Insomne Seguir historia

gildelberg Gilmar Antonio

Un agobiado muchacho decide dar un paseo en auto para sobreponerse a los embates del insomnio. Un reloj, un búho, un locutor radial y un perro te harán cuestionar su salud mental.


Cuento Todo público.

#Cuento-corto #suspenso #insomnio #Cronofobia
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Insomne

   Es viernes, son las cuatro de la madrugada para el muchacho que tiene la vista pegada en el techo de su cuarto, restan dos horas para el estruendo del despertador y le espera un día lleno de actividades. Siente estupor al pensar que el insomnio lo lleva acompañando casi el mes completo. No lleva una rutina fácil, sus días son agotadores y sus energías no logran reponerse ni siquiera al cincuenta por ciento, se siente débil. Casi como un zombi se sienta en el borde de su cama, suspira tres veces seguidas cuando el reloj marca las cuatro con tres minutos. Hace cinco horas que lleva pensando en los quehaceres de la semana, en su reprobación en aquel examen, el quiebre de su relación amorosa, y en el gol que no logró convertir el martes pasado por el equipo de su facultad.

Con un suave manoseo logra desactivar la alarma entre la oscuridad envolvente. Se pone de pie y encamina rumbo a la cocina, enciende la cafetera y saca de la despensa el vaso portátil que lleva a la universidad todos los días; lo llena de un exquisito café de buena marca, y bebe el primer sorbo intentando descifrar los paisajes que ofrece la ventana, distingue un puñado de árboles que bailan blues en cámara lenta al vaivén del viento. Revisa nuevamente la hora en su reloj de muñeca: Este marca las cuatro con seis, sus pupilas se dilatan, piensa que delira.

Escoge un abrigo colgado detrás de la puerta, luego las llaves de su Mazda 626. Camina en dirección al garaje con el café en la mano, haciendo un esfuerzo para vencer la bravura con la que le empuja el viento. El motor no enciende a la primera, tampoco a la segunda; tres suspiros nuevamente más dos sorbos generosos de café y ya son las cuatro con nueve. Inspira fuertemente y mantiene el aire mientras abre el contacto del vehículo, éste ruge con dificultad y es acelerado para mantener el motor sucumbiendo el silencio, ya puede soltar al aire de sus pulmones. Se da cuenta que siempre funciona de esa forma, si no mantiene el aire, el motor sencillamente no arranca. Sale de su casa y enfila por la carretera hasta un desvío de tierra que lleva a un pueblito pintoresco, acto seguido, sube el volumen de la radio <qué suerte> piensa, mientras escucha “chau chau, mundo cruel, es el mundo que se aleja de mí…” Una canción de su cantante favorito. La letra lo lleva a pensar en lo que sería su funeral, en quien asistiría a este, si alguien lloraría en su memoria, o peor aún, si alguien de verdad lo extrañaría. Eran muchas preguntas para una noche de insomnio, por lo que decidió inmiscuirse mentalmente en los parajes que rodeaban aquel camino de tierra con grava. Miraba la hora en el tablero del vehículo: las cuatro con veinte. La oscuridad era absoluta y envidiaba al sol por dormir tan plácidamente, puesto que no esbozaba esfuerzos por pintar un poco de naranja el cielo estrellado de la noche. Entonces, después de haber escapado desde la profundidad de sus pensamientos y oír unas cuantas canciones, -curiosamente todas de su cantante favorito- el locutor retoma sus labores. <Qué locutor trabajaría a estas horas de la madrugada> pensó, y dejó llevar su mirada hacia el reloj del tablero que indicaba las cuatro con veintiséis. Remató el café con tres sorbos e identificó la palabra insomnio mencionada por aquella voz grave que provenía de la radio:

- Es un tema muy importante que padecen muchas personas en todo el mundo, por eso hemos querido abordarlo como el principal tópico en el día de hoy. Enfatizaremos en algunas recomendaciones sobre lo que debe hacer para tratarlo, y por supuesto, sobre lo que no es conveniente realizar cuando se ve enfrentado a una situación de insomnio…

Sus pupilas se dilataron de golpe al divisar repentinamente la silueta de un perro negro en medio del camino. En un par de volantazos logró esquivar aquella figura canina y retomar apenas la estabilidad de su Mazda. Posó la vista en el retrovisor y su sorpresa fue aún mayor al ver aquella opacidad quieta y aparentemente serena en el mismo lugar. El sudor le perlaba la frente y amenazaba con humedecer parte del torso, mientras el reloj avanzaba a paso estoico y marcaba las cuatro con treinta y cuatro. El camino se tornaba eterno, ya debían aparecer los álamos en la entrada del pueblito…

