Todo lo que no tiene Seguir historia

alexaperezhistorias Alexa C. Pérez

Nacidas en el seno de una hermosa familia, las gemelas April y Amber Carson, han tenido todo lo que puede hacer feliz a una persona. Cariño, salud, felicidad y gente dispuesta a dar todo por ellas. Esos es lo que muchos piensan, pero April no lo cree. Ha vivido a la sombra de su hermana por años, tragándose desprecios y distinciones que se fueron acumulando hasta convertirse en un sentimiento mucho peor. La llegada de Devon a sus vidas, pone en juego las lealtades y despierta en ella la sed de venganza, el ansia del odio y La llama de la envidia.


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RELATO

April sabía lo que les esperaba en su casa. Había escuchado a las amigas de su hermana planificando la fiesta sorpresa para ella, por lo que decidió ignorar la información y eligió ese momento para dejar caer la bomba que impactaría la vida de su gemela. Amber, la versión perfecta de diversión, a la que los demás querían primero y por la cual muchos de ellos la rechazaban.

La mera existencia de una personal igual a ella le disgustaba. Muchos las comparaban en todos los aspectos y podía mencionar en el primer puesto a su madre. La elegía a ella para ir de compras, charlar cualquier estupidez y acompañarla a un lugar tan simple como el salón de belleza. Su padre prefería salir con Amber a los bolos, llevarla a los juegos deportivos de su equipo de fútbol o simplemente discutir una película.

Sus progenitores hicieron distinciones en cada una. Amber era más educada, April más huraña; Amber era más divertida, April muy aburrida; Amber era más extrovertida y April cerrada. Estaba harta de las comparaciones, de que su vida girara entorno a los logros de su gemela y que nadie apreciara las cosas que podía hacer. El hecho de que sus padres la menospreciaran, hacia evidente para los demás quien tenía más para ofrecer o así lo percibía ella.

Subió el volumen de la música en el auto, guardó lo que había comprado hace meses con recelo y decidió ir cantando para distraerse de que iba camino a buscar a su hermana como lo había prometido. Amber asistía a clases de actuación en un teatro comunitario cercano a su vivienda, pero odiaba caminar seis cuadras por la avenida principal hasta llegar al sitio. Exigió el auto que se vieron obligadas a compartir luego de un mal negocio de su padre, forzando a April a irse en metro para llegar al dojo ubicado en el norte de la ciudad, donde practicaba karate.

Ese día, April había tomado el auto para hacer las diligencias necesarias a su ingreso en la Universidad Johns Hopkins situada en Baltimore, en la que residían. Había sido aceptada para estudiar educación y se sentía orgullosa de ello, hasta que llegó la carta de aceptación de su hermana en la Escuela Juilliard en Nueva York. Su gemela iba a estudiar teatro y sus padres habían hecho una estupenda cena para celebrar tal hazaña. Una de sus hijas dejaría la ciudad y expandiría sus horizontes. Ese gesto se sumó a los muchos que había vivido por dieciocho años seguidos. Su hermana no puso peros, a lo que pactó que debía llevarla y buscarla al salir del teatro.

Miró el letrero del restaurante chino y aspiró para soportar las estupideces que Amber diría. Se acercó al lugar y la vio en las afueras, conversando con un grupo de chicos y hablando muy atenta con un rubio al que no le soltaba el brazo. Sonrió al ver que su hermana cayó en el encanto del joven y negó por el poco cariño que esta sentía por Devon, su novio y la persona que terminó desencadenado la rabia de April.

Devon Morgan era el chico perfecto. Eran compañeros de karate y April se vió encantada no solo con su físico, si no también con su personalidad chispeante. Le encantaba el cabello negro que contrastaba con los ojos grises y el lunar que el chico tenía en la comisura de su labio izquierdo, pero lo que de verdad la encandiló, fue la forma de tratarla con respeto, de valorar lo que pensaba y de interesarse en lo que a ella le gustaba.

