Sirenas Seguir historia

ciamar Flor Ciamar

Después de recibir una extraña herencia, lo único que Nysa quería era escapar de su vida diaria por un rato. El lago de las siete ciudades parecía el lugar perfecto para hacerlo, y su mejor amiga la mejor compañía. Pero las cosas no son tan sencillas como aparentan, y Nysa terminara viéndose obligada a escapar de una extraña mujer que no le desea ningún bien...


Cuento Todo público.

#lago #Magia #sirenas
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Sirenas

Es un día bonito y luminoso, el bosque está en calma y se escucha el cantar de las aves. Todo el paisaje da una sensación de calma natural que estoy lejos de compartir.

Corro colina arriba por el bosque, sosteniendo mi falda en alto para no tropezar, sintiendo las ramas rasgar mí ya maltrecha camiseta y mi cabello empapado balancearse de un lado a otro con cada zancada. No sé dónde estoy, y tampoco tengo tiempo para preocuparme de averiguarlo. Solo corro siguiendo mis instintos más básicos, hacia arriba, siempre hacia arriba, con la esperanza de que antes o después encontraré una carretera y podré poner fin a esta locura.

Los pasos calmados que venían tras de mi van perdiendo intensidad a medida que me alejo; por suerte mi atacante no es muy hábil en tierra. Cuando ya no los escucho, me atrevo a detenerme para recuperar el aliento.

Apoyo la espalda contra un árbol y comienzo a respirar de forma acompasada hasta que mi ritmo cardíaco baja.

La adrenalina que me ha estado manteniendo en movimiento comienza a abandonar mi cuerpo y el estómago me ruje con hambre a la vez que el miedo me invade. Estoy empapada, incomoda y sé que si me quedo parada mucho más tiempo, ya no seré capaz de continuar.

Me quito la camiseta y la dejo caer, para luego patearla bajo un arbusto. El aire fresco de la mañana me golpea directamente en la piel y un escalofrió me recorre. Si salgo de esta, será con el peor resfriado de mi vida.

Para estar más cómoda, subo la ridículamente larga falda hasta mi pecho. Fue un enorme error usarla hoy, fue un enorme error traerla de vacaciones conmigo, pero tenía que comprobar si lo que decía en el diario de mi abuela era verdad.
Comienzo a avanzar nuevamente, esta vez con un paso más moderado para no agotarme, y no dejo de pensar en lo diferente que hubiesen sido las cosas si no hubiera recibido esa caja, tres semanas atrás.


Era una simple caja de zapatos. Estaba forrada en papel de regalo y grandes cantidades de cinta adhesiva mantenían la tapa en su lugar. Llegó a mi puerta por medio de un hombre del servicio de correos, y en ningún momento se me ocurrió considerar que pudiera ser un peligro para mi seguridad.

La dejé sobre la mesa del comedor y la abrí inmediatamente, rasgando la cinta con mis uñas por que no pude encontrar una tijera.

Al quitar la tapa, lo primero que vi fue una tarjeta sencilla rodeada de suave tela azul. A cada segundo más extrañada, tomé la tarjeta:

Para Nysa:
Lamento que no hayamos sido más unidas en vida,
Anysia.

Reconocí la letra cuidada y extravagante de mi abuela incluso antes de leer la firma; pero eso no hizo que el misterioso regalo tuviera más sentido.

Anysia había muerto hacia un mes y todas sus cosas habían pasado a manos de su yerno. Como decía la nota, nosotras nunca habíamos tenido una muy buena relación, y yo realmente no esperaba que me dejara ningún tipo de herencia. Y mucho menos esperaba recibirla en una caja de zapatos enviada a través del correo.

Dejando la nota a un lado, procedí a ver el resto del contenido de la caja.

Pasé una mano por la tela azul, descubriendo que, a pesar de su apariencia suave, era dura y resbalosa; tomé la prenda entre mis manos y la extendí frente a mis ojos.

Se trataba de una especie de falda, pequeña en la parte de la cintura y más ancha a los pies; de mas de un metro de largo. Su aspecto vaporoso se contrastaba con el grueso de la tela.
Sin duda era un regalo extraño, pero no era el único.

