Canubrí Seguir historia

paopaolt Paola Lopez

La aberrante creación de la encaprichada naturaleza dio tal vez al más sublime de sus hijos, el Canubrí...


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#Canubri
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Canubrí

   La aberrante creación de la encaprichada naturaleza dio tal vez al más sublime de sus hijos, el Canubrí. Para las otras especies era extraño tener a un ser exótico a su alrededor. A todos les encantaba verlo en el agua, ya que poseía gran habilidad para nadar. De cabeza marrón, su cráneo era notablemente achatado, culminando en una trompa quasi plana. Tenía ojos pequeños, pero mirada perspicaz con los cuales observaba todo. Cuando ya tenía suficiente espectadores, su cuerpo se elevaba en aire, girando, creando con las gotas miles de prismas que reflejaban aún más su plumaje tornasol. Aunque su cuerpo medía menos de la mitad que su cabeza, aleteaba tan rápido permitiendo que su cuerpo se seque en cuestión de segundos. Al mismo tiempo esa fuerza era lo que ayudaba a mantener su cabeza y grandes patas en el aire.

   Vivía en el bosque tropical de Onuca, uno de los más grandes del mundo y menos explorados. Prefería vivir ahí, lo tenía todo. Al atardecer subía a la copa del árbol más alto para presenciar el momento en que el sol ingresaba al bosque y se fraccionaba en pequeñas luciérnagas, iluminando la densa noche. No dormía y sus descansos consistían en recorridos nocturnos por tierra, dejando que sus alas sean las protagonistas en el día. Era un gran cazador, pese a que no tenía patas anteriores, sus alas al mojarse le permitían nadar con gran agilidad, logrando atrapar peces. En la noche se alimentaba de insectos, Sus patas posteriores, que eran un poco largas, le permiten aplastarlos. Comía de todo menos luciérnagas por miedo que al día siguiente el sol esté incompleto. La zona pantanosa era su favorita ya que encontraba la mayoría de su alimento. Creía que había salido de las flores porque veía similitud con los colores de sus plumas. Pensaba que era la combinación perfecta porque podía gozar de todos los espacios que la naturaleza les brindaba.

   El canubrí era único en su especie. Se resignó a vivir con su vanidad, la única manera en la que, éste ser solitario se sentiría apreciado. Cual mayor atracción, daba muestras diarias de sus habilidades. Los años pasaron y el tiempo se reflejó en su cuerpo. Cada día se encontraba más débil, pero nunca flaqueó porque su ego no se lo permitía. En su último acto, le costó elevarse. Haciendo su mayor esfuerzo, subió tan alto como pudo. Nunca lo vieron bajar, pero al día siguiente brotaron de los árboles flores de colores. Fusionó su magnificencia con la tierra, para conservar su belleza y así poder ser admirado eternamente.

6 de Febrero de 2015 a las 06:53 0 Reporte Insertar 0
Fin

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