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Los 12 Deseos de Asha

Asha no era una niña común y corriente. Siempre estaba fascinada por cosas que otros niños no les daban la mínima importancia. Asha se preguntaba por qué los arcoíris no tenían rosado. O por qué “todo junto” se escribía separado. Pero “separado” se escribía todo junto. Y siempre estaba curiosa por saber cuántos posibles significados tenía el “miau” de un gato.

Cuando llegaban sus cumpleaños, y era el momento de soplar las velitas del pastel, su madre le decía: Asha, pide un deseo. Pero la niña prefería guardarse el deseo, porque según ella, más adelante un deseo podía ser útil. Hasta ahora, Asha ya tenía once deseos acumulados.

En la escuela solía vivir distraída con sus pensamientos, y frecuentemente la profesora le llamaba la atención; pero siempre cumplía con sus deberes y estudiaba para las pruebas, aunque no siempre obtenía las mejores notas de su salón.

En casa, las dos hermanas de Asha solían burlarse de ella. Vives con la cabeza en las nubes, le decían.

A lo que Asha les respondía: las nubes están llenas de muchas cosas buenas también.

¿Por ejemplo?

Cigüeñas, gansos, cisnes y águilas.

¡Ay, Asha! decían sus hermanas, moviéndole la cabeza y torciendo los ojos.

¡Niñas! el padre solía intervenir, dejen a su hermana en paz.

El padre amaba a Asha con todo su corazón, al igual que a sus otras dos hijas, y siempre salía en su defensa. La madre también la adoraba, hasta el infinito, pero al mismo tiempo, secretamente deseaba que su hija fuese un poco más normal. Le preocupaba que de grande, a Asha le iba a costar mucho trabajo hallar a un chico bueno que se quisiera casar con ella.


Cuando llegaron las vacaciones de verano, la madre tuvo una idea. ¡Mañana nos vamos de camping! anunció a la familia. Podemos celebrar el cumpleaños número doce de Asha en el bosque, en medio de la naturaleza.

¿De camping? se quejaron las niñas.

¿Celebrar mi cumpleaños en el bosque? dijo Asha.

¡Excelente idea! dijo el padre. ¡Adoro ir de camping! ¡Voy a empacar mi mochila ya!

Pero mamá, suplicaron las niñas. En el bosque no hay electricidad.

Precisamente. Un poco de aire fresco, en medio de la naturaleza, nos hará bien a todos.

¡Pero mamá!

¡Pero nada!

Cabizbajas, las niñas se fueron a empacar sus mochilas.

Lo que nadie sospechaba era que la madre tenía un plan. Tal vez—se le había ocurrido—si Asha entra en contacto con la naturaleza, puede que cambie un poco. A ver si así deja de ser tan…diferente. Cuando esa niña crezca, quiero que me dé nietos, y no dolores de cabeza.

A la mañana siguiente la familia subió a la camioneta y se pusieron en marcha. Viajaron por la carretera sin tomar descansos y varias horas después apareció la entrada del bosque. Entraron y escogieron un buen sitio dónde acampar. El padre montó las tiendas y las niñas juntaron leña para hacer una fogata. Cuando la fogata estuvo lista, la madre apareció con un pastel de cumpleaños con doce velitas encendidas.

Ay, mamá, dijo Asha. ¿Qué no pudimos haber hecho eso en la casa. Sin las hormigas?

La madre ignoró el comentario e hizo que todos cantaran.

¡Asha, pide un deseo! dijo la madre.

¡Sí, hija, pide uno grande! la alentó su papá.

Asha dijo: Creo que mejor lo voy a guardar. Puede que sea útil más adelante.

Pero algún día vas a tener que pedir algo, observaron sus hermanas. ¿Para qué juntas tantos deseos, ah? ¿Qué quieres, un novio? ¿Un príncipe encantado?

Bueno fuese, dijo la madre; y las hermanas se pusieron a reír a carcajada suelta.

Basta, no fastidien a Asha, ordenó el padre. A Asha le dijo: Sopla tus velitas, mi linda y preciosa.

Ella sopló las velas, y en ese instante, un trueno se oyó a la distancia y gotitas de agua comenzaron a caer.

Parece que vamos a tener una llovizna, dijo el padre.

La familia guardó todo y se refugiaron en las tiendas mientras llovía afuera.

Durante la noche sus hermanas le confesaron a Asha que los truenos les daban miedo.

No hay nada de que temer, dijo ella, tan sólo es electricidad calentando el aire en el cielo. Ya va a pasar.

La explicación tranquilizó a las dos hermanas y Asha sugirió que todas jugaran “¡Pesca!” con la baraja de cartas. De esa forma tendrían la mente ocupada y ya no pensarían más en los truenos. Después de varios juegos, y sintiéndose todas cansadas, las niñas se enfundaron en sus bolsas de dormir, apagaron la linterna a pilas, y se quedaron dormidas.


A la mañana siguiente el cielo amaneció azul y claro y se respiraba un aire fresco.

Mientras sus padres y hermanas encendían otra fogata y colocaban la mesa plegable para desayunar, Asha se distrajo oyendo el murmullo distante de un riachuelo, y fue hasta ahí para explorar.

Estaba pasándola muy bien, haciendo saltar piedrecitas sobre el agua, cuando de pronto, una ardillita anaranjada bajó de su árbol, y se paró frente a ella.

¿Tienes hambre? Asha le preguntó.