Dejé la falda sobre la mesa y tomé lo que se ocultaba al fondo de la caja: un cuaderno forrado en cuero marrón y sujeto con un cordel para evitar que se abriera. Tenía un aspecto bastante antiguo, así que supuse que también pertenecía a mi abuela.

No tardé mucho en descubrir que se trataba de un diario. El diario de Anysia.

Las primeras paginas mostraban una letra vacilante y estaban llenas de borrones, como si hubieran sido hechas por alguien que apenas estaba aprendiendo a escribir.

Pase las paginas leyendo por encima. El diario narraba torpemente y día a día la historia de una mujer que vivía en el fondo del mar y que había salido a tierra para casarse con un hombre… era como la versión para adultos de la sirenita, que incluía sangre y encuentros sexuales.

A medida que avanzaba las paginas, la letra se iba haciendo mas segura y la redacción mejor. No entendía porque mi abuela había escrito algo así, ni mucho menos porque me lo había enviado, pero seguí leyendo movida por la curiosidad. En la ultima pagina, había una carta escrita con letra muy pequeña, dirigida a mi.

Nysa,

Cuando recibas esto, yo ya estaré muerta.

Pensaba mantenerte tu naturaleza en secreto, pero los últimos días me han hecho recapacitar. A tu madre no le di ninguna opción, fui egoísta y ella termino muerta, no quiero que a ti te pase lo mismo.

No eres una humana. Al menos no del todo.

Una parte de tus genes vienen de una antigua raza que habita en las profundidades del mar. Sirenas, nos llamáis los humanos, aunque no somos exactamente como nos pintan las leyendas.

La falda que te he entregado con este diario es mi aleta, una prenda mágica gracias a la cual las sirenas pueden nadar a grandes velocidades y soportar la presión del agua en el fondo marino. Debes saber que es la posesión más preciada de cualquier sirena. Cuídala.

Ahora, sé que al leer esto pensaras que estoy loca, pero antes de que me juzgues me gustaría que hicieras una sencilla prueba: llena la bañera o ve a una piscina y mete la cabeza bajo el agua. No intentes contener la respiración, solo abre la boca y deja que el agua entre por unos segundos. Veras que puedes quedarte así por horas... incluso días, si quisieras.

Por ultimo he de advertirte: las de nuestra raza no toleran bien a las mestizas, asique lo mejor será que te mantengas alejada de ellas. En mi diario encontraras más detalles acerca de nuestras costumbres y rituales.

Y hasta que no entiendas todos los peligros, mantente alejada del agua, tu madre no pudo hacerlo.

Anysia.


El sonido de pasos me trae de vuelta a la realidad.

Pienso en comenzar a correr de nuevo, pero mis músculos protestan y termino escondiéndome; con la espalda contra un árbol y un arbusto tapándome por delante.

Recojo mi falda y la arrugo tanto como puedo para que no se vea. Incluso llevándola de vestido, es un estorbo. Fue un error ponérmela, pero cuando Circe propuso que nos bañáramos en el lago no pude resistir la tentación. Quería probarla. Mi abuela había tenido razón en lo referente a respirar bajo el agua, y quería saber si tenía también razón con la falda.

Escondo la cabeza entre las piernas, esperando que mi pelo castaño se camufle mejor con el ambiente que mi piel clara.

—Sabes que pasara tarde o temprano —escucho una voz ronca y autoritaria. Por el volumen sé que no puede estar muy lejos. Contengo el aliento—. Es mejor que dejes de escapar, te perseguiremos hasta el fin del mundo si es necesario.

La sirena aminora el paso y puedo suponer que está mirando a su alrededor, buscándome. Por suerte, no me ve, y pocos segundos después continúa su camino.

Me atrevo a levantar la cabeza y la veo unos cuantos metros por delante de mí: lleva una larga falda dorada de apariencia vaporosa y esta desnuda de cintura para arriba, con su cabello largo y rubio cubriendo su espalda.

