tamy404 Tamara .A

La maldición corre por nuestra sangre, y se hace más fuerte en cada generación.


Paranormal Sólo para mayores de 18. © Todos los derechos reservados

#demonios #brujas #angeles #magiablanca #magianegra
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Capítulo 1


Primera parte


La historia sobre la primera mujer no es como se dice en la biblia. Al principio de los tiempos siempre se creyó que Eva era la primer mujer creada a para estar a la compañera del hombre.

Pero por mucho tiempo la verdadera historia se ocultó.

Como el origen del Triángulo Maldito de Sangre.

Para saber su origen primero nos tenemos que remontar en el siglo XVIII, donde se dio origen a los primeros cazadores verdaderos de la historia.

Todo inició en Estados Unidos, específicamente en una pequeña cuidad de Vancouver.

Una familia integrada por ocho hermanos y una niña, almorzaban con tranquilidad en una casa modesta y pequeña a pesar de que ganaban en número.

El padre había recién llegado, trayéndose consigo un festín que comerían en el día para festejar su regreso a su cuidad tan querida. Toda la familia sufrieron problemas tras haber vívido una temporada sin que el padre de los chicos consiguiera un trabajo y que la madre pudiera comprar lo que hiciera falta para vivir en el día a día.

Sin embargo, nada parecía fuera de lo normal hasta que la niña de la familia decidió buscar por sí misma más comida en el bosque. Sabiendo que en este albergaba varios árboles con frutos recién nacidos.

Pero al encontrarlo notó que una mujer arrancaba muchas frutas de unos de sus árboles preferidos.

La niña se acercó con cautela sin hacer mucho ruido.

Pero apenas dio un paso , la mujer volteo lentamente hacía ella.

—¿Es tú árbol?—le preguntó luego de dejar una manzana en la rama que tenía justo en frente.

—Lo plantó mi madre, ¿por qué lleva sus manzanas?

La niña observó con mas detalle que aquella mujer era hermosa en todo su esplendor. Rubia, ojos grandes y verdes. Pálida como la nieve. Llevaba un vestido un tanto provocativo para aparentar ser refinada. Podría ser alguien poderosa. Pero lo más extraño fue un collar que llevaba puesto.

Ella hubiera visto más detalles, pero la bella dama lo notó antes de tiempo y lo oculto en su sostén.

—Ups, perdón. Es que mi carreta tuvo un desperfecto ...y tenía hambre. Me disculpo si fue una molestia tomar algunas manzanas. Es que...—jugo con sus dedos, viendo el árbol con una sonrisa pícara —...se ven deliciosas.

La niña no atendió a las palabras de la dama desconocida.

Pero cuando esta se le acercó, por instinto la niña tomó lo que primero vio en su camino : una rama larga.

—Oh...¿te asusté? —miro a la niña con una fugaz sonrisa. Se acercó de igual modo—Me llamo Lauren Gordon. Un placer conocerte, Neorith

—¿Como...sabe mi nombre?

Lauren le sonrió.

Antes de que pudiera decir algo más , Lauren le entregó una manzana.

—Digamos que conozco a tu familia. Neorith Daunth . Y me alegra poder conocerte.

Cuando estuvo a punto de acariciar el cabello negro de Neorith se escuchó entre los árboles el llamado de su madre.

—¡Neo!

Para cuando Neorith quiso mirar nuevamente hacia Lauren. Esta ya no se encontraba a su lado, en su lugar tenía en sus manos la manzana que le había entregado.

—¡Neorith!, ¡por qué te alejaste de casa!

Ella agacho la cabeza.

—Lo siento mucho, madre...es solo que...

—No lo vuelvas hacer señorita. ¿entiendes bien?

—Esta bien, mamá.

Su madre la tomó de los hombros a la vez que caminaban hacia su respectiva casa.

Mientras la pequeña Daunth se alejaba, el árbol de manzana se le empezó a caer las hojas, estas se tiñeron de color negro. Y las manzanas de pudrieron cuando cayeron al suelo.

Pasaron la noche con mucha tranquilidad. Aunque la única persona que no lo estaba era Neorith.

Sus hermanos dormían en sus camas hechas de madera, las había hecho su propio padre. Y algunas telas tejidas por su madre y abuela.

A cada uno se diferenciaban por los nombres tallados al pie de cada cama.

