monica-arnedillo-vera Monica Arnedillo Vera

“El despertar” es el primer volumen de la saga “Códices” y relata el origen del peligro que el Universo corre de caer en manos de la Oscuridad. En tiempos inmemorables, en Omeyoacán, tierra de la dualidad, la Fuente otorgó a los hombres el secreto de todo lo existente: el secreto del Poder Generador. Pero lo ocultó a la vista de los hombres hasta que reconocieran alas Fuerzas que lo sustentarían. Así, las Fuerzas fueron sembradas en ocho niños nacidos de ocho sacerdotisas del Templo de la Luna. El gran monarca Kan Chen, consultará al oráculo del Espejo Humeante sobre la llegada de los ocho niños y, ante el temor de perder su trono, decidirá exterminarlos. De esta manera, la Fuente esconderá al Poder y ocultará a las Fuerzas en distintos mundos y tiempos hasta que el mismo hombre clarifique su corazón y vuelva a restablecer la armonía en el cosmos que su egoísmo desunió. A partir de aquí, una gran guerrera, iniciará el periplo del héroe buscando y despertando de su letargo a las Fuerzas para buscar al verdadero Poder y así evitar que la oscuridad, encarnada en el maléfico Nécros, se adueñe del Universo.


Ficción adolescente Todo público.
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EL PODER DE LOS NECRALITAS

LECTOR:

“Abre tu percepción a las nuevas experiencias. Estás de viaje y todo viaje puede ser una aventura y una puerta hacia tu propio encuentro.”




INSCRIPCIÓN EN UNA PIRÁMIDE MAYA:

“Fue un día, once meses y 1.264.982 años después de la entrada por la abertura del intersticio del futuro"





Todo giró como en aquél entonces. Pero esta vez, algo recordaría. La voz del Único que decía:

“Unidos serán por mí. Vivirán como uno solo pero serán dos. Extraños serán a los ojos de los demás porque nunca sabrán a quién ven en realidad. Poseerán la fuerza de la magia y la fuerza de lo humano y Ser Gemelo es el nombre que te entrego. Dos serán en Uno y se buscarán. Uno evocará y el otro olvidará. Pero cuando el Quinto Sol esté por terminar, el tiempo y el espacio confluirán; Señores de Cielo y Tierra se unirán. Y las ocho piedras entrarán en la guerra contra aquél que no ve, pero la que está oculta y partida en vuestros corazones es el secreto para vencer.”


CAPÍTULO 1


La oscuridad había roto definitivamente el equilibrio y así lo manifestaban las pupilas negras dilatadas por el resplandor de la explosión y aquella mirada hundida entre el verde profundo de un viejo cansancio. Los pómulos succionados por el hambre de la guerrera miembro de la resistencia, agotada y oculta entre los escombros, se tensaron ante la aproximación de otro robot Aracanio.

Las diferentes razas y especies que habitaban las galaxias eran diezmadas atrozmente por los crueles e insensatos necralitas.

El linaje del Mal había logrado resurgir desde el abismo de los tiempos y dominar a la perfección la mente de los débiles y sobre todo había inyectado con su lengua bífida, el veneno de la avaricia en el corazón del generoso y buen Gran Kan, gobernante de una de las primeras tierras sagradas del Planeta Azul, rompiendo el núcleo donde vibraba en armonía con el cosmos. En dos partió su corazón. Una parte fue oscuridad; la otra guardó por siempre la luz de redención.

En estos tiempos que fueron y vendrán, todos sentían que era como si el mismo Pazuzu se hubiese metido en las entrañas de Necros instándolo a robar los códices sagrados y borrar del Universo a la única Biblioteca Viviente: la Tierra portadora de los secretos de la Fuente. Necros, Señor del Universo, era un ser maligno, codicioso e infectado de resentimiento y deseos de venganza que no le permitían ver que en realidad, era otro ser débil utilizado por la fuerza oscura que lo único que quería era demostrarse a sí misma que no dependía de la luz para su existencia y había llegado el momento de demostrarle a la Fuente, lo que para esa fuerza era un hecho: había llegado el tiempo en que la Oscuridad demostrara creando y siendo idolatrada como lo había hecho su hermana, la Luminosidad.

La espalda de la joven dolorida y empapada con el sudor de la batalla agradeció el apoyo de aquella pared en ruinas a la que trató de adherirse rogando ser parte de ella en tanto tomaba grandes bocanadas de aquél aire espeso enrarecido por la muerte, intentando que su pecho no reventara expulsando un corazón oprimido por el dolor y la incertidumbre. Miró hacia adelante y a unos diez metros yacían las partes del cuerpo desmembrado de Ibrin, uno de sus compañeros de la resistencia, al que le había dado uno de los rayos del Aracanio; vio que las gigantescas máquinas necralitas habían rodeado la última zona de la resistencia aplastando y destruyendo todo a su paso; las naves surcaban a ras de la Tierra el humo rojizo lanzando sus misiles mortíferos sobre todo aquello que tuviese el halo de luz de un alma viva. Un Yakra, soldado necralita, acorazado tras el traje de metal apuntaba continuamente con la mira de su ojo frontal y encontró su objetivo en la niña de apenas una década que lloraba abrazada a su perro.