Camina con paso torpe y lento, da la impresión de que podría derribarla con un soplido, pero decido no arriesgarme. En el diario de mi abuela se hablaba mucho de la magia de las sirenas, de como podían manejar a cualquier criatura solo con tener un poco de su sangre, y esa mujer probablemente tiene sangre del corte en mi muñeca, lo que significa que, si me ve, puede hacer lo que quiera conmigo.

Cuando dejo de verla, suelto un suave suspiro y siento como mis músculos se relajan lentamente.

Miro la herida en mi muñeca, es pequeña, y seguramente sanara en uno o dos días, pero lo más probable es que termine siendo la causa de mi muerte.

¿Cuándo se complicaron tanto las cosas?


Mi primera reacción tras leer el diario de mi abuela fue de absoluta incredulidad. Pero la curiosidad pudo conmigo, y decidí hacer el experimento que ella proponía en su carta. Llene la pequeña bañera de mi apartamento y me sumergí completamente en ella. Pasaron varios minutos antes de que comenzara a sentirme incomoda por la falta de aire, y mucho mas antes de que realmente necesitara salir.

Después de eso, mi vida se transformó en una especie de sueño confuso en el que no sabia en que dirección avanzar. Terminé el año escolar apenas aprobando mis clases y me aleje de todo y de todos.

Circe fue la única que consiguió romper las barreras que yo misma había impuesto hacia el resto del mundo. Se coló en mi departamento sin llamar a la puerta y prácticamente me obligo a acompañarla en un viaje.

Me sobornó diciendo que ella pagaría todos los gastos y me quede sin ninguna excusa para decir que no: era verano, estaba tan confusa como aburrida, y en el fondo sabía que un cambio de aires me vendría bien.

Así que hice las maletas, y dos días después ya estábamos las dos llegando al aeropuerto de la isla, listas para comenzar nuestra pequeña aventura.

Los primeros días fueron como un sueño.

El paisaje natural, con la pequeña y pintoresca ciudad rodeada de bosques. El hermoso lago que, al ser iluminado por el sol, se tornaba mitad verde y mitad azul y la época tranquila en la que habíamos decidido viajar... todo daba una sensación de haberme apartado completamente de la civilización.

Y luego estaba Circe.

Casi todas mis vacaciones habían sido con familiares o amigos con más sed de alcohol que de aventuras, pero ella era diferente. No hicimos ningún recorrido turístico propiamente tal, no fuimos a fiestas ni nos emborrachamos (en parte porque no había nada parecido en la pequeña ciudad en la que nos quedamos), solo nos dedicamos a encontrar formas diferentes de llegar a los miradores, nos perdimos en el bosque y jugamos carreras por los caminos.
Nos comportamos como niñas pequeñas que ni conocían ni querían conocer el mundo de los adultos.

Hoy íbamos a hacer lo mismo.

Circe quería nadar en el lago. Así que fuimos hasta una orilla del lago verde, la más apartada del camino, y saltamos.

Los siguientes minutos fueron confusos y extraños.

Sentí como una mano me tomaba del tobillo y me arrastraba hacia abajo, intenté gritar y patalear, pero nada surtía efecto. Circe había desaparecido y solo estábamos yo y esa mano que amenazaba con ahogarme.

El pánico hizo que olvidara abrir la boca, y al intentar respirar por la nariz los pulmones se me llenaron de agua, amenazando con ahogarme. Por suerte o por desgracia, eso no pasó.

Perdí la conciencia, y cuando desperté, estaba en el fondo del lago en una oscura caverna natural. Muchos metros por encima de mí, se veía la luz de la superficie.

Frente a mi estaba mi supuesta amiga, la que me había llevado hasta ese lugar. Sostenía una daga delgada como un lápiz en una mano y me miraba con lastima.

Lo siento.

El pensamiento apareció en mi mente sin razón alguna, y tardé un momento en entender de donde venía. Las sirenas usaban sus mentes para comunicarse bajo el agua, aunque no podían hacer lo mismo en tierra.

