bluewriter Paula López

El Poder, la Codicia y el Amor se juegan la vida en el campo de batalla, en busca la última heredera de la "Corona de Cromo" un artefacto mágico que otorga resistencia ante la corrosión de los Valendi. Ella al igual que hace ciento veinte años atrás, caería nuevamente en la vida de Khamel, el último Protector. Deberá probar su valía en las arenas de la Academia Horus, aquella que divide al mundo en dos facciones, los Nova "Los Brillantes" y los Valendi "Los Oscuros". Solo si prueba ser una Nova, podrá heredar la corona que salvará al mundo de la corrosión. Todos los Derechos Reservados. Obra Registrada en Safe Creative.


Fantasía Fantasía oscura No para niños menores de 13.

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Capítulo 1°



120 años antes


Entre el apocalipsis del ayer, y la fragmentación del ahora los astros señalaron el futuro y en él la verdad. Bajo el sauce llorón de hojas lagrimeantés donde todo empieza y todo termina.


El cielo lloraba una perdida y el destino albergaba una esperanza.


En la hierba cabizbaja se oían murmullos de lo que vendrá mientras era azotada por el vendaval del duelo de los cielos.


Desde los hipnotizantés ojos de Khamel se reflejaban las estrellas del porvenir y en ellos se vislumbraba una triste amargura que caía en largo recorrido desde la pechera de la armadura que protegía la parte superior de su cuerpo, hasta las botas oscuras que anunciaban su camino.


En la oscuridad de la noche aquel bosque Eleonora se dejó ver con aquella fugaz forma de fuego que podía proyectar, erigiéndose frente al que alguna vez fue su caballero. Para tener su última conversación.


Las pocas estrellas que habían logrado presenciar ese encuentro sufrían su despedida.


Khamel se arrodillo ante quien fue su maestra, su ama, su dama y su primer amor. Enterró la espada en el pasto murmurante y alzo la cabeza para ver los vestigios de lo que alguna vez fue Eleonora la primera bruja que el mundo había conocido.


El escritor del destino disfrutaba con la visión de las llamas reflejadas sobre la piedra angular que sostenía lo que fue un trono antiguo bajo el sauce llorón del recuerdo, y sonrió para sus adentros.


-Vendrán por ella, todos. Los Oscuros querrán conquistar el mundo con su poder.


-Lo sé –Respondió con la mirada en el suelo.


-No solo ellos, brujos, hadas y demonios querrán su corona. ¿Lo sabes? –Inquirió severa.


Él asintió con la cabeza. Observando por una vez más los cabellos dorados, los ojos brillantes y la sonrisa tímida de su antigua amante.


–Mi tiempo se agota.


-Me quedare hasta que no exista aliento que venga de ti. La salvare por ti, si lo haces mi deber.


-Mi caballero protégela, representa la última oportunidad de detener la corrosión.


La llama de su ser se hacía más pequeña y su voz se convertía en un susurro.


-Khamel.


Él levanto su rostro sorprendido al escuchar su nombre saliendo de aquella voz que nunca lo había pronunciado en su presencia.


-Ella deberá comprometerse con un Valendi para obtener la corona y detener a Los Oscuros. Solo así podrá entrar a nuestro mundo. Promételo.


-Lo prometo, esta promesa pasará a mis futuras generaciones y el último de los protectores cumplirá o morirá.


Con aquellas palabras Eleonora sonrió por última vez. Sus caminos se habían cruzado tantas veces, que en su lucha por salvar a todo lo bueno del mundo el amor nunca había sido parte de su labor.


Aquella noche de perdida el destino de Rhea Varys había sido sellado y llorado por la tierra, el cielo y los árboles.

I

No eran ellos, era yo quien ya no creía en ellos y por eso mi latente traición solo la conocían mis huesos -Autor desconocido.


La visión de Rhea sentada en aquella lucubre biblioteca iluminada por los techos de cristal ennegrecidos por el tiempo, era la prueba viviente de que no se puede burlar al destino.


Eso lo había dejado muy claro Khamel, al momento de encontrarse con su cabellera larga y ondulada de color caramelo, mientras se adentraba por el bosque con aquel abrigo verde y camisa de seda negra, y aquellos inconfundibles ojos pardos que marcaban el origen de su sangre.


