richi-veneer1690277105 Richi Veneer

Una niña de casi quince años, se introduce en la vida de un joven cirujano casado de 35, desnudando todos sus secretos desconocidos; apoderándose con el tiempo de su cuerpo y de su vida. Una historia divertida de amor, inocencia y amistad.


Romance Romance adulto joven No para niños menores de 13.
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La Piscina

Había bajado a darme el primer baño de la temporada de verano en la piscina del edificio, donde me acababa de mudar. Varios vecinos ya disfrutaban del calor. El recinto era muy bonito; varios árboles frondosos escoltaban el perímetro; en medio de ellos se intercalaban pequeñas sombrillas de diferentes colores. Seguía un césped bien cuidado que rodeaba la piscina, decorada por un marco blanco de baldosas rugosas antideslizables. Numerosos niños correteaban alrededor, jugando tras una pelotilla muy pequeña y montando un pequeño bullicio.

Me zambullí en ella y empecé a nadar, tenía la cabeza metida dentro del agua y los ojos cerrados; cuando de pronto e intempestivamente sentí un ligero golpe en los testículos por encima del bañador. Mi primera reacción fué llevar las manos hacia esa parte de mi anatomía por instinto de protección, además de sacar la cabeza del agua, respirar y mirar al rededor buscando a la persona con la que habia chocado.

No vi a nadié nadando a mi alrededor, ni tampoco en el resto de la piscina en ese momento. Después de unos segundos, y a tres metros aproximadamente de donde yo estaba, emerge del agua una preciosa niña con el pelo rubio sujetado por una coleta y un bikini color azul turquesa.

Se quita las gafas de buceo, mira a su alrededor y al verme, con una risa un poco de culpable, me hace una señal de: "lo siento", juntando las manos como si estuviera rezando; en una imagen que me recordaba a la niña virgen de un cuadro pintado que guardaba mi madre de su infancia, herencia de mis abuelos.

Yo enseguida me acerqué para interesarme si le habia pasado algo; ella aún sonreía y me contestó que estaba bien y reiteró sus disculpas por la colisión.

—No te preocupes—le dije yo—que no pasó nada.

—Ya—me dijo ella—pero siendo en esa zona de tu cuerpo, me da un poco de corte—y rió tapándose la boca con una mano.

Sonreí yo tambien al oír esas palabras, y solo le dije:

—Te repito que no fue nada más que un toque normal dentro del agua.

—Creerás que soy una niña pequeña—me dijo ella.

—Hombre, una niña sí eres, y eso no es malo, es la edad—puntualicé.

—Pues para que te enteres, tengo casi quince, ya no soy una niña—incidió ella;

—Bueno tampoco en el agua puedo adivinar una edad, no soy muy buen observador—le dije yo.

—Cuántos tienes tú?—preguntó ella.

—Cuántos me echas? —repregunté yo, me miró un poco en plan de inspección facial y al poco rato me dijo:

—Sobre unos veinticinco?—

—Más—le dije yo—mucho más—

Durante bastante tiempo me estuvo observando nuevamente, a la vez que ponía una bonita expresión pensativa. Yo tambien la observaba con disimulo y sí, era preciosa, sus facciones finas, unos ojos azules de ensueño, un boquita pequeña, y una expresion que divagaba entre lo inocente y lo sensual. Al final, sacándome de mis pensamientos, dijo:

—Treinta, no más.—

Para no dilatar más el interrogatorio que ya me sacaba los colores de tanto mirarme, dije:

—Treinta y cinco.

—Pues, aparentas muchos menos—dijó ella.

—Gracias— acoté.

—Bueno— le dije yo—tus padres dirán que estás hablando con un viejo.

—Mis padres murieron cuando yo tenía seis,— dijo ella en tono serio—vivo con mi abuela—añadió.

—Lo siento mucho— dije yo apesadumbrado, y pensé que había metido la pata sin saber.

—No pasa nada—dijo ella—era muy pequeña, ya me acostumbré y además no eres un viejo, puntualizó, volviendo a su tono risueñ—lo que me hizo reír.

—Soy Lali— me dijo—eres nuevo vecino, no?—

—Sí, me acabo de mudar— señalé—y soy Javi, encantado—dije;

—Igualmente Javi, ya nos veremos más, que me estoy congelando—dijo y se puso a nadar;

—Eso espero—dije yo y me fui nadando en sentido contrario rumbo a las escaleras. Me sequé un poco el cuerpo mojado y luego subí a casa, era viernes tarde y habíamos quedado con amigos a cenar.

Al día siguiente desperté temprano, mi mujer aún seguía durmiendo; hice el desayuno estrenando la cocina y la desperté.

—Qué tal la piscina ayer? —preguntó.

—Muy bonito es el recinto— le dije.

—Ya puede serlo—me dijo —con lo que hemos visto que cuesta, ya le tienes que sacar provecho—añadió.

—Tu también podrías bajar un rato al menos—le dije.

—Ni lo pienso—me contestó—con el problema de mis vértebras y la alergia al sol que tengo, ya vez qué panorama— terminó.

—Y la mala leche que se te pondría al verme nadar,—dije yo.