Luego de meses tratándose como amigos, Devon la había invitado a una cita y esta se vio tan nerviosa por la proposición que cometió el peor error de su vida. Le contó a su hermana y dejó que esta hiciera de ella una persona que no era. La vistió con ropa diferente, le aplicó maquillaje y la acompañó hasta el cine que habían acordado.

En ese momento, April se sintió bonita, diferente y le encantó que sus padres le dijeran lo hermosa que se veía con el vestido que tenía puesto. Tuvo la sensación de que nada podía salir mal hasta que llegaron al lugar. Devon la miró con rareza y le preguntó si algo le sucedía, puesto que la veía extraña y no parecía la chica con la que tenía meses conversando. La sinceridad no le sentó mal, pero la gota que derramó el vaso, fue que su hermana la interrumpiera para devolverle su teléfono y él la detallara como lo hacían todos. Mirando asombrado entre ambas y sonriéndole a Amber en la forma que ella deseaba que le sonriera.

La cita fue incomoda. Devon le pidió a su hermana que se quedara y lo que más rogó porque no sucediera pasó. Él conectó con ella y la seguridad que transmitía, haciendo sentir a April inferior y estableciendo solo una amistad. Lo toleró como una campeona, pero a los dos meses cuando se enteró que su hermana había salido con él a sus espaldas y este no se sentía bien con eso, su corazón se rompió. Lo confrontó tras escuchar la conversación que mantenía con Amber por videollamada. Aceptó las disculpas y como un caballero, le explicó que le gustaba mucho su hermana y quería salir con ella.

April supo que lo hizo más que todo por respeto y eso la enervó más. No podía odiarlo como quería, pero sí sabía sobre quien redirigiría esa rabia que se acumulaba en todo su ser. Dejó que las cosas sucedieran sin meterse. Su hermana y Devon se hicieron inseparables y mostraban su relación sin muchos problemas. La gente los felicitaba y decían la hermosa pareja que conformaban, a lo que April cada vez más dolida, sonreía y asentía como si estuviera de acuerdo con ello.

Tuvo un tiempo para reflexionar luego de un año a punto de la graduación, decidió cambiar cada una de esas situaciones. Esta vez le tocaba a su hermana sentirse como un cero. Salió de sus pensamientos cuando Amber subió al auto con una sonrisa de oreja a oreja y April alzó su ceja. La otra negó divertida y no discutieron lo evidente. Estaba saliendo con el chico del teatro a espaldas de Devon.

La información jugosa le dio calidez a las motivaciones de April y con más disposición llegaron a la vivienda. Se bajaron con prisas. Una para bañarse y cambiarse, mientras que la otra buscaba lo necesario para tener todo listo. Caminaron a la entrada principal, abrieron y Amber fue la única que entró, su hermana se excusó con algo que se había quedado en el auto.

April no perdió tiempo. Tomó el nuevo teléfono que le compró a un desconocido y le dio enviar a la publicación guardada en borrador en la cuenta de Facebook de su gemela, la que tan despistada que colocaba combinaciones sencillas de contraseña como la fecha de nacimiento. Esperó unos minutos y vió que la gente escribía comentarios, cerró la aplicación y apagó el teléfono con una sonrisa.

El plan de terminar con la paz de su hermana acababa de iniciar. Tomó las carpetas con los papeles y entró como si no supiera nada de la fiesta que se cocinaba. Se hizo la sorprendida cuando escuchó la música, vio la comida y el hermoso pastel que lastimosamente decía «feliz cumpleaños Amber». El sentimiento de exclusión volvió, hasta que la única persona que la trataba con cortesía, se acercó y le dio un abrazo, deseándole un hermoso nuevo año de vida.

Devon le hizo un regalo precioso. Un dije con un colibrí de oro y se lo colocó en el cuello, diciéndole que era una excelente amiga y que podía contar con él. Sonrió con resentimiento y agradeció el gesto, viéndose felicitada por sus padres, quienes le dieron una tarjeta de regalo para gastar en una famosa tienda por departamento y otra tarjeta para usar en su cafetería favorita. El gesto le sentó bien, pero en momento en que su hermana bajó, el ambiente cambió.