Aunque no fue el único que supo de su existencia y locación. Un aquelarre en su búsqueda y captura había comenzado. Tal como le dijo Eleonora a su antepasado por quien fue nombrado, al ser el llamado, último protector.


Su destino estaba trazado.


Sobre la copa del árbol más alto él la vigilaba atentamente, buscando el momento preciso para acercársele y cumplir la promesa que lleva en suspenso más de un siglo.


Con la daga lista en su pierna por si necesitaba atacar, y protegido por la armadura de su familia de color negro con decoraciones plateadas, pantalones ajustados de color negro para facilitar los movimientos rápidos y botas negras reforzadas.


La observaba moverse por la biblioteca hablando con aquel sujeto, y acompañada de un perro durmiente, con el uso de sus habilidades podía escuchar su conversación, ver dentro de la estructura y vigilar los pasos del bosque.


Aquellos sentidos amplificados le permitían oír todo y estar en todas partes. Como un buen protector debía estar atento al peligro.


Hacia medio año que ella había perdido a su madre, una anticuaria y junto con ella la protección que la escondía del mundo subterráneo que existía bajo sus pies.


Khamel sintió como su mandíbula se tensaba cuando Rhea soltó su cabello de la coleta que lo aprisionaba, permitiendo que su cabello ondulado cayera sobre su camisa negra, sobre el cual se posicionaba el colgante de la antigua familia real de "Los Brillantes" personas con poderes radiantes, llamados Nova, considerados como la facción del bien a contraposición con los "Oscuros" denominados Valendi, personas con habilidades oscuras.


Si bien muchos difieren si los Oscuros y Valendi son lo mismo. El mundo de Alcazhar aun los cataloga como iguales.


Toda persona con habilidades puede tomar una forma u otra, sus acciones, decisiones y pensamiento determinan su lugar. Eso se decide en la Academia Horus a la que debe asistir todo ser que manifieste habilidades, para aprender a utilizar sus poderes y escoger su lugar en el mundo.


Lugar al que el mismo Khamel había asistido, aunque su especie es considerada hibrida acorde al Libro de Ceniza que había leído antes de emprender su misión, él era un Ángel de Ceniza.

Primer capítulo

"La Era de los Ángeles de Ceniza"

Su inscripción decía lo siguiente:

La Era de los Ángeles de Ceniza

La primera especie con el deber de proteger a todos de la oscuridad, en cualquiera de sus formas.

Una legión de Ángeles guerreros.

No eran castos, ni puros, si no humanos con alas de color platino y sangre dorada en sus venas.

En sus tiempos gloriosos fueron millones.

Hoy solo queda uno.


Ese era él.


Desde aquel abismo que lo separaba del suelo sintió la vibración de la tierra con el avance estrepitoso de tres enemigos que se dirigían hacia la biblioteca cargados con armas de corto alcance.


A la vez que aquel joven que la acompañaba dejaba la biblioteca junto con el perro siberiano en busca de liberación y alimento.


Ella estaría sola, y ellos lo sabían.


Soltó la rama por la cual se sujetaba y se dejó caer de forma pulcra en el suelo sin hacer ningún ruido. Saco la daga de la funda ubicada en su muslo derecho y la tomo en posición.


Uso sus habilidades para aparecer frente a Rhea, como su protector. Al materializarse dentro de aquella biblioteca llena de libreros polvorientos y goteras de agua, se encontró frente a frente con aquellos ojos verdes que anhelo ver desde que su misión le fue asignada, parada sobre aquella alfombra roja que inundaba el suelo frente al cuadro del fundador que lo observaba como si estuviera vivo.


La tierra tembló cuando sus ojos se conectaron. Se secó el pelo mojado con una de sus manos protegidas por guantes negros, y sin pensarlo le sonrió.


-Rhea, he venido por ti.


Ella abrió la boca para gritar. Pero él fue más rápido, años de entrenamiento se lo habían permitido. Con agilidad poso una de sus manos en su boca, con la otra guardo la daga en su espalda y la dirigió contra la estantería más cercana para que hiciera silencio.


-Lamento la falta de presentación, no tenemos tiempo –Dijo para luego mirar a otro lado atento a los sonidos del exterior.


La cara de Rhea palidecía en la presencia de aquel desconocido con gran fuerza y poca delicadeza vestido con aquella armadura que evidenciaba que no era parte del mundo moderno.