Circe tomó mi muñeca y apoyó la punta de la daga en mi piel, para luego enterrarla con un movimiento rápido y certero. Solté un grito que no provoco sonido alguno.

¿Por qué haces esto?

Pensé, y para mi sorpresa, el pensamiento llegó a Circe, quien levantó la cabeza y me miró sorprendida, deteniendo momentáneamente el movimiento de la daga.

Porque no eres ni sirena ni humana. Y los híbridos llevan causándonos problemas desde el principio de los tiempos.

Enseguida continúo enterrando y sacando la punta de la daga, creando una delgada línea de puntos rojos a través de mi muñeca, con una lentitud exasperante que parecía diseñada exclusivamente para torturarme. Lentamente, el interior de la daga se fue tornando rojo, estaba hueca por dentro, y de alguna forma no dejaba que la sangre se disolviera en el agua.

Déjalo cariño, ya termino yo.

El nuevo pensamiento no venía de la mente de Circe, sino de otra sirena que apareció justo detrás de ella. Esta tenía una falda dorada y un aspecto sobrenatural que hacia parecer a Circe de lo más humana.

Con un asentimiento, Circe se apartó de mí.

En ese momento no pensé, y probablemente por eso tuve éxito. Le di un empujón a Circe y comencé a agitar piernas y brazos rápidamente, buscando llegar a la superficie.

Para cuando ellas reaccionaron, ya era demasiado tarde.


Una rama se quiebra en algún lugar a mi derecha, provocando que mi cuerpo se ponga en tensión, listo para levantarse y correr, y que mi cabeza gire rápidamente como impulsada por un resorte.

—Tranquila, soy yo —susurra Circe, llevándose un dedo a los labios para indicarme que no haga ruido. No veo como su presencia debería tranquilizarme, pero de todas formas no digo nada, buscando el momento oportuno para empezar a correr.

Ella se acerca a mí, y yo intento retroceder de forma instintiva, pero el árbol se interpone en mi camino. Tal vez no fue una buena idea acorralarme a mí misma de esta forma.

Circe no avanza más, y puedo ver como una sombra apenada pasa por su mirada. Se agacha para quedar a mi altura y me mira con sus penetrantes ojos verdes. No puedo evitar notar que en algún momento se cambió de ropa: ahora lleva un vestido verde amarrado a la cintura que es indudablemente su aleta.

Y lleva la daga, aun con mi sangre, en una mano.

—No es lo que crees —dice ella—, quiero ayudar.

—¿Trayéndome hasta aquí para que esa loca me mate? —desvía la mirada, y eso es toda la confirmación que necesitaba. Me incorporo rápidamente y comienzo a correr.

No llego muy lejos.

Una fuerza extraña se apodera de mi cuerpo y de pronto ya no puedo moverme. Intento girar la cabeza, pero es como si mis músculos ya no obedecieran a mi cerebro.

—Quiero ayudar —repite Circe, y se acerca hasta posar una mano en mi espalda—. De verdad.

Intento hablar, pero mi boca tampoco responde.

Sin que yo lo ordene, mis pies comienzan a moverse hacia adelante. La sensación es extraña y desagradable, como si solo fuera una simple espectadora en mi propio cuerpo. Incluso mis pensamientos van más lentos de lo normal y amenazan con detenerse del todo.

—Relájate —ordena Circe con un tono autoritario que no le había escuchado antes—. Sera peor si luchas. Puedo llevarte hasta un lugar seguro.

Intento negar con la cabeza, pero no consigo nada. Siento ganas de llorar, pero las lágrimas no vienen a mis ojos. He perdido completamente el control de mi cuerpo y siento que estoy al borde de un ataque de pánico.

—Nysa, relájate —repite Circe—. Vas a perder la cabeza si no te dejas ir —no suena como una amenaza vana y yo le creo.

Sabiendo que no tengo otra opción, dejo de luchar, pero eso no disminuye el miedo en absoluto y cada vez me siento peor. Un mareo terrible distorsiona mi realidad y si mi cuerpo no estuviera controlado por alguien más, tengo la certeza de que me hubiera desmayado.

