Recuerda que morirás Seguir historia

roxanab Roxana B. Rodriguez

Su última esperanza para escapar y comenzar una nueva vida, lejos de la lucha y el peligro se esconde cruzando el bosque...


Fantasía Todo público.

#Sombras #Elfo #No vidente #ciego #Drama #Fantasía oscura
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Recuerda que morirás

Ni si quiera supo en qué momento se había quedado dormida en la espalda de Nicholas mientras cabalgaban. Sí había sentido el golpe al caerse del caballo y el chasquido de las espadas al golpear entre ellas. Yuritzi sabía que tenía que huir, sin embargo, cuando sintió el filo de la espada en su cuello, no pudo más que quedarse quieta. Entre el ruido de la batalla y su nula visión, no era de gran utilidad para Nicholas. En ese mismo momento, se maldecía al sentir cesar el choque de espadas. No lo podía ver, pero sabía que Nicholas se había detenido al instante en que la vio en esa situación.


Y podría haber dicho algo, pero en ese silencio tan abrupto en el que estaban, sintió el viento ser cortado, el sonido de la carne desgarrándose y un líquido cálido que roció su rostro, pecho y manos. El golpe del cuerpo cayendo la hizo estremecerse, dando un corto brinco desde su sitio. No lo veía, pero sabía a ciencia cierta que había un cadáver frente a ella y que, había sido asesinado rápidamente por un golpe certero de Nicholas, aun en una posición difícil.


No le costó adivinar al sentir el sonido de los cuerpos en el suelo y las espadas repiquetear en el suelo que, se había librado de ellos con la misma facilidad con la que había matado a ese hombre que estaba frente a ella. Y aunque ya había pasado por esa situación varias veces, su cuerpo seguía tan entumecido como la primera vez. Quizás, porque estaba cubierta de sangre y tanto la sensación de ella en su piel como el olor metálico de la misma la paralizaban por completo. Y no podía moverse, sintiendo que si hacía un movimiento, encontraría otro cadáver y otro. Y se vería rodeaba de ellos, pudriéndose, descomponiéndose a su alrededor mientras la sangre escurría de sus heridas hasta que coagulaba o el suelo la absorbía.


Nicholas la levantó de suelo y montaron a caballo una vez. Cuatro orcos los habían interceptado en los pasajes de Arkahn, sabía que un ejército debía estar pisándoles los talones y el bosque muerto de Deke era una zona de lo más peligrosa de cruzar, mucho más si tenían que pensar en pelear.


—¿No le pasó nada?


—Estoy bien, sólo, un poco nerviosa —respondió bajito. Estaba aun bastante intranquila y adolorida por la caída del caballo, aunque podía sentirse dichosa en momento así de se no vidente y no haber vislumbrado con sus propios ojos aquella escena de muerte y destrucción.


Nicholas le dio un fragmento de su ropa para que se acabara de limpiar. Él estaba acostumbrado a todo eso, él incluso, provocaba todo aquello por mantenerla a salvo. Y en este viaje, parecía ser una misión imposible: podía sentir temblar el suelo debajo de ellos con sus enemigos pisándoles los talones.


El caballo se detuvo rápidamente cuando jaló las riendas, provocando un relincho que puso aun más intranquila a Yuritzi.


—¿Qué sucede? —Preguntó y Nicholas la apretó contra su pecho.


—Sujétate fuerte —dijo serio. El sonido de la espada desenvainándose fue lo siguiente que ella escuchó y el galope a toda velocidad del animal. El filo de la espada de Nicholas encontró el cuerpo de la sombra, que a pesar de su nombre, eran seres corpóreos, capaz de extinguir la vida de todo aquello que tocaban, como si su piel estuviera hecha de puro ácido, por donde pasaban sólo dejaban muerte y desolación, tierra infértil y sólo restos de seres vivos. Pero a él no le tembló el pulso para decapitar a otro más con el movimiento de su espada.


Así, unos tras otros fueron cayendo, aun cuando la sangre le salpicó en el brazo y le produjo una quemadura desde la muñeca al codo, siguió sin rechistar si quiera.


—Estamos cerca —hasta ella escuchó el sonido cargado de un poco más de esperanza y buen ánimo.


—¿Cómo es?


—Es oscuro, deprimente, sólo se ve la carcasa hueca de los troncos, algunos en el suelo, con hongos, con moho, pero las mariposas azules están por todos lados —y no había mejor augurio que ellas. Mortales para cualquier animal o insecto que las devorase, pero aun así, eran un buen augurio, pues, ellas eran las que en la oscuridad del bosque, guiaban a los viajeros con su color azul brillante que podía incluso verse en la más profunda oscuridad.


A algunos metros de ellos, la puerta de Hiiro brilló soltando a varias mariposas cuando una sombra se metió en su camino.


—¡Agáchate! —Le ordenó a Yuritzi e irguiéndose sobre el animal, dio la estocada que mató a su contrincante en lo que el caballo saltó para entrar al otro lado.


Fue una de las sensaciones más sofocantes que tuvieron, pues, pasar ese umbral era como caminar bajo la presión del agua, hasta respirar se tornaba difícil, hasta que lograron salir, cayendo al suelo rodando. El caballo no había tenido fuerza suficiente para mantenerse en pie con ellos encima.


Sobreponiéndose al impacto, Nicholas buscó a Yuritzi con un nudo en la garganta. La puerta de Hiiro era su última esperanza, el último lugar seguro a que podrían ir, y a pesar de todos sus esfuerzos, el lugar neutral, aquel donde la paz reinaba, había desaparecido por completo: de él no quedaba nada.


—Nicholas ¿Estás bien? —Preguntó ella palpándole el rostro. Él sonrió, respiró profundo y la tomó de las manos, besándole el dorso de ellas y ayudándola a montar el caballo de nuevo, le dijo que estaba bien. Se había hecho un vendaje prematuro en el brazo, ahora, es todo lo que podía hacer— ¿Llegamos ya? ¿Por qué todo es tan tranquilo? —Estaba ansiosa, feliz, podrían descansar tranquilos ya. Y era por esa misma razón, que él no se animaba a romper esas ilusiones.


—Así es la paz. La tranquilidad siempre reina con ella. Nos moveremos un poco más antes de llegar a nuestro destino —le dijo y se sintió terrible al mentirle, pero se iba a sentir peor si le decía la verdad.


No había lugar a donde ir; ni a donde regresar. Sólo les quedaba andar, con la esperanza de encontrar algo, a alguien, un poco de vida entre tanta soledad.
24 de Diciembre de 2017 a las 22:00 0 Reporte Insertar 2
Fin

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Roxana B. Rodriguez Escritora argentina.

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