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ENFERMERA DE TURNO Una Visita Inesperada

ENFERMERA DE TURNO

Una Visita Inesperada

Por: Gustavo Mora.


No tienes idea de lo que se vive dentro de un hospital… Siempre hay un amigo…


¡No espero ni pido que nadie crea en el extraño relato que me dispongo a escribir, loco estaría si lo esperara y no estoy loco más sé muy bien que esto no fue un sueño…!


Acostado yacía yo, en una fría camilla de operación en el quirófano de un hospital de la costa del litoral central. Se preparaba todo para la operación que me iban a realizar, el doctor que era el mismo de cabecera de mi papa y amigo de la familia era negro como yo, muy alto de la costa del litoral central, muy profesional, metódico y calmado, tenía una particularidad que escuchaba música mientras operaba. Las luces cegadoras como el sol de una lámpara fija y redonda encima de mí, me hicieron pensar, parece una sala de interrogatorios de película.


Trataba de no mirar la cantidad de herramientas que estaban cerca de la camilla, serrucho, taladro, martillo, tijeras, alicates, cinceles de varios tamaños, palancas, tornillos, todo de acero inoxidable, en ese momento pensé.


¿Qué carajos hago yo aquí? ¿Esto es un taller de mecánica? ¿Qué es esto?


Los nervios se acercaban a mí como las sombras inevitables de la noche. Todos los médicos y enfermarás estaban ocupados en sus preparativos como un ritual ceremonial de los ya extintos imperios antiguos, en ese momento una aguda y agradable voz me dice:


(Voz del Anestesiólogo)


—Por favor, cuenta regresivamente del diez al uno yo te acompaño. Diez, nueve, ocho, sie… ¡Zzzzzzz…!

Me despertaron los gritos aterradores y desesperados de la doctora Brenda, lo supe por él por el carnet que había dejado en la mesita de los medicamentos, ella imploraba a dios.


—Sr. Por favor devuélveme a Miguel te lo pido.


Y entre el sonido de cachetadas, gritos y sollozos fui abriendo los ojos lentamente y frente a mi camilla en la sala de recuperación estaba una doctora de mediana edad con cabellos marrones y algo rizados, lentes, bata blanca y un estetoscopio en el cuello llorando sin cesar y decía.


—Como me haces esto Miguel despierta por el amor de dios.


En ese momento se arrodilló para rezar, implorar o vender su alma en el séptimo círculo del infierno para salvar la vida de Miguel.


Oración a quien sabe quien:


—Tú sabes que casi nunca te pido nada señor, pero si me ayudas esta vez si me portare bien, te lo juro.


Yo medio despierto le dije:


—Sabe que las promesas hay que cumplirlas verdad.


La Dra. Brenda sobresaltada grito.


—Hayyyy, muchacho le vas a provocar un infarto a alguien, haz ruido antes de decir algo.


—Bueno solo digo.


El niño que esta frente a mí de algunos nueve o diez años que habían operado en el pabellón de al lado aún seguía dormido. Imagínate el sentimiento de culpa si ese niño no despertaba.


Yo la miraba entre dormido y despierto con mucha sed, un desagradable sabor en la boca a medicamento y un frío impresionante. Cuando la doctora termino de rezar no se a quien, se escuchó la tos de un niño con la cara roja como un tomate de todas las cachetadas que la doctora le dio tratando de reanimarlo. Ella saltó de la emoción entre llanto, risas agradecimientos, etc.


—Gracias dios o quien sea.


Fue todo un acontecimiento.


En ese momento llegaron varios enfermeros y camilleros, allí nos separaron cada uno a un ala de hospitalización. El camillero me llevaba por un inmenso pasillo tenebroso de luces blancas y diáfanas en un techo colgante, al final del pasillo se veía una lámpara a medio encender e intermitente que le da al lugar el toque misterioso y de terror que uno no necesita dentro de un hospital, porque cuando tienes que pasar un par de noches allí, que te cuento la realidad es otra hasta el más valiente se arrima a la luz.