Amber tenía la atención de todos, recibiendo regalos de sus amigos, chillando por el bonito pastel y besando a Devon con sentimiento. April volteó la mirada y contuvo una lágrima, así que disimuló y se sentó en uno de los sillones, evitando a los demás. Lo intentó pero no pudo, Devon sacó una pequeña caja de su bolsillo y los corazones de ambas gemelas se aceleraron por el posible significado. Ninguna había errado, el chico se inclinó y abrió la cajita blanca para mostrar un precioso anillo de oro con unas incrustaciones brillantes alrededor de un pequeño diamante.

La sala enmudeció y el chico soltó la pregunta que a April le rompió el corazón. Estaba tan enamorado que le había propuesto matrimonio a su hermana, comprometiéndose en el tiempo destinado a estar en la universidad y finiquitando la fecha de tal evento para la navidad luego de que se graduaran. Todos los felicitaron y sus padres le dieron sus respectivos regalos, que fueron una cartera Chanel de temporada y diez mil dólares extras para sus gastos afuera.

No lo soportó más y subió las escaleras a su cuarto de dos en dos. Tenía mucha prisa y lo primero que hizo fue encender el teléfono y redactar el correo a la directiva de Julliard. No esperaría como tenía planeado. Su sed de venganza llegó a su punto más álgido y solo deseaba destruir el mundo de ilusiones y mentiras que su hermana había construido. Envió el mensaje al chico del video y esperó con paciencia a que le enviara en enlace de descarga. Lo subió a la página de Julliard, así como en las redes sociales de su gemela. Apagó nuevamente el celular y se preparó para las posibles reacciones.

La gente dejaría de ver a Amber como la chica perfecta. No era así, ella estaba llena de mentiras y April solo quería exponer la verdad, aplicándole un dramatismo que a muchos les dolería, pero era necesario para ver con claridad lo evidente. Su hermana era una farsa andante y su castillo de naipes se caería, de eso estaba segura.

Se encerró en su cuarto. Metió el seguro y envió un mensaje a su madre indicando que no saldría porque estaba empezando una de sus migrañas. La mujer respondió con un escueto descansa y se colocó los tapones de oído para no escuchar el ruido, se tragó una de sus pastillas para dormir y dejó que la bruma del sueño la venciera. La ignorancia en esos momentos le sentaba bien. No ser testigo de la felicidad que Amber recibía mientras era elogiada por todos y amada por Devon, era lo mejor.

La mañana siguiente despertó por unos fuertes gritos al otro lado del pasillo. Se levantó vacilante pero al dilucidar la voz de Devon en el fondo y un llanto, sonrió como nunca lo había hecho. Disimuló su placer y esperó hasta que el sonido de las voces menguara para salir. Aunque muriese de ganas por ver la pelea, no era lo más indicado bajar en ese momento. Se bañó y vistió como siempre para seguir con la rutina que tenía en esas vacaciones. Escuchó un fuerte golpe de la puerta principal y salió de su escondite.

Caminó por el pasillo y al no vislumbrar a nadie, bajó las escaleras para desayunar. Conociendo a su madre, había limpiado el desastre de la fiesta y cocinado algo suculento para su princesa. Cuando llegó a la planta baja, miró un cuadro que siempre soñó ver. Su hermana estaba arrodillada en la puerta, llorando a lágrima viva y su padre la veía con decepción, mientras su madre observaba algo en móvil de Devon, quien lo había dejado tras la explosiva reacción.

Se acercó fingiendo sorpresa y su padre la miró con vergüenza. Preguntó qué sucedía, pero su progenitor no dio respuesta y su madre lanzó el aparato contra la pared, para luego gritar de furia e indignación. Esta se dirigió a su hermana y la cacheteó como nunca la había visto hacerlo. Todos enmudecieron y Amber se levantó del suelo, corriendo por las escaleras y encerrándose en su cuarto.

