lonely17 Len Phillips

La salud es el estado en el que un ser vivo se encuentra en un completo bienestar, tanto físico como mental. La vida aún no tiene un significado, pero necesita de la salud para funcionar. La muerte es, simplemente, la ausencia de vida. Aún a mitades del siglo digital, las personas no pueden vivir mucho más de 80 años sin que su salud se vea afectada. Y si la salud se acaba, la vida se acaba un poco después. Así es la naturaleza. Así es el ciclo de la vida. Pero; la tecnología ha cambiado mucho en el último siglo, y a una velocidad extrema; y todo lo que antes fue difícil, ahora es tan fácil como mover un dedo. Todo está a los pies de la humanidad. A los pies del Nuevo Mundo. Agujas e hilo para remendar la prenda. Remendar la prenda le hace ganar hilo y perder la tela con la que fue hecha. Llega el momento en que el último trozo de tela se rompe dejando la prende dañada una vez más. Decides remendar una vez más, y prometes nunca más volverla a rasgar. Pero ya es tarde, la prenda perdió ya toda su tela. Aún conserva su forma pero la prenda ya no es lo que solía ser.


#9 en Post-apocalíptico No para niños menores de 13. © © Emanuel Obredor. Todos los derechos reservados.

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Asientos

Escuela Distrital Hamler. Lital, Nuevo Mundo. Febrero 31 del 2052. 18:00 horas.

Sofía buscaba minuciosamente algo dentro de su maleta rosada mientras salía de los portones de su escuela y llegaba a ras al auto de su madre. Era tarde y ambas debían estar en casa lo antes posible. Una llamada supuestamente urgente de Mike, —hermano de Lina— le pidió que llegasen rápido —lo más veloz que les fuera posible— ya que tenía que contarles algo de vida o muerte e insistía que debía ser en persona. Lina, la madre, estaba convencida que sólo era alguna pretensión de su hermano, alguna cosa que en realidad no era urgente, pero, aun así, le dio el beneficio de la duda. Llegarían a su hogar más temprano que tarde.

El día estaba gris y el sol apenas se notaba; el frío era el único que dominaba el ambiente en ese momento. El estacionamiento de la escuela, junto a toda la ciudad, estaban envueltos en una oscuridad gris. Una neblina suave, y con un olor un poco raro, le daba un aspecto un poco lúgubre y misterioso al ambiente. Al observar un poco más allá del lugar, se podían notar los gigantes edificios del norte de Lital —que normalmente reflejan en sus ventanas la luz del sol a todas partes— callados y tristes. Sus gigantes ventanas se veían pardas y su silueta era difícilmente percibida.

Sofía encontró lo que buscaba, lo agarró con una mano, cerró su maleta y lo acomodó debajo de su brazo. Recorrió trotando el pequeño estacionamiento de la institución, dirigiéndose hacia un auto familiar de color azul cielo y ventanas que estaba aparcado a unos 20 metros de la salida principal. El auto se veía en buenas condiciones y no parecía ser antiguo —aunque la realidad fuera lo contrario a su apariencia—; sus ventanas cerradas, junto a pintura, se veían brillantes.

Al llegar al coche y abrir la puerta del copiloto, la chica de 16 bajó su cabeza para asomarse y luego lanzar un saludo muy cálido.

—¡Hola mamá! —saludó con una sonrisa entusiasmada Sofía.

—¡Hola Sofí! —contestó enérgicamente la madre, mientras se le plasmaba una sonrisa en el rostro— ¿Cómo estuvo tu día, cariño?

Sofía entró al coche y se acomodó en el asiento delantero.

—¡Súper bien mamá! De hecho, estoy súper contenta.

Lina enfocó la mirada un momento hacia las manos de su hija, ya que está parecía estar sacando algo de su maleta. Sofía, al ver que tenía la atención de su madre, reveló lo que buscaba minutos antes: Un libro pesado y gordo, grande y con hojas tan blancas como las nubes; tan áspero como una Biblia. Su madre al verlo frunció el ceño en forma de pregunta.

—Se llama: “Al Final Mueren los Dos”—decía Sofía mientras mostraba la tapa del libro—. Dice Lisa que es buenísimo, no me dio detalles de su trama, pero, según ella, es digno de leer… ¿Qué opinas mamá?

—Lo único que puedo decir es que aún hay futuro en la juventud —dijo y lanzó una pequeña risa—. ¡Qué regalo más bonito hija! Casi ningún amigo hace eso en esta época: regalar libros. Ahora como todo es virtual, casi nada se tiene en físico. Es reconfortante ver algo así, esto me hace recuperar la fe en la humanidad.

Con una mirada y con rasgos de confusión en su cara, Sofía contestó:

—Claro… Claro… Si… ¿Sabías que a veces hablas como una anciana?

Hubo un silencio corto.