La camilla sigue rodando entre unas paredes pintadas en dos tonos blanco y azul, entramos en un amplio ascensor hasta el cuarto piso, donde aparecía una encrucijada y en el medio una capilla muy antigua de cuando el Dr. José María Vargas rezaba allí por sus pacientes e incluso había una silla bien demarcada y antigua con un aviso de no tocar, allí se había sentado el mismo Dr. José Gregorio Hernández, hoy santo beatificado, era como un pedacito de iglesia dentro del hospital, con sus bancos largos de madera y un largo cojín morado para arrodillarse. Muchas fotos de antiguos difuntos, velas, flores, había cuatro o cinco señoras sentadas en diferentes sitios con su rosario rezando por sus enfermos.


En ese momento me dejo el camillero mientras pasaba la historia y hacían el papeleo, había un silencio sepulcral que fue interrumpido por un grito desgarrador de dolor funerario que hizo eco en los cuatro pasillos de la encrucijada.


—Aaaaaaaahhhyyyyyyy, no por Dioooossss....


Con los pelos de punta y sin sangre en mis venas pensé a mis adentros.


Yo (En Off)


—¡Coño y esto que es!


Estamos hablando aproximadamente de las 10:00 am de un día caluroso y brillante normal en el caribe, pero dentro de las paredes del hospital siempre es de noche, todas las luces están encendidas y la sensación de terror es la misma. ¡Solo, acostado en esa camilla en medio de la encrucijada y frente a la capilla espeluznante, una escena de terror! Había fallecido alguien y los familiares con su dolor y pena iban camino a la morgue ¡Qué triste pensé yo!


El día siguió su curso, el dolor de la herida era intenso y desgarrador, me sedaron para poder dormir, todo transcurrió normal hasta que se hizo de noche, jamás podre olvidar este suceso, 29 de septiembre de 2009. Día de San Miguel Arcángel. Luego de despedirme de mis familiares y acostarme, escuchaba los quejidos y lamentos de los otros pacientes que compartíamos el ala con al menos doce camas todas juntas en el mismo cuarto enorme y todos a la vez solos con nuestro dolor.


Era aterrador sentarse en la cama y escuchar todos los lamentos, llantos de dolor y la sombra inclemente de la soledad, que es el enemigo más fuerte en estos momentos donde te encuentras a ti mismo. La soledad siempre fue parte de mí, así que lo llevaba bien, pero los otros pacientes estaban aterrados, no por creer o no en fantasmas, era la sombra inclemente de la soledad la que los aterraba, Había que estar bien centrado para no caer en depresión.


No podía dormir sabía que eran las doce de la media noche ya pasadas porque las enfermeras tenían cambio de guardia y estaban colocando los tratamientos, estaba muy consiente porque con mi condición de alérgico no me podían colocar ningún tratamiento sin orden del doctor Larry Camacho, al pasar todo aquel alboroto de inyecciones, píldoras y jarabes apagaron las luces exceptuando la de la puerta principal, yo no podía pegar un ojo en medio de aquella oscura y terrorífica habitación entre llantos de soledad y dolor de los otros pacientes, era sumamente tenebroso e incómodo, solo la luz de la puerta estaba encendida que a su vez daba con el baño que estaba iluminado en su totalidad.


De pronto entra una enfermera joven con su uniforme blanco impecable con un gorrito blanco y una cruz roja, sabes en ese momento no lo había notado, pero…


Sus palabras fueron.


—¡Hola, amigo te acuerdas de mí! Yo me sentaba detrás de ti en la clase de ingles del profesor Alejandro Acevedo, Te acuerdas en el liceo José María Vargas.


Yo tratando de recordar, pero bueno y esto que es, ese fue mi profesor de ingles en el liceo de verdad. Ella continuó hablándome y decía:


—Recuerdas a fulano, a fulana, te acuerdas de esto de aquello.


