El violin escarlata Seguir historia

lordfreinand Borja Freire

Un acto de amor puede llevarte a la demencia y a un perpetuo arrepentimiento.


Cuento No para niños menores de 13. © Reservados

#romance #terror
Cuento corto
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El violin escarlata

Tras una larga y fatigosa jornada solo deseaba llegar a mi casa para descansar. A sabiendas, de que las comidillas de la gente entrarían por las ventanas de mi edificio, el cuál se encontraba frente a una plaza. Cuando me encontraba atravesando la susodicha plaza, y estaba a escasos metros del umbral de mi añoso edificio. Empecé a repudiar la monotonía que se destilaba rutinariamente en dicha plazuela. A la fatiga con la que llegaba a casa tras una larga jornada de quehaceres, se le sumaba, las mismas caras, el andar sin rumbo y las conversaciones carentes de sentido de la gente que se apiñaba cada día en este pedregoso emplazamiento.

Cuando estaba introduciendo las llaves en el portal, las llaves cayeron de mis manos por algo que me hizo perder el agarre en ellas. Era una melodía lastimera, que se posó en mis oídos; me satisfacía porque parecía ordenar todo el caos que habitaba en mi interior. En aquél instante, las caras de los transeúntes me parecían ahora desconocidas y amenas, el murmullo que generaban las conversaciones vacuas tornaban una dulce melodía que acompañaba a contrapunto a la lastimosa melodía. Ahora todos parecían que andaban acompasados, en cabalgata, hacía un paraje idílico. Sin duda, la melodía era producida por un violín, las notas volaban con la libertad de un pájaro que se quita los grilletes que lo retienen en el cielo. Cuando salí de este asombro busqué con ansias de donde emanaba, para así mostrarle mi afectuoso respeto al intérprete de esta virtuosa melodía. Para mi asombro, se trataba de un anciano, era alto y de complexión esbelta; llevaba puestos unos holgados pantalones que estaban raídos,intuía que era por las largas jornadas que se pasaba andando de pueblo en pueblo. Una camisa que antaño deduzco que resoba de una impoluta blancura, ahora había adoptado una tonalidad ocre. Sobre su cabeza llevaba un sombrero de copa, el ala de sombrero hacia que tuviera ensombrecido el rostro, pero se podía atisbar en él que tenía una mirada ojizarca, la cuál, parecía esconder una profunda tristeza, bajo sus ojos descansaban unas ojeras muy pronunciadas que hacían denotar que no descansaba lo suficiente. Pero su aspecto fisico no fue lo que captó mi atención, sino que fue su violín escarlata. Los reflejos del sol que se vertian en él, le hacían cobrar un rojizo fulgor.

Salí de mi asombro, ante ese recital tan virtuoso y me dirigí a mi casa. Estuve hasta altas horas de la madrugada sin sacarme esa melodía de mis sienes. No conseguía dejar de tararearla, y me estremecía al hacerlo, pues evocaba una tristeza que inundaba los vacíos que anidaban en mi. Estuve así, hasta hallarme entre los brazos de Morfeo; soñé que salía de mi casa, y que la plaza estaba coronada por negra bóveda, y ahí estaba en el centro de la susodicha plaza, el violinista mientras tocaba, ahora me hallaba cara a cara con él. Nuestros ojos se miraban de hito en hito, su violín escarlata gemía ante las dóciles caricias que el anciano propinaba por el mástil. El violín gemía, como dos amantes en la alborada entregándose recíprocamente toda su pasión. Pero a diferencia de la otra vez que lo había escuchado, ahora al violín lo acompañaban susurros y alaridos que expresaban un terror indescriptible. El sobresalto que esto me produjo, me hizo despertar bañado en un gélido sudor. No sé el porqué, pero un impulso me guió a salir por la ventana de mi habitación y ahi estaba él, bajo el silencio que reina en la noche, en su soledad, sollozando.

Durante un par de días se repitió el mismo sueño con ligeras variaciones. En ellos, veía ahora al violinista tocando una melodía que iba in creccendo. Mientras tocaba, las tinieblas de la noche se dilataban y se cernían sobre el anciano, cada vez que el tempo y las florituras aumentaban en la melodía. Ante esto, el violinista contestaba con técnicas que ni el mismísimo Nicolo Pagannini podría emular. Las sombras lo cubrieron con su opaco velo y lo engulleron en dios sabe dónde. Pero entre esta negrura reptante se podía atisbar el flamante fulgor rojizo que emitía el violín, que segaba las tenebrosas sombras. Y volvieron a acompañar a la melodía los alaridos rotos, los funestos susurros, y esas voces que parecían salir de la zona más perversa del Pandemónium. Ante esto, sentí el horror en cada fibra de mi cuerpo. Me desperté, y el corazón latía rápido como una saeta, volví a salir por la ventana y ahí estaba el violinista sollozando. En su nervioso llanto y su correspondiente respiración entrecortada, se podía escuchar el nombre de Eleonora. Cuando la mencionó parecía que su alma se quebraba y se diseminaba en los senderos de la amargura.

Decidí bajar a hablar con él e intentar consolarlo. Para mi sorpresa el anciano se mostro de lo más cortés conmigo. Le intenté animar diciendo que jamás había visto semejante destreza musical, pero estas palabras no parecian hacer mella en su triste semblante. Me miró con una solemne mirada, me confesó que estaba gravemente enfermo y me dio a entender que sabía que le quedaba poco tiempo para su postrera espiración. Para romper el hielo, tras un pesado silencio, decidí comentarle los raros sueños en los que el anciano era participe.