Su madre lloró con fuerza y su padre la llamó para recoger el teléfono, sentarla y explicarle lo que pasaba. Le dijo lo que ya sabía, alguien posteó un video en la cuenta de Facebook de su hermana con un enlace de descarga. En este se veía como su hermana subía y bajada de diferentes autos, en los que saludaba a los conductores con un beso en la boca y partían hasta un automotel a las afueras de la ciudad. Se evidenciaba con claridad, como la llevaban a cenar y le daban regalos exorbitantes como joyas que bien sabía, escondía en su colchón. Amber se mostraba tal cual era, una joven manipuladora con ansias de dinero y se valió de su belleza para conseguir todo el que necesitaba y lo que quería.

En la última parte del video, se veía en una cena con uno de los directores de admisión de Juilliard y lo besaba con fuerza mientras este la alejaba, tratando de emitir una distancia suficiente para no ser notados. Gran error, pero el más grave fue llevarla a uno hoteles cinco estrellas más importantes de la ciudad. El clic terminaba con un collage de fotos de los distintos sujetos que han sido sus clientes, enfocando al director de la academia de artes. El mensaje final decía: «¿Esto es lo que quieren en su institución? Quizás sea una buena actriz por engañar a todos, pero tengan en cuenta que hará lo que sea por obtener lo que quiere».

No emitió ninguna palabra. Sus padres estaban desechos y el teléfono comenzó a sonar, pero nadie tenía fuerzas para contestar. Ella se levantó y atendió, comprobando que era una persona de admisión y control de estudios de Juilliard, quien quería comunicarse de inmediato con su hermana y aclarar el asunto que perjudicaba su beca. Su padre atendió y contestó preguntas, para subir a terminar la llamada en el cuarto de Amber. La inquietud de si perdía la beca o no, no era tan importante para April como saber el estado en el que se encontraba Devon, por lo que subió a su cuarto, tomó los teléfonos y llamó a la madre de este. La mujer la insultó como si fuera Amber, pero Devon escuchó y decidió aceptar la llamada.

April le habló como una amiga abnegada y le aclaró en todo momento que no tenía idea de lo que hacía su hermana y lamentaba sus acciones. Su familia se sentía dolida, decepcionada y que no merecía lo que le sucedía. Le mintió descaradamente y se ofreció a llevarle el teléfono, así que se cambió a una ropa cómoda, tomó las llaves del auto y le explicó a su padre a donde iba y lo que haría.

Recorrió varios kilómetros hasta internarse en el suburbio donde vivía Devon. Miró al padre del chico, saliendo en el auto y suspiró por la actuación que tenía que hacer. Le agradaba la situación más que nada, pero tenía muchas ganas de decir la verdad, de soltarse y explicar lo que era su hermana. Tocó la puerta y la madre del chico la recibió sin ganas, haciéndola pasar y conduciéndola a la habitación de este.

Devon la recibió con lágrimas en los ojos y se abrazaron con fuerza. Él pensaba en lo equivocado que estuvo de elegir a la hermana que no era. Si se hubiese decidido por April las cosas serían diferentes, pero no la amaba. Sentía su alma y su vida ligadas a una mujer que lo engañó, lo defraudó y lo convirtió en el hazmerreír de Baltimore. Ella lo entendía, aunque se entusiasmaba de escuchar sus palabras y sentía que por fin tomaba el terreno que le correspondía, ese que le envidiaba a su hermana.

Con el paso de las horas, lo animo, le sirvió de amiga y consuelo. Lo hizo engullir comida y hasta reír de algún video insulso. Se veían tan bien juntos, que para ella, no cabía duda que su destino era ese, pero Devon eligió mal y tenía que pagar las consecuencias de aceptar a una persona que no lo valoró.

Decidieron apagar sus celulares y dedicarse a distraerse. La mamá de él la miró con otros ojos y le agradeció su presencia en el mal momento que su hijo estaba pasando. Los habían llamado para comprar los renos que tenía como una forma de burla, mientras que los más osados preguntaban por el número telefónico de Amber y cuanto cobraba. Todo fluyó tan mal en esas horas, que April decidió no decirle nada a su amigo y llamó a su casa, avisando así que se quedaría con él mientras lo consolaba.

