Elisa Seguir historia

vbokthersa Valentine Bókthersa

Elisa es una mujer. Una modelo. Una diosa alrededor de la cual gira todo el mundo.


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#MuestraTusColores #LGBTQ+ #Lesboerótico #Lésbico
Cuento corto
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Elisa

Elisa

By V.Bokthersa

La pintura siempre ha sido mi pasión. Desde pequeña me interesó “eso de hacer dibujitos”, como dice mi mamá. A decir verdad, ella también cuenta varias anécdotas divertidas que incluyen crayolas, pintura de dedo y documentos importantes de su trabajo. Son divertidas ahora para mí, aunque en su momento a ella le saqué canas de todos colores. Pero en lo que estaba, la pintura ha sido siempre mi pasión. La única y verdadera pasión de mi vida... hasta ahora. Mi nueva pasión se llama Elisa, aunque en cierta forma, mi pasión por ella sigue ligada a la pintura.


Elisa apareció en mi vida hace poco menos de un mes, y debo admitir que desde ese momento sentí una inmensa atracción por ella. Cuando la vi en medio del salón, desnuda y confiada pese a estar completamente expuesta ante nuestros ojos, supe que había encontrado a mi musa. En un segundo, nuestras miradas se conectaron y desde entonces no he podido dejar de pintarla. Mis cuadernos de bocetos están llenos de ella, los lienzos que he hecho la tienen por todas partes. Elisa inunda por completo mi vida.


Relacionarme con ella no fue para nada difícil. De hecho, fue Elisa quien me buscó e inició una charla sobre pintura. Me impresionó notar que sabe sobre muchos temas y los vincula todos de una manera realmente increíble, pero eso no fue lo único que me impactó de ella. Lo que realmente me sorprendió fue su seguridad y decisión en el ámbito sexual. No le resultó para nada difícil decirme que es pansexual y comenzar una especie de “conquista directa”. Aunque tampoco había mucho que conquistar, debo decir. En mí no encontró oposición alguna. Salimos un par de veces luego, nos conocimos un poco mejor y anoche finalmente me encontré sola con ella en su departamento.


En ese momento no lo pensé así, pero ahora creo que Elisa tenía todo planeado. Ella vive en otra ciudad y me invitó a una función de teatro. Yo acepté, pues la hora a la que supuestamente terminaba me permitía viajar hacia mi casa, sin embargo, las cosas se fueron alargando y terminé perdiendo el último bus hacia mi ciudad, así que ella amablemente me ofreció su departamento. Al llegar allí, todo sucedió bastante rápido. Como ya habíamos cenado, sugirió ver una película. Ahora ni siquiera recuerdo cuál era. Nos sentamos en el sillón y la película comenzó a reproducirse en el DVD. Ella me rodeó con el brazo y yo me estiré para darle un beso corto en los labios. Nos habíamos besado antes, por supuesto y ella no se conformó con tan poco contacto. Tomó mis labios con todo su ímpetu, me sostuvo de la cintura y sentí sus dedos investigando un poco la zona. Yo me limité a abrazarla, tratando de responder el beso. Lamentablemente no soy tan diestra como ella en estos temas.


Rápidamente, sus manos se metieron debajo de mi blusa y desabrocharon mi sostén con maestría, mientras su lengua seguía invadiendo mi boca de forma tan apasionada que me fue difícil corresponderle. Yo seguía completamente perdida en la arrebatadora y tempestuosa espiral de placer que me proporcionaban sus besos. Quizá parezca un poco ridícula, cursi o anticuada, especialmente si me comparo con mis amigas, pero a mis diecisiete años no he besado a nadie más. Ella es la única y me gustaría que así fuera para siempre.


Nuevamente, me esforcé por corresponder sus atenciones. Después de que ella me quitara la camisa y el sostén de manera ansiosa, traté de hacer lo mismo con su ropa. La verdad no fue tan difícil, su camisa de botones ya se había desabrochado un poco y solo tuve que concluir esa labor. Cuando notó que todos los botones estaban libres, tiró ansiosamente la camisa. Sus pechos quedaron expuestos frente a mí, como aquella vez en el salón de pintura. No pude ni quise evitar llevar una de mis manos hacia ellos, para tocarlos con cierta timidez. Ella me sonrió y sostuvo mi mano un tanto vacilante, guiándola hacia su pecho izquierdo, incitándome a explorarlo. Mis dedos rozaron su piel. La miré a los ojos y examiné sus reacciones, mientras acariciaba suavemente aquella sensible zona. Lo presioné un poco y ella sonrió, divertida.


