mariadaza María Guadalupe Daza

En un mundo mítico creado por las criaturas del zodiaco, las fuerzas de la luz y de la oscuridad se hallan enfrentadas en una guerra legendaria. En medio de ella, la joven Katara encuentra un huevo de dragón al que deberá proteger de todos los peligros posibles. Embárcate en esta aventura en donde la magia de los elementos, la amistad y el amor tienen cabida creada por Maria Guadalupe Daza Delgado, autora de El milagro de Brizania.


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Prólogo: Creación del mundo astral

Hace mucho tiempo, las constelaciones que lucían en el firmamento representaban a dioses que viajaban flotando en el espacio; todos juntos decidieron crear un nuevo planeta donde diferentes especies.

Los dioses de las constelaciones Virgo, Tauro y Capricornio, estaban asociados al elemento tierra y al crear el planeta proporcionaron la superficie terrestre con la flora y la fauna. Mientras que Aries, el carnero proporcionó la energía al globo, elemento esencial para la vida.

Los que poseían el elemento agua, Cáncer, Escorpio y Piscis, se dedicaron a la creación de ríos, lagos, arroyos y mares así como a los animales acuáticos. Luego, el cangrejo le proporcionó la luna para que iluminase las noches.

Géminis, Libra y Acuario, que dominaban el aire, se ocuparon de la atmósfera con su clima, vientos y brisas; así como de las aves. Al tiempo, las constelaciones Leo y Sagitario apoyaron a Aries en su calor y dotaron al planeta del fuego y los volcanes. Para finalizar, Leo erigió el sol como fuente de luz.

Finalmente, todos juntos colocaron en el planeta razas inteligentes: humanos, enanos, elfos, dragones... Que con el paso del tiempo, y a medida que evolucionaban, se dividieron y formaron naciones.

Cada constelación ejercía su influencia en un determinado territorio para protegerles y concederles su poder; con la condición de que lo utilizasen sólo para hacer el bien. Los humanos y enanos heredaban los poderes de su constelación si nacían en su periodo de influencia y se convertían en magos del elemento.

Así fue cómo surgió un nuevo planeta. Y en uno de sus continentes llamado Zorliac, fueron apareciendo los primeros magos guerreros, expertos en controlar el elemento de su dios protector.

Por eso se decía que todo existente en ese mundo era obra de las estrellas.

En la nación Liyous, bajo la influencia de la constelación Libra, nació un muchacho inteligente y esforzado que se entrenó con perseverancia para ser soldado. Su nombre era Gorkan y destacaba de los demás por su habilidad con las armas. Ya de adulto, empezó a dejarse llevar por las ansias de poder pues a medida que su talento como guerrero afloraba, también crecía su afán de autoridad. Comenzó a creer que alguien tan brillante como él, debería adquirir más poder. Por esta razón, a pesar de no ser mago, recurría a la magia prohibida. El gobernador de su ciudad le castigó y desterró condenándole a vagar fuera de la nación y se refugió en las desiertas tierras del norte del continente.

Una noche, agotado de andar, se desplomó cayendo al suelo sin fuerza y en ese momento, vio ante él una horrible bestia con forma de serpiente y para su sorpresa, le habló. Dijo que era Durniax, la constelación de las fuerzas oscuras. Y que apiadándose de él, le ayudaría a ser el más poderoso de las naciones y realizar su venganza contra ellas pero a cambio, él tendría que luchar contra ellos en su honor. Le propuso destruir juntos todo lo que sus compañeros astrales habían creado. El guerrero aceptó y de esta manera, Durniax le transmitió la inmortalidad. En aquel momento fue como si una nueva vida naciese dentro de él.

Cerrado el trato, le transportó hasta el Castillo de las Tinieblas, escondido al norte de esa zona desiértica, donde Durniax con ayuda de sus poderes oscuros llevaba a cabo la creación de razas tenebrosas: orcos, troles gigantes, murciélagos voladores... para que le colaborasen en su objetivo. Colocó al mandó de todos ellos a Gorkan, que a partir de entonces, fue conocido como El Rey Inmortal. Y a esta nación, se la llamó Darketh, o el Territorio de las Estrellas Caídas.

A partir de entonces, Gorkan y Durniax empezaron a infiltrar espías y asesinos en la nación limítrofe con ellos llamada Scorsons donde consiguieron dividir a la población ya que una parte numerosa se alió con el Rey Inmortal.

Con el tiempo, consiguieron crear un gran ejército formado por sus razas tenebrosas y los traidores de Scorsons llamados Escorpiones Tenebrosos.

Este ejército realizaba frecuentes incursiones en las naciones del continente y presentaban batallas en las que a veces ganaban y conquistaban algunas ciudades pero que luego a veces las perdían de nuevo.

Tras años de enfrentamientos entre las fuerzas de la luz y de la oscuridad sin que la victoria se inclinase hacia ninguno de los dos bandos, sucedió que una tarde, una manada de orcos armados con ballestas, cruzó la frontera de la nación Ramfire a través de las montañas. Perseguían a un inmenso dragón púrpura que llevaba entre sus garras un huevo verde. Ellos disparaban con sus ballestas y el dragón se defendía lanzando bocanadas de fuego contra sus atacantes. Algunos morían abrasados pero los demás continuaban su persecución.

El Rey Inmortal había puesto durante estos años especial interés en ir exterminando a los dragones. Y le había encomendado al gran orco en esta misión, matar a uno de los últimos dragones ya que suponía una amenaza para su reino. Ellos tenían gran poder y habían sido creados por los dioses para ayudar a las naciones de la luz a derrotar a las fuerzas oscuras. En aquellas últimas décadas, los dragones estaban a punto de extinguirse a manos de los enemigos. Si aquella criatura no luchaba para proteger a su cría, la especie acabaría por desaparecer del continente.

