Sueño Seguir historia

scanf30 Iv�n Ochoa

Pequeño escrito de un personaje que vive para mejorar su vida


Cuento Todo público.

#cuento #corto
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Sueño

El bello cielo nocturno de la ciudad. Acariciado por las tenues estrellas que aún luchan por brillar. Las blancas luces lejanas de la parte baja de la ciudad saludan amigables a los soñadores. Las mira desde las cálidas luces de su colonia, anhelando caminar entre jardines frescos y árboles frondosos. Sus piernas cansadas le devuelven la mirada al pequeño banco de concreto que construyó su padre, en las sombras. Ahí pasa la mayor parte del tiempo, esperando la hora de los alimentos. Aún en los peores momentos esas luces le sonríen, acariciando sus verdes pupilas.

El frío de la noche corrompe la suavidad de las mejillas y el artificial arrebol se humedece cuando sus párpados decapitan sus sueños. La tranquilidad de su noche se viene al escuchar el ímpetu metálico de un auto del año. Se detiene el vehículo y con la suavidad de un amante bajan de él. El porte nítido y los elegantes movimientos sonrojan bajo la vieja luz de la calle.

-Nos están esperando. -

Los dos subieron cuidadosamente para no entrar el aroma amarillo.

En el camino sonaban tiernas piezas románticas; el toque sutil del alma en cada una. Se apreciaba el sutil cambio de las luces como un tractor en el campo; los faroles rudimentarios se alejaban más entre ellos hasta no quedar más que la noche. Pasaron 2 preludios y un beso para ver la primera estrella blanca colgada de estéticos y modernos postes; los verdes ojos volvieron a ser. El paisaje estelar era tan bello, formadas sobre la acera como protegiéndolo todo, custodiando la belleza.

La gente caminaba tranquila. El viento adornaba todo, la sutil felicidad de la vida, portadora y justiciera de una blanca sonrisa, los trazos infinitos y las bellas lámparas que vestían las edificaciones. Sus fantasías saludaban con alegría al tiempo que sentía la cómplice mano trepar desde la rodilla hasta el precio acordado. Sus miradas se amaron por ese momento. El vidrio, testigo obligado, comenzó a sudar, el pudor le comía la vida y el agua lo delataba.

Le Destin estaba cerrado. Esperando en sus senos la tranquilidad del arrebato consensuado. Ambos bajaron del auto los pálidos tobillos descubiertos. El porte jovial y seductor de sus prendas perfumaba el tiempo con esmero taciturno. Las verdes pupilas titubeaban ante sus labios; la alegría y el golpeteo del pecho embarnecían su sexo. Su amante abrió la puerta con el mismo cuidado que la cartera al contar los segundos con los dedos y frotar los cubiertos entre las servilletas. Los comensales miraron sus cuellos antes que sus bocas; el beso cálido de la luz blanca descansó sus piernas.

Con suspiros y recuerdos la luna iluminaba la cena. Su luz opacaba la silla, la mesa, el verde de su origen; sus manos se aferraban al mantel, sudaban entre apagados roznidos. Los labios húmedos de vino y saliva silbaban tenues melodías adornadas de coquetas rodillas y descoloridos hombros. Él era sólo una noche. Sus lágrimas se fundían en la sonrisa de su dueña, sus frágiles manos y en las luces blancas. Al tiempo que ella gozaba de su compañía, él rezaba el día en que sus mañanas no fueran ocupadas por extraños o extrañas; rezaba por ser suyo y de nadie más.

Terminado el presupuesto Pablo regresaba solo. El sol apagaba las luces que dejaba atrás y el gris de su colonia le recibía una vez más:

-Hijo mío, sabía que regresarías. –

El llanto lo abdujo al recuerdo de estar parado hasta escuchar el ímpetu metálico del amor comprado. 

20 de Febrero de 2018 a las 23:04 0 Reporte Insertar 1
Fin

Conoce al autor

Iv�n Ochoa Amateur, No tengo la mejor ortograf�a y me esfuerzo. Ingeniero en sistemas Digitales y Rob�tica; escritor de closet... creo. Me gusta la fotograf�a y los videojuegos. El flamenco y la melancol�a son mis pasiones. (No ejerzo ninguna por desgracia)

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