1) Matharius

2)Joshuat

3)Petev

4)Rauth

5)Berjin

6)Damiah

7)Felixe

8)Lauther

9)Neorith.

Cada uno bautizado con los nombres que eligieron entre sus padres y sus propios abuelos.

Los ciudadanos de su pequeña cuidad le parecieron extraños. Pero ya estaban acostumbrados de tales nombres, ya que su abuela era unas de las que había fundado aquella pequeña cuidad, junto a otros integrantes de la comunidad de vecinos. Pero todos se conocían.

Hasta el más pequeño rumor se sabía en cuestión de minutos.

Y nadie podía salvarse de aquello, al menos que su misma abuela, Thamitha lo supiera .

A pesar de todo eso, Neorith conservo la manzana que Lauren le dio.

Tenía un brillo casi irreal. Como si no se tratará de una manzana natural como ella siempre solía sacar del árbol de manzanas.

Lo tomó desde la punta y lo iba girando.

Ella sabía que en el fondo, aquella mujer ocultaba algo.

Surgió en sus pensamientos un recuerdo sobre su abuela cuando esta contaba a sus hermanos y a ella.

"Se dice que la belleza es una maldición, quién la posee pueden cautivar a cualquiera. Pero aquellas personas que antes se les temía, las llaman: amantes del diablo , arpías... Brujas"

Brujas, esa era la palabra que Neorith intentó recordar con tanto empeño.

Quería confirmar si aquello se trataba de algo verdadero. O sólo una simple historia.

Para ello debería descubrirlo ella misma.

Pero la noche de hacía presente, y no podía irse afuera sin que se pescara un resfrío.

Al día siguiente, sintió que unas cuantas manos la sacudían.

—¡Neo,Neo, Neo!—le llamaban unas cuentas voces.

Neorith se hacía la dormida, pero no abría los ojos.

—¡Neooooo!—grito uno de sus hermanos pequeños. Se trataba de Lauther quién por su voz se hacia diferenciar de los demás.

—¿Quéeeeeee...?—se levanto de golpe , haciendo asustar a sus hermanos.

—¿Por que duermes mucho?, madre te llama Neo—le dijo Berjin.

Cada uno se diferenciaba del otro . A pensar de la estatura, Neorith era la mayor de todos. La primera y única hija que tuvieron los Daunth. Su cabello es el más oscuro de todos. Unos ojos celestes cristalinos. Mientras que sus hermanos radicaban por ciertas características:

Matharius: era el segundo hijo, tenía la misma altura que Neorith, cabello rubio y ojos marrones. Un carácter sumamente tranquilo —característico de su padre—; siendo también la misma imagen que él.

Joshuat : el tercer hijo, cabello castaño claro, ojos celestes . Carácter un tanto indomable, rebelde y serio. Le gusta hacer las cosas como él quiere, un rasgo parecido a su madre.

Petev: el cuarto hijo, era uno de los pocos que había heredado el cabello albino de parte de su abuela, tenia una piel muy delicada, ojos celestes parecidos a la Neorith.

Es alguien de carácter intranquilo. Suele ser muy nervioso pero a la hora de actuar era el más veloz.

Raunth : el quinto hijo, cabello marrón oscuro y ojos marrones. Es el más tímido, callado y sensible de todos. Se preocupa mucho por los demás, pero es muy bueno en combate de mano a mano.

Berjin: el sexto hijo, cabello marrón tirando a negro, ojos negros. El más impulsivo de los nueve, jamás se deja fiar por los demás a excepción de su hermana mayor.

Damiah: el séptimo hijo, cabello rubio mezclado con castaño, ojos verdes. Es el más listo y reservado del grupo. Muy organizado y responsable.

Felixe : el octavo hijo, único de la familia que llevaba el cabello pelirrojo, y ojos verdes. Impulsivo, mal hablado. Carácter fuerte. Muchos de sus hermanos saben que el heredo todo, pero siempre se preocupa de sus hermanos. Sin admitir sus sentimientos.

Lauther: el noveno hijo, parecido en muchas características a Neorith, solo que los diferenciaba por el color de piel.

Todos en su mayoría eran pecosos. Y con tanta variedad uno creería que su madre hubiera estado con muchos. Pero todo se debe a que los antepasados de la familia Daunth descendían de irlandeses y cruces de alemanes. Es por ello que tanto sus nombres como sus caracterizas era muy diversas y envidiadas.

