Cuento corto
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el carácter del fluido

En cierta sobremesa, después de hincar el diente en pastas y hongos ocultos tras un tipo de sosegada crema, un señor rechazó con severa decisión una taza de café ofrecida por costumbre a las visitas. Ante la insistencia, y consciente de lo que se venía, probó lleno de culpa cinco o seis sorbos, luego de alejar con discontinuos soplidos las confusas gotitas de agua que escapaban todas desesperadas por la única abertura disponible de la taza.
A los pocos minutos cogió un taxi a casa, pero no un taxi corriente, sino uno de esos de la línea amarilla, cuya frecuencia por la avenida es incierta y su recorrido circular por la ciudad produce, sin importar la hora del día, la multiplicación de pasajeros y paradas. Llegando a casa estuvo obligado a sumergirse en una tina con agua caliente por una hora. Luego de leer algo de Canto de mí mismo, de Whitman, tuvo síntomas como de alucinaciones, pero que olvidó rápidamente resolviendo el crucigrama del diario de la mañana. A eso de las tres de la madrugada se levantó de la silla que está en la sala principal para tenderse en la cama. Acaso una hora después, tras una serie de molestos hormigueos en las costillas y la espalda, se levantó de la cama y se dirigió a la silla nuevamente. De la silla se levantaría tres o cuatro veces más, pero nunca con destino a la cama.

Aquella noche notó que visitaba más el baño que la cocina y más el patio trasero que el ante jardín. Entre todas las cosas que se preguntó esa noche, dos se repitieron con mayor insistencia: cómo sería el interior de las casas que quedan en la otra cuadra, y por qué hay piscinas en algunos barcos. Como nunca había visitado las casas de la otra cuadra y tampoco sabía de diseño de cubiertas de barco, no imaginó respuestas. Cerca del amanecer, y dado que la ventana junto a la silla de la sala da hacia el este, el sol, que venía convencido desde el otro lado de las montañas, creó una serie de siluetas que, a pesar de su gusto por las montañas, le produjo malestar. Luego del malestar, que era como físico, le entró una terrible nostalgia. En ese mismo instante sintió la necesidad de tomar la silla y su chaqueta, y dirigirse rápidamente al pequeño patio lateral que da hacia el oeste, justo bajo la parte del cielo en donde aún era de noche. Convencido de haber encontrado la cura al malestar y a la nostalgia, durmió muy contento por varias horas.

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7 de Febrero de 2018 a las 22:07 1 Reporte Insertar 1
Fin

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Katt Rabal Katt Rabal
Una Historia interesante
7 de Febrero de 2018 a las 16:38
~