El orco que encabezaba la persecución, le había disparado con excelente puntería una ballesta cuando le tuvo a tiro, pero dudó y tardó en lanzar la segunda flecha.

A pesar de la eficacia de sus llamas y su agilidad, las heridas que le habían ocasionado las ballestas le estaban debilitando y el dragón dolorido tenía que batir sus alas con todas sus fuerzas para huir. Consiguió alejarse y bañado por los últimos rayos del sol, voló hacia el sureste sobrevolando la nación Scorsons con sus lagos, prados y ciudades, finalmente alcanzó la nación, Airshik. Lugar más alejado y seguro para su cría.

La capital de esta nación era la ciudad Windwer, y cerca de ella, había un lago donde se bañaba en aquel momento, una joven. Su cabello era pelirrojo como las llamas de una hoguera y sus grandes ojos adquirían al atardecer tonos grisáceos.

Como acostumbraba, estaba disfrutando del baño. Le gustaba acudir allí para despejarse. De pronto, le sorprendió un extraño rugido y al mirar el cielo, descubrió la presencia de un dragón que parecía descender a ritmo vertiginoso. Sin perder tiempo, abandonó el baño y corrió hacia el lugar donde había caído, tenía que ayudar a aquella valiosa criatura. Descalza y en bañador corrió en su busca internándose en la arboleda. Ya los cucos en sus nidos, acurrucaban a sus crías recién nacidas para abrigarlas del frío del atardecer.

Ella siguió su búsqueda hasta que por fin, encontró al dragón tendido en un claro. Moribundo respiraba con dificultad; a pesar de ello, al ver a la joven consiguió hablar—Ven... no te asustes. No te haré daño.

Ella se acercó sin miedo. Examinó conmovida, las heridas mortales—¿Quién te ha herido?

—Orcos... me han atacado los orcos por orden del rey inmortal—logró pronunciar aquella frase con esfuerzo.

—¡Malvados!—masculló enrabietada por dentro—Intentaré ayudarte. Eres indispensable para nuestro continente.

—¡No, escucha!—aquella voz la detuvo—si quieres ayudarme, coge el huevo que tengo en mis garras.

Siguió sus indicaciones y allí estaba. Con sumo cuidado, lo cogió y se lo acercó al dragón macho— ¿Qué debo hacer con él?

—Guárdalo y protégelo, sólo si sigue con vida nos salvarás de la extinción ¡cuídalo!

Y lentamente, el dragón dejando caer su cabeza, exhaló su último aliento. Katara, que así se llamaba la joven, sintió gran tristeza y con cariño, se inclinó y le acarició su hocico.

Luego, regresó al lago con el huevo en los brazos, se vistió, y metiendo el huevo cuidadosamente en su mochila, se encaminó a la ciudad. Pasó por la calle principal de la ciudad. Se hallaba concurrida por personas que visitaban las numerosas tiendas. Había carnicerías en las que el dependiente exponía las piezas de carne; también floristerías en las que se vendían semillas y flores muy variadas, sobre todo las campanillas blancas muy populares en toda Airshik con dedaleras violetas; y por supuesto habían joyerías, atendidas por afables enanos. En ellas, comerciaban joyas fabricadas con minerales y piedras preciosas, sobresalían las fabricadas con granate y platino, muy apreciadas.

En las naciones de la luz, era normal que enanos y hombres convivieran afablemente.

La joven intentaba pasar desapercibida con el huevo oculto. El paseo no duró mucho pues vivía en esta calle. En una amplia casa pintada de azul y de tres plantas que se hallaba adosada a otras casas de sus mismas características. Pero cada una de ellas presentaba un color diferente. En su nación, los colores más representativos eran el azul y verde.

Entró y su madre acudió a recibirla.

—Hija ¿por qué has tardado tanto? Nos tenías preocupados—preguntó con inquietud.

—Perdona madre, me entretuve sin darme cuenta—alejándose de su progenitora, se encaminó hacia las escaleras—¡No te preocupes, bajo enseguida!

¿Pero qué le pasa?—pensó sorprendida y desconcertada por la extraña actitud de su hija.

Tenían una buena relación, la hija siempre le había contado sus experiencias y compartían el mismo carácter. Incluso había heredado de ella sus ojos grises y su dulce sonrisa aunque su cabello, en vez de castaño como ella, lo tenía pelirrojo como su padre.

Ya en su habitación, la joven guardó el huevo en el cesto de la ropa limpia y lo ocultó en el armario. Después, bajó de nuevo y ayudó a su madre en la cocina y a poner la mesa. Todo el tiempo, estuvo en silencio y pensando en el huevo. Su familia, sospechaba que ocultaba algo pero ninguno de ellos le hizo preguntas y esperaron a que ella tomara la iniciativa para contarlo. A pesar de ello, resultó una velada agradable.

Cuando regresó a su cuarto, comprobó que el huevo seguía bien y vestida con su camisón se metió en la cama inmediatamente pues tenía estar descansada al día siguiente para sus clases en el templo.

Al principio, no consiguió conciliar el sueño pues revivía en su mente el recuerdo del dragón y su huevo. Pero no podía engañarse a sí misma diciendo que aquello no era real porque el huevo estaba en su armario y ella no podía olvidar la promesa que había hecho, aunque no sabía bien cómo conseguirlo. Finalmente, el sueño y el cansancio la invadieron y quedó profundamente dormida.

20 de Mayo de 2022 a las 07:51 0 Reporte Insertar Seguir historia
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