La espalda a pesar de los esfuerzos de la joven por pegarla a las ruinas de lo que había sido una antigua iglesia, marcaba con leves golpes el ritmo acelerado de su jadeante respiración y aferraba con sus dedos en tensión el viejo cañón de barra pivotante. Intentó enfocar a través de la mira pero las lágrimas y el sudor le nublaron la vista de la imagen vídeo térmico. Se secó la frente resguardada en parte por el casco de su armadura y repasó los 63° grados de giro del cañón y volvió a localizar el objetivo. Estaba lo suficientemente lejos como para darle tiempo a resguardarse mejor. El asistente virtual de externalización colectiva había quedado prácticamente inutilizado y desconocía la posición de su grupo defensivo. Y eso significaba que no había manera de tener asistencia personal o bien respaldo de inteligencia artificial. Los internautas— la mejor red que tenía la resistencia- habían enmudecido y desaparecido tres días atrás.

Estaba sola y sabía, por lo menos en ese minuto, que era el final. Miró hacia el cielo. Una nube oscura y espesa lo cubría dejando ver entre los cúmulos de humo, como en las tormentas eléctricas más coléricas, el resplandor de la batalla por debajo y sobre ella. Quien aún estuviese con vida, debía protegerse por todos lados ya que caían como un diluvio restos de metal, plástico y seres desmembrados en tanto el espacio era una red de comunicaciones entrecortadas pidiendo S.O.S u ordenando ataques.

Cerró sus negros ojos y trató de ver entre sus recuerdos por última vez a su madre, la selva y todo lo que en ella había sentido, oído, olido, tocado, amado. No comprendía el por qué había aparecido entre cloacas, ratas y el final de todo lo manifiesto en el cosmos. No comprendía la misión divina encomendada en ella pero la aceptaba. Aceptaba con humildad que era sólo un enlace en aquella batalla. Que era un chip diminuto de la suprema inteligencia omnipresente que sintió y sentía, aún existía.

Segura de que su vida culminaba ese día, encogió sus hombros y respiró la última chispa del placer que da el no darse por vencido. Volvió a fijar su atención en la mira del cañón y se sorprendió al no ver a su oponente. Al girar su rostro hacia el frente, se encontró con la máquina humanoide y el rayo desintegrador apuntando a su frente. Sin dejar de mirar los ojos brillantes y rojos de su enemigo, activó el lanzador de granadas en el mismo instante que el Yaj, de la legión robótica de los destructores lanzó el rayo; el zumbido se escuchó pero no la explosión. Algo la succionó hacia atrás atravesando la pared derruida y cayó. Sólo cayó entre el vacío y el silencio que seguro para ella, era el camino definitivo a la muerte.

Entre tanto, las estaciones orbitales de la Tierra junto a las de sus aliados estaban siendo exterminadas por los enjambres de naves necralitas que en forma sistemática lanzaban sus mortíferos rayos creando en el espacio un entretejido de fibras energéticas cuyo único objetivo era terminar con los últimos grupos de resistencia galáctica.

Nécros, El Señor del Universo, prácticamente había logrado su objetivo: aprisionar a las esencias del poder, excepto una, y por ello no había permitido que nada obstruyera su misión: expandir su imperio necralita sobre el Universo lo que en ese instante era evidentemente un hecho.

Si bien en un principio su meta era el exterminio de las esencias, temió que eso significara la desaparición del poder en sí mismo y hasta de su propia persona; entonces creyó conveniente poseer al verdadero poder controlando a las esencias que lo sustentaban a las que mantenía prisioneras en lo más recóndito del espacio. A partir de allí el terror se intensificó en busca de la que faltaba aumentando el placer de la Oscuridad. Si bien Oscuridad y Luz existieron desde que la Fuente se manifestara a sí misma, pasaron de ser dos fuerzas en equilibrio a dos fuerzas en tensión porque la Oscuridad quiso primar sobre la Luz y a través de los siglos fue nutriendo de avaricia a los seres de almas confundidas forjando en sus almas una coraza de la crueldad más aberrante que se haya conocido.

Ahora bien. ¿Por qué Necros había llegado hasta este punto?. ¿Dónde estaba su parte dual, su ser de luz, su esencia amorosa propia del humano?. Pues la Oscuridad comenzó a acrecentar su reinado sobre cada galaxia y vías de acceso a cada Plataforma con su Orbe, desde que Necros asesinara a su propia sombra en aquella batalla descarnada donde se aniquiló al Orbe delfinario, refugio de Guardianes y espíritus del Cosmos. La codicia, el engaño, la traición y la succión de la esencia onírica de todo ser fueron los mejores aliados de Necros, aparte de los que ansiaban el mismo trono como el Señor del Mar de los Muertos quien se alió desde el principio por el predominio del agua y; por supuesto, los pestilentes e ignorantes subordinados yakras y krajnas que lo siguieron desde que surgiera Nécral, reino de los desiertos, que dividió al antiguo Orbe Esencial donde todos los representantes de las supra—almas de la Fuente, vibraban en amor.

Tal vez, la frase que dijera el gran sabio Dino no se acoplaba a esa realidad ni a ésta: “Para que exista un buen fin, lo importante, son los buenos principios.”

28 de Abril de 2022 a las 14:59 0 Reporte Insertar Seguir historia
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