Circe suelta un suspiro y deja de caminar, y con ella mi cuerpo.

—Voy a liberar tu cabeza, pero si gritas lo más probable es que mamá te escuche y entonces ya no poder hacer nada para ayudarte —me advierte.

—¿Mamá? —es lo primero que sale por mis labios cuando recupero un poco de control. La sensación de mareo disminuye considerablemente, pero aún me siento inestable.
Ella asiente, y tiene la decencia de parecer avergonzada.

—¿Vas a matarme? —insisto. No quiero más juegos. Ya ha pasado tres años fingiendo ser mi amiga, no quiero seguir con esto.

—Vamos a caminar —me advierte. Y mis piernas comienzan a moverse de nuevo.
Avanzamos varios metros antes de que conteste mi pregunta.

—No quiero matarte, pero debería hacerlo —giro la cabeza hacia ella y puedo ver que esta seria y tensa, muy diferente a como estoy acostumbrada a verla. Saber que esto tampoco es agradable para ella me relaja un poco y el mareo disminuye—. Mamá hará lo que sea por matarte, cree firmemente las historias acerca de los híbridos y su papel en la matanza de sirenas.

Un escalofrió recorre mi cuerpo. El diario de mi abuela hablaba de eso, aparentemente las sirenas estaban en peligro de extinción, porque muchas habían optado por vivir en tierra con los humanos, teniendo hijos híbridos a los que les contaban sus secretos. Se decía que hace mucho tiempo esos híbridos habían recorrido el mundo encontrando comunidades de sirenas y mostrandoles su ubicación a los humanos, para que ellos las mataran.

—¿Y tú? —insisto.

—No estoy tan segura —se encoje de hombros—. No quiero que mueras —dice más bajito.

Yo trago saliva.

—¿A dónde me llevas?

—De vuelta al hotel. Necesitas tomar un taxi y salir de aquí lo antes posible.

En eso estoy de acuerdo con ella, aunque aún no se si puedo confiar en la pureza de sus intenciones.

Continuamos caminando cerro arriba, en línea recta. Yo estoy completamente desorientada, pero Circe parece tener muy claro hacia dónde va.

No tardamos mucho en llegar a una carretera secundaria y desierta.

—Ahora vamos a correr —me advierte. Y me mira, como pidiendo mi permiso, como si tuviera la opción de decir que no.

Asiento con la cabeza e inmediatamente después mis piernas comienzan a moverse dando grandes zancadas que me provocan un horrible mareo. Mi cerebro necesita unos minutos para entender que tiene que ceder el control, pero finalmente lo consigue y el mareo desaparece.

Miro a Circe mientras corremos y no puedo evitar que mi cabeza vague de vuelta a nuestro primer encuentro.


Fue hace tres años.

Acababa de graduarme de el colegio y mi padre me había llevado a la playa para celebrar... incluso aunque ninguno de los dos estábamos con el ánimo necesario para divertirnos, ya que mamá había muerto hacía pocos meses.

Fueron unas vacaciones llenas de silencios incómodos y conversaciones por cortesía, y hubieran sido aún peores si Circe no hubiera aparecido.
Estaba sentada en un restaurante cuando la vi por primera vez; mi padre había salido con su hermano, así que yo estaba sola.

—Hola —dijo, sonriendo— ¿Me puedo sentar?

Miré a mi alrededor sorprendida, el local estaba vacío y había multitud de mesas desocupadas, por lo que no tenía sentido que la desconocida pidiera sentarse conmigo. Pero estaba aburrida, y algo en la blanca sonrisa de la chica me insto a asentir con la cabeza e indicarle la silla frente a mí.

—Soy Circe —se presentó ella.

Tenía unos bonitos ojos verdes y la piel de un tono claro casi enfermizo, como si no acostumbrara a estar expuesta al sol. Llevaba una camiseta que dejaba sus hombros al aire, exponiendo una quemadura de sol bastante fea, de un intenso color rojo.

—Nysa —contesté un tanto suspicaz, dando un sorbo a mi jugo de naranja.

