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La libertad de la fe.

Esta mañana comenzó monótona, como siempre, como cualquier otro día. Del que estuviera allí precisamente no cambiaba nada.

Yo soy uno de los afortunados estudiantes de psicología que fue seleccionado para ser un líder de terapia grupal en una de las áreas especiales de la facultad: y cuando me refiero a especiales, hablo de estar bajo monitoreo con cámaras durante cada sesión para prevenir posibles altercados… si es que algo así ocurre; no podía negarme, tenía que aceptar de buenas a primeras por el hecho de que hacerlo valdría lo suficiente para poder aprobar ese año, y quizás tener alguna mención honorifica.

Difícilmente me considero como alguien muy dado a prestar ayuda a los demás y confieso que la mayoría de mis compañeros de carrera están bastante inclinados al altruismo por el bien mayor con el fin de muchos logren alcanzar la estabilidad mental y la paz emocional… la cosa es que yo estoy más inclinado a ver a todos como posibles sujetos de pruebas y, tal vez, descubrir cuales serian las situaciones detonantes que los lleven a la locura absoluta. Siempre me he imaginado como un científico investigando cada recoveco de la mente humana para darle algo de sentido al rompecabezas que llamamos conciencia, por lo que el tener empatía no está en mis planes.

Ya estaba preparado y vestido para la ocasión, había dejado mi bolso cerca de mis piernas y en una banqueta a mi derecha tenia los archivos que me había entregado el profesor varias semanas de antelación; contenían en ellos los perfiles psicológicos de cada uno de los participantes que, se podria decir, necesitaban una orientación para mejorar: propiamente seleccionados por el profesor para mí; todos dieron su consentimiento para hacerlo, ya que, hasta donde pude averiguar, algunos preferían sesiones/consultas más privadas.

Un grupo de 6 en total. Cada uno se conocía de cierto modo, pero en las notas del profesor, las conexiones de los mismos eran complejas. La verdad es que pienso que el profe lo había hecho adrede solo para ponernos a prueba. Pese a haber un sol de infierno afuera que pude disfrutar en mi caminata a las instalaciones, dentro de aquel lugar el aire acondicionado estaba como un congelador, pero no me preocupaba mucho por eso, al menos de momento, sino que la espera fue un fastidio de campeonato, y yo mismo termine, lo confieso, en buscar 6 sillas para colocarlas alrededor de mí en forma de circulo.

Me estire. Me senté. Mire el reloj… las 6:59am. Revise el móvil y agarre de nuevo los archivos para repasarlos por una veinteava vez. Acomodados todos en orden alfabético con su respectiva foto en la esquina superior derecha del mismo. Como ya me los sabía de memoria, empecé a organizarlos en orden según el tipo de problemas que tenían, dando prioridad al nivel de gravedad y de complejos; de esa manera me aseguraba conocerlos mejor para no cometer el error de juntar a las posibles bombas de tiempo unos al lado de otros.

Cuando empezaron a llegar, me sorprendí a mi mismo poniendo cara de embobado, como si se tratase de la cara que pone un niño que prueba por primera vez en caramelo. Supongo que la razón de semejante expresión en mí se debía a la cantidad de pruebas que les haría pasar, y disfrutaba de verlos entrar de uno en uno:

La primera fue Luz María. 35 años. Mormona. Peso y altura promedio. Tipo de sangre AB+. Una tenista que estaba en plena juventud de su carrera con grandes ambiciones y sueños de llegar a alcanzar la copa del mundo del tenis… hasta que su única hija fue secuestrada. Un día domingo alrededor de las 11:30pm, un grupo de policías habían encontrado el cadáver de su hija tras haberse cumplido un año de búsqueda infructuosa, lo que provoco en ella una gran decaída. Dejo todo lo relacionado con el tenis al ser diagnosticad con depresión. Se volvió perezosa con respecto a volver a practicar el deporte, manteniendo una actitud de negación a no aceptar la muerte del infante al punto de provocarle cierto nivel de rebeldía. En resumen, esta ciega a la cruda verdad de los hechos y es peligroso tocar el tema de que su hija no regresaría de las clases extracurriculares en las que la había inscrito nunca más.

El segundo fue Alfredo Guzmán. 5 años menor que Luz. Cristiano. Peso y altura promedio. Tipo de sangre B-. En días mejores donaba sangre. Un futbolista con una actitud bastante egoísta con aires de ser la gran cosa. Una persona aburrida al dejar de lado el futbol. En una fiesta tras muchos tragos, él termino involucrándose en una escena del crimen donde a falta de pruebas de su inocencia, se le había dejado bajo vigilancia hasta que se resolviera el caso… y las cosas llegaron a oídos de todos sus conocidos. Los crímenes en cuestión fueron atroces actos contra infantes, y su rostro estuvo en todas las pantallas. Perdió contratos y nunca volvió a jugar después de eso. Dicha noticia llego a oídos de Luz y… ahora ella lo culpa por la muere de su hija.

A parte de que ambos son, o más bien eran, exitosos en el deporte, u otro que tienen en común es su adicción: Luz no puede vivir sin sus antidepresivos adulterados, que claramente consigue sin prescripción alguna, y Alfredo aun no puede dejar la cocaína que, según él, lo hacen más apto para conseguir mejor condición y otra oportunidad.