Del bolsillo de su pantalón sacó una barra de nueces con pasas, y quebrándola en pedazos pequeños, se la ofreció.

La ardilla se acercó y rápidamente dio varios pasos hacia atrás en dirección de los árboles.

¿Que no te gusta? dijo Asha. Tiene nueces. ¿Ves? Esta es una pecana.

La ardilla se aproximó y nuevamente retrocedió.

Llena de curiosidad, Asha le dijo: ¿Acaso quieres que te siga? ¿Es eso?

De repente la niña oyó la voz de su mamá: ¡Asha! ¡Dónde te has metido! ¡Tenías que ayudar con el desayuno! ¡Asha! ¡Vuelve aquí de inmediato!

Esta vez el animalito se acercó aún más y tiró de la manga de Asha.

¿Pero a dónde quieres que te siga?

¡Asha! nuevamente gritó la madre. ¡Vuelve aquí en este mismo instante!

Lo siento mucho, se disculpó la niña, pero mi mamá me llama. Me tengo que ir. Y diciendo esto, corrió de vuelta al campamento, donde recibió una gran reprimenda.


Por la noche llovió de nuevo y Asha no podía dormir. El encuentro con la ardillita del riachuelo la había dejado algo inquieta. De repente ella oyó un rasqueteo y vio la sombra de la ardilla en la puerta de la tienda. La niña deslizó el cierre, y ni bien el animal la vio, tomó a Asha de la mano y la jaló.

Debe ser algo muy importante, dijo ella.

Calzó las botas de jebe y el poncho para lluvias y siguió a la ardilla con la linterna a pilas iluminando el camino. Los padres de Asha y sus hermanas seguían durmiendo.

Caminó una larga distancia hasta el río, y llegando, oyó un sonido de maderas crujientes que cada vez se hacía más fuerte. Apuntando la linterna hacia lo lejos, vio horrorizada que la represa natural estaba a punto de reventar por causa de la lluvia.

¡Tengo que avisar a mi familia! Asha exclamó. ¡No tengo tiempo que perder!

Recogió a la ardillita y comenzó a correr lo más rápido posible.

¡De prisa! se decía a sí misma. ¡Tengo que ir más de prisa!

No había conseguido avanzar más de cien metros cuando de pronto se escuchó un gran estallido. El río finalmente había quebrado la represa y sus desbordantes aguas comenzaron a arrasar con todo y a perseguir a Asha.

¡No puedo correr más rápido! gritó Asha. ¡No lo voy a lograr! ¡Ni tampoco mi familia!

Con el agua a escasos metros y a punto de ahogarla, Asha elevó los ojos hacia el cielo y suplicó: Por favor, esta es mi hora de necesidad. Cambio los doce deseos que he juntado en mi vida, por la oportunidad de poder avisarle a mi familia, y que se salven.

Y diciendo esto, un relámpago iluminó el cielo seguido por un gran trueno, y Asha se alzó en vuelo por los aires convertida en un águila del bosque, con la ardillita suavemente sujeta entre sus garras.

Asha voló, chillando con su potente voz de águila para dar la alarma mientras que el río continuaba avanzando. Llegando al campamento recobró su forma original de niña y a todo pulmón gritó: ¡INUNDACIÓN! ¡INUNDACIÓN!

Padre, madre, y hermanas se despertaron, y al oír el rugir del río devorando todo a su paso, dejaron todo y corrieron a la camioneta. El padre aceleró el vehículo hasta lo que era mecánicamente posible mientras el río los perseguía por detrás.

¡MÁS RÁPIDO! gritaba la madre. ¡QUÉ NO PUEDES IR MÁS RÁPIDO!

¡ESTOY YENDO AL MÁXIMO! gritó el padre mientras las dos hermanas temblaban de miedo.

Llegando a la salida del bosque, el padre hizo un giro brusco que hizo gritar a todos, y entró a la carretera, consiguiendo salirse del paso de la inundación.

Estaban a salvo.


Ya en casa, mientras desayunaban, Asha le presentó a su familia a la ardillita que les había salvado la vida. La madre puso sobre la mesa un platito con nueces y arándanos y la ardilla comió feliz.

Se llama Señor Serelepe, comentó Asha. Él mismo me lo dijo.

Hija, dijo su madre, de ahora en adelante, quiero que siempre seas como te haga más feliz, mi amor. ¿Está bien?

Sí, mamá.

Las hermanas besaron y abrazaron a Asha y prometieron que nunca más se burlarían de ella. Iban a esforzarse para ser las mejores hermanas del mundo.

De pronto la madre exclamó: Hija, ¿pero qué marca es esa que te ha salido?

No sé, dijo la niña. ¿Qué marca?

Mirándose en el reflejo del tostador, Asha vio que en efecto, una marca le había salido en la frente, y viéndola bien de cerca, parecía una estrellita.

21 de Enero de 2023 a las 06:09 3 Reporte Insertar Seguir historia
4
Fin

Conoce al autor

Jorge Altamirano Hi, my name is Jorge and I’m from Lima, Peru. I have autism, that’s why I write “different”. Anyway, I love telling stories. Thanks for reading. ♾️

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JK Jacinta Klaue
i very like this story is so funny and nice congratulations jorge
February 26, 2023, 01:56

JK Jacinta Klaue
i very like this story is so funny and nice congratulations jorge
February 26, 2023, 01:56
JK Jacinta Klaue
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February 26, 2023, 01:56
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