Todos sus hermanos siempre seguían a su hermana mayor. Como si ella fuera la jefa en todo, desde que eran muy pequeños la obedecían .

Una segunda madre, se podría decir que era Neorith.

Ya que aquello no podía fallar , ella era casi la misma imagen que su madre.

Por lo que tenía que guiarlos para ayudar en los quehaceres de la casa.

Hasta que se hizo de noche, ella volvió a mirar por la ventana que daba hacia el bosque. En busca de aquella mujer que había conocido hacia ya unos días.

—Cariño, ¿sucede algo?—pregunto su abuela al sentarse a su lado.

Neorith se asustó por su repentina aparición pero no se tardó en contestar.

—No es nada, Abuela Thami.

—¿Segura...?—la miro con firmeza, tras luego lucir su pequeña y reluciste sonrisa—Algo me dice que es un secreto, o quizá una persona.

Thamitha siempre lograba anticiparse ante las acciones de los demás, hasta los pensamientos. Y eso por lo general asustaba a la gente. Pero muchos creían que por los años que llevaba, se debía a tanta sabiduría que formó por años.

—...agh. Esta bien. Hace unas días atrás me encontré con una dama en el bosque. Me dijo que se llamaba Lauren. Se llevó unas cuantas manzanas de nuestros árboles, decía conocer a nuestra familia. Y supo como era mi nombre. ¿Abuela, tu sabes quién es?

Thamitha parecía meditar por un rato. Pensando en lo que había dicho su nieta mayor.

—Muéstrame el lugar en donde viste a esta joven mujer.

Neorith la condujo con cuidado, tomando de su mano mientras ella caminaba arrastrando de apoco sus pies.

Cuando al fin llegaron, se llevaron una gran sorpresa. Que disgustó por completo a la abuela Thamitha.

—¡Oh Dios...! ¿Qué ha pasado?—se llevó una mano a la boca mientras sujetaba con fuerza la otra mano de Neorith.

Los árboles estaban marchitos, de las mismas ramas que alguna vez crecieron las manzanas estaban secas y negras. Como sí el fuego mismo las hubiera consumido por completo. Lo más extraño que se hacía resaltar era el césped que rodeaba a los árboles, era una linea negra y espesa. Y en su lugar un olor espantoso llego a la nariz de la pequeña Neorith y la anciana Thamitha.

Neorith no pudo articular alguna palabra. Aquello la dejo asombrada y asustada.

Aunque eso no fue suficiente cuando detrás de ella se escuchó el grito desbastador de una mujer.

Ambas voltearon aturdidas.

Pronto Neorith supo de qué se trataba.

Su casa estaba envuelta en llamas.

—¡Nooo!—grito aterrada, mientras corrió con todas sus fuerzas hasta alcanzar a la casa hecha en una bola inmensa de fuego.

Noto que sus hermanos estaban a salvo, hasta su madre se encontraba entre ellos, con el rostro demacrado del llanto y sucio por las cenizas.

—¿¡Donde está papá!? —pregunto asustada.

Su madre fue la única de los que pudo contestar.

—Él nos salvo amor...el...—se tapo la boca mientras callaba otro llanto.

Sus hermanos lloraban a la par de ella. Mientras que Neorith miró a la casa; sin poder creerlo, intentó entrar pero su abuela la detuvo.

—Neorith...—su voz se escuchaba rota—No hay nada que podamos hacer...

La niña le suplicó que le dejará entrar, pero el hecho no se podía evitar. Solo se ocultó en los brazos de su abuela mientras unas lágrimas silenciosas salían de sus ojos cristalinos.

Recordó más tarde, que antes de haber llegado. En unas de las ventanas que daba hacia su habitación identificó una figura, era humana. Y en especial cuando en aquella sombra podía verse un cabello rubio.

Pasaron veinte años desde la muerte de su padre. Después de ese suceso , sus hermanos y Neorith , tuvieron que irse de aquella ciudad para poder vivir en otra que nos les recordará el más día oscuro en que su padre fue llevado a una muerte dolorosa.