Con una descripción tan perfecta que me impresiono, debo mencionar esto, el dolor de la operación se me olvido y estuvimos conversando sin parar durante toda la noche, admito que ella estaba parada en un lugar específico, ya que su uniforme relucía, pero su rostro era diáfano y más bien oscuro sin embargo sabía tanto de mí que en ningún momento desconfié de ella. ¡Era muy agradable y confieso que había perdido el estado de alerta que provoca estar en un hospital, sus dulces palabras me hicieron olvidar el tenebroso paisaje desolador de oscuros e interminables pasillos por donde a esa hora no camina ni dios!


Y los gritos aterradores de dolor funerario que son interminables en un hospital.


Cuando canto el primer gallo ella se dispuso a partir y me dijo.


—¡Me encanto volver a verte, sabes que estuve perdida hasta que te encontré de nuevo! ¡Nos vemos!


Salió por el pasillo de la encrucijada y por un momento dudé y salí tras ella para preguntarle su nombre y una cantidad de cosas imagínate somos amigos ¡Uf…! Cuantas interrogantes rodaban por mi mente al abrir la puerta para dirigirme hacia las terroríficas paredes del patíbulo, ya estaban afuera todos los médicos en el cambio de guardia, las enfermeras con los carritos de medicinas y tratamientos todo un corre y corre yo en medio de ese atareado, lindo, iluminado y caluroso pasillo lleno de personas alborotadas por el inicio del trabajo fue un gran e inesperado cambio para mí.


Una doctora me agarro por el brazo y me dice.


—¿Qué hace usted aquí? No sabe que el doctor Larry Camacho le indico que no se levante de la cama, vamos que van a pasar revista.


Quedé inquieto y con ganas de que aquel alboroto terminara rápidamente para dirigirme hacia el cubículo de las enfermeras y preguntar por mi amiga, no supe lo que me dijo el doctor porque mis pensamientos estaban en esa mágica y extraña noche que me hizo sentir tan bien.


Al pasar todo aquel bullicio y mientras los pacientes ya tranquilos con la luz del día esperando la visita de sus familiares y amigos se les notaba más tranquilos. Transcurrió todo el chequeo y el desayuno, yo salí a toda prisa (bueno, prisa de recién operado), al inmenso, alegre y radiante pasillo, le pregunté a la doctora que me había tomado del brazo.


—¿Buenos días, doctora?


Ella levanta la mirada y me responde.


—¡Buen día! Dígame mijo.


Me responde una voz fuerte, pero tranquila de una doctorará de unos cuarenta y cinco años con sus lentes en la punta de la nariz y revisando los papeles de la noche.


—¿Qué se le ofrece?


Yo con voz diligente.

—Como le va, quisiera saber a qué hora se marchan las enfermeras de la noche.


— Entre las ocho y nueve depende de sus diligencias. Por.


—¡Ah…! Ok. Y ¿Dónde se encuentran ahora las enfermeras de la noche?


No me dejo terminar la frase.


Ella respondió.


—Somos nosotras.


Una doctora y tres enfermeras casi de la misma edad y con el rostro cansado por las vigilias nocturnas y el mal dormir. ¡Me asombré porque no vi a mi amiga!


—No, no señora, la joven que me atendió anoche, me imagino que por el uniforme es la supervisora.


—¿Qué uniforme?


¡Pregunto la doctorará!


—Ese todo blanco de gorrito, con una cruz roja y una bandeja de acero inoxidable con inyectadoras de vidrio y metal sabe.


¿Todas las enfermeras se miraron al unísono y voltearon hacia mí?


—¿Usted está seguro de lo que está diciendo?


—Pues claro mi doña, si acaba de salir hace rato estuvo acompañándome toda la noche, me dijo que había estudiado conmigo, ¡me dijo!


¡Y la doctora de los lentes me miro y dijo!