Ambas se miraron y lanzaron una risa y se miraron por unos segundos. Luego Lina, volteando la cabeza y dirigiendo la vista al cielo, agrego:

—Bueno, muy divertido todo esto del libro nuevo, pero mejor nos vamos antes que tu tío me vuelva a marcar al celular y diga que —con tono irónico expresó— “se va acabar el mundo”. Ya me tiene cansada con sus locuras.

La viva sonrisa en la cara de Sara desapareció y su rostro se tornó preocupado.

—¿Qué ocurrió ahora con el tío Mike? ¿Lo volvieron a despedir? Esta sería la 4 vez que…

—No, nada de eso hija —interrumpió Lina—. Ya sabes cómo es de exagerado tu tío. Mejor nos damos prisa y descubrimos que le pasa esta vez. Espero que no sea un nuevo “proyecto” fallido o alguna pendejada parecida.

—Ah… pues es verdad, a veces es un poco exagerado… Y obsesivo… Y loco…

Las manos de Lina se ubicaron debajo del manubrio para ajustar las llaves para poder quitar el neutro.

—Jajá, ¡tú lo has dicho! Sobre todo, loco —exclamó entre risitas—. Bueno, en fin, es hora de irnos, ya vamos tarde. Tomaremos por el Norte, es la opción más rápida.

—¡Uff sí!, me imagino como debe estar la quinta a esta hora.

—Así es —compartió la madre—… pues entonces no nos queda de otra. Andando.

Sofía enfocó su mirada al frente y, quitándole el neutro a su coche, retrocedió para salir de su lugar en el estacionamiento. Las llantas comenzaron a rotar lentamente logrando que el coche se moviera en una dirección acorde a las órdenes del timón.

Después de haber dejado atrás la escuela, madre e hija se adentraron a la carretera principal más grande del norte de Lital. Conducir por ahí era la idea más buena —o al menos eso parecía— para llegar a casa sin tener que pasar por los grandísimos embotellamientos de las calles del sur. Darían una vuelta por la ciudad para así evitar cada una de las reuniones masivas que sostenían los coches de toda la urbe en las calles a esa hora. Todo esto era necesario, pues ¿a quién le gusta tener el trasero pegado a la silla de un auto mientras es torturado por bocinas, gritos e insultos de la gente atascada en las filas de autos?

Conducir por el norte de Lital era algo impresionante para todo el que no estuviera familiarizado con el lugar, y no era de esperar menos, la capital de Nuevo Mundo era como postre para la vista: rascacielos de todas las formas y colores, edificios con pantallas holográficas en sus ventanales, restaurantes diseñados abstractamente, centros comerciales gigantes, calles hermosas y zonas verdes cuidadosamente esculpidas; le daban a la ciudad un aspecto que podría hipnotizar a cualquiera.

Lina estaba llegando al centro de la cuidad cuando notó que su hija se veía un poco aburrida y cabizbaja. La chica no había articulado palabra en todo el camino, parecía que no mantenía el mismo ánimo de hace unos instantes atrás. Tenía reposada su mano contra sus piernas y la cabeza con el vidrio de la ventana; sus ojos estaban dirigidos hacia el frente.

Es de saberse que, cuando se nota el silencio de una persona, poco a poco se puede sentir más la incomodidad y las ganas de que entablar una conversación se aumentan. Lina sentía eso, así que, con un tono un poco dudoso, se decidió a romper el hielo.

—Así que… El día fue easy en la escuela hoy ¿Verdad? —preguntó sin quitar la vista hacia el frente.

La chica, al oír la pregunta, cambió su posición en el asiento para hablar mejor y, mientras se acomodaba, lanzó su respuesta:

—Sip, nada extraordinario —dijo mientras enfocaba su vista hacia los peatones que dejaban atrás conforme avanzaban—. Un poco cansada y con sueño estoy, pero nada más —hizo una pequeña pausa y, acompañado de un pequeño quejido, continuó con lo que estaba diciendo—. El día hoy ha estado pesadísimo como siempre… nada nuevo…

Sofía había acabado de hablar, siguiente a eso soltó un pequeño suspiro y, de manera calmada, volvió a mover su mirada hacia delante buscando alguna cosa “colorida” que observar en el exterior. Lastimosamente, todo color vivo de afuera fue devorado por el gris dominante de la niebla; los únicos sobrevivientes eran el rojo y el blanco, colores producidos por los faros delanteros y traseros de los coches y motocicletas que transcurrían por las calles.

Cuantos más edificios dejaban atrás la cuidad se tornaba aún más oscura. Las nubes se hacían más y más gigantes a medida que los minutos transcurrían. Una gran tormenta, con todo incluido, amenazaba con llegar de un momento a otro.

Ante todo, esto; se podía comprender que, no sólo Lina y Sofía podían notar el peso en el ambiente, pues cada vez se podía ver más transeúntes caminando en los andenes de la cuidad con sus sombrillas extendidas y sus impermeables colocados. Todos estaban esperando que, simplemente, de un momento a otro, aquella neblina que envolvía la ciudad se convirtiera en una espesa y grandísima tormenta.

