sinfonauniversae Sinfonia Universal

Eran los amantes más cautos, y más dulces, pues, para esconderse de los ojos de Dios, se citaban en sus sueños. Y en algún momento de esos sueños más amados, uno de los dos cruzaba el espejo de los mundos inmolados, en los que se encontraban, bendecidos por mil luciérnagas siderales. Y así, en un efímero vals, finalmente eran uno.


Fantasía Todo público.

#Sinfonía #mortal
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La Mortal Sinfonía de la Vida


–En el omnipotente edén, sumérgete, hijo de la aurora, más allá del pilar de los sabios inmolados, más allá del universo edificado en dos realidades sin fin. Tú que predicas la creación de una historia etérea e infinita, entrega tu inocencia al sueño más brillante, y admira como un millón de criaturas iluminadas te alaban desde un océano infinito. Y por siempre jamás, las oirás cantando, y por siempre jamás las oirás clamando en el mundo crepuscular al que habrás pertenecido en mis memorias.

Su canto fue perpetuo, con el que veneró su rostro, y derramó en él un amanecer antes de que sus testas se vieran coronadas con arcoíris de medianoche, y en el lugar donde juntos se entregaron, sus sueños estaban pintados en cada una de las sonrisas de mil luciérnagas solitarias que admiraban su historia transformarse en colores que se desplegaban como la magia que ambos, en sí mismos y en sus corazones contemplaban absortos. Unidos, y enmudecidos, ante la belleza que se guardaba en la fantasía más amada que ambos, regentes de sus propias realidades consagradas, habrían construido.

Un parsimonioso y doblegado silencio se extendió por su faz, su inerte oscuridad gobernó sus sienes y asió al día, consumiéndolo, era un rayo muriendo entre dos álgidos respiros, y a un ritmo creciente e imprevisible, descendió por su garganta, atragantado por una cascada de luz que se hendiría en su ser, postergándolo como un esclavizado amante, yaciendo a los pies de una cruel incandescencia conformada por su misma carne, naciendo de su pecho y rebozando los propios cielos enmudecidos.

–Mi luna devoradora, no reconoce espacio donde aprecie más, que un lugar sin sombra. Heme aquí como un anzuelo eterno, dominado bajo la promesa de una libertad que no llega, que sólo se respira bajo el efímero deseo apagado por el perfume. –

Sus nativos ojos, eran ahora los de una cándida constelación, fielmente atravesada por un albo ardiente y desnudo como un mundo donde se reverenciaba la espuma bañada de su negro mar; y con ese manojo de delicias despuntando en cada hirsuto propio y resplandeciente del contrario.


La confesión de amainados colores transmutados, vibrantes, en el espejo de un ayer olvidado por un solariego cántico, fueron dejados cual inertes huellas mudas, quiénes caían esculpidas por un verano ido, sonoro en su silencio. Y atemporales de ése ser danzante en el ayer, los versos ofrecidos por un mundo fino, envolvieron cada halo nocturno que parecía desnudarse de ese criatura oscura y ciega, a quien no dudó hacerla testigo de las canciones olvidadas en sus propios labios.

–Desde la garganta de la medianoche, y sumergido en la memoria de los dioses desterrados, cruzarás sin sueño sobre infantiles verbos y palabras teñidas de infinitas guirnaldas escritas en la cálida promesa de heráldicos mundos. Y al yacer en las estrellas fugaces de sus cielos, persignándote como niño ante las puertas de su templo tallado en el fuego robado de los dioses inclementes, tú, en forma de una lluvia celestial, serás transfigurado hacia una existencia que cantará su réquiem eternamente en mis brazos, cuál primavera coronada de fragancia inocente.

Y las huellas de sus dedos fueron grabadas sin letras en su fugaz fragmento del tiempo, y en el borde de esa vida extraviada posó una desnudada mañana, una devoción y una plegaria, con las que edificó un bello cuento quién silbaba las alegres eternidades del amor, y en ese edén su luna era la verdad y la vida, vestida de revelaciones.