Un camarero se acercó para traer mi pedido y tomárselo a Circe. No tardamos en quedar solas de nuevo, con un silencio incomodo extendiéndose.

Comencé a comer lentamente, sin quitar los ojos de la chica, pendiente de todos sus movimientos.

—No me gusta sentarme sola —dijo, como para explicarse—, mi madre se fue a la playa pero yo no podía —continuó, haciendo un gesto hacia sus hombros quemados.

Le sonreí con simpatía, sabía lo que era estar lo bastante aburrida como para darle conversación a un completo extraño.

—Mi padre suele hacer lo mismo —comenté.

Circe se rió. Tenía una risa musical y contagiosa que me insto a bajar la guardia y aceptar que solo era una chica aburrida que había visto la oportunidad de charlar con alguien de su edad.

El resto de la comida resulto agradable y divertida para ambas, descubrimos que nos estábamos quedando en el mismo hotel, y tras pagar nuestras cuentas, decidimos volver juntas.

Duele pensar que ese encuentro casual, que desemboco en una de las amistades más profundas que he tenido nunca, fue producto de algún elaborado plan para asesinarme.


Para cuando llegamos a la ciudad, las piernas me están matando y Circe apenas puede respirar.

Aminoramos el paso, y Circe abandona el control de mi cuerpo, soltando un hondo suspiro.

—No salgas corriendo —me advierte.

Le hago caso. De todas formas tengo que volver al hotel y conseguir un teléfono para llamar a un taxi antes de irme a ningún lado.

Caminamos en un silencio tenso y lleno de palabras sin pronunciar, muy diferente a la complicidad que compartimos hacia menos de un día. Tengo muchas preguntas, pero no estoy segura de querer saber las respuestas.

El hotel no es más que una antigua casa familiar reformada, con habitaciones sencillas y sin muchos lujos. Entramos por la puerta y la dueña nos saluda por nuestros nombres a la vez que nos dirige una mirada suspicaz por nuestra desastrosa apariencia. Si no estuviera tan tensa, me reiría.

Subimos directo a nuestra habitación.

Las dos camas que deberían estar en lados opuestos de la habitación están juntas al medio, cubiertas por un revoltijo de sabanas y la computadora en la que estuvimos viendo películas la noche anterior sigue abierta, con la pantalla negra.

Sin decir una palabra, Circe busca un teléfono y yo meto todas mis cosas en un bolso.

—No fue intencional —dice Circe, después de hacer la llamada—. No sabía lo que eras hasta que vi la falda en tu bolso.

Quisiera creerle.

El taxi no tarda mucho en llegar, por suerte, y cuando me siento en el asiento trasero, un cansancio tremendo me invade de forma inmediata. Me apoyo contra la ventana, abrazando mi bolso.

Las amenazas de la madre de Circe aún resuenan en mis oídos, te perseguiremos hasta el fin del mundo si es necesario y la traición de la que alguna vez fue mi mejor amiga duele con la fuerza de una puñalada.

Quiero llegar a casa y acurrucarme bajo una manta. Guardar la falda de mi abuela bajo llave y no volver a acercarme al agua nunca más en mi vida.

Pero la calma no dura mucho tiempo.

Apenas estamos saliendo de la ciudad cuando siento que mis manos se mueven sin que yo lo ordene. Cierro los ojos y hago todo lo posible por dejarlas quietas, pero ellas simplemente van a la puerta y quitan el seguro.

Suelto un grito ahogado que provoca que el conductor se gire para mirarme.

—¿Qué haces? —pregunta ligeramente alarmado.

Intento decir algo, pero mi boca tampoco responde, y un instante después la puerta está abierta y yo me golpeo todo el hombro contra el pavimento y comienzo a rodar por la carretera.

No creo haberme hecho ninguna herida grave, pero no puedo evaluar los daños porque inmediatamente mi cuerpo se mueve hasta quedar de rodillas, mirando al frente.

