El Primitivo (Temporal) Seguir historia

N
Nicholas Lere


Zen despierta en una playa semi-desnudo sin saber por qué está ahí. No recuerda su pasado y esta confundido, ve creaturas extrañas y peligrosas lo cual decide correr hasta que se queda dormido. Despierta al día siguiente y se da cuenta que es recogido por un sujeto llamado Zamora, que le explica lo que sabe del mundo en el que se encuentran y le enseña consejos basicos para sobrevivir. Zen lo tiene claro, el fuerte vive y el débil muere en este mundo. Zamora le sigue enseñando a Zen a cómo sobrevivir, cuando de repente en un día de caza...


Aventura Todo público. © Nicholas Geronimo Azul Lere Burga

#misterio #aventura #accion #fantasia
2
10040 VISITAS
En progreso - Nuevo capítulo Cada 30 días
tiempo de lectura
AA Compartir

¿Quién Soy?

Desperté en la arena, sin saber dónde estaba, ni por que había aparecido aquí. Tenía toda la cara llena de arena y estaba desnudo, solamente tenía un taparrabo y estaba completamente rapado. No sé cómo aparecí aquí, ni recuerdo mi pasado. Miraba a mi alrededor y escuchaba el sonido de las olas y de algunos pájaros raros y grandes. Ni siquiera recuerdo cual es mi nombre. Empecé a ver un humo negro muy cerca de donde me encontraba. Sin embargo, tenía una sensación rara de no adentrarme a la jungla. Pero el hambre ya me empezaba a molestar. Tenía que arriesgarme en este mundo desconocido. No muy lejos de mí, a unos metros podia ver animales muy extraños. Cuando de repente, a una distancia segura, veo que un chancho negro y extraño estaba siendo consumido por un Velociraptor. Tan solo al ver esto corrí sigilosamente a la jungla. Ya estaba fuera del obvio peligro, me di cuenta que mejor idea era quedarme en la playa. Habían bichos gigantes en la jungla del tamaño de mi cabeza que me empezaron a perseguir, sin pensarlo dos veces seguí corriendo hasta que salí de esa jungla densa y llegué a un rio que se veía como emboscaba en el mar. El humo negro estaba ahora mucho más cerca, pero tenía que cruzar el rio que era algo que no me quería arriesgar. En las aguas cristalinas se veían animales desconocidos por mi saber. El sol estaba insoportable, se sentía como 30 grados centígrados. Tengo que llegar al humo como dé lugar, tiene que haber alguien ahí. Tenía que arriesgarme a cruzar el rio de todos modos, o tendría que conseguir comida y olvidarme la idea de ir al humo. Opte por la segunda opción y por suerte mía había un tronco en la playa que estaba suelto y tirado, podía estar toda la tarde buscando más troncos o madera para armar una pequeña balsa y cruzar el rio. También podía cruzarlo con el tronco, pero me di cuenta que la corriente me jugaría una mala pasada. El tiempo se agota y tenía que actuar rápido. La hambruna se sentía más y más del paso del tiempo. Detrás del tronco, que se encontraba en la orilla, había un arbusto con bayas de diferentes colores. En mi desesperación de hambre, me comí diez bayas rojas y quince azules, sin pensar en las consecuencias que estas podían tener. El atardecer era inminente y las nubes cubrieron los cielos, empezó a llover. La temperatura bajo drásticamente y el frio comenzó a notarse. Me encontraba debajo de un árbol, a unos metros de la playa. Estaba triste, preguntándome ¿Quién soy yo? ¿Por qué estoy aquí? No lo sé ... debe haber una razón, un motivo de mi mala suerte. Comí unas bayas negras que había agarrado de aquel arbusto y mis ojos se cerraron, mientras el sonido de la lluvia se escuchaba tranquilamente. Por mi suerte estaba bien escondido.


Me despierto en una cama, con las manos amarradas y con ropa de fibra blanca. Parece que había pasado la noche ahí, ya había amanecido. Era un cuarto pequeño donde desde la ventana se podia ver el rio, estaba en una especie de barco pequeño. La habitación era de madera y aparte de la cama había un escritorio y la puerta que daba a una especie de pasillo. La flora era densa y se escuchaba el sonido de los animales propios de la jungla. Empecé a escuchar pasos en el pasillo. La puerta se abrió


- ¿Quién eres tú?- me dijo el sujeto extraño, que probablemente era mi rescatista.


Era un hombre de 1.85m, pelo castaño y ojos verdes. Muy musculoso y tenía una barba de leñador. Su voz era muy profunda y era un sujeto con un aura intimidante e impresionante, su edad rondaba los 35 años.


-No me hagas repetirlo- continuo el sujeto

-Quisiera saberlo...- le respondí

-No te hagas el gracioso, no dudare en matarte-


El hombre saco una pistola muy antigua, de primera generación. Su presencia ya era intimidante y ahora mayor.


-No sé quién soy, quisiera saberlo. No recuerdo mi pasado ni como me llamo. Solo sé que aparecí en la playa sin saber el por qué- Respondí

-Debes ser nuevo- Me dijo el hombre

-¿Nuevo?- le pregunte

-Debes ser nuevo, por eso no recuerdas nada. Todos empezamos así aquí- Me respondió

-No entiendo nada, ¿Qué estás hablando? - Le dije

-Solo te digo que, si te pasas de vivo, no dudare en matarte 


El hombre me desamarro de la cama. Las muñecas me dolían de la dura soga con la que me amarro.


-Me llamo Zamora- me dijo el hombre

-¿Como sabes tu nombre? - le pregunte

-Aparecí aquí hace 20 años, al igual que tú. Exactamente cómo te encontré, solo que a diferencia tuya, ami nadie me ayudo ni rescato. Si no te hubiera llevado a mi barco ya estarías muerto, date por seguro eso. Sobrevivir en este mundo es casi imposible si no tienes la prudencia e iniciativa necesaria- me comentó Zamora.