Ella solo podía pensar que quizás él fue el asesino de sus padres. Acompañado de los sonidos de pisadas, arbustos moviéndose, y aquellas sombras que se acercaban al edificio reforzaban su teoría.


Con toda la fuerza que tenia se impulsó contra los estantes y dejo caer los libros sobre ambos, logrando escapar por acto de suerte, sin que uno de los libros dejara su marca en su hombro.


Antes de huir le dirigió una mirada de odio a su enemigo, y corrió hacia la puerta principal. Al pisar la tierra del bosque llamo a su amigo desesperadamente, pero nadie acudió a su llamado.


Se adentró en el bosque con la experticia que los años le habían dado, sin que se escuchara un solo sonido a la redonda y ni un alma se asomara en el páramo.


A la distancia logro divisar a una mujer vestida de negro que se acercaba rápidamente, asustada fingió cambiar de dirección hacia el risco, en dirección al sauce llorón. Su última opción era nadar hasta el otro extremo del lago.


Pero aquella mujer la siguió. Sus pasos se hacían más fuertes resonando en el suelo húmedo por la reciente lluvia. Hasta que estos desaparecieron como si se tratase de un fantasma.


Rhea miro hacia atrás y allí estaba ella con tatuajes de serpientes en el cuerpo, rostro sombrío y ojos negros fijos en ella. Aumento el paso hasta aproximarse al sauce llorón en la cima del risco con la esperanza de que la subida ralentice a su persecutora.


Observo por última vez hacia su dirección. Aquel ser cada vez se encontraba más cerca. Al pisar la cima un extraño calor comenzó a recorrer su cuerpo, debilitándola por completo.


Cayo al suelo por el cansancio. La sombra de la mujer apareció frente a ella y se divido en dos, de ella un joven de ojos amarillos apareció sonriente.


-¿Qué quieren? –Grito.


-Tú –Respondieron como si no conociera muchas palabras de la lengua humana.


Un humo espeso de color gris lleno el suelo de él emergió Khamel con sus cabellos oscuros en el rostro por el sudor, y los ojos dorados con una daga en su mano, visiblemente cansado con sangre cayendo de un costado de su pierna.


Ahora llevaba los antebrazos al descubierto, habiéndose visto despojado de las protecciones de hierro que formaban parte de su armadura, le permitió ver a Rhea sus tatuajes en el especial aquel que llevaba escrito su nombre al interior de su brazo derecho.


Con un movimiento se puso en posición de ataque y con otro de su daga degolló a la mujer, dio un giro para cambiar la daga de mano y la enterró en los ojos del joven, en ese acto sus ojos se apagaron y el cansancio del cuerpo de su victima desapareció.


Cuando aquel cuerpo se desvaneció recogió el arma del suelo, y tiro su cabello que le caía hasta las orejas hacia atrás con la humedad del ambiente.


Con su brazo limpio la sangre de su boca y la observo con aquellos ojos encendidos.


-Ahora sí, no hay libros que me puedas lanzar.


Rhea se levantó del suelo y huyo hacia el sauce llorón en busca de protección. Sin meditación Khamel uso su velocidad y la atrajo de espaldas hacia su cuerpo, con una mano firme en su cintura para evitar que huyera nuevamente.


Se acercó a su cabello y se dejó caer a la altura del lóbulo de su oreja.


-Tú eres Rhea Varys la Heredera de la Corona de Cromo y yo soy tu Protector.


Con aquella confesión alaridos de una horda se escuchaban aproximarse, flechas ennegrecidas se elevaban por los aires y una neblina verdosa inundaba el bosque, lo que solo significaba una cosa.


Seres oscuros habían hecho una alianza.


Khamel sin pudor agarro contra él el cuerpo de Rhea y se lanzó hacia el risco generando un portal con sus poderes. El eco de la enardecida horda que se reunía aclamaba por sus cuerpos, viendo la victoria en sus muertes.


El día gris veía con lentitud su caer preparando la historia que le contaría a las estrellas cuando la noche arribara.


-¡Qué haces! –Grito ella con toda la fuerza de sus pulmones aferrándose al cuerpo de aquel desconocido mientras caían cuesta abajo directo al lago.


-Te salvo la vida.


Aquel protector abrió un portal en medio de lago. Una vez dentro nada, había silencio; no sentían sus cuerpos, estaban presentes, pero siendo consumidos por partículas de magia que los trasladarían a un lugar seguro. Esteles de magia dorada los acunaba en el vacío, cantando con la música de batalla de los ángeles, y la brisa del flujo mágico en el que se encontraban.