Escucho el sonido del auto frenando bruscamente varios metros a mis espaldas, pero dejo de prestar atención en cuanto veo a quien tengo en frente. La misma mujer... sirena... de antes. La madre de Circe.

—Quería hacerlo de la forma correcta —dice. Tiene una voz serena y autoritaria. Es raro que lo note hasta ahora, pero es muy parecida a la de su hija—. Realizar los rituales y las runas de purificación en tu piel, pero no me has dejado opción.

Un terror frio comienza a invadir mis huesos, mientras veo la mujer avanzar hacia mí. Con su falda dorada y su torso desnudo no cabe duda de que no es una humana común y corriente. Puedo ver que uno de sus brazos cuelga junto a su cuerpo, con una fea herida que va desde el hombro hasta el codo.

En la mano del brazo herido lleva la delgada daga de Circe, aun llena con mi sangre, y en la otra mano lleva un cuchillo grueso y de apariencia letal.

Mi reacción natural es tragar saliva y comenzar a temblar, pero ni siquiera eso puedo hacer.

Los siguientes segundos son los más largos de mi vida. El temor a morir nubla todos y cada uno de mis pensamientos y estoy segura de que en cualquier momento comenzaré a ver las escenas de mi vida, desde el momento de mi nacimiento, pero nada de eso ocurre.

Cuando está a solo unos pasos de mí, la sirena cae de rodillas, aferrando su brazo herido y soltando el cuchillo en el proceso. Detrás de ella esta Circe.

Tiene un corte en una mejilla y una expresión de absoluto odio en su rostro. Sus dedos están manchados de sangre, pero algo me dice que no es la suya.

—¡¿Estás loca?! —escucho al conductor gritar.

El sonido me saca de mi estupefacción y rápidamente me pongo en pie.

La sirena gime y se retuerce sobre sí misma, escupiendo sangre una última vez antes de caer en el suelo, inerte.

Circe levanta la cabeza y nuestros ojos se encuentran. Creo que piensa decir algo, pero no me quedo para escucharlo. Corro hacia el conductor y me las arreglo para hacerlo devolverse hasta el auto antes de que vea el cadáver.

11 de Marzo de 2018 a las 18:31 2 Reporte Insertar 2
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Francisco el Hombre Francisco el Hombre

Hola Florencia, primero déjame felicitarte por tu cuento. Se nota que lo haz revisado mucho y lo que acontece es realmente interesante. Aunque este tipo de literatura no es mi estilo, aprecio tu esfuerzo y me gusta lo que haz hecho. Tienes talento, aunque el escrito no parece limitarse a un cuento y parece mejor el inicio de una novela. Tengo un par de recomendaciones: primero, existen algunos errores ortográficos, mayormente falta de tildes. Eso es fácil de corregir con atención, yo tengo ese problema porque no me fijo mucho en revisar. Segundo, creo que deberías limitar un poco el dialogo, pues corta el flujo de la historia y resulta un poco aburrido. Tienes el talento para ser más descriptiva y deberías narrar más las escenas y los sentimientos. A veces siento que la historia va muy rápido y pierdo sentido del orden. Tercero, me gusta como la historia tiene suspenso y eso hace interesante leerla, pero ten cuidado, pues toda parece ser suspenso y mucha actividad al final. No siento que haiga un solo clímax ni una resolución o catarsis final. Tal vez esa no sea tu intención, pero si es un cuento debería tener un final más concreto. Bueno, espero mis comentarios te puedan ayudar y estoy aquí para seguir leyendo tus cosas. !Excelente trabajo!
14 de Marzo de 2018 a las 08:26

  • Flor Ciamar Flor Ciamar

    Hola Francisco, me alegro que te halla gustado el cuento, a pesar de no ser realmente tu estilo. En el tema de la ortografía, siempre me como las tildes, es algo en lo que tengo que trabajar. Me han dicho mas de una vez que parece mas un inicio de novela que un cuento independiente, tal vez por eso sea que el final no es tan claro... tal vez algún día me anime a hacer una historia mas larga basada en esto. En fin, gracias por comentar! :)
    March 14, 2018. 08:49PM
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