El hielo sólo se hizo más grueso entre las dos. Sofía no quería ser comunicativa en ese instante, ella sólo quería pensar ‘cosas' mientras observaba con la mirada perdida hacia el exterior, así que simplemente guardó silencio y volvió a la posición que mantenía momentos antes. Este comportamiento fue notado por su madre, la cual no tardó mucho en tornarse preocupada.

—Umm… Sofí, querida, ¿tienes algo mi vida? Te noto un poco… no tan tú —preguntó Lina mientras que paraba el coche a los pies de un semáforo.

Sofía, con la mirada perdida hacia afuera de los vidrios del parabrisas y con un tono monótono en su voz, respondió:

—Sí, sí claro mamá. Todo está bien…

El semáforo estaba en rojo aún. El temporizador marcaba 70 segundos antes del nuevo cambio. Lina aprovechó la situación para desenfocar la mirada del frente y dirigirla directamente a los ojos de su hija.

—¿Segura? —dudó Lina—. Te noto rara… No estás igual a como hace 20 minutos: alegre, feliz y entusiasmada por ese libro gordo. Si te sientes mal por tu tío Mike…

—Estoy bien —interrumpió Sofía—, sólo que estar encerrada en un coche sin moverme durante mucho tiempo me estresa, y está claro que aún falta mucho para llegar a casa.

—Pues sí, ya sabes que tuvimos que tomar por el norte; ahora estamos en el centro. Aún nos faltan como unos 30 minutos más para llegar…

Sofía, al escuchar esto, simplemente no pudo contenerse e hizo una mueca con su boca para expresar su molestia y, dirigiendo su mirada nuevamente hacia afuera del auto, guardó silencio una vez más. Este comportamiento fue notado de inmediato por Lina, y consecuentemente sugirió:

—… pero si quieres, podríamos escuchar algo de música, para darle un poco de ánimo al ambiente — con un tono irónico y ligeramente sarcástico, agregó después para referirse a la niebla que ya había tomado la mayor parte de la vista—. Mirar “tantos colores” al mismo tiempo podría volverte loca, te lo aseguro.

Sofía volteó de nuevo a ver la cara de su madre: sus ojos, de color marrón oscuro, estaban observándola fijamente mientras que sostenía una pequeña sonrisa materna.

—Pues, ¿qué más da?, adelante… pero no pongas esa música de anciana, por favor.

—¿De qué hablas? Esa música no es de ancianos Tu madre sólo tiene 28 años. ¡Soy casi una adolescente! —exclamó Lina mientras que se ondeaba el cabello con sus manos en forma burlesca.

—¿Casi? —cuestionó Sofía frunciendo el ceño.

Lina guardó silencio dos segundos mientras reconsideraba lo que había dicho minutos antes.

—Olvídalo… Mejor, sólo pongamos la playlist en aleatorio y asunto solucionado. Nos ahorramos la migraña ambas: yo de no escuchar a tu música reggaetón…

—Y yo de no oír a los tipos esos tuyos del tal “Moriré de amor por tus besos” o algo así —interrumpió indignada Sofía.

La conductora dirigió sus dedos hacia algún sitio debajo de las ventanillas del aire acondicionado, buscando el botón que encendía el reproductor, y mientras que lo hacía se dirigió a su hija nuevamente.

—No estás lista aún para una conversación de buena música, hija mía —dijo y soltó una risa.

—No, pues, la madre melómana te diré entonces —expresó mientras agitaba las manos en el aire. Te montaré un show cuando me gradué de la universidad, para que le muestres a las personas que son unos ignorantes en la música.

—¡Por mí sería estupendo! La invitada de honor seria Sofía López. Ella sería el más indicado sujeto para probarlo.

La chica no pudo soportarlo más y soltó una risa. Llevaba aguanto desde que su madre comenzó a bromearle. Lina también cayó en carcajadas. Y mientras ambas se reían el temporizador del semáforo ya había agotado su tiempo.

Lina dejó de reír. Se acomodó como siempre —como decía su padre: “manos al volante, espalda recta y mirada al frente”— y, lenta pero decididamente, aceleró el coche.

Las primeras gotas de lluvia comenzaron a caer y, poco a poco, se inició una tormenta. Las nubes se adueñaron del firmamento. El pavimento empezó a tornarse húmedo. Las personas buscaban un sitio para aguardarse. Todo parecía estar al mismo ritmo de las gotas de lluvia mientras caían al suelo.

Y la ciudad cayó, y se adentró más aún, en la boca de una gran tormenta.

22 de Agosto de 2022 a las 20:06 4 Reporte Insertar Seguir historia
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Marco Campos Marco Campos
Asombroso capítulo.
July 17, 2023, 00:29
joe Rider joe Rider
Fenomenal!!
February 01, 2023, 14:57
~

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