-¿Cómo sobreviviste solo? ¿Acaso somos los únicos humanos en este mundo? - le pregunté

-Cuando aparecí en este mundo, tuve la suerte de aparecer en esta isla, producto de una conexión del rio. En mis inicios solo comía bayas de los arbustos. Por cierto, fuiste muy tonto al comerte las bayas negras, lo note por tu boca embarrada de ese líquido viscoso negro. Esas bayas son un sedante natural fuerte, si las consumes te desmayas. Bueno, aprendí todo solo y a la fuerza. Este pequeño barco lo he fabricado yo mismo, también la casa que se encuentra afuera- respondió Zamora.

-¿Somos los únicos en este mundo?- repetí

-Te lo digo joven, te aseguro, que no estamos solos en este mundo. Acá sobrevive el más fuerte y el débil muere. Nunca pero nunca confíes en alguien si quieres vivir, Jamás.- respondió Zamora.

-¿Por qué apostaste en mi?- le pregunté

-No he apostado en ti, después de un tiempo te tienes que ir. Si te vuelvo a ver por mi territorio después de habernos despedido. No dudare en clavarte mi lanza o disparar mi pistola. En el mundo exterior, eres presa o depredador; Vives o mueres.

-¿A ese extremo has llegado? ¿Entonces por qué me rescataste si todo va a terminar de esa manera?- le pregunté

-Porque me recuerdas a como empecé en este mundo, me recuerdas a mí, hubiera querido que alguien me ayudara- me dijo

-Nunca me dijiste como descubriste tu nombre- le volví a preguntar


Zamora saco una pócima del cajón que se encontraba en el escritorio y me la dio


-Bébela antes de dormir y para mañana ya sabrás tu nombre- dijo Zamora

-¿Qué es eso?- le pregunte

-Un concentrado de vayas blancas y polvo...-

-Prefiero no saber mi nombre- Lo interrumpí después de oler la pócima

-Entonces como me refiero a ti ¿Niño? ¿Joven? ¿Primitivo? Por favor no me hagas reír- respondió Zamora alegre

-Llámame Zen- le dije

-¿Y de dónde salió eso?- dijo Zamora riéndose

-Instinto, tal vez- respondió Zen

-Bueno niño desnutrido, no tengo para tirarme todo el día respondiendo todas tus preguntas, a trabajar que si no hoy no comes flacucho- dijo Zamora


Zamora salió del cuarto y Zen se quedó solo.


-¿Ahora que hare? Vaya problemón que tengo, por lo menos no estoy solo en este mundo. Pero este lunático me va a botar de aquí a patadas en cualquier momento ¿Quién se cree que es? Bah que me queda- se dijo Zen a si mismo 


Zen se paró de la cama y caminó hasta la puerta del pasillo. Una vez en el pasillo se vio a un espejo y vio por primera vez su apariencia física. Un chico, mejor dicho, un joven, de unos 18-20 años y de 1.80m. Todo flaco, contextura delgada, ojos marrones claros y de pelo castaño oscuro. Ese era Zen, que sigue confundido por su casualidad en el mundo.

Zen dejó de mirarse y fue al final del pasillo que daba, la salida. De ahí vio donde se encontraba, en un pequeño barco anclado a una pequeña isla dentro de un lago que da conexión al rio en el que Zen se encontraba antes. En esa pequeña isla se encontraba una pequeña choza, al costado una fogata, un forjador y una curtiduría que estaba quemada. También habían sembrados de bayas. Zen se dio cuenta que el humo negro venia de esa curtiduría quemada, un suspiro de relajo tuvo Zen al ver que estaba en un lugar seguro y aparentemente estable. Pero se acordó que tarde o temprano se iba a tener que ir y el relajo desapareció. Zen piensa que convencerlo a quedarse va a ser pérdida de tiempo por la seria amenaza que tuvo.

Zamora, con 3 tablas de madera, empezó a arreglar la curtiduría de pieles quemada mientras que Zen salto de la balsa a la isla y se acercó a Zamora que estaba modificando la madera, Zen preguntó:

-¿Qué paso?

-Se me cayó un poco de aceite y parece que mientras no estaba se incendió, fui a apagar el incendio lo más rápido posible pero no llegue a tiempo. Ahora tengo que arreglarlo porque si no mi ropa de cuero no la voy a poder arreglar- respondió Zamora

-¿Y por qué yo tengo ropa de fibra y tú de cuero?- dijo Zen

-Sinceramente no voy a gastar recursos en ti, no creo que vivas tanto- respondió Zamora

-Enséñame- dijo Zen

-¿A cambio de que?- preguntó Zamora

-Recursos y mantenimiento de tu hogar- respondió Zen

-Acepto los recursos, pero ya te dije que te irás, no cambiaré mi opinión- dijo Zamora

-Pero este lugar es seguro...- dijo Zen

-Ya no lo creo, el humo negro de ayer llamo mucho la atención- interrumpió Zamora

-No es excusa para...- dijo Zen

-Ya te lo dejé claro- terminó Zamora

Hubo un silencio incomodo entre los dos.

-Bueno, me das lastima, te enseñare a sobrevivir para que cuando te vayas no sea tan penoso de que te mueras- dijo Zamora  

 


28 de Noviembre de 2017 a las 02:09 0 Reporte Insertar 2
Continuará… Nuevo capítulo Cada 30 días.

Conoce al autor

Comenta algo

Publica!
No hay comentarios aún. ¡Conviértete en el primero en decir algo!
~