Su madre no pudo con el dolor, durante esos años tuvo muchas recaídas hasta que un día no se supo más de ella. Mas tarde, Neorith la encontró cerca de un lago, ya sin vida. Debio de suponer que cometió suicidio. Bebiendo un veneno que tenía consigo hace tiempo. La noticia devastó a sus hermanos, pero desde entonces Neorith fue quién tomo el mando de su pequeña familia integrada por sus ocho hermanos.

En lo que basto hasta entonces, lograron subsistir trabajando de leñadores. Y más tarde fundaron su propia compañía.

Fue así que sus hermanos se convirtieron en hombres más codiciados por la comunidad. No bastó con eso, Neorith siempre tuvo pretendientes. Pero jamás aceptó estar con alguien, ni que sus hermanos estuvieran con cualquier mujer.

—A veces te comportas como una madre sobreprotectora —murmuro Matharius. Resoplo con cansancio tras haber tenido una fuerte discusión con su hermana mayor.

—Sabes bien que no puedes confiar en nadie. ¿comprendes?

—Ya tengo 25 años, ya no soy un niño. Los demás tampoco, aunque algunos quizás...pero de todos modos hemos crecido hermana. Te pido por favor que lo pienses. Ya no podemos seguir estando escondidos en esta mansión. Ni salir en poco tiempo fuera de casa...

—Lo sé... —dijo Neorith tras dirigirse a la ventana.—Cada vez que los veo, me culpó. Si no hubiera salido de casa por sólo esos minutos.

—Hermana—camino hasta quedar detrás de ella. La envolvió en sus brazos—No te eches la culpa por como sucedieron las cosas. Nadie predijo que esto pasaría.

Neorith tomó las manos de Matharius.

—Extraño a nuestros padres. A la abuela, a mi casa. Quiero volver a ser una niña. Jugar con ustedes. Seguir en el bosque...¿por qué paso esto?—musito entre dientes mientras agachaba la cabeza, sus largos y escurridizos cabellos pasaron sobre su frente.

Matharius la obligó darse la vuelta.

—Nos tenemos a nosotros mismos. Somos hermanos, estamos para apoyarnos en lo que nos haga falta. Tú siempre lo dijiste, unidos nadie nos puede separar.

Neorith le sonrió , le abrazó con mucho cariño mientras se acercaban sus otros hermanos.

—Chicos. Llegó la hora. —dijo luego de separarse de Matharius.

Al llegar la noche los nueve hermanos estaban preparados. Todos estaban armados de la cabeza hasta los pies.

Neorith juró venganza para así también poner a salvo a los ciudadanos de Vancouver.

Ellos eran los primeros cazadores que existieron desde ese entonces. Y quién estaba más cegada por el odio era la mayor entre ellos, Neorith. Había aprendido por sí sola el combate de mano a mano. Y utilizar varias armas de la época. Entre todos sabían usar todo tipo de armas que estaban a su alcance.

Hace ya varios años trataban con estas situaciones.

Neorith no le gusto la idea de compartir aquella batalla con sus únicos hermanos. Pero ellos se negaban a dejarla sola.

Fue entonces, que aprendido todo fueron en búsqueda de los seres sobrenaturales que albergan en la zona. Al menos los seres que se toparon en el camino eran : vampiros, hombres lobos, algún que otro demonio. Pero muy pocas veces lograron efectuarse una caza contra una bruja. Eran muy escurridizas , siempre se disfrazan ante cualquier mortal. Por lo que casi ningún integrante de los Daunth lograba identificarlas. Sin embargo de las pocas que sí podían , Neorith fue la que lograba acabar con ellas.

Por más que no lo pudiera negar, escondían aquella vida para que sus vidas no estuvieran en peligro.

Por lo tanto, se ocultaban los rostros con máscaras que fueron diseñada por unos de los hermanos Daunth, Felixe.

Todos llevaban el mismo tipo de mascara: hecha de madera, tallado a la perfección para que sus caras entraran en ellos sin lastimarse. Era en cierta forma una cara inexpresiva pero de color negro en la parte de los pómulos hacia arriba. Y la nariz hacia abajo era roja. Por último llevaba un símbolo: Una que simbolizaba a toda la generación de los Daunth.

Dos espadas cruzadas con una D entre ellas.

Su significado solo lo sabían ellos. Pues nadie de la ciudad conocía su historia y muchos menos los seres que cazaban .