De tercera entra Isabel Mcloujan. 29 años. Delgada y de estatura baja. Atea. Donadora de órganos A+. Ella se cree directora de cine, hay que recalcar ese hecho. En un principio, ella no era así de imaginativa al punto de afirmar que todas las películas taquilleras de los últimos años fueron obra suya, Isabel era la típica mujer modesta que no es capaz de encontrar algún sentido a su vida y que desesperadamente busca una vía de escape a lo patética que es su realidad. No se sabe con exactitud desde cuando fue que comenzó, pero llego a puertas del hospital gracias a sus vecinos que claramente estaban preocupados por ella.

Llevaba entre brazos un libro de leyes, una carpeta con hojas y su cartuchera; según de lo que sabía de su perfil, ella recientemente empezó a escribir su propio testamento para dar todas sus posesiones a sus hijos… lo que me dejaba a mí en la difícil tarea de tener que decirle de que era soltera y no tenía hijos.

Según las notas del profesor, antes de yo estar como el líder de esta terapia, Luz e Isabel se volvieron amigas solo las veces que iban a la facultad: Isabel no compartía el mismo pensar que Luz sobre Alfredo. Los tres se sentaron con una silla de diferencia. Es divertido ver como los inadvertidos gestos de Luz contra Alfredo escapaban de la percepción de este.

El siguiente fue Pascual Torres tras un "accidental" azote de la puerta. 40 años. Obeso. Católico. Tipo de sangre O-. Meteorólogo por vocación. Hombre cortes con el único defecto de que es alocado al extremo: fiestas, alcohol y bromas; un matiz un tanto bipolar en contraste de que es de los que tiran la piedra, esconde la mano y enfurece cuando se le echa la culpa. Lo que provocó que estas características fueran a peor, fue el haber perdido la custodia de sus hijos en tribunales contra su propia madre al año de su esposa haber fallecido por negligencia al volante… por lo que necesitaba enderezarse para recuperarlos. Saludo a todos y se sentó a dos sillas de distancia de Alfredo, justo en medio de Luz e Isabel.

Mire mi reloj. 7:25am. Se escuchan risas que por la acústica del salón eran estruendosas y, al todos voltear, vemos llegar a Desiré Villanueva acompañada de Rodolfo Herrera. 28 y 25 años respectivamente. Ambos O+. Ella judía y él sin definir creencia. Los últimos que faltaban de este circo.

Desiré es zoóloga consumada con honores: recién salida de la universidad; y Rodolfo un marinero en reserva. La condición a resolver de ella es su extrema depresión por la muerte de su novio y abuela: lleva consigo siempre una foto de ambos a todos lados; lo que la vuelto propensa a la violencia contra todo aquel que toque o dañe dichas fotos; las lleva enmarcadas para tenerlas siempre consigo donde pueda verlas. Lo que gatillo su participación en la terapia es que desde cierto tiempo para acá, Desiré ha estado dialogando con dichas fotos como si realmente estuvieran ambos con ella, afectándola en su trabajo. Logro salvarse de una demanda de violencia laboral de una compañera por ella romperle la mandíbula con un termo, gracias a que fue diagnosticada como alguien inestable. Con ella llegue a la conclusión que debía aceptar la muerte de ambos y pasar la página, comenzando primero con la aceptación de que le hablaba a objetos inanimados.

Por último estaba Rodolfo acomodándose en su asiento. Según el profe, él se podria decir que me ayudaría a romper las posibles tenciones mientras lo ayudaba a superar su gran paranoilla de que tiene que sobrevivir a la guerra. El trauma que sufrió de pequeño a causa de su tutor legal, su abuelo, lo obsesionó con la idea del combate armado, a la par de que enfoco todo el dolor que sufría a causa de su abuelo y el bullying en la escuela… o al menos es lo que el mismo cuenta. Según lo que se puede ver en su archivo, cada cierto tiempo el mismo cambia su historia adoptando una nueva personalidad. El profesor nos dijo que tendríamos a un individuo que fueran residentes permanentes en el hospital. Hoy al saludarme se presento como un aventurero que le gustaba más dar que recibir, ósea, me dio a entender que el amaba al prójimo…

Realmente no me gustaría estar en sus zapatos, según él me dijo en privado antes de empezar la sesión, ya que el accidente que tuvo en altamar fue una de las experiencias más horribles que haya vivido un hombre.

Deprimidos, tristes, acomplejados, traumados y dementes eran todos los allí reunidos, y ahí estaba yo en medio de todos ellos para tratar de "aliviar" su carga y "devolverlos" a la realidad... la verdad es que mi fuero interior no cabía de la emoción. Esta era mi oportunidad, una que aprovecharía hasta satisfacer mi hambre de conocimiento como todo investigador; después, supongo que cumpliría con las expectativas del profesor para poder aprobar pero mientras que estuviera con ellos, probaría los limites mentales de los sujetos y descubrir algo que ni siquiera los archivos hayan expuesto ya.

Es curioso ya que no creo en las segundas oportunidades, pero al verlos a ellos con todos esos nudos psicológicos, me considero afortunado en ser aquel que pruebe qué tan fuertes son esos nudos y fascinarme con cada ocasión que tenga de desanudar parte a parte dichas mentes. Considero que ellos no dan por perdida la fe que la sociedad carga sobre ellos, dándoles esa libertad de luchar por el reconocimiento, por el cambio...

Me levanto. Dirijo su atención a mí. Pasan las presentaciones y… no paro de temblar desde dentro al tener tal control sobre ellos. Este es el día uno de la terapia de grupo/prueba experimental.

Hora de inicio… 7:45am.

31 de Julio de 2022 a las 17:32 0 Reporte Insertar Seguir historia
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Iraín F. Lobo Solo quiero escribir... y si les gusta lo que escribo, bienvenidos sean. Pero antes de juzgar lo que hago, son libres de leerme y dejar un comentario.

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