El anciano sacó de su funda el violin y antes de comenzar a tocar me dijo:

Como puedes imaginarte al ver mi vejez, he vivido muchos años, he vivido bajo la sombra de la misantropia. He sido un eremita que busca un consuelo inalcanzable.—Cogió aire con dificultad y prosiguió con trémula voz.— En mi juventud estuve enamorado de una bella mujer llamada Eleonora. Le aseguro, que era un ángel de amor, que dios había puesto en este mundo, para que evitara ahogarme en los insondables pozos del infierno. Nunca amé a nada ni a nadie, como la he amado a ella. Pero un infortunio cayó sobre nuestra felicidad, Eleonora cayó gravemente enferma, estuvo durante años en cama, sin fuerzas rogando que la muerte cerrada sus ojos para darle descanso. La única cosa que le calmaba sus dolores, era verme tocarle el violín.

Comenzó acompañar sus palabras con lentas notas en el violín, que le daban al suceso una ternura que me hacia entristecerme.

Mientras estaba en cama, pasaba largas jornadas tocándole sus piezas favoritas, de autores como Rachmananinoff, Brahms, Tschaichoewski entre otros. A medida que su enfermera la acercaba al reino desconocido, mi destreza musical aumentaba. Pero una fría mañana la hallé muerta en su lecho. Fue el golpe más duro que la vida pudo propinarme. Cuando la enterraron en esa sórdida tierra, una oscuridad cayó en mi corazón. La noche de su entierro acudí al cementerio, decidí tocar sobre donde ella yacía. Tenía la vana esperanza de revivirla tocando, pero no fue así. La desesperación me llevo a hacer algo de lo que siempre estaré arrepentido, la privé del descanso en el niveo reino. Desenterré su sepulcro y ahí estaba su cuerpo, frio y pálido, como la cresta de una ola que vaga errante en la tormenta. Era el más delicioso symposium de los gusanos. Lo que viene a continuación esta ligado con tus sueños. Después de desenterrarla, la abracé, y estuve llorando y besando sus fríos labios; pero ya no eran los de ella, un odio se apoderó de mi y desgarre su piel y abrí su caja torácica con la ayuda de una piedra. Y ahí estaba, inerte, su gélido corazón en medio de la coagulada sangre. Lo guardé en una bolsa, y a ella la volví a enterrar. Me dirigí a mi casa y aplaste con mi puño su corazón, desmonte el violín, e introducí en el alma del violín su inanimado corazón, y con la sangre que se vertía barniz el violín.

El anciano comenzó a llorar, en el momento que había cometido esa atrocidad ya estaba muerta. No sabía si había sido un acto de amor, o un acto producido por la demencia tras esa gran perdida. Sea como fuese, no era quién de juzgar tal deleznable acto. Y el anciano subió el tempo de lo que tocaba y prosiguió.

Y el motivo de que oyes esos alaridos en tus pesadillas es porque no he podido darle el descanso que se merece a Eleonora. Cada noche las sombras del infierno me persiguen, hasta zambullirme y sumergirme en el penumbroso reino de los muerto. Es la musicalidad que ejerzo en este violín, es su rojizo fulgor el que me guía en las oscuras sendas de ese reino. Para que cada noche le toque una pieza a mi amada. Y los gritos que oyes en tu pesadillas, son los gritos de los condenados que moran en el infierno y entran por tu ventana.

9 de Marzo de 2018 a las 13:21 6 Reporte Insertar 7
Fin

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JC José Antonio Chozas
Gracias Borja por seguir mi trabajo. Me gustaría que me indicaras si hay alguna historia o rasgo de estilo que te haya gustado en particular. Un cordial saludo, José Antonio Chozas
1 de Octubre de 2018 a las 04:43
Galo Vargas Galo Vargas
Hola Borja, queremos "verificar" tu historia. Sólo corrige por favor los errores de tipeo, espacios, separaciones de párrafos, y me respondes el mensaje para verificarla de nuevo. Saludos y éxitos.
21 de Agosto de 2018 a las 09:54

  • Borja Freire Borja Freire
    Ya está- Sería un placer que me dijeras una opinión en la que me pueda apoyar para mejorar. Un salud. 2 de Octubre de 2018 a las 05:52
Allie Fray Allie Fray
Creo que tu historia tiene gran potencial, es un final inesperado, y me gusta el misterio que se le da al protagonista. Sólo te sugiero revisar algunos errores de tipeo en tu historia, y separarla en algunos párrafos, pues aunque sea corta esto la hará más fácil de leer. Saludos (:
5 de Agosto de 2018 a las 15:00
Francisco Martínez Francisco Martínez
Almas puro estilo de Poe me gustó mucho la historia .
3 de Abril de 2018 a las 22:50
Roxana B. Rodriguez Roxana B. Rodriguez
¡Hola! Increíble historia, yo que pensaba que iba a ser una simple historia de un violinista me doy con esto ¡Felicidades! Casi se siente la música mientras vas leyendo. La historia del anciano y Eleonora ¡Para ponerte los pelos de punta! Qué valor para besar el cadáver agusanado y robarle el corazón, cosita me dio esa imagen. El final me pareció sublime. En cuanto a narración, me pareció perfecto, por ahí vi algún dedazo, que seguro en una posterior edición, puedes corregir, que no es nada grave como 'demebcia', como dije, son dedazos XD ¡Un abrazo!
10 de Marzo de 2018 a las 21:48
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