Recuerdame, Por Favor. Seguir historia

saul-perez-diaz5653 Saul Perez Diaz

Despues de un extraño sueño, un joven despierta en una habitacion que le resulta familiar. Para al poco tiempo darse cuenta que ha olvidado incluso quien es. Sin una idea de lo sucedido y con pistas ambiguas, tendra que buscar que es lo que ha olvidado. Volviendose todo aun mas extraño al conocer a cierta niña.


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PROLOGO


Todo inicia con un sueño. En él, un pequeño se encuentra corriendo detrás de una silueta, como si intentara alcanzarla. Y aunque no lo logra por más que se esfuerza, no parece desesperado, al contrario, parece estar divirtiéndose.

– Más rápido, o te dejare atrás – Dice la silueta volteando hacía con el pequeño, y aunque no puede mirar su rostro, siente que está sonriendo. Pero no solo es su rostro el que no se distingue, todo su cuerpo parece una distorsión.

La silueta se detiene mientras dice esto, pero… sigue alejándose. El pequeño intenta gritar hasta que su garganta duele, pero… no produce ningún sonido. Vuelve a intentarlo, pero antes de hacerlo respira hondo y sostiene la mayor cantidad de aire que puede, pero es inútil, su voz no la alcanza.

– Supongo que me iré sin ti – Dice la silueta girando nuevamente hacia el frente. Una luz resplandece fuertemente cegando al pequeño. Cuando esta desaparece, lo hace igualmente aquella silueta.

Un joven recostado sobre una cama despierta de golpe. ¡Se me hace tarde…! Piensa alterado. ¿Tarde? Y poco a poco su preocupación se desvanece. Se sienta sobre la cama y deja salir un bostezo.

Con el tiempo las personas adquieren lo que llaman “rutina”. Cosas que, muchas veces sin darse cuenta, se hacen a diario, como si fuera algo predeterminado. Supongo tomare una ducha.

En este caso, era iniciar con una ducha. Nada como una refrescante y fresca ducha para comenzar el día. Aunque él prefería más el agua caliente que la fría, por alguna razón lo hacía aun en temporadas calurosas. Giraba una, y giraba otra de las llaves buscando el balance perfecto entre ellas. Exactamente así, perfecto.

Media hora era suficiente para darse un buen baño, sin embargo, él se mantenía por más tiempo debajo de la regadera. El calor del agua era relajante, y el caer de las gotas eran como un masaje. Por lo que se quedó durante una hora.

¿No tenía algo que hacer? Se preguntó una última vez al terminar su baño. Salió de este y fue directamente a la habitación anterior. ¿Qué debería usar? Abrió el armario y dentro de este solamente había unas cuantas prendas, un par de pantalones y unas camisetas desgastadas. Esto. Tomo una camiseta negra sin estampados y un pantalón.

Volvió a la cama y se comenzó a secar frente a esta, para después ponerse la ropa que había elegido.

Una vez acabo, se recostó en la cama, tratando de recordar que era lo que tenía que hacer. Pero en dicho momento, su estómago rugió fuertemente. Supongo debería comer algo primero. Salió nuevamente de la habitación y se dirigió a la cocina. La casa tenía una estructura simple, había un total de cinco puertas. Una era la de la habitación donde estaba recostado; otra era la del baño, que estaba al fondo a la izquierda; en contra posición a la del baño había otra puerta a un lugar que desconocía; la salida y una que guiaba a la cocina.

Lo que conectaba todas estas puertas era una habitación en el centro, parecía ser una sala, en la cual solo había una mesa con dos sillas frente a esta. Y desde ahí, se podía mirar la cocina, ya que más que una pared, solo había una barra separándola, aparte de la puerta, claro.

Fue directamente a la cocina, abrió el refrigerador y en este no había casi nada comestible, en realidad solo había una cosa. ¿Olvide hacer las compras? Para su suerte esa cosa era una manzana. No era mucho, pero era lo suficiente para calmar su hambre un poco.

Salió de la cocina y se dirigió a la mesa. Donde se sentó tranquilamente a comer su manzana y hablar consigo mismo.

– ¿Dónde estarán todos? – Dijo en voz alta para sí mismo. – Aunque… ¿Cuánto tiempo he pasado en esta casa? ¿Desde cuándo vivo con alguien…? ¿O vivo solo? –

El joven notaba algo extraño, como si inconscientemente hubiese estado evitando hacerse cierta pregunta. Cuando repentinamente esta invadió su mente. Un escalofrió recorrió por toda su espalda; comenzó a sudar en frio, y temblaba sin razón. Y entonces, la pregunta fue dicha.

– ¿Quién soy yo? –

22 de Marzo de 2018 a las 06:03 0 Reporte Insertar 0
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