Su última casería quedaba a las afueras de su lugar de origen. En un templo abandonado. En donde se hacia el rumor que allí se practicaban sacrificios humanos.

Solo eso le bastó a Neorith para ponerse más nerviosa y no solo porque encontraría brujas allí, sino que podría resultar peligroso para sus hermanos.

—Chicos. Antes de iniciar...quiero decirles algo—se detuvo Neorith justo debajo de un árbol —Como sabrán. Esto podría ser peligroso.

—Lo sabemos Jefesita.—bromeo Berjin.

—Somos más que ellos de todos modos—animo Petev.

—Y además tenemos armas muy poderosas, ¿o no?—dijo Lauther al chocar puños con Petev.

—Chicos...—intento callar Damiah al ver a su hermana con el rostro serio.

—Ya sabemos. Lo haremos a tu manera, pero con precaución —Berjin rodeo los ojos tras decirlo—Hermana, ¿somos cazadores, no?

—Si, por eso quiero que estén atentos ante cualquier truco que usen en nuestra contra. ¿llevan consigo las gemas que les di?

Cada uno mostró su gema. Del mismo color: verde esmeralda.

—¿Y la tuya, hermana?—sonrió Matharius.

Ella imitó su sonrisa y por último hizo lo mismo.

Fueron con sigilo. A la primera señal empezaran con la cacería. Eran en su total cinco personas encapuchadas.

—¡Son los cazadores!—advirtió uno de esos encapuchados, los otros emprendieron la huida. Solo tres de ellos se quedaron parados para enfrentarlos—¡No sean piadosos ante ellos!

Las dos personas que se habían anticipado fueron acertados por Joshuat y Felixe. Le apuntaron con ballestas.

—No hablen o muevan las manos que sino los aniquilo —amenazo Felixe tras luego de empujar a uno. Para dar en realidad a una bella mujer de cabello rojizos como los suyos.

—¡Por favor no nos maten!—rogó aquella chica.

Felixe quedo sorprendido. Pero en su lugar Joshuat le golpeó en el hombro.

—Mirada fija en sus manos, Felix—le ordenó para que prestará atención —¡Y usted, muestre la cara!

La persona que estaba a su lado, bajó su capucha para dejar en visto a un niño. O eso aparentaba.

—Caballeros. Comenten un error al venir aquí, solo estábamos celebrando un banquete. Eso es todo—mostró su mano en signo de derrota, pero había algo en su tono de voz que Joshuat percibió como burla.

—No me interesa. Manos en frente —dijo Joshuat.

—No—dijo con una sonrisa.

—¡Le ha dicho que lo haga!—le grito Felixe.

—¿O que...nos matarán? —rio a carcajadas la mujer

mientras alzo las manos hacía arriba, recitó velozmente : "Fuego arde, déjate ver. Hazlo ahora ante nuestros oponentes"

Y de repente un estallido apareció ante su vista. Del mismo se elevó una gran bola de fuego que dejó cegado a los hermanos Daunth.

—¡No dejes que se escapen! —gruño Felixe

Joshuat saltó sobre las llamas sin miedo alguno y de un movimiento disparó hacía la dirección en donde supuso que estarían aquellos brujos. Pero aquellos lograron escapar entre la maleza del bosque, intentó seguirlos pero los gritos de su hermano lo dejaron aturdido.

—¿¡Joshuat, estas bien!?

—¡Si!. Fui capaz de pasar las llamas. Parece que solo fue un engaño, digno de un brujo de magia oscura.

Felixe llego a el, pero con el rostro marcado por la frustración.

—¡Maldita sea, ahora Neorith nos retará por esto!

—¿Qué yo qué? —les interrumpió la recién nombrada.

Ambos se encogieron por instinto.

—Es que...—intento decir Felixe—Había una bruja...y..

Neorith mantuvo su calma y lo reflejo en sus manos. Apoyo ambas en los hombros de sus hermanos.

—Olvidemos este día, pero la próxima. No se fíen por ojos bonitos. ¿queda claro? —su tono llego a tranquilizarlos como a la vez regañarlos por lo recién ocurrido.

Al final del día Neorith analizó los objetos que usaron los brujos. Los que apenas capturaron se encontraban en el sótano. Vigilados permanentemente.

Mientras que Neo observó una tipo de moneda de plata.