Su órgano lunar se extendió, abriéndose y perdiéndose entre los bordes de sus cielos finitos y presenció como nadie, la genuina huella de esos dígitos precisos, donde aquellos pulgares fueron los que gobernaron sobre su faz, envolviéndole en su luz transitoria, eliminando cualquier reacia aspereza.

Aquella espesura irrevocable presenciaba como su caricia le bautizaba, sería él entonces, el único que trazaría las marcas sobre sus arenas desnudas, trasgrediendo aquel contacto doloroso, sin brío o codicia de someterlo a voluntad, era un engaño del que él mismo precisaba llevar a cabo hasta donde el fin amaneciera.

Fue una eternidad efímera entre sus labios; cercaron los secretos para poder perderse entre los estremecimientos de sus amaneceres y tardíos atardeceres; no sólo se confundieron sin llegar a brillar como un difuso esbozo de los suspiros leves que, contrastaban moldeados uno con el otro, porque fue en ese momento, cuando el silencio cantó los versos de aquella colisión desmesurada, y los versos de un poema eclipsaron en un lecho tan blando, que ni siquiera el verdugo de estrellas pudo realzar la indómita belleza que muerde el amor hasta que la muerte le aprisiona y lo libera.

Descansó sobre sus ojos un brillo que, tímidamente tiñó un sueño muy cercano al de una paz nunca antes explorada, pero su deceso fue el de quién se aproxima súbitamente sin tropiezos, un vals acompasado en melodías que jamás había escuchado, y caricias que nunca creyó sentir porque el dolor de merecerlas, redoblaban un castigo eterno, impuesto por su propia obra.


Los nenúfares ornaron el fin sobre la memoria, y las fábulas del tiempo guardaron la magia de los amores eternos, en la luz de las lámparas sagradas, forjadas y encendidas con decoro en la silente medianoche, heraldos de la realidad de su existir que presidieron la mítica unión de los amantes. Y embelesos, gravaron el perfume de un prodigio inocente, más allá de las imágenes transparentes que halagaban, y colmaban, los recovecos entretejidos en un sonoro llanto de alegría.

La oración anhelada de un beso, y el estallido de mil corpúsculos circundantes en sus corazones, escribieron milagros desconocidos en cada una de sus vidas, y así, dibujaron el credo del perdón y la majestad omnisciente en los colores de sus tupidos ojos, en el océano álmico que representaban sus continuas encarnaciones y en el trémolo rezo de amaneceres y atardeceres ya unificados.

Así, y sólo así, el rey coronó al príncipe en la cuna del arcoíris de sus sueños más amados, y jamás olvidados. Y le cubrió con un jardín de árboles renacidos, en un mundo inesperado en el que caminantes nocturnos y extraviados, por siempre hallarían el descanso; y celebrarían el nacimiento bendito de la gracia plena. Y engulló con delicadeza las agonizantes pesadillas que penaban ya acariciadas de indulgencia, conquistadas con afinada serenata, desnudadas desde un silencio blanco, y arrojadas más allá del regalo pintado en su universo. Vivieron juntos el silencio y la música, que cada uno irradiaba, y hablaron de la sed de sus historias para siempre inmortalizadas.

Y el amor inundó los pozos de sus deseos, rendidos a los pies de la melodía orquestada por el verbo, la muerte y la vida, ahogando la eterna fuga de las cascadas de la memoria, las huellas mudas y abandonadas de sus pies reaparecieron en las arenas desnudas de su océano, y reconocieron el camino de retorno hacia el magnánimo paraíso prometido.


El moreno jaló su mano para que se enderezara y se sentó a su para evitar que se hundiera en el sofá, pensó en las palabras que le dijo el contrario y sonrío emocionado.

–Estoy seguro de que así será, no te preocupes, mientras. Podríamos conocernos y cuidarnos el uno al otro, de esa manera, ambos lograríamos saber más y así quizá, lograse pedir un deseo. –

Acarició la tersa caricia albina y pasó sus dedos con cuidado por su mentón.