Pero toda magia tenía sus reglas. Si el portal se formó en agua, la salida debía ser en otro cuerpo de agua. Khamel quien no había estado jamás dentro del Castillo del Príncipe Valendi, Vaden. Hizo uso del conocimiento otorgado por su instructor y los guio a la piscina privada de aquel príncipe oscuro.


Con un movimiento de sus ojos fueron dirigidos con toda la fuerza del flujo de magia que los rodeaba y guiados por las estelas de luz que los protegían en su travesía.


En un pestañear atravesaron la barrera, siendo impulsados hacia la superficie del agua. Khamel con su fuerza salió de la piscina sin dificultad con Rhea sobre su pecho.


-¿Estás bien? –Pregunto él sujetando su cara con sus manos, depositándola en suelo seguro.


Ella se encontraba notablemente mareada, con algunos raspones en sus brazos y la herida que había dejado su intento de huida con libros. Con el cuerpo y cabellos mojados se despojó de su abrigo.


Khamel no pudo evitar bajar la mirada frente a la silueta de las curvas de aquel cuerpo femenino marcadas por la camisa negra de seda mojada.


Junto con aquella mirada acalorada bajo una mano a su cintura y le sostuvo la mirada hasta que ella fue capaz de responder.


-Estoy bien –Respondió ella.


Estaban rodeados por paredes con pilares de mármol, arcos y puertas con vidrieras, una brisa oscura se dejaba entrar por el balcón al otro extremo de la habitación. La única ventana que permitía la vista a la ciudad de Merlak la capital donde se dividen los dos reinos y se encontraba la Academia Horus, se encontraba bloqueada por aquel príncipe de ojos azules, tés aceitunada y cabello negro que sostenía una copa de espumante en sus manos, observando la escena con desagrado.


-Vaya espectáculo, no sabia que a los Protectores les gusta ser tan íntimos –Espeto molesto con aquella voz grave que hizo erizar a Rhea.


Ella era la única en la habitación que no conocía la situación en la que se encontraban.


Con aquellas palabras Khamel retiro sus manos, bajo la vigilancia agua de los ojos felinos de Vaden. El príncipe se acercó a la victima de esta situación y ofreció su mano en ayuda.


Ella le devolvió una mirada cansada y acepto su ayuda. Khamel tomo una toalla de la mesa contigua repleta de bebidas, humectantes y artículos para secarse el cuerpo, para envolverla con ella.


-Los humanos son débiles.


-No es necesario –Espeto Vaden.


Con un chasquido de sus dedos todo el cuerpo de Rhea se secó por completo, la herida de su cuerpo se había curado y ya no se sentía abatida por lo largo del día.


-Conozco un par de trucos–Dijo levantando su copa hacia ella en señal de brindis -¿Un trago?


Ella negó con la cabeza.


-Prefiero una explicación.


-Directa al punto me gusta –Dijo dejando la copa y acercándose a ella –Príncipe Vaden de los Valendi, y tu prometido, a tu servicio –Termino con una reverencia y una sonrisa pícara que dejaban ver algo más por el brillo de sus ojos.


-¿Príncipe de qué? ¿Prometido de quién? –Pregunto incrédula.


Giro para ver a Khamel, siendo atendido por personal de servicio que curaba sus heridas y ante la falta de respuestas observo preocupada a aquel chico de cabello oscuro perfectamente alborotado.


Aquello le recordó un sentimiento familiar que había olvidado. Sus miradas se conectaron en el momento en que ella subió el rostro para verle la cara, y estiro su mano hacia su frente en busca de signos de enfermedad.


En el aire se respiraba el aire de dos almas conectadas desde antiguo. Ninguno aparto la vista. Una pequeña complicidad había comenzado a formarse.


Su unión no se rompió cuando él se acercó posando su mano sobre la de ella. Rhea sentía como el calor de la habitación aumentaba y su cuerpo temblaba, mientras duraba aquel primer encuentro.


Aquel príncipe agradecido por las promesas del pasado, lamio su labio mientras tomaba con gentileza la mano de Rhea y la retiraba de su frente.


-Como tu futuro esposo prometo –Beso su mano –Que destruiré a cualquiera que te vea de la forma en que lo hago ahora.