Lo agarró con unos guantes de tela de color beish. Llevaba una cruz pequeña por arriba de los nudillos. Bendecido, para evitarse cualquier maleficio al tocar objetos que han sido embrujados por aquellos brujos.

—Hmm...por lo visto, estaban hechas para un tipo de maldición... Específicamente...mala suerte—metió el objeto en una jarra que contenía un tipo de líquido que derritió al instante en que éste lo tocó. —...pobre de aquella persona a que le fue dedicada.

Siguió con los otros objetos.

La siguiente era una daga, recientemente usada. Bañada en sangre seca.

—Un sacrificio. Lamentable. —lo arrojó a la misma jarra; siguió con el siguiente —Una fotografía familiar...

Era en total cuatro personas , posando en un sillón.

Cada uno tenía el rostro rasgado hasta no dejar ningún rastro que podría identificarlas.

—Otro objeto utilizado para una venganza —lo arrojó. Luego escuchó un golpe en la puerta —Adelante.

Se acomodó en su silla, y se apoyo con delicadeza sobre sus muñecas mientras miró el último objeto: un muñeco, éste tenía un detalle particular. Tenía botones de color rojo, en donde se encontraban los ojos.

—Hermana, con su permiso. Vengo a informarle sobre los otros brujos extraviados—informo Rauth—Se fueron al norte. Según nuestro informante , algo les paso en el camino.

Los ojos cristalinos de Neorith se enfocaron en los ojos marrones de su hermano menor.

—¿Murieron?

—Si...y los más extraño es que no quedó ningún rastro de ellos.

Tras luego de haber salido de su habitación fue hacia el sótano, le ordenó a sus hermanos que la dejarán a solas con los tres brujos.

Estos tenían las bocas tapas y las manos atadas. Y en sus frentes unas armas apuntándoles.

Diseñadas con el propósito de que sí alguno se zafaba de sus ataduras éste se accionarán para matar.

—Bien. Señores—camino alrededor de ellos, sus botas negras y altas sonaban a cada paso en que ella daba. Dos de ellos temblaban, la presencia de ella les hacia poner los pelos de punta. Sus vidas estaban puestas en una mujer.

Se centro en el medio, en el único que no mostraba miedo

—Me imagino que el que los guía sos tú.

El hombre que Neorith remarcaba llevaba un elegante traje. Cabello largo y rubio, ojos cafés resaltantes por unas largas pestañas. —Belleza maldita, esto me índica que eres un Everlin. Si estoy en lo cierto, asiente.

El hombre asintió, luego de mirarla fijo a los ojos.

—Y tus lacayos son más que unos sirvientes disfrazados para dar a esconder otro secreto. Esos objetos. Quizás tú me digas para quién es. Pero me temo que si te librará lo que te mantiene, usarás eso a tu favor. Everlin.

Dio unos pasos más hasta elegir un arma: un espada. Su fiel amiga.

—¿Conoces esto...?, asesiné a muchos de ustedes—sonrió con orgullo, demostrando locura en sus ojos cristalinos como la misma agua—Se llama Thoryoj...como mi abuela los nombro : Belleza maldita.

Neorith podía sentir que aquel hombre sonría , sin poder verlo detrás de la tela.

—Te daré una condición. Si pronuncias algún rito. O alguna palabra en latín, o frase que tu mismo comprendes. Te haré tragar tu propia lengua, ¿me explique bien?—dijo Neorith con suma tranquilidad. Cosa que desconcertó a los dos brujos inquietos. Pero no al rubio —Bien.

Le retiró la tela y él dio un largo suspiro.

—Los rumores eran ciertos...tu mi dama , eres tan temible como tu belleza. Y dices que los Everlin somos una belleza maldita. —pudo percibir un acento francés. Neorith solo siguió con su semblante frío —Mi nombre es Riccardo.

—Bien Riccardo. ¿Qué significa aquellos objetos?.

Sus dos compañeros lo miraron aterrados.

Riccardo suspiró, y movió su melena a un lado.

—La moneda, es un trueque. La daga es para nuestra protección y el muñeco para retenerla.

—¿Y la fotografía?

—¿Cuál fotografía?

—No me tomes de tonta e ignorante. No tengo mucha paciencia Riccardo.—le apuntó con la punta de la espada.

