Cuento corto
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Exquisita Agonía.

Hay una diferencia entre estar ahogándote en lágrimas y estar hundida en un mundo de oscuridad. Un lugar donde no hay nadie que pueda ayudarte a salir más que tú mismo. Donde cualquier palabra, cualquier acción, parece hundirte más y más en el hoyo negro que son los pensamientos.

Porque son infinitos y finitos, porque pueden significar todo y nada.

Todo puede cambiar en un segundo. Las cosas pasaron de colores a gris y comienzan a carcomer mi interior, como una sombra creciendo poco a poco y opacando todo aquello que parecía tener algo de luz. Aislada parecía era la palabra que mi mente encontraba adecuada para describirme.

Sola.

Las lucen se apagan, las personas se van y me quedo completamente sola. Trato de aferrarme a algo y antes de que me dé cuenta ya estoy hundida en un pozo sin salida. Mi garganta arde y me es difícil respirar. A desvanecerse comienza todo y trato de aferrarme a una última cosa, a tratar de entender cómo es que llegue a un punto donde no me importa andar; atrás o adelante dejaron de importar, el simplemente estar es doloroso.

Golpeo las paredes en busca de una salida donde no la hay. No hay ningún ángel que va a interrumpir la pesadilla en la que soy el único personaje; protagonista y antagonista. Pequeños momentos, palabras efímeras como un suspiro construyeron las cadenas que me atan al fondo de mis más oscuros pensamientos.

¿Por qué estaba ahí? ¿Qué había pasado?

Ignoro la sensación de soledad. Trato de ponerlo en el fondo de mi mente donde no pueda molestarme. Pongo una sonrisa por delante y arranco mi corazón para ponerlo en una caja, con un último rocío de lágrimas oculto como se apaga.

Todo está bien.

El silencio inunda mi habitación, la negrura de la noche, la laca de brillo de las estrellas, las cutículas de mis uñas destrozadas y el mosaico frio del piso parecen acompañarme como un constante manto de nostalgia por algo desconocido. Trato de encontrar razones, buscar motivos de porque siento lo que siento.

No obtengo ninguna respuesta.

Nada que pueda ayudarme a entender que fue lo que hizo llegar a un punto donde siento que no hay salida.

Al borde del precipicio, donde ya ni siquiera respirar profundo ayuda a que mi equilibrio se mantenga.

Estas estresada, dijeron.

Es algo normal.

Mi blusa favorita se desliza de mi cuerpo como si no me perteneciera. Comienzo a desmoronarme y mi cuerpo conmigo. El melifluo canto de mi alma bombea al ritmo de mi corazón.

Busco debajo de las piedras, al final del horizonte donde el sol se pone y allá donde mi felicidad parecía estar. Los lugares que solía visitar. Las cosas que solía disfrutar. Trato de encontrar una buena razón para alejarme de mi escape temporal.

Es una ridiculez.

Tú eres feliz.

Tienes una buena vida.

Letanía, tras letanía seguían rebotando en mi mente como un constante recordatorio de lo que ya no tenía. De lo que necesitaba volver a encontrar. Tomo una bocanada de aire tratando de encontrar una solución en un mar de espinas y lagrimas.

Caen y caen como miles de pequeños huracanes debajo de mis ojos y en la tierra que está debajo. Lo dejo salir y trato, de verdad trato, de lograr recomponerme.

Pataleo. Grito. Lloro.

Meta a meta, lágrima tras lágrima, logro subir.

Y la luz se hace ver. Aun a distancia, aun más lejos de mi de lo que debería, aun burlándose de mí por su hermosura y regodeándose de lo inalcanzable que es, pero está.

Y ya no estoy sola.

Colores comienzan a surgir a mí alrededor con una lentitud abrumadora.

Con una esperanza llena de toques de locura.

Como una exquisita agonía. 

3 de Mayo de 2018 a las 19:38 0 Reporte Insertar 0
Fin

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zara danner 17 | aphrodite | slytherin

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