—¿Es la primera vez que tocas a una mujer? —preguntó.


Supongo que mi torpeza era demasiado evidente. Yo asentí y ella volvió a sonreír, complacida. Me sujetó por la cintura e hizo que me sentara sobre sus piernas. Volvió a mirarme, esta vez a los ojos.


—¿Te gustaría hacerlo en un lugar más cómodo, entonces?, quizá no querías que tu primera vez fuera en un sofá como este.


Yo únicamente le sonreí, bastante nerviosa. No sabía muy bien qué decir o hacer. La verdad, nunca me había puesto a pensar en ese detalle y mucho menos en el hecho de que estaba a punto de tener sexo por primera vez. Ella me dio un beso suave en los labios y sus manos recorrieron mi cuerpo, deteniéndose sobre mis nalgas. Me dio una nalgada suave y juro que sentí que toda la sangre se me acumulaba en el rostro.


—Anda, vamos a mi habitación. Y no estés tan callada, pareces muda —dijo con humor.


Volví a sonreir, me levanté de sus piernas y tomé su mano.


—Es que no sé qué decir —respondí—. Elisa... —presioné suavemente su mano.


—Bebé, no hay nada que decir —se levantó ella también—. Si no te sientes cómoda, podemos dejarlo aquí y terminar de ver la película. No soy una violadora ni nada similar.


No pude evitar reír ante aquel comentario y negué con la cabeza. Realmente no estaba considerando el hecho de que estaba a punto de tener sexo con una mujer que conocía desde hacía muy poco tiempo. De alguna forma, sentía como si la conociera de toda la vida y como si mi cuerpo realmente deseara al suyo.

—No es eso, solo estoy un poco nerviosa... yo... nunca me había planteado esto, o sea, sí sabía que me gustaban las mujeres, me gustan y también había fantaseado con sexo o algo así, supongo, pero Elisa, siento como si tú fueras mi complemento perfecto. Parece que tú fueras lo que he estado esperando toda mi vida, aunque bueno, mi vida no ha sido muy larga, pero... —y no pude hablar más. Sus labios nuevamente estaban sobre los míos.


—No tienes por qué justificarte tanto, bebé. Parece que hablaran los nervios y no tú. Vámonos, ven.


Fui con ella, estaba medio desnuda y al notarlo, cubrí mis pechos con un brazo. Seguía bastante apenada. No es que me avergüence mi físico, al contrario, me encanta mi cuerpo. Me gusta tener proporciones pequeñas. Mido 1.53 y soy bastante delgada, con pechos pequeños y piernas torneadas por el uso de la bicicleta, que es mi medio de transporte preferido. Pero la verdad, me siento un tanto intimidada por Elisa. Ella es completamente contraria a mí. Yo soy rígida, incluso mi cuerpo es poco flexible, pero ella... ella es tan hermosa. Es alta, me saca fácilmente unos veinte centímetros de estatura, aunque quizá sean más. Su cuerpo tiene curvas pronunciadas. Sus pechos son del tamaño perfecto, ni demasiado grandes ni muy pequeños. Su cadera es voluptuosa. Sus piernas también están muy bien desarrolladas, pero por el baile. Es mucho más flexible y me encanta verla desplazarse por aquí y por allá, con sus movimientos tan gráciles como los de una mariposa. Además, ella es una morena de fuego, mientras que yo soy blanca y (según la mayoría de mis conocidos), fría como el hielo. Sin duda, ambas hacemos un enorme contraste.


Llegamos a su habitación. Estaba un tanto desordenada, pero por alguna razón, ese pequeño caos me transmitió un sentimiento de libertad. Elisa tiene un alma completamente libre. Se detuvo un instante después de entrar y me miró, un tanto apenada.


—Perdón por el desorden. Espero que no te moleste —dijo y me abrazó por la cintura. Me estremecí al sentir sus pechos en contacto directo con mi piel.


—Mientras tengamos cama, realmente no me importa lo demás —respondí, tratando de sonar graciosa.


Ella sonrió y volvió a besarme, supongo que el comentario sí le hizo algo de gracia. La cama era lo único que estaba ordenado entre el armónico caos de su dormitorio. Elisa se giró y me abrazó por el frente. Nuestros pechos se rozaron un poco y ella introdujo sus manos bajo mi falda, apretando luego mis nalgas, sutilmente. Solté un suave suspiro ante aquel contacto tan íntimo y me oculté en su cuello. Me sentía bastante apenada, aunque el calor ya comenzaba a apoderarse de mi cuerpo.


—Vamos, quítame el pantalón —me pidió al oído.