—Señorita, no sería capaz de mentirle. Mi vida depende de eso.

—Más te vale...—murmuro al desviar la punta hasta colocarlo en su frente —Por que si me mientes, habrá otra cosa que perderás.

Por primera vez, Riccardo se mostro nervioso. Los ojos de la cazadora no mostraba ningún sentimiento. Aquellos ojos penetrantes se parecían a una muñeca de porcelana, una peligrosa pero muy bella.

—¿Aún conserva la manzana, Señorita Neorith? —dijo de repente, sus nervios desaparecieron fugazmente. Por muy extraño que sea, él ahora desconcertó a Neorith. —Vaya que sí... Wow, es usted muy sentimental. Le estoy muy agradecida por conservar mi pequeña manzana, pero hay un detalle...tengo hambre Neorith... Hambre de saciarlo con usted.

La cazadora retrocedió temerosa , nunca sintió tal cosa. No...excepto por aquella mujer que vio en su infancia.

—¿De que...demo-...¿¡De que demonios estas hablando?

—Oh Neorith... ¿Tan pronto te olvidaste de mi?. Es una gran, gran pena...—sonrió de una forma más burlona y escalofriante posible. Sus acompañantes miraron extrañados. —...pero me temo que esta conversación se término.

Se saco de inmediato de sus agarres, y esquivo a tiempo la flecha. Fue hacia unos de los brujos y le arrancó de un mordisco la garganta. El pobre hombre no logró ni siquiera gritar. Pero se desangró de inmediato.

Lo mismo hizo con el otro brujo.

Neorith intentó dispararle. Pero Riccardo las esquivo con facilidad. La golpeo en el rostro de una cachetada. Ella llego a reaccionar pero tarde. La tomó del cuello y la acercó a los ojos de él.

—No has cambiando nada mi bella Neorith. Por cierto... El corazón de tu padre fue sublime. Me preguntó como sabrá el tuyo.—con su mano restante apoyo sus dedos en el pecho izquierdo de la cazadora y formó la figura del corazón como si éste estuviera allí mismo—Bello, delicioso y...joven.

Miro directo a los ojos de ella, mientras que se retorcía por falta del aire.

—Eres preciosa, podrías llegar a pasar desapercibida como una bruja...una tan loca como yo.

—¿Lauren?...—pudo decir.

—Hmhmhm...si...—le lamió la mejilla y de un movimiento repentino la beso ferozmente.

Neorith sintió como introducía su lengua, le sabía desagradable. Pero cuando el la soltó, ella vómito .

—Ups, pensé este era de tu tipo , ¿muy viejo?

—¡¡¡Que quieres de mi!!!—le grito irritada.

—¿Yo...acaso no le he dicho? —se arrodilló para verle—Tú corazón.

—Estas loca...te mataré, muy pronto lo haré...¡¡¡Y cuando te encuentre quemare tu maldito cuerpo, asquerosa brujaaaa!!!

—Ja,Ja,Ja...esa actitud tuya. Uff...me encanta. Unas ganas de hacerte mía.

Neorith la miro con asco.

—¿Qué eres...?

—No importa amor mío. Es lo más divertido. ¿Hombre o mujer?... ¿un juego de adivinanzas o un juego de máscaras?... JA,JA,JA.

Neorith retrocedió nuevamente pero arrastras. Riccardo la tomo de la pierna y la estiró hacia él.

—Hey, te estoy hablado. No me dejes con la palabra primor. Sabes, eres la primera que me llama la atención. No todos pueden lograrlo , por lo tanto estas de suerte. Pero...en cambio, no ciertas personas.

—¿D-De que hablas?.

—Hmhmhm...shhh...ya nos interrumpirán hermosa. Será en otra ocasión. —le guiñó luego de hacer un ademán —Ah, y una cosa. Sera así como yo arrancaré tú apreciado corazón...

Y con una sonrisa desquiciada se introdujo los dedos en el pecho hasta donde esta el corazón. Y lo sacó con facilidad.

Riccardo se desplomó contra el suelo. Mientras Neorith quedó sumamente horrorizada.

Para cuando justo entraron sus hermanos. Observaron aquella escena.

—¿Neorith?—pregunto Matharius.

Al hacerse de noche, la hermana mayor de los Daunth no paraba de caminar de un lado a otro mientras sus hermanos esperaban a que explicará lo sucedido.