La mamá de Devon los dejó solos y se fue a su guardia nocturna en el hospital principal de la ciudad. Trabajaba como enfermera en el sitio y su esposo se había ido de viaje por cuestiones de trabajo. En otras circunstancias, Amber hubiese sido la acompañante de Devon, pero ahora era ella quien le brindaba una mano amiga en lo que bebían y se reían sin parar. Se sentía tan bien, que se olvidó del mundo y se dedicó a su felicidad, ya que su hermana no se encontraba para opacársela.

Entrada la madrugada y con un nivel de alcohol muy por encima de los límites permitidos, decidió entrar en acción y sedujo al chico que la tenía loca, envidiosa y enamoraba. Era la oportunidad perfecta y la aprovechó. Tuvieron relaciones íntimas de una forma torpe, rápida e impersonal, que la hizo entender con claridad lo mal de su idea, pero el hecho de que Devon la confundiera con Amber, fue lo último que su lastimado corazón aceptó.

Lo dejó dormido y con la rabia a cuestas, usó el teléfono con el que posteó el video y le avisó a su hermana que no era la única que engañaba, que la traición de Devon era peor que ser una cualquiera. Rió con lágrimas y amargura, se echó desnuda en la cama, esperando a que su gemela hiciera la entrada triunfal. Se durmió de cansancio y despertó sintiendo un tirón de su cabello, mientras alguien los golpeaba con fuerza. Amber había llegado y la madre de Devon la intentaba separar de ellos.

Los insultó de muchas formas y April se vistió en el proceso. Su hermana salió como alma que lleve el diablo y lágrimas de víctima se asomaron a sus ojos. Enfatizó ante la madre de Devon, que lo que había pasado era una estupidez de borrachos y que no volvería a ocurrir. Especificó que lo mejor era que guardaran distancia y salió con rapidez de la casa. Se subió a su auto y tomó una dirección distinta a la de su hogar.

Su venganza se había llevado a cabalidad, la sintió tan amarga que se concebía mal. La gloría fue por apenas unos minutos y el choque con la realidad fue duro, agrio y sin sentido. Devon la hizo sentir sucia, sin valor y de la peor forma que la pudo haber hecho sentir cualquiera. ¿De qué valía todo eso? Logró lo que se propuso, pero en su fuero interno, no alcanzó su más grande anhelo, que alguien la amara como amaban a Amber, tener todo lo que no tiene.

Salió de la ciudad y se paró en la vía principal. Sacó lo que había guardado con cuidado el día anterior, el arma con la que fantaseaba matar a su hermana desde hace meses y la miró con seriedad, analizando los pros y los contras de accionarla como quería. Toda su vida pasó por su cabeza y el dolor la hizo llorar de angustia. Ella no era así. April Carson siempre fue una buena chica y amaba su hermana. No podía con la carga y la mentira dentro de la verdad. La envidió siempre y la odió a pesar de su amor. Tras el daño propagado a su familia y la realidad mostrándose cual flor en primavera, la opción que más veía viable era la que colgaba de sus manos.

Tomó el valor, llamó a su padre y le pidió perdón. Explicó lo que sucedía, donde encontrar las pruebas de lo cometido y le dijo que a pesar de todo lo entendía, porque Amber era la mejor y que sin importar lo que pasara, siguieran adelante como si ella no hubiese existido, como cualquier día común en el que la ignoraban. Colgó el teléfono, cargó el arma y en la autopista, una mañana de septiembre, cansada de vivir en la sombra de alguien más, apretó el gatillo y se suicidó. 

1 de Diciembre de 2017 a las 02:45 0 Reporte Insertar 1
Fin

Conoce al autor

Alexa C. Pérez Orgullosa venezolana, estudiante, lectora compulsiva, fanática de las historias románticas y las que llevan un gran mensaje. Escritora principiante y amante del chocolate, los abrazos y los buenos libros. «Hay infinita vida en los libros, como amor en sus palabras»

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