Asentí con suavidad, recargándome un poco más sobre su hombro y tanteé con mis dedos, desabrochando su pantalón. Mis manos temblaban un poco y, a decir verdad, no estaba muy segura de qué debería hacer, así que con mis dedos torpes, saqué el botón del ojal y luego hice descender el zipper. Luego dejé caer su pantalón al suelo y acaricié de forma superficial sus caderas. Sentí cómo sus dedos seguían deslizándose bajo mi falda y tocaban directamente mi piel. Suspiré. Creo que yo seguía sonrojada, aunque en ese instante ya no podía diferenciar el calor de la vergüenza del que me daba la excitación.


Mi respiración se fue volviendo un poco más agitada mientras los nervios se arremolinaban dentro de mí y la temperatura de mi cuerpo subía. Me quedé paralizada cuando noté los dedos de Elisa rozando mi vulva, apenas con la punta. Jadeé, acercándome más a ella y la abracé con fuerza. Ella me fue recostando sobre la cama e hizo que abriera un poco mis piernas. Me quitó la ropa interior, deslizándola hacia abajo con delicadeza. Yo flexioné las piernas para ayudarla, por instinto y miré hacia otro lado. Me sentía completamente expuesta a ella. Creo que Elisa lo notó y se detuvo un instante, sujetó suavemente mi rostro y me miró a los ojos. Sonrió, de esa forma tan suya que me hacía sentir confiada en cualquier circunstancia.


—Relájate un poco, no hay nada de qué apenarse —murmuró contra mis labios. Asentí.


En ese momento traté de centrar toda mi atención en ella. La miré a los ojos y dejé que mis manos volvieran a acariciar sus pechos. Mi participación no fue muy activa, pero ella parecía divertida al verme tratando de hacer algo, sin saber muy bien cómo actuar en esas circunstancias. Tenía muchas ideas en mi cabeza. Retazos de lecturas diciéndome qué hacer, recuerdos de imágenes pornográficas por aquí y por allá, incluso la huella de mis propios dibujos atravesando mi mente. Pero yo no estaba segura de nada, excepto de mi deseo por estar con ella. La abracé, pasando mis manos por su espalda.


Desabrochó mi falda y la retiró también. Tomó mi mano para guiarla a su ropa interior. En ese momento comprendí que deseaba un poco de participación de mi parte. De manera inexperta, deslicé mis manos dentro de sus bragas. Alcé la vista para mirarla a los ojos y ella me sonrió, moviéndose un poco. No supe bien qué hacer, así que traté de desnudarla por completo, aunque ante mi torpeza, fue ella quien terminó de exponer su cuerpo totalmente.


Otra vez la vi desnuda, como aquel día en la clase de pintura. Mis ojos devoraron sus curvas de nuevo. Volvió a colocarse sobre mí, rodeando mi cadera con sus piernas. Se agachó un poco y llevó una de sus manos hasta nuestros genitales. Nos acomodó y comenzó a rozar su vulva contra la mía. Era una sensación completamente nueva y excitante. No supe el momento en el cual me encontraba ya gimiendo y jadeando de placer. Ella también gemía, aunque eran sonidos mucho más suaves, más medidos. Sabía exactamente el volumen que debía tener su voz.


Alcé un poco mis manos y me decidí a acariciar sus pechos de nuevo. Yo temblaba, pero eso no impidió que pusiera todo mi empeño en masajear sus pezones con los pulgares. Ella estaba radiante, deseosa. Me encantaba verla excitada, con su cabello alborotado. En ese instante supe que quería estar así con ella para siempre.


Elisa se sostenía sobre la cama con una mano, mientras que con la otra estimulaba nuestros genitales. De pronto, la sentí bajar un poco y me besó. Buscó mis labios con los suyos. Mi lengua no tardó en salir a buscar la de ella. Era torpe y no recordaba bien cómo respirar en ese instante de agitación, pero tenía muchísimas ganas de besarla, de sentirla.


Nuestras lenguas se entrelazaron en un beso bastante largo. Luego, ella dejó mi boca y desvió sus atenciones a mi cuello, bajando hasta uno de mis pechos. Para ese instante, yo ya había dejado de tocarla y me retorcía, apretando entre mis manos las sábanas que cubrían la cama.


Su boca sobre mi pezón derecho se sentía simplemente exquisita. Yo estaba demasiado caliente ya. Era la primera vez que experimentaba una excitación tan intensa, pero aquella excitación no fue suficiente para llevarme al orgasmo aún. Elisa siguió bajando. Delineó mi abdomen con sus labios. En ese momento su vulva ya no estaba en contacto con la mía, aunque no tuve que esperar demasiado para sentir su caliente lengua sobre aquella zona.