—¿Y bien, nos diras?—dijo Damiah.

—¿Quién resultó ser al final?—pregunto Lauther.

—Quizás necesites descansar. Debes estar muy aturdida—sugirió Matharius.

Neorith hizo una seña negativa.

—¿Entonces no nos dirás? —agrego Berjin con intranquilidad.

—Hermanos...—al fin hablo Neorith —Hoy, es un día... Del que tuve que enfrentarme nuevamente a esa bruja desquiciada. La que conocí en mi infancia. ..La que mato a nuestro padre. Y posteriormente a nuestra madre.

—¿Hablas de esa supuesta mujer que nos contaste? —pregunto Felixe algo incrédulo —¿Cómo podría ser la misma bruja?

—Créeme...lo es. Esa maldita apareció otra vez a nuestras vidas —choco sus puños contra la mesa asustando a Rauth—Se burló de todo... Ella armo todo esto, quizás uso a estas personas para hacer de señuelo .Y así acertar en el blanco...

—Maldita perra ...—murmuro Felixe.

—Neorith...—hablo Rauth. Era unos de los pocos hermanos que solía hablar. Pocas veces hablaba y cuando lo hacía eran solo frases. Pero esta vez lo hizo con más tiempo—Si es como tú dices, lo mejor será irnos de Vancouver. Es muy peligrosa. Sí asesino a nuestro amado padre, lo harán con nosotros. Sé que nos enseñaste lo fundamental para sobrevivir y dar con estas personas...pero por favor, hay que marcharnos de éste lugar.

Todos lo miraron boquiabiertos. En especial Felixe quién siempre suele burlarse de él por ser el más callado de sus hermanos. Hoy no hizo la excepción

—¿Estas bromeando, cierto?—dijo Felixe con una ceja elevada —Ja, ja, ja, ja...ay hermanito. Podras ser mayor que yo. Pero hoy me has hecho reír y mucho

—N-No es eso y-yo...

—¡Ja,Ja,Ja!...no, absolutamente no.—siguió Felixe—Si ella esta aquí, ¿que mejor suerte podemos tener?.¡Actuemos ahora, o sino la muy maldita se saldrá con la suya y terminará por ganar! ¿o eso es lo que quieres hermana?—miro Felixe a Neorith.

—No—le contesto. Todos pusieron atención a las palabras de su hermana mayor , olvidado asi a Rauth.

Matharius fue el único en mirarle. Supo que lo siguiente era acompañarlo y fue asi como lo hizo.

Rauth se retiró de la sala mientras que los demás seguían la discusión.

Matharius se detuvo ante los pasos de Rauth.

—¡Nunca me escuchan, y esta vez Mat, tú sabes que tengo razón! —murmuro con un nudo en la garganta.

Matharius solo lo tomó de los hombros y lo abrazo.

—Lo sé... Pero el resto siente odio hacia esta mujer.

—¿Cómo puedes creer que es esta la persona que acabo con la vida de nuestro padre?—musito con tristeza e impotencia.

—Neorith jamás nos ha mentido...ni por un instante. Ella ha sido nuestra madre y padre a la vez, cuido de nosotros y nos tuvo mucha paciencia. Y ya sabes que ella es unas de las personas que más pierde la paciencia. Nos quiere y nos escucha. Nunca nos ha dejado solos. Y nos enseño todo lo que sabemos. Es por eso, Rauth. Ella sabe con quién trata, también me desagrada la idea. Me gustaría irme. Pero dudo que a ella le guste la idea de que nos separemos. Y más cuando es ella la sobreprotectora.

Rauth asintió. Lo que había dicho su hermano, era todo cierto. Pero de todos modos no podía esconder ese miedo que lo atormentaba.

Sin embargo fue interrumpido por Neorith.

—Mat, Rauth. Nos prepararemos para lo peor. Pero de igual modo también tendremos listo las valijas por si todo se echa a perder—miro a Rauth, camino hasta llegar a su lado—No temas más hermanito.

La sonrisa de su hermana mayor le trajo un poco de esperanza.

—Ya sabes Mat.—le dijo Neorith.

Matharius asintió.

—Iré por las armas.

3 de Julio de 2022 a las 20:30 0 Reporte Insertar Seguir historia
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