El Ascenso de la Oscuridad Seguir historia

mewpher Renato Fellipa

Roberto es un estudiante de último año de la universidad privada de Torreblanca, está fascinado con los muertos vivientes. Alexandra es la gerente general de Fireball una joven empresa de software de la corporación Árbol Negro. Sus caminos se cruzarán cuando un holocausto zombie afecte al mundo, secretos serán revelados y muchas vidas perdidas. Ambos se verán envueltos en un conflicto que ha existido desde cientos de años y tendrán que definir el destino del mundo.


Fantasía No para niños menores de 13. © Derechos Reservados

#Origenes #Muerte #Death #Dead #No-Muertos #Nigromante #Apocalipsis #Magia
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Prólogo

Es una noche oscura mientras escapo a través de un espeso bosque, puedo sentir su mirada detrás. No sé lo que es, pero me causa un miedo aterrador tan solo pensar en ello.

Me esfuerzo más en correr, mis pulmones y los músculos de todo el cuerpo me arden protestando el esfuerzo. Aún así sigo corriendo, no puedo detenerme o me alcanzará. El bosque se vuelve cada vez más espeso y oscuro. Ya no puedo ver bien mi camino, choco varias veces contra los árboles hasta que caigo fuertemente al suelo.

Un fuerte dolor recorre mi cuerpo cuando me golpeo la cabeza contra un tronco, trato de levantarme pero el mareo no me deja. Me quedo unos segundos sentado en el suelo hasta que siento que se aproxima, el miedo es más fuerte que el golpe y salgo corriendo nuevamente.

A lo lejos puedo distinguir el borde del bosque. Siento una pequeña esperanza mientras acelero más aún, el bosque se aclara y puedo ver mejor los obstáculos hasta el final.

Llego a un gran campo donde empiezan unas colinas, ya puedo ver el cielo y a lo lejos lo que parece ser un edificio de investigación. No tengo mejor lugar para esconderme y tomo el camino hacia el lugar lo más rápido que puedo. Todo está silencioso mientras me acerco, no hay luces prendidas ni signos de que haya alguien adentro. Todo está quieto.

Me siento intranquilo con el lugar, me quedo mirando desde lejos las ventanas y puertas. Con duda tomo rumbo hacia la entrada principal, cuando se abre de repente y una gran cantidad de personas sale caminando lentamente. Me quedo quieto mirándolos, parece que no se fijaran en mí o no les interesa que estoy ahí.

Escucho una fuerte carcajada detrás, volteo y puedo verlo a lo lejos. Su imagen es imponente mientras se acerca caminando hacia mí. No me puedo mover, el miedo me ha paralizado al igual que su risa macabra. Cuando está lo suficientemente cerca puedo ver que está vestido completamente de negro. Su sonrisa maquiavélica contrasta con su cara blanca.

Un quejido seguido de un cloqueo me trae de vuelta. No le quité la vista de encima desde que apareció del bosque, por eso no me di cuenta cuando las personas que salieron del edificio se acercaron a mi lentamente rodeándome. Ahora puedo verlas mejor, no son realmente personas. Todos ellos están muertos.

Una mano agarra mi hombro por detrás, lo puedo ver directamente a los ojos. Sus ojos muertos llenos de ira me examinan detenidamente. Siento su respiración cerca de mí, su aliento apesta y me dan ganas de vomitar pero me contengo. Él parece darse cuenta y sonríe nuevamente, parece disfrutar de mi miedo y de mi rechazo. Lentamente me gira hacia los muertos detrás de mí y se queda mirando directamente a una joven mujer. Ella se acerca muy lentamente, sólo un orificio en su frente la delata; es muy atractiva pese a estar muerta. Como un soldado frente a su general se detiene esperando órdenes a unos pasos de nosotros, no la reconozco.

– Piénsalo. – Dice el hombre a mi espalda empujándome suavemente hacia la mujer.

En ese momento la mira por un segundo y ella reacciona lanzándose sobre mí desesperadamente. Me empieza a morder donde sea que caigan sus dientes y desgarrar mi cuerpo, en ese instante todos los demás muertos vienen en mi busca. Sólo puedo gritar de desesperación, agonía y dolor.

La risa del hombre retruena en mis oídos, me llena de miedo mientras los muertos muerden y despedazan mi cuerpo. El dolor continúa pero de pronto la risa se detiene. Veo hacia el hombre, la cara blanca, los ojos muertos y la sonrisa maquiavélica ya no están ahí. Lo que veo es mi propio rostro mirándome inmutable.

Repentinamente me despierto, estoy sudando y agitado. Aún temblando por la pesadilla agarro mi celular y veo la hora, aún es de madrugada. Otra vez la misma pesadilla, en el mismo lugar. Ya no creo que podré dormir. Me acomodo en mi cama pensando en la manera que haré para dormir nuevamente pero el cansancio y sueño me llegan antes de lo previsto.

16 de Enero de 2018 a las 15:01 0 Reporte Insertar 1
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