El brillo de los copos de nieve Seguir historia

roxanab Roxana B. Rodriguez

Oda Nadeshiko y Shiratori Hiromu deben casarse sin conocerse por un arreglo que hicieron sus padres y ahora, ellos deben cumplir. Su honor así como el destino de sus empresas está en juego gracias a ello. Sin saber el uno del otro, se embarcaran a la vida de casados con la idea de que dentro de unos años, serán libres de ese compromiso con su ansiado divorcio ¿llegaran a hacerlo?


Romance No para niños menores de 13.

#Japón #Matrimonio arreglado #Romance #Drama
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Capítulo 1 — Casados

Vio todo a su alrededor. La calle, el cielo y todo lo que la rodeaba la hacía sentir tan pálida y vacía como la nieve misma. Quizás, era una buena señal para comenzar su vida de casada. Acababa de contradecir a sus padres al llenar la forma del registro civil. Había firmado como Shiratori Nadeshiko en vez de conservar su apellido y dejar que su esposo lo cambiase. Su esposo, sin más remedio, conservó el suyo para no hacer más largo el trámite y rellenar nuevamente la forma. Tarde se habían enterado sus padres que ella no había aceptado las condiciones que habían establecido, pero, ya nada se podía hacer por ello. Así que ahora, el apellido Oda había acabado en ella.


Tampoco podría decir algo sobre su esposo. Lo había conocido el día anterior en la reunión que sus padres habían hecho a último momento. Ni si quiera habían seguido el protocolo ni se les había permitido tener al menos una cita: la vida de casados sería una verdadera aventura para ellos. Y eso, había sido cortante para Nadeshiko, entre otras cosas. Después de despedirlos en el registro civil con su rumbo a su casa, había decidido cortar todo contacto con ellos. Le sonaba maravilloso no volver a saber nada de nada de sus padres.



—Dame la mano— le pidió él, más bien, le ordenó al bajar del auto.


Nadeshiko lo dudó, haciendo que él suspirara sonoramente.


—El piso está lleno de hielo y nieve. Con esos tacones, te caerás y no pienso levantarte— espetó manteniendo su mano extendida. Habiendo dicho eso y si ella no aceptaba, poco le importaba, iba a seguir a lo suyo. Más, Nadeshiko se sintió apenada por eso y terminó por aceptar aquel gesto y agradecerle.




La casa era bonita. Ellos habían rechazado todo regalo que pudieran darles, incluso, la ceremonia religiosa, así que los padres de ambos, habían comprado la casa para que comenzaran su vida juntos. Ninguno de los dos se veía especialmente entusiasmado por eso, pero ahí estaban, intentando llevar bien las cosas y hacer más aceptable la estadía juntos.


Nadeshiko recorrió todo después de dejar el bolso en la entrada y quitarse los tacones. Más, cuando vio que había una chimenea, decidió encenderla, deteniéndose un momento allí ¡la casa estaba helada! Y era normal, con el frío que hacía y estando sin habitar, era una heladera. Se quedó allí unos momentos, frotando sus manos hasta que sintió que el calor volvía hacia sus dedos y decidió continuar con su recorrido. Aunque su esposo se veía más dispuesto a hacer las cosas rápido.


Querían ver la habitación en donde dormirían, más, al llegar allí, confirmaron  que había una sola cama en toda la casa: era la única habitación amoblada. Y habían revisado a su alrededor y ni si quiera, un futón había como para que pudieran dormir separados.


Ambos se miraron y miraron la cama. Ninguno había pensado en que iban a tener qué dormir juntos. Aún estaban bastante reacios a que se habían conocido apenas, hacía dos días.

—Dormiré en el sofá. Tú puedes quedarte aquí—


Nadeshiko se sintió mal de escucharlo. Sabía que ambos eran las víctimas de sus padres por lo que no tenía que pagar la culpa durmiendo en el incómodo sofá.


—¡Espera! No debes dormir en el sofá— lo detuvo tomándolo de la manga de la camisa antes de que fuera a la sala —es decir, tú eres muy alto y grande, estarías incómodo en el sofá. Puedo quedarme yo ahí. Me acurruco en un rincón y ni me notaras— insistió. A pesar de todo, le sabía mal que estuvieran peleando por el sofá.


—No me sentiría bien haciéndote dormir allá. No sería propio de un caballero. Estaré bien—


Y de nuevo, un estúpido impulso hizo que se adelantara a los hechos, lo sostuviera con más fuerza de la manga de su camisa y le dijera que compartirían la cama. Si Nadeshiko lo hubiera pensado detenidamente, no hubiese llegado a proponer algo como eso. Habían empezado a discutir precisamente para no dormir juntos y ella había terminado por decir que dormirían juntos. Aun así, no vio que la expresión seria del rostro de él cambiara, simplemente, terminó por acceder.


Ella sonrió y fue a buscar los bolsos que había dejado anteriormente en la sala. Habría que comenzar a acomodar las pocas pertenencias que llevaban consigo.


Nadeshiko desempacó la ropa y la fue acomodando en el ropero que ambos compartirían mientras Hiromu preparaba la cena. La heladera estaba llena de provisiones al igual que las alacenas por lo que, por aquella noche, ninguno de los dos tendría problemas. Aun así, él no podía dejar de pensar que estaba casado con una adolescente. Sus padres habían sido unos total imprudentes al hacer ello.


—Degenerados— musitó mientras removía las verduras en el wok. Todo había sido por un arreglo que habían hecho ellos sin contar que podrían no estar de acuerdo. De hecho, Hiromu había rechazado su acuerdo por la fuerte diferencia de edad que había entre los dos, pero ante las presiones, acabó por acceder. Seguiría el divorcio después de todo ¿no?

Más, el acuerdo con sus padres había sido estricto y deberían esperar un tiempo antes de que pudieran llegar a firmar los papeles de la separación. Todo, por sus queridos padres. Pero no les quedaba de otra opción que aceptar las cosas tal y como estaban que, de lo contrario, iban a acabar con más problemas de los que ellos quisieran. Quizás, ella no, aún era estudiante y tenía toda una vida por delante, pero, para él, su restaurant estaba en juego y con él, su reputación, sólo por eso, aceptaba las estúpidas reglas del acuerdo matrimonial que si no hubiese sido por eso, jamás hubiese firmado el acta de casamiento.


— — — — — — — — —

En Japón, no es obligatorio que la mujer cambie de apellido. Mayormente, lo es que uno de los dos cambie de apellido al casarse. Normalmente, es la mujer. Más, si el apellido de ella es de más prestigio, tiene un kanji con mejor significado, etc., etc. Es válido que sea el hombre quien haga el cambio de apellido. A veces, cuando un kanji tiene un significado malo —o que augura la mala suerte—, al casarse, se lo puede cambiar por el de su esposa —en caso de que sean hombres—.


1 de Diciembre de 2017 a las 06:13 0 Reporte Insertar 0
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