El juego que no salió bien Seguir historia

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Milen Sanmiguel


Una mala decisión puede desencadenar eventos perturbadores y Elissa los viven en carne propia.


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#demonios #fantasmas #horror #juego #ouija
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La noche

Era casi la 1:00 am, Elissa intentaba conciliar el sueño cuando sintió que había algo diferente en el ambiente. El viento silbaba de forma siniestra y las hojas de los árboles se movían como si presintieran que algo horrible sucedería.


Estaba segura que algo estaba tras la puerta, podía sentir su presencia y escuchar una respiración cortada.
—¿Mamá? —dijo con el corazón casi en la garganta.

Nadie respondió, pero aún se escuchaba la respiración y a continuación una risa casi inaudible.
—Tomy, no es gracioso —dijo con voz cortada, con la esperanza que su hermano menor le estuviera gastando una broma.
—Tomy, vete a dormir, si no dejas de molestar le diré a mamá y te las verás conmigo mañana.
Hubo un corto silencio.
—Pequeño demonio —se dijo para sí un poco más calmada.


Por más que lo intentaba, esa pesadez la envolvía; los minutos pasaban lentos, el aire se sentía denso. Unas uñas rasgaron la puerta lentamente desde el techo hasta la base. Quedó sentada en la cama con la piel de gallina y la respiración cortada.


La perilla vibró y la puerta comenzó a abrirse haciendo un chirrido estremecedor. Un frío le recorrió la espalda, sus ojos se abrieron como platos y sentía que se iba a asfixiar del miedo al ver lo que tenía en frente. En la base de la entrada había una sombra abultada con cuatro extremidades largas y una cabeza deformada que sobresalía de un cuello largo y desproporcionado. La figura la miraba fijamente, sus ojos eran dos círculos grises que no daban parpadeo alguno. Elissa dio un grito ahogado como si se le estuviera desgarrando la garganta, quería correr pero su cuerpo no respondía, era presa del miedo. La figura comenzó a moverse pausadamente sin dejar de mirarla, subiendo por el marco hasta quedar colgando de la puerta como una araña siniestra cabeza abajo. Así se quedó por unos segundos y luego, con una rapidez inhumana dio un salto y se metió bajo la cama.


No sabía qué hacer, ahora esa cosa estaba debajo de ella y no podía ir a ningún lado o la cazaría. Sólo deseaba que fuera una pesadilla. Si, quizá era eso, una pesadilla.


Todo se cubría de un silencio casi abrumador, el viento ya no silbaba y parecía como si se hubiera detenido el tiempo. Había pasado un buen rato y cuando comenzaba a calmarse e intentaba pensar que todo había sido un sueño lúcido, escuchó un sonido que le heló la sangre.


«Tin... tin... tin»
Sonó delicadamente como si algo golpeara el metal de una de las patas de la cama. Elissa agarró fuertemente la sábana y comenzó a sentir el ahogo de nuevo.
La respiración cortada y la risa casi inaudible de la entidad se hicieron presentes. Definitivamente no era un sueño, esa cosa era real y ella estaba atrapada en su propia cama.


«Tin... tin... tin»
Sonó nuevamente en otra pata de la cama. Así continuó durante un buen rato hasta que Elissa perdió los nervios y comenzó a llorar desconsoladamente, rezaba y no había parte de su cuerpo que no temblara a causa del miedo.


—No más, por favor, vete, déjame en paz —suplicaba llorando.
—Por favor no más —lo decía una y otra vez, aunque se le dificultara pronunciar cada palabra.
Por un momento, hubo un repentino silencio como si sus súplicas hubieran sido escuchadas.
«¿Se habrá ido?»
Pensó aún con sus ojos llenos de lágrimas.


Surgió del ambiente un hedor nauseabundo como si mil cadáveres se estuvieran pudriendo en una fosa común, sintió arcadas y por un momento pensó que vomitaría.


Algo se movió bajo la cama, era como si un insecto enorme caminara rápidamente sin rumbo alguno de arriba para abajo. Elissa saltó hacia atrás y se acurrucó envolviéndose con su manta para dormir, llorando y temblando de nuevo. Luego, esa cosa salió de su escondite tan rápido como entró, pero esta vez estaba frente a ella, a tan sólo unos pocos centímetros de su rostro, mirándola fijamente con esos ojos grises y sin vida, la boca abierta, desencajada y deformada que botaba un hedor vomitivo, emitiendo una última risa, esta vez audible y siniestra.


***


Sábado, 08:00 am.


A Susan se le hizo extraño que Elissa no se hubiera despertado aún para desayunar, iba a llegar tarde a su clase de Ballet a la cual no solía faltar excepto que estuviera enferma, así que decidió subir y ver que todo estuviera bien.


Mientras subía las escaleras su corazón comenzó a palpitar con más rapidez y sintió un vacío en el estómago; algo andaba mal, lo sabía, era algo inexplicable pero real. Un olor extraño invadió el ambiente al mismo instante en que la temperatura comenzó a descender, todo era muy extraño.
Al entrar en la habitación, encontró a Elissa sentada en la cama con la espalda totalmente recta, las piernas estiradas, rígida y con la mirada perdida.


—Eli cariño ¿Qué te pasa, estás bien? —le habló sin obtener respuesta alguna.
—Eli, dime algo, ¿Qué tienes?...
Elissa giró el rostro hacia su madre, tenía una mirada perdida, oscura.
—Hija...


Una sonrisa lenta se dibujó en su rostro al tiempo de una risita ronca cada vez más fuerte hasta convertirse en una carcajada. Susan dio un paso hacia atrás y en ese instante el rostro de Elissa tomó un semblante macabro, sus ojos se abrieron tanto que parecían que se fueran a salir de sus cuencas, abrió la boca, desencajó la mandíbula y dio un alarido tan fuerte que Susan saltó hacia atrás y cayó sentada en la baldosa; las piernas las sentía como gelatina.


El grito se detuvo abruptamente. Un vómito negro y espeso que apestaba a muerte manchó las sábanas, luego, Elissa se desplomó en la cama con aquel rostro perturbado.


***


La noticia salió en todos los medios, la extraña muerte de Elissa creó un escándalo en la comunidad, no lograban comprender cómo una joven de tan sólo 16 años moría de esa forma. Rumoreaban que se había envenenado y hasta que su madre la había matado, otros creían que algo más oscuro estaba detrás de ese suceso. A excepción del vómito no habían encontrado nada extraño en ella, estaba sana y limpia de drogas o tóxicos.


Su madre estaba devastada, seguía en shock y no había tenido la valentía de entrar de nuevo en esa habitación. En sus manos sostenía el diario de su amada hija, se lo habían dado los investigadores luego de estudiarlo una y otra vez. La última nota de Elissa en su diario días antes de su muerte había dejado desconcertado a todo el mundo y Susan la leía por última vez.


Querido diario:
Las cosas están un poco raras últimamente, unas semanas para acá luego de haber ido al cementerio con las chicas y haber jugado con esa tabla, veo una sombra por todos lados, tan sólo unos segundos y desaparece, es como si me persiguiera, cada vez está más cerca. De vez en cuando he sentido unos olores horrendos, como si algo se estuviera pudriendo, me dan náuseas. Siento miedo, ¿será que estoy enloqueciendo?, la verdad eso espero, porque si no es así... Ese día el juego no salió bien.


Por Milen Sanmiguel ©




27 de Marzo de 2018 a las 07:10 0 Reporte Insertar 2
Fin

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