Levanto sus ojos azules y la petrifico con aquella mirada felina revestida en anhelo, de deseo, amor y complicidad. Aunque deseara todo eso no quitaba el hecho de que había nacido, crecido y escogido la oscuridad. Hecho que Vaden recordaba cada vez que algo bueno aparecía en su vida.


En la habitación reino el silencio, el calor, y las miradas malhumoradas de Khamel hacia el par que acababa de juntar.


Todo termino con ruidos de tempestad en forma humana que se avecinaban por el pasillo, sin temor a la muerte.


–Debes salir de aquí –Dijo suavemente, tratando de no asustarla.


Ella aún tenía muchas preguntas, pero no tuvo oportunidad de hacerlas. Vaden hizo aparecer una puerta de roble negro con runas de todo tipo en ellas y un signo de alas negras incrustado en diamante oscuro. Aquello la hizo salir del trance en la que entro al ver sus ojos.


-La llevare a un lugar seguro, encárgate de ellos –Ordeno.


Ante la presencia de extraños en la habitación Khamel se puso en la acción que implica su nombre, y el joven príncipe tomo a Rhea en su espalda, corriendo en dirección contraria.


-¡Bájame! –Grito ella -Primero necesito respuestas.


-Lo siento mi princesa, aun no estamos a salvo.


-¡Te golpeare!


-¿Con que? ¿Con tus tacones? Me han golpeado con cosas peores, creo que puedo sobrevivir.


Con aquella magia desaparecieron por la puerta hasta el pasillo de cristal que conectaba la piscina con la torre principal del castillo donde se encontraba la habitación del príncipe Vaden, impenetrable sin invitación y con condena de muerte a cualquier transgresor.


Rhea se sujetaba de su captor. Vaden calculaba los metros que faltaba para ponerla a salvo.


La luna observaba su camino, y las sombras murmuraban para ellos mismos, rodeándolos con curiosidad de lo que vendrá. Al arribar a su destino, la deposito en la cama amarrándola con esposas de cuero emplumadas de color gris que se conectaban con el respaldo de la cama.


Al caer en los cojines de plumas, Vaden con un movimiento de sus manos, cerro las esposas en su mano.


-He escuchado que los ángeles como tú tienden a ser escurridizos, hay gente peor que yo allá afuera, hermosa.


Los ojos de Rose irradiaban indignación, ante tal acción.


-Secuestrar personas es un crimen, aunque te hagas llamar mi prometido, no me creo esa mierda.


Él rio para sus adentros.


-Cuanta agresividad en un cuerpo tan pequeño. Tu madre acepto el compromiso cuando nasciste.


-¿Mi madre sabia de esto? –murmuro para sí misma confundida.


Vaden se acercó a su cuerpo tendido en la cama, entregándole aquella visión poética de la belleza de su ser, y quedando hipnotizado por las curvas de su cabello. Tomo su rostro en sus manos y sin meditar paso un dedo lentamente por sus labios.


-Princesa mía, he hecho cosas peores que amarrar a una mujer a la cama –Dijo susurrando en su lóbulo.


-Eres un idiota.


-Me lo han dicho en muchas lenguas.


Se dirigió a la puerta, y antes de marcharse se apoyó en el marco despidiéndose con un movimiento de su cabeza, adentrándose en la tormenta que había iniciado y diciendo.


-Por cada respuesta que te dé, me tendrás que dar algo a cambio.


-No tengo nada para ofrecerte.


-Claro que si ángel, un beso. Uno por cada respuesta –Dijo cerrando la puerta tras él, sin apartar aquella mirada felina sobre Rhea hasta que le era imposible ver.


En aquella noche de luna llena el mundo humano y el mundo subterráneo se volvió a encontrar después de más de un siglo.


Tal como Eleonora había planeado Rhea sería entregada a Vaden para protegerla y permitirle entrar a su mundo, no como la Heredera de la Corona de Cromo, si no como hija de difuntos brillantes, y así pueda luchar por obtener aquel artefacto que salvaría al mundo, aunque aquella ultima parte solo la conoce el ultimo protector.

El interludio en negritas ¿A quien pertenecerá? ¿El Protector esta celoso? ¿Qué opinan de Vaden?

Si les gusto cualquier voto o comentario se agradece. No leemos el próximo jueves.

30 de Junio de 2022 a las 21:55 0 Reporte Insertar Seguir historia
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