Mis piernas estaban abiertas y flexionadas. Elisa separó mis labios y lamió entre ellos. Mi vulva estaba inundada de los fluidos ligeramente viscosos producidos por la excitación. Ella siguió lamiendo, buscó mi clítoris para succionarlo. Creo que ella estaba masturbándose con una mano. No estoy segura. No pude comprobarlo tampoco, pues introdujo su lengua en mi vagina. Yo me movía contra ella, buscando un mayor contacto. Todo en ese instante eran sensaciones nuevas para mí, pues aunque me había tocado con anterioridad, mi cuerpo nunca había reaccionado así, ni remotamente.


Ella volvió a chupar mi clítoris, estimulándome. Yo gemía sin control. Recordé en ese instante algunos chistes en Internet sobre estrellas de mar. Yo no hacía más que estar abierta de piernas y retorcerme de placer, así que seguramente en ese instante era una jodida estrella de mar. No me importaba.


Mi mente volvió a perderse, a nublarse, esta vez de forma mucho más intensa. Llegué al clímax. Mi cuerpo vibraba, temblaba de éxtasis. Cerré los ojos. Gemí, gemí alto y fuerte. Ya no era consciente de nada más que de la oleada de placer que inundaba mi cuerpo. No sé qué hizo Elisa en ese instante. No fui muy consciente de lo que sucedió en los segundos siguientes a mi orgasmo. Yo estaba muy agitada, tratando de estabilizarme.


Mientras lo hacía, sentí la mano de Elisa tomando la propia. La llevó hasta su vulva y de alguna forma me guio para que la masturbara. Ella también llegó a su orgasmo poco después y me abrazó, me besó. Yo seguía sin saber muy bien qué debía hacer en ese momento, después de sentir su cuerpo vibrar junto al mío.


—Bebé —le oí decir a mi oído, un tanto agitada—. ¿Quieres seguir o prefieres descansar?


Yo dudé un segundo al escuchar aquellas palabras. La abracé y me escondí en su cuello, aferrándome por completo a ella.


—Ni siquiera sé cómo me atreví a hacerlo la primera vez. Soy... Soy fatal en esto, perdón...


—Calma —Elisa acarició mi cabello—. Calma. Descansa bebé —besó mis labios—. Descansa ahora y ya podremos seguir otro día, cuando tú quieras. Porque sí planeas seguirme viendo, ¿verdad? —me preguntó, mirándome a los ojos.


—Claro que sí —respondí—. Y ahora que hemos hecho esto... Tendremos que ser novias —le dije, armándome de valor.


—Por supuesto, bebé. No pensabas que te dejaría ir tan fácil, ¿verdad?


Y me sonrió, me sonrió de esa forma que era capaz de iluminar todo mi mundo. Precisamente porque todo mi mundo, sin duda es ella.


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10 de Marzo de 2018 a las 02:49 5 Reporte Insertar 4
Fin

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Samuel  M. C Samuel M. C

Uy, se me había colado lo de la novela. Esperemos que el concurso pueda celebrarse y que ganes por supuesto! De no celebrarse espero poder verte en futuros concursos. P. D. ¿Qué te parecería un concurso de microrrelatos?
19 de Marzo de 2018 a las 03:46

  • Valentine Bókthersa Valentine Bókthersa

    Jaja no te preocupes. Yo también espero que el concurso pueda realizarse, por eso me inscribí. En cuanto a lo de los microrrelatos, me parece bien, escribo bastantes cosas cortas.
    March 21, 2018. 02:34AM
Samuel  M. C Samuel M. C

Que novela tan bonita! La manera en la que la has relatado ha sido muy acertada y la sucesión de escenarios que se dan tienen mucha continuidad, lo cual hace que la novela sea más coherente y eso se agradece. De momento, de todas las novelas de #muestratuscolores, esta es la que más me ha gustado, sigue así! ¡Besos y un saludo! P. D. He echado en falta una introducción un poco más extensa de la protagonista, pero eso es a gusto personal
18 de Marzo de 2018 a las 05:09

  • Valentine Bókthersa Valentine Bókthersa


    March 18, 2018. 11:03PM
  • Valentine Bókthersa Valentine Bókthersa

    ¡Hola!, jeje muchas gracias por tus palabras. En realidad Elisa no es una novela, es un cuento, por eso es que tiene una introducción tan corta; pero de todas formas, en realidad me hacen sentir muy halagada tus palabras.
    March 18, 2018. 11:03PM
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