Mil gracias por darle una oportunidad a la historia. ¡Significa mucho! ❤️ October 21, 2023, 06:01
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