—Jaja rió ella.

hacia el mediodía día, volví a la piscina, el sol estaba en todo su esplendor, el calor aún no había subido mucho. Una leve corriente de aire dibujaba en el panorama elipses imaginarias hacia uno y otro lado, a la vez que los árboles diseñaban sombras de sus siluetas sobre la hierba.

No había aún muchos vecinos. elegí una sombrilla algo apartada para relajarme un poco, y me tumbé en la toalla. Me había quedado un poco dormido, cuando una vocesilla me despertó:

—Estuvo buena la juerga de anoche, verdad?— sin entender me incorporé, y vi que era la niña de ayer. Llevaba un minúsculo bikini negro esta vez, que dejaba ver lo escultural de su cuerpo a su edad, bien formado ya, muy proporcionado y con una piel ligeramente bronceada, sobre cuyos hombros y espalda caían unos cabellos dorados algo ensortijados y recogidos hacia ambos lados por hebillas, dejando ver unos pendientes dorados pequeños y unas mejillas blancas.

—Hola Lali—la saludé.

—Al menos no has olvidado mi nombre—dijo ella.

—Yo sonreí—

—Te vi ayer, ibas con tu mujer de juerga seguro, dijo.

—Teníamos una cena con amigos—le respondí.

—Hala juerguista! cuéntamelo todo—me dijo. En ese momento se fue hacia su toalla, la recogió y vino a sentarse conmigo.

—No te preocupes—dijo—en cuanto vea venir a tu mujer me voy, que ya la conozco.

—No vendrá—le aseguré yo—no le gusta la piscina.

—Mejor me lo pones—dijo ella, tendio su toalla y se acomodó a mi lado.

Su presencia a mi lado en la piscina, me produjo una sensación de rejuvenecimiento; es verdad que tan solo tenía 35 años, pero frente a los casi 15 de Lali, eran 20 años de diferencia, dos décadas de vivencias; dudaba mucho que mi conversación y la suya tuviesen algo en común, más que si el agua de la piscina está fría o caliente, sin embargo me llevé una grata sorpresa: coincidíamos en más de lo que me imaginaba; o al menos es lo que me pareció.

—Vamos Javi! cuenta, cuenta; que me interesa mucho—dijo Lali con insistencia.

—Fuimos de cena con unos amigos del trabajo de mi mujer; los conozco hace pocos años ya, y nos hemos visto algunas veces; luego del restaurante, acabamos en un karaoke a tomar una copa.

—Cantaste? —dijo ella.

—Noo—contesté yo—no sé cantar—puntualicé.

—Yo te enseño a cantar para la próxima— me dijo.

—Cantas tu? pregunté;

—Si,. y lo hago bien— añadió.

—Canta algo— le dije.

—Aquí no—dijo ella— en otro sitio quizás. Y después que tal? siguió.

—Que tal qué? repregunté.

—Que tal la nochecita— dijo ella—con las copitas que os habréis bebido, el clima sería propicio para unos... eso unos— siguió.

—Unos que? —dije yo haciéndome el que no entendía.

—No te hagas el bobo chico— dijo ella— Unos polvillos, es que tengo que explicarte todo? —terminó.

—Jaja—reí yo —Eso pertenecea mi ámbito privado, chica—dije yo.

—Bah! no te hagas el estrecho conmigo, puedes contarme ése tu ámbito privado—añadió ella—Creo que soy tu amiga y merezco confianza— siguió.

—Vamos a ver— dije yo—Me diste un cabezazo en los huevos ayer, y ahora quieres que te cuente sobre mí vida sexual con mi mujer? —dije yo en tono risa—acaso quieres saber si después del golpe aún funcionan? —añadí.

—Jajajajaja— rió ella a carcajadas, que los vecinos de las toallas cercanas voltearon la vista hacia nosotros, para ver qué estaba pasando.

—No rías tan alto—le dije—que nos están mirando—acoté.

—Me da igual—me dijo ella— tú eres nuevo y yo no socializo casi con nadie más que contigo—terminó. —Además— continuó—no cambies de tema y cuéntame cuantos echásteis.

Ya un poco cansado de su insistencia, y para callar su curiosidad, de dije:

—Para tu información. amiga íntima—ella reia—no cayó ninguno.

—Estas mintiendo— dijo ella.

—Es verdad—dije en tono serio;

—Enserio?— continuó ella.

—Además no lo hacemos hace mucho tiempo, terminé.

—Yo alucino contigo chaval— me dijo—cuanto lleváis casados?.

—Tres juntos y luego dos casados.

—Y que pasa entre vosotros? preguntó en tono serio.

—Es una larga historia—le dije.

—Vale no insisto—me dijo, pero ahora estáis bien no? preguntó preocupada.

—Bueno, lo vamos llevando—dije yo.

—Me lo contarás algún día? preguntó asustada;

Pueda que si, ya veremos le dije. Sonrió y acercándose me dio un beso en la mejilla.

—Vamos al agua vago,—dijo; y me tiró del brazo; me levanté y fuimos juntos al agua. Antes de sumergirnos, le dije: —Ten cuidado con mis partes vale?— ella sonrió y me echó agua con la mano.

22 de Octubre de 2023 a las 13:35 0 Reporte Insertar Seguir historia
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