Carretera al olvido Seguir historia

ernestolenina Ernesto Cabezuelo

La vida de Ian está a punto de cambiar cuando las voces del pasado lo envuelven: estas son las consecuencias.


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Kilómetros atrás

Ian conocía perfectamente la carretera por la que transitaba. Todos los viernes hacía la misma ruta: se encontraba de camino a Cádiz por la autopista AP-4, cruzando el Cerro del Fantasma. Bebía un frío Red Bull, que avezaba devolver tras dar unos ligeros sorbos, tan cortos como las líneas que pasaban junto a su camión a 90 kilómetros por hora.

Siempre que pasaba por la zona presentía que algo malo pudiera pasar: por eso subía la velocidad hasta la máxima que el camión pudiera darle. Cuanto antes abandonara la zona, más seguro se sentiría. Como todo camionero, no podía transitar cientos de kilómetros al día sin su querida radio. En la 96.7 solían emitir un programa de los mejores hits del country rock norteamericano entre otros famosos éxitos. Y aunque Ian no sabía inglés, tarareaba perfectamente la canción.

Un muñeco cabezón coronaba el salpicadero, bueno, eso y una treintena de pegatinas con las banderas de los países que había cruzado tragando kilómetros. Es evidente que a Ian le gustaba su trabajo: conducir y tararear canciones country eran las dos únicas pasiones por las que vivía. No tenía ni mujer ni hijos, y ya rondaba los 53 años. Se podría decir que él estaba casado con la carretera, aunque no quiero que tergiversen mis palabras: Ian era un lobo solitario, pero uno honesto, leal, honrado. Él nunca había dicho una palabrota y aborrecía a quienes la usaban. Ora conducía, ora cantaba, y el tiempo libre lo pasaba leyendo. El conocimiento siempre había significado mucho para él, pues a pesar de no haber ido a ninguna universidad diferenciaba un soneto de un pareado: y eso era algo de lo que podría sentirse orgulloso, pues la profesión no requería un gran esfuerzo mental.

Mientras conducía apenas daba cuenta a los kilómetros que esa enorme masa de metal realizaba diariamente. El cuentakilómetros aumentaba a una velocidad estrepitosa en retrospectiva a los del día anterior. Sin embargo, si uno lo miraba fijamente el tiempo parecía detenerse en esa pequeña caja brillante que emitía una luz parpadeante cada segundo como afirmación a que en 15 minutos debería realizar una parada obligatoria. Eso se lo podría agradecer al chivato, por muchos amado y odiado, del tacógrafo.

<<...Non, je ne regrette rien...>>

Conducir de noche le tranquilizaba, ya que las carreteras estaban casi vacías y sólo encontraría compañeros camioneros y demás profesionales de la carretera. <<...Ni le bien qu'on m'a fait..ni le mal...>>

Qué mal se le daba el francés. Tan sólo tomó un segundo en cambiar de emisora y sin embargo seguían emitiendo la misma canción <<...Tout ça m'est bien égal...>>

- Vaya con la radio esta noche. Los franchutes la tienen tomada conmigo.- <<...Non, rien de rien...Non, je ne regrette rien...>> Se oyó un ligero click y la radio fue apagada tras desesperadamente buscar algo que fuese de su gusto. Pero él sabía que esa noche no estaba de suerte.

-Ian, todavía me acuerdo de ti.- le fue susurrado al oído desde el más allá. A Ian se le pusieron los pelos de punta recordando un fatídico momento de su vida. Uno que jamás olvidaría.

-¿Por qué lo dejaste allí?- dijo la voz. Ian no sabía cómo responder y estaba empezando a sudar de los nervios. <<...C'est payé...>> -Por favor, no me hagas esto otra vez. <<...balayé...>> Entiendo que estuvo mal. <<...oublié...>> Pero no tuve elección, era lo mejor para los dos.- <<...je me fous du passé...>> -Pero siempre hay una solución, Ian.- le dijo ello.

-Erraste, Ian.- No sabía si esto último le fue dicho o simplemente lo imaginó. –Dame vida, Ian-. Oyó desde más allá del quitamiedos. Tras segundos de indecisión se dijo que era mejor encender la radio. <<...Non, rien de rien...Non, je ne regrette rien...>> Oteó a lo lejos una cono gris. Ese cono empezaba a coger forma en la oscura carretera. Y lo que antes era un cono ahora era un palo. Pero el palo realizó otra metamorfosis como si de Gregor Samsa se tratase. Un leve cosquilleo comenzó a recorrerle todo el cuerpo tras reconocer esa figura que cada vez con más claridad surgía de la oscuridad de la noche.

La radio se apagó. Era Ello sin duda.

Instintivamente pisó el freno y las rojas luces del camión brillaron resplandecientes en la oscuridad absoluta. Sirviendo de faro a todas las almas oscuras que encerraba el Cerro del Fantasma. Entre los árboles se oía el susurro de lo que él creía eran voces del pasado.

Una esbelta figura femenina vistiendo un aterciopelado vestido gris tenía la mano levantada en señal clara de querer ser recogida.

El camión se detuvo finalmente y la señorita se acercó a la puerta del conductor. Ian desactivó el seguro y se oyó un profundo y misericordioso click que pude ser oído desde fuera. La muchacha subió difícilmente las escaleras del camión y se sentó en el asiento del copiloto.

-Gracias, gracias. Pensé que no pararía nadie.-dijo ella.

-Nada, siempre es un placer ayudar a las personas en apuros. Supongo que no hay nadie en la carretera a estas horas...-dijo él. Quitó el pie del freno, metió tercera e inició la marcha. Las luces de frenada dejaron de ser visibles.

-Sobre todo con esas voces de fondo. ¿A quién se le ocurriría?-

-Espera un momento, ¿qué has dicho de unas voces?, ¿tú también las oyes?-

-No, Ian, no lo entiendes. Yo no oigo voces...-

-¿Cómo conoce usted mi nombre? ¿Por qué me tutea?

-He aparecido para preguntarte por qué lo abandonaste. Ello jamás lo hubiera hecho.-

Cerró los ojos ligeramente y observó que su pulso se aceleraba como el rugido del motor a la par que oía de fondo amarga voz del pasado... <<...Non, rien de rien...Non, je ne regrette rien...>>.

-Será mejor que descanses aujourd'hui, ya casi no te queda tiempo para el descanso. El próximo viernes te veré a la misma hora. No olvides visitarme.- Ian quedó en un profundo letargo al volante. Un poderoso sueño acabó con toda la cafeína y teína que se hallaba en su cuerpo en esos instantes.

Y de repente todo se volvió oscuro. Ahora era ello lo que rondaba sus sueños.

13 de Febrero de 2018 a las 20:26 0 Reporte Insertar 0
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