—Cálmese mijo que le va a dar algo, tranquilo!


—¡Pero! ¡Yo!


—¿Tranquilo mijo, es ella?


Mostrándome una fotografía antigua en blanco y negro que dejaba ver su uniforme blanco y su gorro con la cruz roja, pero con el rostro diáfano, parece que le hubiera caído una gota de agua en la fotografía.


—Si, si es ella dije yo con voz preocupada y diligente, como olvidarla pasamos una noche genial. ¡La llama por favor, gracias!


Las tres volvieron a mirarse y la doctora me dijo joven acompáñeme por favor. Imagínense yo iba con toda la curiosidad del mundo sin saber que decirle, ¡cuál era su nombre, como me reconociste después de tantos años, etc.…!


Darle las gracias sabes estaba extasiado con tantas preguntas que corrían por mi mente cuando la doctora para justamente en la capilla de la encrucijada ya no se veía tan aterradora por la luz del día, la doctora de lentes me dijo.


—Pasa.


Yo, con el dolor de la operación traté de correr porque en el primer asiento del banco de madera había una enfermera sentada, yo con mucha prisa y el corazón exaltado por la emoción de encontrarme con un buen amigo de la infancia le toque el hombro y le dije.


—¡Hola, muchas gracias…! No tengo palabras para decirte lo mucho que…


Para mi sorpresa. ¡No era ella! Se trataba de una monja que daba la misa matutina, el uniforme era idéntico y la doctora de lentes me llama y dice:


—Mírala es ella?


¡Quedé petrificado, mis labios perdieron hasta la última gota de sangre y sentí en ese momento algo inexplicable!


En el diccionario se llama (terror).


Al ver la fotografía de la agradable enfermera colgada entre los fallecidos con velas y flores que estaban en el altar y la de ella tenía una inscripción.


¡En memoria de quien perdió la vida en la tragedia de Vargas, cumpliendo con su deber…!


En agradecimiento a todas las enfermeras que dedican su tiempo a cuidar a los enfermos en los Hospitales…


Fin.

25 de Abril de 2023 a las 04:07 9 Reporte Insertar Seguir historia
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Fin

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Gustavo Mora El Ultimo Poeta Maldito del Caribe... No me interesa monetizar lo hago para divertirme y pasármelo bien...

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Alexia Moya Velázquez Alexia Moya Velázquez
Tremendo!! Es genial la historia. Tiene qje ser impactante vivirla
November 30, 2023, 21:38

  • Gustavo Mora Gustavo Mora
    Gracias mi pana, muchos éxitos. November 30, 2023, 22:15
Marylú _1411 Marylú _1411
Una muy buena historia, que no sé si es anécdota o leyenda urbana, pero me ha gustado como se fue desenvolviendo todo para llegar a este final tan interesante.
July 16, 2023, 02:30

  • Gustavo Mora Gustavo Mora
    Hola buenas noches, es un caso de vida real. Fue impresionante July 16, 2023, 02:39
  • Gustavo Mora Gustavo Mora
    De allí sale la historia de EL HOMUNCULUS Vive dentro de Mi. Una historia impresionante que te dejará sin aliento July 16, 2023, 03:15
  • Marylú _1411 Marylú _1411
    ok!! Guardo la recomendación. Gracias!!! Pasa buena noche. 🤗🤗 July 16, 2023, 03:21
  • Gustavo Mora Gustavo Mora
    Hola buenas noches, cuando puedas podrías darle un vistazo a mi nueva historia LOS VIAJEROS DEL SUEÑO. Es un prototipo de mi libro. Se agradecen críticas. July 17, 2023, 01:32
  • Gustavo Mora Gustavo Mora
    Hola buenas noches, qué te pareció los viajeros del sueño. July 18, 2023, 02:59
IB Ivon Blanco
Me encantó una buena historia te mantiene al filo hasta el final.
April 23, 2023, 13:43
~