- … y vamos con nuestros últimos consejos antes de pasar al siguiente tópico de esta madrugada, ¿Le temes a la muerte?, ¿Piensas a menudo en ella?, ¿te imaginas tu funeral cuando no puedes dormir?, no te separes entonces de nuestra compañía y sabrás algunas recomendaciones para lidiar con este tipo de preguntas…

-Son solo coincidencias, ¡maldita sea! – Gritó – tranquilízate, tranquilízate –. Se decía a sí mismo-.

… Y bueno, recién mencionados los consejos para tratar el insomnio, daremos paso a las cosas que nunca debe hacer en caso de sufrir este tipo de patología. En primer lugar, si está presenciando problemas para conciliar el sueño, evite mirar a menudo la hora, enfoque sus pensamientos en algo…

Sus ojos dejaban entrever un sinfín de arterias rojas, el derecho comenzaba a pesarle y amenazaba con cerrarse, mientras que el izquierdo se negaba a darle terreno al sueño. Ambos cubiertos por unas ojeras medio moradas dirigieron su dirección una vez más hacia el reloj; las cuatro con treinta y nueve. Las manos le tiritaban sobre el volante, tanto así, que su pulso provocaba un zigzagueo en la dirección del vehículo, mientras tanto el sudor ya empapaba la cara.

- Imbécil, me debes estar jodiendo–. Soltó iracundo.

Quizás era hora de dar fin al paseo y volver a casa.

…Tampoco se recomienda beber café antes de dormir, esta sustancia tan consumida por la población, provoca un aumento del estímulo mental debido a una de sus sustancias principales: la cafeína…

-¡No puede ser!, ¡no puede ser! –. Repuso con furia.

De pronto, esquivó a otra silueta, un perro idéntico al anterior. El vehículo derrapó sobre la grava y golpeó el parachoques trasero con un cerco de madera que cubría un recinto privado. El muchacho soltó un grito ahogado y su respiración agitada se unió al club de síntomas de desesperación, por otro lado el temblor de sus manos también hacía su parte al no tener intenciones de detenerse. Se secó el sudor con la manga de su abrigo, y bajó la mirada intentando dar con el reloj, sin embargo, su vista se detuvo en la manecilla de la calefacción, esta indicaba la temperatura máxima, ubicándose en nivel seis de seis. La regularizó de inmediato, <que imbécil soy> balbuceó con una sonrisa aturdida. Al levantar la mirada se dejó llevar por dos bolas amarillas sobre uno de los pilares que conforman las cercas que acompañan el camino, era una especie de búho que mantenía su cuerpo hacia el exterior, pero su cabeza se ubicaba en trescientos sesenta grados, mostrando sus ojos amarillos hacia él. -¡Dios mío!-. Gritó con voz trémula. Removió bruscamente su cabeza de un lado para otro, frotó sus manos contra su cara, y presionó a fondo el acelerador <esta mierda es un mal presagio> -. Pensó a sí mismo.

…Por último amigos radioaficionados, y antes de pasar a un corte comercial. Ud. Señor insomne, por ningún motivo debe conducir si cree que de esta forma puede sobrellevar la falta de sueño. Unos estudios revelados por la universidad de Barden demostraron que una de las maneras más eficaces de combatir el insomnio es conduciendo, y aunque puede sonar contraproducente y por supuesto, no recomendable. Conducir es una de las actividades que más sueño provoca…

El muchacho oyó esas palabras sin ser capaz de internalizar lo que estas decían y se dejó llevar por una especie de embriaguez que comenzaba a invadir su cerebro. Su ojo derecho acabó por cerrarse, y el izquierdo, a pesar de su tozudez, sucumbió también.

Abrió los ojos por última vez, segundos más tarde, para mirar como un álamo se dejaba presenciar en todo su esplendor, en el parabrisas. No hubo margen para el dolor.

El sol se alejaba paulatinamente, y dejaba de abrazar los valles que rodeaban el pueblito pintoresco. Si algo quedó funcionando de aquel Mazda 626, fue precisamente su reloj, que marcaba las cinco en punto, pero de la tarde.

31 de Marzo de 2018 a las 17:44 0 Reporte Insertar 1
Fin

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