mrrk Pedro RJ Mercado Fredes

Un hombre encargado de entregar a un pueblo a Dios falla. A Dios no le gusta mucho la idea. Es tarea de la universidad, tenía que escribir un texto usando solo el tiempo presente.


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Un rebaño perdido.

  El padre enciende las velas dispuestas en torno al gran crucifijo  de cristo en la pared al final de la habitación, con la vista baja. Nunca mirando más arriba de los pies sangrientos del mesías. Enciende un manojo de hierbas y las sacude por toda la habitación. El olor permanece en el aire mientras el padre da una ultima barrida a los pasillos que se forman entre las butacas, cuando se dirige a las escaleras de la torre el olor de la tierra predomina una vez más.

  Al subir cada escalón se queja por el dolor en sus huesos apretando los dientes. Bajo el peso del padre la madera de los escalones se queja de igual manera. 

  Descansa tres veces antes de llegar a la cima de la torre y descansar una ultima vez antes de sonar las campanas. Se apoya en el barandal y observa el pueblo, las casas de barro, algunos hombres todavía a caballo y otros trabajando el cultivo. En la plaza se podía ver a las mujeres hablando mientras esperaban a que sonaran las campanas, con sus hijos saltando por doquier, a diferencia de las dos señoras más ancianas del pueblo, que ya entraban a la iglesia, impacientes por la única actividad entretenida del Domingo. 
  El anciano padre sujeta con dos manos la gruesa soga y tira hacia abajo, las campanas suenan y todos alrededor son avisados. Soltando sus herramientas en donde están parados se dirigen a la iglesia. Las mujeres entran primero mientras las campanas todavía suenan, siempre compartiendo rumores y opiniones entre ellas. Algunas arrastran a sus hijos, que vuelven al exterior a jugar apenas tienen la oportunidad, al ver que están fuera de vista sus madres no los vuelven a llamar.  
  El padre termina de bajar, con mucho menos esfuerzo, y observa a su rebaño, incompleto. Desliza un dedo por la biblia y la abre en donde está el marca páginas. Pasan veinte minutos hasta que el ultimo hombre pone pie dentro del lugar. El ultimo igual que todos los que lo precedieron, sucio, cubierto del sudor del trabajo y barro hasta el muslo. Ninguno se molestó en cambiar su ropa de trabajo, ninguno se molestó en limpiar sus botas antes de entrar; el suelo, antes pulcro ahora se encuentra cubierto por barro y marcas de pisadas. Un perro entró en busca de su querido dueño y fue recibido con una patada en el hocico, salió disparado del lugar. 
  El padre da inicio al sermón, los fieles no se dan cuenta, o tal vez no les importa. Siguen hablando como si estuviesen en un bar. Trata de alzar la voz pero no dura mucho así, su garganta es vieja y ya no tiene fuerzas. Rompe a llorar. La charla se debilita, e inmediatamente vuelve dos veces más fuerte, ahora todas las palabras son sobre el hombre llorando, rumores nacen, tan rápido como una bala recorre una habitación, sobre por qué podría estar llorando. El pueblo es incapaz de ver la verdad.

  El suelo comienza a sacudirse. La confusión irrumpe en la iglesia, todos gritan. Salen de los bancos empujando, cuando intentan ir por la salida también maldicen. Algunos caen, y son aplastados por la estampida. El techo tiembla como si tuviera miedo, polvo cae de entre las tablas y también un par de ratas que se escondían en él. Las paredes se quiebran y amenazan con dejar de soportar el peso sobre ellas. El padre observa, mirando a su rebaño, y todo lo que puede hacer es aferrarse a su biblia, todavía llorando. En la calle, entre la iglesia y la plaza el suelo se abre bajo los pies de los egresados y caen dentro. El mundo vuelve a la normalidad pocos segundos después, Las ultimas estelas de polvo caen del techo, las ratas que no murieron por la caída corren a esconderse. Afuera los niños lloran y los perros ladran. El olor a tierra que siempre es usual en el lugar es más fuerte que nunca, el padre tose cuando se lleva una bocanada del polvo que se disipaba. Salió, con paso lento y tenebroso afuera, se secó las lágrimas con la manga, pero cuando sale afuera llora a todo pulmón cuando todo lo que encuentra es una linea roja, y el olor a sangre. 


31 de Marzo de 2018 a las 22:58 0 Reporte Insertar Seguir historia
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