–Tengo la extraña sensación de haberte conocido antes. Podría jurar haber visto y escuchado tu voz en mis sueños, como si estos hubieran profetizado nuestro encuentro. Me pareces una criatura de lo más inocente, a pesar de haber sido encerrado, no creo que nadie tenga ningún reclamo por tus actos si es que no lo hubieses hecho de corazón. –

Juntó sus manos con las del contrario.

–Dime, níveo demonio, ¿cómo es que puedo liberarte de tu maldición y romper tu hechizo? –


Las acciones del moreno lo tomaron desprevenido, trató de montar la guardia pero confío en él y permitió que hubiera cercanía, que le tomara la mano, y se derritió con su sonrisa. Aquel hombre tenía una sonrisa de muerte, bastante franca, bastante bonita. Sus palabras le hicieron reflexionar, le hicieron pensar, y asintió con gesto decidido, pues lo protegería, haría de sí mismo un guerrero para poderle brindar la protección que merecía, mas se sintió asustado cuando mencionó que tenía la sensación de que ya se habían conocido.

Quizá el hombre estaba verdaderamente loco y no se percataba de ello, mas esbozó además una sonrisa, sin sarcasmo, sino más bien de comprensión y elevando la diestra le acaricia la tosca mejilla al hombre, que no se sentía tan grueso, y cubrió con el beso de sus dedos el puente de su nariz y sus cejas como si le estuviera reconociendo, como si estuviera leyéndolo y descifrando el misterio de su existencia, retrocedió unos instantes en los que la luna se tiñó de sangre y su corazón empezó a palpitar emocionado.

–Quizá te conocí hace mucho tiempo, pero te he olvidado con los años, pues la maldición hace olvidar a sus portadores acerca de las cosas más importantes que acontecieron en su vida, o inclusive su nombre como ha ocurrido conmigo, pero te veo ahora y veo a un asesino en serie, un asesino que no temería cortar en dos el cuerpo de un hombre, y aún que esto sucediera y lo hicieras conmigo te protegería de todo mal, pues soy un mago de sangre y los magos de sangre hacemos eso. –

Se acercó a él y escuchó los latidos de su corazón y olió su aroma de muerto, mas no retrocedió, quizá era un olor característico del moreno, así que no debía juzgarlo. Retiró una prenda que tenía atada en su cabello, y se la obsequió al hombre que tenía la capacidad para embrujarle sin mover ni un músculo.

–Quiero cuidar de ti, también, así como lo propones, haríamos un buen equipo, nos apoyaríamos el uno al otro, nos alimentaríamos, nos colmaríamos de caricias, porque ambos somos seres solitarios, desnudaríamos nuestras almas el uno por el otro, y nos haríamos un solo ser que pelee en este mundo tan precioso y contra los que traten de dañarnos. –

Apretó su mano con cuidado, y le transmitió su calidez, para que se diera cuenta de que era real, y no un sueño.

–Tu deseo, estará a salvo conmigo, y sólo yo podré cumplir el que oculte tu corazón, ladrón de almas y corazones. No temas en nombrar lo que tanto anhelas, pues habrían oído s que lo escuchen y lo hagan realidad.

Lo contempló tan de cerca, tan de cerca, que sus labios se apegaron y el sabor de estos se condensó en sus rosadas superficies, al punto que pudieron quedar pegados para siempre, pero el albino se echó para atrás con un gesto que no ameritaba repulsión y le sonrió levemente, tímidamente, desviando la mirada y la cabeza avergonzado de su osadía.

20 de Mayo de 2022 a las 18:19 0 Reporte Insertar Seguir historia
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Fin

Conoce al autor

Sinfonia Universal Mi nombre es Vanessa pero prefiero que me conozcan por el nombre de Sinfonía Universal. Tengo mis pocos años en este mundo de escritura, pero más perteneciendo al ritual que significa la vida, soy de Mérida - Venezuela, el lugar que Dios eligió para que naciera. Soy un aprendiz de escritora, autodidacta, que tiene el infinito sueño de crear historias de fantasía que atrapen, y llenen de color las vidas de todos.

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